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sábado, 20 de junio de 2026

John Too Parte II

Novelas Por Capitulos

Dejamos los errores ortográficos para que se entienda que no es realizada con AI

CAPÍTULO 6 — 

Hong Kong. Distrito Central. 02:05 horas de la madrugada

La tormenta finalmente se retiró como una bestia cansada que decide dejar el banquete para otro día. A las 2 AM exactas, la alerta roja fue suspendida por la Oficina Meteorológica. Las calles seguían empapadas, reflejando las luces neón destrozadas como espejos rotos. Pero el peligro inmediato había pasado.

John Too no esperó al amanecer. No podía esperar. La policía lo rastrearía en cuanto las patrullas salieran de sus cuarteles. Necesitaba respuestas antes de que el sol subiera y con ellos las preguntas que no podía responder.

Salio del loft sin hacer ruido. Dejó un mensaje cifrado para Abdelavis: "Si despiertas tarde, ve al punto Omega." No era una promesa. Era una orden. Y ella obedecía órdenes suyas siempre, mas o menos en el 0,00000000001% de las veces..

Bajó cuatro pisos en silencio, saltando los escalones desgastados que crujían bajo el peso de sus botas. En la calle, el aire olía a ozono y tierra mojada. Caminó tres cuadras hasta llegar al Club Jade, un establecimiento que existía entre lo legal y lo prohibido, donde la mafia china operaba con licencia tácita del gobierno local.

El Refugio de Xiao Lu

Xiao Lu lo esperaba en el piso superior, en su oficina privada. La puerta estaba abierta, iluminada solo por lámparas de jade colgantes. Ella estaba sentada frente a una pantalla plana que mostraba feeds de cámaras de seguridad de medio Hong Kong.

Cuando John entró, ella no levantó la vista. Vestía un qipao rojo oscuro, ajustado como segunda piel, con aberturas laterales que mostraban piernas perfectas terminando en tacones negros de aguja. Su cabello negro estaba recogido en un moño impecable. Tenía treinta y cinco años, pero su belleza era intemporal: ojos almendrados que podían matar con un parpadeo, labios pintados de carmesí que sabían mejor que la mentira más dulce.

—Llegas tarde, generalmente cuando estas hundido en lo mas profundo de lo que sea —dijo ella, sin girarse. Su voz era suave, peligrosa. Como seda envuelta en cristal.

—La tormenta duró —respondió John, acercándose lentamente. Cada paso le costaba. Las costillas heridas ardían con cada movimiento—. Y la policía no me  deja caminar libremente.

Xiao Lu se giró finalmente. Sus ojos recorrieron su rostro, deteniéndose en la herida de la ceja, en el hematoma creciente en la mandíbula, en la sangre seca que manaba de su camisa rasgada. Algo crujió en su expresión. No fue compasión. Fue algo más antiguo y profundo.

—Te ves horrible, John —murmuró, levantándose de su silla. Se acercó lentamente, pasando un dedo largo y pulcro por su mejilla manchada de sangre—. ¿Por qué sigues haciendo esto? Podrías estar en cualquier lugar. Conmigo. En vez de aquí, sangrando por alguien que ni siquiera vale la pena.

John mantuvo la vista fija en sus ojos. No respondió de inmediato. Sabía lo que venía después.

Xiao Lu seguia siendo bellisima, parecia fragil, pero era maestra en el gole del tigre de Kung Fu, las noches que ambos hicieron el amor fueron de lujuria prosmicua sin fin.. Porque no estaba con ella? Xiao Lu era Preciosa, Abdelavis unas1200 veces mas; Xiao Lu era profundamente deshonesta e infiel, Abdelavis no. Xiao si era necesario lo traicionaria o asesinaria, Abdelavis no..

Xiao Lu retiró su mano y caminó hacia una vitrina detrás de ella. Tomó una botella de whisky chino y dos vasos. Servió sin preguntar. Le entregó uno con cuidado quirúrgico.

—Bebe. Te ayudará a pensar antes de morir, porque con el aspecto que tienes antes de las 10 AM estare en tu funeral.

John tomó el vaso. El alcohol quemó su garganta, pero necesitaba el dolor. Lo necesitaba para recordar que aún estaba vivo.

—Necesito información —dijo finalmente—. Sobre Chen Wang. Sobre su familia. Sobre todo lo que nadie dice.

Xiao Lu rio. Un sonido frío, cortante, sin humor alguno. Se acercó otra vez, invadiendo su espacio personal. Pudo oler su perfume: jazmín nocturno, dinero real, sangre vieja.

—¿Esa es toda tu pregunta? ¿Chen Wang? —Sus ojos se estrecharon—. ¿Y qué pasa con ella? ¿no Con Abdelavis? ¿Dónde está ahora tu moustruo? ¿En algún ataúd dormida mientras tú sales a buscar niñas desaparecidas?

John sintió cómo el hielo se formaba en su estómago. La conocía demasiado bien. Ella sabía. Siempre sabía.

—Abdelavis no tiene nada que ver con esto.Ella es parte de los secretos de Hong Kong.

—¡Mientes! —Xiao Lu golpeó la mesa con tanta fuerza que el vaso se volcó. El whisky se derramó sobre documentos confidenciales. —¡Ella está aquí! ¡Ese... ese ser maldito! Supongo que Vive contigo, duerme contigo, y cuando no lo hace, tú vuelves con esa cara de perro perdido buscando problemas que no puedes resolver.

Se acercó más todavía, tan cerca que John pudo sentir su calor corporal. Su respiración era perfecta, artificialmente calmada. Pero sus ojos estaban furiosos. Verdaderamente furiosos.

—Quiero matarla, John —susurró, con voz helada rozandolo, dejando la marca de su boca pintada en el cuello de la camisa de el para iniciar el conflicto—. Quiero ir a tu apartamento mientras duermes. Quiero encontrarla en esa caja de madera y cortar su garganta. Ver cómo la sangre negra mana de su cuerpo inmortal. ¿Sabes por qué? Porque ella te tiene. Y yo... yo merezco ese poder sobre ti. Hice el Bazi de los dos y en los cuatro Pilares de mi fortuna sales atravezado.Soy tu concubina legal, pero ese ser del demonio es tu mujer oficial.Como puedes hacerle el amor a un ser que no respira y su cuerpo es como un hielo?

John no respondió. No podía. Porque sabía que era imposible ejar la suavidad de Abdelavis, su divino calor corporal, su inagotable pasión.

Abdelavis no era humana. No podía ser tocada por armas normales. No podía ser asesinada con balas o cuchillos. Era una híbrida vampírica, nacida de linajes antiguos que hablaban de dioses muertos y pactos con la noche entre vampiros y mujeres; Entre mujeres vampiras y hombres que aceptaron el riesgo. Ademas ellatenía una hija con el. Una niña de once años que apenas parecía diferente a las humanas. Estudiaba en el Instituto Blackwood, un colegio exclusivo para híbridos donde los padres podían enviar a sus hijos sin que el mundo supiera la verdad sobre ellos.

—No puedes matarla —dijo John finalmente, su voz ronca.

Xiao Lu retrocedió, frunciendo el ceño. 

—¿Por qué no? ¿Porque la amas? ¿Porque piensas que tiene sentimientos como nosotros?

—Porque no puedo —respondió John, evitando sus ojos—. Porque si intentas tocarla, ella te matará. Y no quiero perder a la única persona que ha estado conmigo cuando todo el mundo me traicionó.Y si. Si la amo.

—¡Menuda elección tienes! —Xiao Lu caminó hacia la ventana, mirando hacia abajo, hacia las calles mojadas de Hong Kong—. Una criatura de la noche que duerme durante días. Una hija que casi no existe para ti porque está lejos, estudiando mientras tú buscas la muerte. Y yo... yo estoy aquí. Siempre aquí.

Volteó lentamente. Sus ojos brillaron con lágrimas contenidas. 

—Eso duele más que cualquier herida física que puedas tener.-- remato ella , falsa e hipocrita como cualquier actriz de Seul.

John apretó los puños. Sentía el peso de todas las mentiras que había contado a Xiao Lu durante años. Ella había sido su ancla en este mundo criminal. Había financiado operaciones. Había proporcionado refugio. Había compartido su cama cuando necesitaba olvidar el rostro de los muertos que había dejado atrás.Por eso no le engañaban los embustes histrionicos de ella

—Solo necesito saber dónde está una niña .  Me estan pagando bien—repitió John, más débil esta vez. —La hija Chen Wang de Eric Wang. Ella se  llama  Victoria. ¿Qué sabes sobre ellos?

Xiao Lu suspiró, limpiándose las lágrimas con un pañuelo de seda. Regresó a su escritorio y tomó un archivo digital. Lo proyectó en la pantalla. Imágenes, nombres, fechas.

—Los Wang no son lo que parecen —comenzó, su tono cambiando completamente. Volviendo a la fría eficiencia que lo hacía útil en los negocios criminales. —Chen Wang construyó su imperio logístico sobre tráfico humano desde hace quince años. Es conocida por doblar reglas cuando gana suficiente oro. Eric Wang, el exmarido, es su testaferro oficial. Él limpia su dinero. Él paga silenciosos.En realidad creo que siguen juntos.

La imagen cambió a una foto de familia formal. Los dos padres posando con Victoria, sonriendo como una pareja normal. Mentira pura.

—Hace seis meses, hubo una disputa familiar —explicó Xiao Lu, haciendo zoom en una fecha específica. —Eric quería salir del negocio. Chen dijo que no podía. Que ya había firmado demasiado. Ahora quiere usar a Victoria como moneda de cambio.

John sintió cómo el mundo giraba lentamente. 

—¿Moneda de cambio? ¿Para qué?

—Para negociar con otros compradores —respondió ella—. Hay una red. VIP Circle. Círculo Dorado. Compradores privados de Asia continental que pagan millones por adolescentes específicas. Families ricas. Educadas. "Exclusivas". La niña de Chen tiene todo eso. Herencia, conexiones, linaje.En realidad no es tan malo.. Un multimillonario de Cambodia tiene un hijo "raro", le consigue una muchacha, arreglan particion de bienes, los casan y el tipo sigue siendo quien es bajo un manto de respetabilidad...luego es viudo.La chica vuelve a la casa; y la vuelven a casar. Llamalo prostitución llamalo como quieras. Uno de los dos no quieren a su hija en eso y fingen para que la red crea que desarecio; quizas quieran enviarla a Mexico, Venezuela o Peru y montarle un Supermercado  que viva ahi

Xiao Lu apagó la pantalla. Caminó hacia John otra vez. —

--Lo peor es esto: En el bajo mundo no hay información fresca. Hace dos días, todos decían que Victoria salió con Lin Mei. Hace ayer, dijeron que fue vendida en el puerto. Hoy, nadie sabe nada. La red está activa. Moviendo niños como mercancía.Estoy seguro que uno de los dos la esta escondiendo; despues que cobraron por adelantado.

John bajó la cabeza. Todo lo que había descubierto hasta ahora era inconsistente. Mencionaciones contradictorias. Mentiras de múltiples fuentes.

—¿Por qué Chen me contrató entonces? —preguntó John, mirando hacia arriba, directo a los ojos de Xiao Lu. —Si ella supuestamente sabe dónde está... ¿por qué pagar oro para encontrarla?Mas bien parece que victoria esta siendo subastada en otra parte para casarse sin respetr que esta muy joven.

Xiao Lu guardó silencio. Por primera vez desde que John había entrado, pareció verdaderamente insegura. 

—Porque necesita testigo externo. Alguien que diga que hizo el esfuerzo. Que buscó seriamente. Si algo sale mal, si Victoria desaparece para siempre... entonces ella tendrá coartada. Habrá contratado ayuda. Ha hecho todo lo posible. Y la niña tiene un buen local comercial administtado por algun Tongo en Panama o Canada.

John asintió lentamente. Esto tenía sentido. Era la clase de lógica que usaba la gente rica para protegerse. Convertir crimen en operación legítima con recibos firmados.

—Gracias —dijo John finalmente.

Xiao Lu lo miró por última vez. Sus ojos tenían algo nuevo: tristeza genuina mezclada con desesperación. 

—Cuida de ti mismo, John. Porque si algo le pasa a esa niña... si Chen decide que moriste en el proceso... No voy a poder salvarte. Ni siquiera si te amo.

John se volvió hacia la puerta.Parecio sincera.

 —Yo también te quiero, Xiao.

Pero no se detuvo para escuchar si respondía. Ya había cerrado la puerta.






Soledad Bajo la Tormenta Pasada

A las 3 AM, John estaba de vuelta en la calle. Llovia nuevamente, pero esta vez era lluvia ligera, casi ceremonial. Caminó las tres cuadras  hacia su moto con dificultad. Cada paso le recordaba los golpes que había recibido en Mong Kok. Las costillas dolían como fuego.

Pero lo que más le dolía era la información. O la falta de ella.

Todos mienten. Chen Wang mintió. Eric Wang mintió. Lin Mei mintió. Xiao Lu... quizás estaba diciendo la verdad, pero tampoco lo sabía con certeza.

Y ahora la policía estaba vigilándolo. La tormenta había terminado. Mañana, cuando el sol saliera, tendrían nuevas órdenes. Nuevos cargos. Nuevas oportunidades para que desapareciera permanentemente.

Subió a la moto. Encendió el motor. Salió disparado hacia Victoria Peak, hacia la única casa que tenía en el mundo.

 Dejaba Abdelavis hibernando . Prometio estar mas pendiente de su   hija que apenas conocía. Hacia el futuro que tal vez nunca llegaría.

La sombra del dragón no se había disipado. Solo se había vuelto más profunda. Más peligrosa.

Y John Too no tenía respuestas. Solo tenía tiempo corriendo.

Dieciocho horas restantes.

Veinte mil dólares en oro.

Una niña desaparecida.

Y demasiadas personas queriendo que estuviera muerto antes de que pudiera encontrarla, para utilizarlo de bandera en una operacion de mentira. 4 AM. 

Xiao Lu se autoproclamaba concubina; Abdelavis era lo suficientemente depravada para importarle eso.. Un detalle. Como una mujer amarra a un hombre? puede gritar, puede que no sea muy bonita, que se levante de mal humor y no cocine ni sea solidaria...pero si hacevel amor con 5 orgasmos atrapa sinnduda ; Xiao Lu con su belleza e inteligencia tenia esa cualidad sexualn para amarrar a cualquier hombre y enloquecerlo.

Abdelavis tenia 12 orgasmos, era recectiva y lujuriosa con el sexo anal y era interminable con el sexo oral.. Imposible desentenderse.Una concubina tenia que hacer mas que la oficial.Tampoco Xiao Lu tenia mas dinero que Abdelavis

Salió de la comparación.Ya sabia lo que tenia que hacer







Hong Kong. Kowloon, frente al Instituto Blackwood. 04:15 AM.

La lluvia había cesado, dejando un aire húmedo y pesado que pegaba la ropa a la piel como una segunda carcaza de dolor. John Too aparcó la moto en un callejón estrecho detrás del Instituto Blackwood. No era un colegio normal. Los muros eran de granito negro, vigilados por cámaras térmicas y guardias con rifles de asalto. Solo los hijos de la élite global y... otros tipos como el suyo... podían cruzar esos portones sin ser interrogados hasta la muerte.

A las 4:15 AM, el mundo dormía. Pero las escuelas de élite de Hong Kong abrían sus puertas mucho más tarde, alrededor de las 7:30 AM o 8:00 AM, dependiendo del programa matutino. Sin embargo, John sabía que había un patrón de entrada para los "servicios especiales" antes del amanecer: los vehículos de transporte privado de las familias adineradas llegaban entre las 6:00 y 6:30 AM para asegurar que los alumnos estuvieran dentro antes del primer turno de clases.

No tenía tiempo de esperar. Necesitaba verificar algo ahora mismo. Algo que Lin Mei le había soltado en un momento de confusión bipolar, algo que había pasado desapercibido bajo el aluvión de mentiras y fantasías sobre barcos fantasma.

"Victoria dijo que iba a ver el barco... pero Lin Mei no fue. Victoria me escribió: 'Mi otro padre viene a buscarme'."

Esa frase. "Mi otro padre". Eric Wang había sido descrito como un borracho inútil, un paria familiar. Chen Wang como la madre controladora. ¿Quién era ese "otro padre"?

John se acercó a la reja lateral, la misma donde años atrás había robado códigos de acceso para un cliente. Su mano temblaba ligeramente, no por miedo, sino por el dolor agudo en las costillas rotas. Metió la mano en el bolsillo de su chaqueta, sacando un pequeño dispositivo de hacking táctil que le había costado una fortuna en el mercado negro. Lo conectó al puerto de mantenimiento de la cerradura electrónica.

Las luces parpadearon. La puerta hizo un clic sordo. Entró.

La Búsqueda en la Oscuridad

El interior estaba inmerso en penumbra, iluminado solo por las luces de emergencia tenues que recorrían los pasillos. El olor a cera de suelo y limpieza industrial llenaba el aire. John se movió hacia la administración, sabiendo que los registros de entrada y salida de vehículos privados estaban centralizados allí.

Encontró la oficina vacía. Una recepcionista dormida en la sala contigua, cubierta con una manta térmica. Ignorándola, accedió a la terminal de gestión. Introdujo el código de administrador que había extraído de la memoria de Xiao Lu hace meses.

Pantalla verde. Lista de matrículas. Buscó el nombre: Lin Mei. Estado: Presente en el campus (alojamiento interno). Última actualización: Ayer, 22:30 horas.

Bueno. Estaba viva. Eso ya era un dato positivo. Pero necesitaba saber con quién había estado. O mejor aún, de dónde venía la noche anterior.

Accedió al historial de visitas de vehículos privados para la fecha de la desaparición de Victoria. Filtró por fecha: Hace tres días. Lista larga. Camiones de carga, sedanes blindados, limusinas.

Sus ojos recorrieron los nombres de los conductores. Uno llamó su atención. Conductor: "K. Lee". Vehicle: BMW X7 Negro. Origen: Residencia Privada, Peak Road 44. Destino: Club "The Golden Circle", Tsim Sha Tsui.

John se detuvo. El destino coincidía con la fiesta donde vieron a Victoria por última vez. Pero el origen... Peak Road 44. Era la dirección de Eric Wang. Pero Eric vivía en Happy Valley, no en Victoria Peak. ¿O quizás Eric tenía otra propiedad?

John cambió la búsqueda. Buscó Lin Mei en los registros de acompañantes. "Lin Mei fue transportada desde Victoria Peak por el conductor K. Lee." "Acompañante: Victoria Chen." "Regreso: Ambas retornaron a Peak Road 44."

Entonces no fueron a una fiesta pública. Fueron a una propiedad privada. Y quien las llevaba era el mismo chofer que luego llevó a Lin Mei a casa.

Pero lo más importante estaba en los datos personales vinculados a Peak Road 44. Propietario registrado: Chen Wang. Inquilino secundario / Usuario frecuente: Eric Wang (alias: E. Smith). Habitantes registrados en la unidad de lujo superior: Sin nombre oficial. Registro biológico: Femenino. Edad aproximada: 11 años. Relación genética detectada: 99.8% match con Eric Wang.

John sintió cómo el corazón se le detenía por un segundo. Una hija. Eric Wang no era solo un borracho miserable. Tenía otra hija. Una hija secreta, nacida probablemente de una relación con alguien fuera de matrimonio, criada en secreto en esa propiedad de lujo mientras su esposa legítima (Chen) lo ignoraba y su hija legítima (Victoria) crecía en una jaula de oro.

"—Maldita sea," murmuró John, golpeando la mesa con el puño cerrado, haciendo saltar chispas de luz de la pantalla.

Todo encajaba ahora. La "mentira" del barco no era sobre un transporte físico. Era una metáfora. Un código. "El barco" era el vehículo de Eric Wang. "La subasta" no era un evento público, sino una transacción familiar. Chen Wang no quería vender a Victoria para dinero. Quería vendérsela a alguien para eliminarla. Para quedarse con la herencia total, o tal vez para castigar a Eric por tener otra familia secreta que podría reclamar parte de su riqueza.

Pero entonces, ¿por qué contratar a John? Porque Eric Wang, el "borrachín", había llamado a Chen exigiendo ayuda. ¿O quizás Eric quería que alguien encontrara a Victoria para poder usarla como moneda de cambio contra Chen? O peor: ¿Eric sabía que estaba siendo vendido?

Revisó los datos de Lin Mei nuevamente. Padre registrado: Eric Wang. Madre registrada: Desconocida. Ubicación actual: Aula de Híbridos, Nivel 3.

John sintió un escalofrío que no tuvo nada que ver con el frío. Lin Mei no era la amiga casual de una fiesta. Era hermana de Victoria. Iguales padres. Pero separadas. Lin Mei estaba en este colegio, estudiando entre híbridos y privilegiados, viviendo en la sombra. Victoria estaba siendo vendida. Y la madre, Chen Wang, sabía de ambas.

Pero algo faltaba. La lógica de Chen no cerraba del todo. Si ella quería eliminar a Victoria, ¿por qué fingir un secuestro tan elaborado? Podría haberla simplemente "perdido" o acusado de fuga.

John recordó sus propias palabras cuando habló con Chen en el restaurante. "Solo queda la amiga de la niña que dio testimonio." "Ninguna policía ha podido ayudar." "Mañana noche habrá subasta final."

Chen había pintado un cuadro perfecto: una madre desesperada, una hija desaparecida, una red criminal invisible. Pero ahora, viendo los datos de Lin Mei, la verdad emergía como un fantasma sangriento.

Si Lin Mei era la hermana secreta de Eric, y estaba segura en la escuela... Entonces Chen no necesitaba a John para encontrar a Victoria. Chen necesitaba a John para crear una coartada.

Si John encontraba a Victoria "vendida" en el extranjero, muerta o en poder de traficantes extranjeros, eso justificaba cualquier acción que Chen tomara después. Incluso la eliminación de Eric Wang. "Mi esposo está loco, perdió a nuestra hija, ahora quiere matarme porque cree que yo la maté." Era una coartada perfecta. Una madre llorando por su hija desaparecida, buscando venganza contra un hombre que había traicionado su confianza.

John sintió cómo la sangre le helaba las venas. La "concubina" de Chen... o quizás su socia... se lo había dicho entre líneas cuando le mencionó el VIP Circle. Pero John, ciego por la adrenalina y el dolor, no lo vio. "Esta red mueve a las niñas más exclusivas." "La niña de Chen tiene linaje." No era que Chen no supiera dónde estaba su hija. Era que Chen sabía exactamente dónde estaba, y estaba usando esa información para limpiar su propia agenda.

La "subasta" no era real. O si lo era, era una trampa para atraer a Eric y a cualquier persona que buscara a Victoria, para que pudieran ser eliminados junto con ella.

John se levantó bruscamente, casi tropezando con la silla giratoria. "—Tonto," se dijo a sí mismo. "Has estado jugando a un ajedrez donde todas las piezas son falsas."

Tenía que encontrar a Lin Mei. Ella era la única testigo que podía romper este esquema. Si Lin Mei confirmaba que Victoria fue llevada a Peak Road 44 bajo la supervisión de Eric y Chen, la historia cambiaría. Pero Lin Mei estaba en la escuela, y la escuela estaba vigilada. Y Chen sabía que John había entrado en la escuela. Probablemente ya estaba llamando a los guardias.

Miró la hora: 04:40 AM. Solo faltaban unas horas para que abrieran las aulas. Y si Lin Mei despertaba, si alguien entraba en esta habitación... estaría muerto.

Salió de la oficina silenciosamente, su mente girando a mil por hora. Chen es la villana. Eric es el blanco. Victoria es el peón sacrificial. Lin Mei es la clave que puede destruir a todos.

Pero John no era el único que sabía esto. Xiao Lu le había advertido sobre Chen. "Los Wang no son lo que parecen." Ahora entendía por qué.

Subió a su moto. Las costillas ardían como fuego líquido. "—Vamos a ver qué escondes en tu cabeza, pequeña mentirosa," dijo para sí mismo, arrancando el motor.

La sombra del dragón ahora tenía forma humana. Y esa forma era la de una madre que estaba dispuesta a quemar el mundo entero para proteger su libertad de matar a su propio marido y a su otra hija.

John aceleró hacia la escuela, sabiendo que cada minuto que pasaba era un minuto menos para salvar a Victoria antes de que Chen pudiera ejecutar su plan fiNal






Mientras tanto estirandose y sentandose algo desorientada en el loft Avdelavis se sento


Hong Kong. Bodega "Nueve Dragones", Tsing Yi. 06:45 AM.

El aire en la bodega olía a aceite quemado, salitre podrido y miedo puro. John Too se levantó tambaleándose, escupiendo un trozo de diente mezclado con sangre sobre el suelo de hormigón sucio. Frente a él, Eric Wang no estaba solo. No necesitaba estarlo. A sus pies, dos figuras vestidas de negro, con máscaras que ocultaban la identidad, se movían con la precisión silenciosa de las sombras.

No eran guardias corporativos. Eran asesinos profesionales del clan Iron Snake. Maestros del Kung Fu de la Serpiente y la Garra, entrenados para matar sin dejar rastro.

"—Tú eres el problema," dijo Eric, su voz temblorosa pero firme, alejándose hacia la esquina donde Lin Mei y Victoria estaban encadenadas. "Los he pagado doble. Si mueren todas aquí, yo sigo vivo. Sin deudas. Sin fantasmas."

Uno de los asesinos no esperó órdenes. Se lanzó como un rayo negro. Sus puños volaron con una velocidad sobrehumana, golpeando el diafragma de John antes de que pudiera levantar las defensas. El impacto fue como recibir un martillazo de acero. John retrocedió, sintiendo cómo el aire abandonaba sus pulmones con un gemido ahogado.

Antes de que pudiera recuperarse, el segundo asesino atacó desde abajo, usando la técnica de la Garra de Hierro. Las uñas metálicas insertadas en sus guantes desgarraron la carne del hombro de John, arrancando un pedazo de su chaqueta y parte de su piel. La sangre manó inmediata y caliente.

John rugió, lanzando un puñetazo desesperado que conectó con la mandíbula del primer atacante. El hueso crujió, pero el asesino apenas titubeó, riendo con una sonrisa fría bajo la máscara. Con un movimiento fluido, giró sobre su talón y descargó una patada circular perfecta en la rodilla de John.

El hueso se fracturó con un sonido seco y horrible. John cayó de rodillas, gritando de dolor mientras el mundo se inclinaba.

"—¡Ríndete, viejo!" gritó el segundo asesino, saltando al aire para ejecutar una patada descendente destinada a romperle el cráneo.

John intentó rodar, pero su pierna rota lo traicionó. El pie del asesino impactó contra su costilla ya fracturada. Sintió cómo varias se rompían más, los extremos afilados clavándose en su pulmón. El aire salió silbando de su boca. Cayó de espaldas, incapaz de moverse, viendo borroso como los dos hombres se acercaban lentamente, sacando cuchillos largos y curvos.

"—Fin del juego," murmuró Eric, sonriendo con malicia mientras observaba desde la seguridad de las columnas.

Los dos asesinos alzaron las armas para dar el golpe final.

Fue entonces cuando el silencio de la bodega se rompió. No fue un estruendo. Fue un cambio en la presión del aire, una caída brusca de temperatura que hizo que el polvo cayera del techo en nubes grises.

Una sombra negra y alargada se desprendió del techo, cayendo directamente entre los asesinos.

—¿Molestamos?

La voz era suave, gélida, y resonó con una autoridad antigua que hizo que el suelo pareciera vibrar.

Abdelavis aterrizó en cuclillas, sus pies apenas haciendo ruido sobre el concreto sucio. Su cabello flotaba alrededor de su rostro pálido, iluminado por esos ojos rojos que brillaban como brasas en la oscuridad. No tenía armas. No las necesitaba.

Los asesinos se giraron, confundidos por la aparición, pero sus instintos les gritaron peligro. Intentaron atacar simultáneamente. Uno lanzó un puñetazo veloz dirigido al corazón; el otro, una patada baja para derribarla.

Abdelavis ni siquiera parpadeó.

Con un movimiento tan rápido que pareció teletransportación, esquivó el puñeto y atrapó la muñeca del atacante con una mano. En una fracción de segundo, su agarre se volvió inquebrantable. Un chasquido seco: el hueso de la muñeca se hizo añicos. El asesino gritó, pero Abdelavis ya había girado, usándolo como arma humana para golpear a su compañero en el pecho, rompiendo varias costillas y dejándolo sin aire.

Démasiado lentos, susurró ella.

El segundo asesino, enfurecido y herido, sacó un cuchillo largo y se lanzó en un ataque frenético. Abdelavis sonrió. Una sonrisa depredadora, llena de dientes perfectos y crueldad ancestral.

Esquivó el corte con una facilidad insultante, deslizándose hacia adelante hasta quedar cara a cara con el hombre. —"Tu maestro te enseñó bien la forma," dijo, su voz casi cariñosa, "pero no le enseñó a temer a la noche."

Con un movimiento de barrido bajo, derribó al hombre, y antes de que este pudiera tocar el suelo, Abdelavis había hundido sus manos en su pecho. No hubo lucha. No hubo resistencia. Solo un estallido de fuerza sobrehumana que pulverizó el esternón y los pulmones del hombre en milisegundos.

El cuerpo cayó inerte, una masa informe de ropa y sangre.

El primer asesino, aún sosteniéndose la muñeca rota, miró horrorizado a su compañero caído, luego a la mujer que ahora se limpiaba las manos ensangrentadas como si hubiera estado jugando con polvo.

—"Por favor... no..." suplicó, dando un paso atrás.

Abdelavis lo miró. No hubo compasión. Solo el vacío de quien ha visto mil años de muerte. —"Descansa," dijo suavemente.

En un parpadeo, se deslizó frente al hombre. Su mano pasó a través del torso del asesino, como si fuera humo, y emergedó del otro lado, sosteniendo algo brillante y rojo que dejó caer al suelo. El hombre se congeló, los ojos vidriosos, y colapsó instantáneamente, muerto antes de saber qué lo había matado.

El silencio regresó a la bodega. Era absoluto. Pesado.

Abdelavis se giró lentamente. Su mirada se posó en Eric Wang, que pálidamente retrocedía hasta chocar con la pared. Pero ella ni siquiera lo miró. Su atención estaba全部 en John.

Corrió hacia él, arrodillándose junto al cuerpo destrozado del mercenario. —"John," susurró, su voz temblando ligeramente, algo raro en ella. "¡Maldita sea, John!"

Sus manos, frías como el hielo, tocaron su rostro sangrante. Los ojos de John se abrieron apenas, llenos de dolor pero también de alivio. —"Llegaste," logró articular, tosiendo sangre.

—"Siempre llego," respondió ella, su tono cargado de una furia contenida. "Pero esta vez... casi pierdo la razón."

Se puso de pie, cargando a John con una sola mano, levantándolo como si pesara menos que una pluma. Luego, con la otra mano, rompió las cadenas de Lin Mei y Victoria con un golpe de dedo, liberándolas sin hacerlas daño.

—"Sígueme," ordenó a las niñas, que lloraban en silencio.

Eric Wang, temblando, intentó huir por una puerta trasera. —"¡Esperen! ¡Yo puedo pagar! ¡Todo el oro de Hong Kong!"

Abdelavis se detuvo un segundo, girando la cabeza solo lo suficiente para mirarlo. Esos ojos rojos brillaron con una intensidad aterradora. —"El oro no compra la vida que acabas de intentar quitar," dijo.

Sin apartar a John de su brazo, lanzo una piedra pequeña con fuerza sobrenatural contra Eric. La piedra impactó en la sien del padre con un crujido seco. Eric cayó al suelo, inconsciente, probablemente con la cabeza destrozada. No murió, pero no despertaría pronto. O quizás nunca más.

Abdelavis salió de la bodega, cargando a John, seguida por las dos niñas asustadas, desapareciendo en la niebla gris de la mañana, dejando atrás el caos y los cuerpos rotos de los asesinos.


EPÍLOGO — LA BATALLA INVISIBLE Y EL ESCÁNDALO HOSPITALARIO

Hospital Queen Mary. Sala de Urgencias. 11:30 AM.

La luz blanca del hospital era implacable, pero John Too ya no sentía el frío del suelo. Estaba tendido en una cama de acero, rodeado de tubos y máquinas que pitaban rítmicamente. Tenía la pierna enyesada, tres costillas vendadas con cinta quirúrgica reforzada, y el rostro cubierto de vendas que ocultaban moretones profundos. Su respiración era corta, dificultosa.

El médico tratante, un hombre mayor con gafas y ojos cansados, caminó hacia él, revisando el expediente con una expresión de absoluta perplejidad.

"—Sr. Too," comenzó el doctor, ajustándose las gafas. "Las radiografías son... difíciles de explicar. Múltiples fracturas, hemorragia interna leve, laceraciones severas en los músculos. Y sin embargo, sus signos vitales son sorprendentemente estables. Casi... anormalmente estables para alguien en su condición."

John intentó sonreír, pero le dolió. —"Tengo buena suerte, Doctor."

—"Eso explica poco," respondió el médico, bajando la voz. "Pero lo que realmente me tiene preocupado es lo que acaba de pasar hace diez minutos en la sala de espera VIP."

John arqueó una ceja bajo las vendas. —"¿Qué?"

—"Dos mujeres," continuó el médico, con incredulidad evidente. "Una vestida con un qipao rojo brillante, muy elegante, con una presencia... intimidante. La otra, una mujer de apariencia etérea, palidez extrema, vestida de negro, que parecía flotar más que caminar. Entraron corriendo, ignorando a toda la seguridad."

El médico suspiró, frotándose las sienes. —"Empezaron a discutir. Gritándose cosas como '¡Dejó a mi marido medio muerto!' y '¡Él es MÍO, tú criatura de las sombras!'. La del qipao intentó agredir físicamente a la otra mujer. La del vestido negro... simplemente la tomó del cuello y la levantó del suelo como si fuera una muñeca de trapo. Ningún guardia pudo intervenir. La mujer del vestido negro los empujó con un simple movimiento de mano y los dejó inconscientes en el pasillo."

John cerró los ojos, soltando una risa débil y dolorosa. —"Xiao Lu y Abdelavis."

—"Exacto," dijo el médico, mirándolo fijamente. "La seguridad finalmente logró expulsarlas a ambas. A Xiao Lu por disturbios graves y agresión física. A la otra mujer... bueno, simplemente desapareció de la cámara de seguridad justo cuando la iban a llevar a retención. Parece que se evaporó en el aire. Fue lo más extraño que he visto en treinta años de medicina."

El médico se inclinó hacia John, lowering la voz hasta un susurro confidencial. —"Señor, tengo una curiosidad médica y personal que va más allá de la ética. ¿Cómo diablos hace usted para tener dos mujeres tan... peligrosas? Una parece la jefa de la mafia china y la otra... bueno, la otra parece salir de un cuento de terror. Ningún hombre puede manejar eso sin terminar muerto o loco. ¿Cuál es el truco?"

John sintió cómo el calor subía a sus mejillas vendadas. Recordó la sensación de los brazos de Abdelavis sostenerlo, el olor a jazmín y sangre de Xiao Lu en el aire del hospital. Recordó la pelea brutal, el Kung Fu que lo había destruido, y la magia que lo había salvado.

—"Doctor," murmuró, su voz apenas un hilo de sonido. "No manejo nada. Ellas me soportan a mí. Y hoy... hoy ambas lograron salvarnos. Aunque creo que ahora debo pedirles que se porten mejor en la sala de visitas."

El médico rio, sacudiendo la cabeza. —"Le recomendaría terapia de grupo. O quizás, un exorcismo. Pero por ahora, necesita descansar. El caso está cerrado oficialmente, según la policía. Eric Wang aparece como suicida tras un accidente con unos criminales. Usted es un héroe. Las niñas están a salvo con la madre Chen, quien está muy agradecida."

John asintió lentamente. El caso estaba resuelto. Eric estaba eliminado. Las niñas vivas. Chen libre. Todo perfecto. Todo falso.

Pero al mirar hacia la ventana, donde la lluvia comenzaba a caer de nuevo sobre Hong Kong, John supo que la verdad seguía ahí, escondida en las sombras. La pelea no había terminado. Solo había cambiado de escenario.

Y ahora, con dos mujeres celosas peleando por él en la sala de espera, y una deuda de vida pendiente con la muerte misma, John Too sabía que la vida seria mucho más complicada de lo que imaginaba.



Continuara



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