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martes, 16 de junio de 2026

John Too . Saga Kathy Hung

Novelas Por Capitulos


Segun la nueva tendencia, no corregimos los errores ortograficos para que se sepa que no la hicimos con AI


CAPÍTULO 1 — SOMBRAS EN VICTORIA PEAK

Hong Kong. 18:00 horas.

La lluvia en Victoria Peak nunca limpia nada. Solo hace más visibles las manchas.

John Too estaba sentado en el borde de su cama, la única propiedad digna de su apartamento de sesenta metros cuadrados que realmente usaba. Las paredes estaban vacías, excepto por las sombras que proyectaban las lámparas de emergencia estratégicamente colocadas. No había cuadros. Sin espejos. Ningún objeto personal que pudiera delatar su nombre completo si alguien irrumpía en ese lugar. Porque eventualmente lo harían.

Acababa de despertar y lanzo su habitual maldicion.

-- Todavia estoy vivo !maldita sea!

Su mano derecha sostenía una pieza desarmada de HK45. La otra le faltaba dos nudillos desde la última vez que contó. No se acordaba exactamente de cuándo fue, pero recordaba la sangre secándose bajo las uñas. Eso sí quedaba claro en su memoria.

El teléfono sonó.

No era el celular habitual —ese estaba apagado, envuelto en tres capas de aluminio y enterrado debajo de un ladrillo en algún callejón de Mong Kok—. Este era otro modelo. Negro, blindado, sin marca visible. Lo había recibido por correo con una dirección falsa como remitente. Había sonado exactamente cuatro veces antes de que decidiera responder. Nunca respondía a la primera ni a la tercera. Era costumbre.

"—Sí."

Su voz salió rasposa, como arena rozando metal oxidado. No pidió identificación. No preguntó quién era. Si alguien llamaba con esa línea, o bien habían pagado mucho dinero, o bien iban a morir pronto. Ambas opciones merecían atención inmediata.

"—Sr. Too. Tengo  un problema. Y me dijeron que  solo hay un hombre capaz de resolverlo y es usted."

Había algo en la voz. No pánico propiamente dicho, sino la clase de control que nace cuando el miedo se ha convertido en un compañero constante. Una mujer. Asiatica. No local, eso escuchó en los matices. Chino mandarín con educación occidental. Riqueza. Muchas letras después del apellido.

"—¿Qué quieres?"

"—Una niña. Mi hija De quince años. Mi hija. Ha desaparecido."

El silencio entre ellos duró lo suficiente para contar siete respiraciones. John dejó la pieza del arma sobre la mesa auxiliar y se puso de pie. Midió la distancia hacia la ventana. Cuatro pasos. Podía saltar al techo si necesitaba salir rápido. Los cortinas estaban cerradas, pero él sabía exactamente dónde estaban los puntos débiles del edificio. Conocía los cimientos porque había pasado noches enteras observándolos.

"—¿Por qué no llamas a la policía?"

"—Ya lo intenté. Ellos son parte del problema. Y uno de ellos fue quien lo recomendo y me dio su numero

Ahora esto ya interesaba. Cuando las autoridades están implicadas, el precio sube. Y también el riesgo. Pero eso era lo que siempre hacía que valiera la pena. No el dinero específicamente, sino la sensación de estar caminando sobre bordes donde otros se negaban a pisar.

"—¿Cuánto tiempo llevas buscándola?"

"—Tres días. Desde una fiesta privada en Tsim Sha Tsui. La vieron por última vez entrando a un vehículo negro. Sin placas. Sin conductor visible."

"—Y tú crees que yo voy a encontrarla en esas condiciones, con solo un número de placa borrado y tres personas que saben dónde estuvo?."

"—Creo que usted tiene contactos. En lugares donde nadie más entra. Además... sabe de cosas. Rumores. Yo pago oro. Oro real. Barra completa. Veinte mil dólares estadounidenses en valor puro."

John caminó hacia el armario. No había ropa dentro, solo cajas. Tres pistolas adicionales. Dos navajas tácticas. Un mapa impreso de rutas portuarias ilegales entre Hong Kong y Bangkok. Y encima de todo eso, un frasco pequeño con polvo grisáceo. Nunca lo abría. Nunca necesitaba saber qué era exactamente.

"—Mírame," dijo, aunque sabía que no podía verlo. "No soy tu salvador. Soy un mercenario. Cobro. Hago el trabajo. Te devuelvo a tu niña viva o muerta según caigan los dados."

"—Viva, quiero mi hija viva conmigo .Estoy a punto de enloquecer-- sollozo la voz  

"—Esa es una mala mentalidad para alguien que quiere resultados."-- Dijo recordando su espantoso fracaso en su ultimo trabajo en Seul..( ver Kathy Hung)

El teléfono quedó en silencio por tres segundos. Luego, una llamada entrante desde una línea diferente. Una alerta visual parpadeó en la pantalla pequeña. John lo ignoró.

"—¿Dónde nos vemos?"-- pregunto la mujer

"—Veinte minutos. Restaurante privado en Tsim Sha Tsui. Sala trasera. Pregunta por Chen.Yo le aviso que vas para alla..y por favor... Nada de trajes de lujo"

"—No pagaré hasta ver a la chica."-- dijo tajante la voz.

"—Solo necesito saber que me de su descripcion y no diga a nadie que la estoy buscando ."

La conexión se cortó.

John dejó caer el teléfono sobre la cama. No respondió a la segunda llamada entrante. No importaba quien fuera. Ya tenía un trabajo. Y los trabajos solitarios eran más fáciles de gestionar.

Se dirigió hacia el rincón del apartamento donde guardaba el equipo. Un abrigo grueso, color negro, con interior térmico. Botas militares con suela reforzada. Una chaqueta ligera debajo. Todo desgastado, sin etiquetas visibles. Nada que pudiera rastrearlo después de muerto.

Miró hacia el techo. Había una figura acurrucada en lo que parecía ser una tela transparente de color  oscura construida contra la pared. No era mueble. No era decorativo. Era una estructura diseñada para contener vida suspendida.


Abdelavis dormía ahí

Abdelavis dormía ahí.

Su cámara térmica mostraba una temperatura corporal mínima. No era muerte. No era tampoco vida normal. Estaba en letargo vampírico. Ciclos lunares regulares. Cada diecisiete días aproximadamente. El ciclo actual comenzaba hace once días. Esto significaba que aún quedaban seis días completos antes de poder despertar.

Sin ella, estaba solo. Sin fuerza sobrenatural. Sin velocidad imposible. Sin conocimientos que solo ella poseía sobre redes criminales antiguas. Estaba completamente humano. Vulnerable. Mortal.

John se pasó la mano por la cara. Las cicatrices de sus mejillas tiraron ligeramente bajo su piel. Sonrió, una expresión que no llegaba a los ojos.

—"Perfecto," murmuró. "Nunca me gustaban las cosas fáciles."






Faltaban diez minutos para las veinte treinta horas cuando llegó al restaurante. No era elegante para ser honesto. Estaba oculto detrás de una tienda de antigüedades falsificadas que vendía copias chinas de objetos europeos del siglo XIX. La entrada requería conocimiento específico, código digital, reconocimiento facial. Algo que solo la gente muy rica conocía o muy peligrosa.

Chen Wang lo esperaba dentro. Vestía traje negro sin joyas visibles. Llevaba un bolso de cuero italiano. Su mirada decía que había matado hombres con sus propias manos antes de llegar a esta situación. No era solo riqueza. Era poder acumulado a través de decisiones sangrientas.

"—Soy Too," dijo sin presentarse completamente.

"—Lo sé. Me dieron una foto suya ... Usted ha hecho cosas...la foto que me dieron era usted picando un hombre con un hacha.

-- Ah..si..Eso...lo recuerdo... Me debia y no me pago...No terminé por decirme lo que debe hacer. Estoy aquí para cobrar. Por cierto antes que nada. Tenemos que comer.Verian muy mal que no lo hicieramos.




Se sentaron frente a frente. El olor a incienso quemado llenaba el aire. Una vela parpadeaba en el centro de la mesa.

-- No pretendera que yo me coma lo que aqui venden sea lo que sea.

--- Despues puede ir al baño a vomitar.

"—Aquí está el contrato," Chen deslizó un documento sobre la superficie pulida. "Y aquí está el oro."

Dos maletines metálicos. Uno abierto mostrando líneas jurisdiccionales, fechas límites, cláusulas de confidencialidad. Otro cerrado. Abierto parcialmente para mostrar barras de oro puro con sellos gubernamentales.

"—Mi hija vive conmigo   en Central. Fue retirada durante una fiesta organizada por mi ex-esposo. No confío en él. No confío en nadie."

—". Necesito acceso a cámaras, registros bancarios, rutas logísticas y sobre todo quien es su esposo..Eres muy bella. Le fuiste infiel. Se te nota en la cara.."

—"Todo está preparado. Tengo los documentos necesarios. Pero necesita actuar rápido.La policia me dio una informacion...pague mucho por ella. Mañana por la noche habrá una subasta final. Si pasa esa fecha, perderé cualquier pista.No se donde sera la subasta.

John levantó una ceja. Subastas privadas. Personas vendidos como mercancía. Esto no era nuevo. Pero la escala cambiaba cada año. Ahora era global, interconectada, casi corporativa. La trata humana había mejorado tanto que ahora competía con empresas multinacionales legítimas.

—"¿Cuándo empieza la cuenta regresiva?"

—"En exactamente veinticuatro horas exactas. Minuto a minuto."

—"Entonces empiezo ahora.Por cierto el baño de mujeres es el de izquierda.. Yo desde aqui la cuido...

"10 minutos despues la mujer salio.. Traia un color verde azulado terrible.

-- Esta bien?.

-- En realidad era acomodarme un poco en el espejo.. Pero si vomite.. No por la comida.. Por el baño ..

Se levantó sin esperar respuesta. Chen lo miró fijamente mientras se dirigía a la puerta.

—"Sabe que si falla... el oro no será suficiente."

—John se detuvo en el umbral. 

"Si fallo, señora, no tendré tiempo para preocuparme por su dinero. Tendré problemas más grandes que resolver."

Salio al exterior sin mirar atrás. La lluvia había intensificado. El tráfico nocturno de Hong Kong rugía alrededor como un animal herido. Faros neón reflejados en charcos profundos. Gente corriendo bajo paraguas transparentes que no ocultaban nada.

Subió a una moto vieja sin placas. Encendió el motor con una llave mecánica antigua que no funcionaba mediante chips electrónicos. Salió disparado hacia el puerto abandonado de Kowloon, donde todas las pistas empezaban.

La lluvia golpeó su cara sin piedad. No hizo nada para protegerse. Las gotas le daban claridad. El agua fría despertaba neuronas dormidas. En este tipo de ciudad, las personas normales dormían bajo techos calentados mientras los demonios trabajaban en la oscuridad.

Él pertenecía a los demonios.

Al menos hoy..




CAPÍTULO 2 — EL PUERTO DE LOS MUERTOS VIVOS


Hong Kong. Kowloon Docks. 21:47 horas.

Kowon huele a pescado podrido y traición. No hay diferencia entre los dos aquí.

John dejó la moto detrás de un contenedor oxidado marcado con números chinos borrosos por el agua salada. El metal chirrió cuando su pie se posó en el suelo mojado. No encendió luces. No necesitaba. Conoció este muelle durante seis años cuando trabajaba para contrabandistas que ahora probablemente están muertos o pudriéndose en prisiones de Taiwán.

El suelo estaba cubierto de aceite negro mezclado con agua lluvia. Cascos de botella rotos reflejaban las luces distantes como ojos muertos. Alguien había dejado una jaula vacía llena de restos de cadenas oxidadas que hacían ruido con cada brisa del mar. Los gaviotas no volaban cerca. Sabían mejor.

Se movió entre sombras. Los pasos eran silenciosos a pesar de las botas militares pesadas. La sangre en sus manos ya estaba seca. No respiraba ruidoso. No temblaba ni una pestaña. Era como si el puerto se hubiera apagado para él. Solo los murmullos del mar y el crujido ocasional de metal oxidado rompían el silencio.


Primer Contenedor — Las Pistas Iniciales

En el primer contenedor, encontró lo que buscaba sin buscarlo realmente.

Cajas abiertas con etiquetas falsificadas: "Electrónicos usados – destino Bangkok". Pero las cajas estaban vacías. Dentro solo quedaba polvo gris y algo más. Un trozo de tela azul rasgada. Como uniforme escolar. Le acercó su nariz. Olía a colonia barata, miedo puro y detergente industrial barato. Guardó el tejido en un bolsillo impermeable sellado herméticamente.

No miró atrás. Avanzó hacia el segundo contenedor donde el hombre esperaba.


Segundo Contenedor — El Interrogatorio Brutal

Aquí, un trabajador dormido contra las paredes metálicas frías. John lo observó cinco minutos antes de actuar. El hombre tenía una cicatriz en el cuello, mirada fija en un celular roto que aún parpadeaba débilmente. Cuando John se acercó, no hubo sonido de pisadas. Fue como si el aire mismo se hubiera solidificado alrededor del gigante.

John no le habló primero. No dio advertencias.

Levantó la mano derecha, cerrada en un puño nudoso, y golpeó la boca del hombre con una precisión quirúrgica brutal. No fue un puñetazo cualquiera; fue un impacto seco, calculado para romper cartílagos y desorientar sin matar de inmediato. La mandíbula del trabajador se cerró con un chasquido sordo, sus dientes chocando con tal fuerza que la sangre brotó por las comisuras de los labios y la nariz, salpicando su camisa sucia.

El hombre intentó gritar, pero la garganta estaba comprimida por el dolor y la estructura facial destrozada. Emitió un gorgoteo húmedo, un sonido ahogado que solo John pudo oír en el silencio del muelle.

John no se detuvo. Con la mano izquierda, agarró al hombre por la nuca, hundiendo los dedos en su carne como ganchos, y lo levantó del suelo con una sola mano, como si fuera un saco de harina. Lo sacudió con violencia, haciendo que su cabeza golpeara contra el metal frío del contenedor con un ruido metálico resonante.

—¡Habla! —gruñó John, su voz apenas un susurro ronco, pero cargado de una amenaza que hacía vibrar el aire—. Dime dónde está la carga.

El hombre negó con la cabeza frenéticamente, los ojos llenos de terror puro. Intentó hablar, pero solo salió un silbido asfixiante. Su cuerpo empezó a convulsionar.

John apretó más fuerte, comprimiendo la tráquea con el pulgar mientras mantenía al hombre suspendido en el aire. La desesperación en los ojos del trabajador era palpable. Sabía que no podía resistir. John no era un interrogador profesional; era una bestia con un código propio, y ese código dictaba que el dolor debía ser intenso, rápido y absoluto hasta que la verdad saliera a la luz.

—No me hagas repetir —advirtió John, soltando al hombre justo cuando este iba a perder el conocimiento. El trabajador cayó de rodillas, tosiendo sangre, incapaz de articular una palabra completa.

John lo levantó de nuevo, esta vez lanzándolo contra la pared de contenedores con tal fuerza que el metal se abolló bajo el peso del cuerpo. El impacto hizo que el hombre quedara aturdido, sus piernas flaqueando.

—¡La Perla Negra! ¡Capitán Wong! —logró escupir finalmente el hombre, con la boca llena de sangre y dientes rotos, su voz quebrada y débil. Salieron hace diez horas... Singapur... Pasajeros... mujeres jóvenes...


La Verificación — Tres Testigos Más

John asintió lentamente. La información estaba ahí, arrancada de la carne y el miedo. Dejó caer al hombre al suelo, donde se quedó tendido, jadeando y temblando, imposible de distinguir entre el sufrimiento y la agonía.

—Gracias —murmuró John, con una frialdad que heló incluso al hombre moribundo. Si te quedas aquí, morirás. Si te vas, vivirás.

El trabajador, conmovido por el dolor y la advertencia, se puso de pie tambaleándose. Miró a John con ojos vidriosos, luego corrió hacia la salida del muelle, dejando atrás la sangre y el miedo.

Pero John no terminó todavía. Necesitaba verificación. Siempre verificaba.

Treinta metros más allá, encontró a dos guardias armados apoyados contra una grúa abandonada. Estaban sobornados, eso lo sabía por cómo sostenían sus armas: laxos, distraídos, confiando en que nadie los descubriría. John se acercó desde atrás, como un fantasma.

Al primero lo desarmó con un movimiento fluido. Un golpe en la nuca que lo dejó inconsciente instantáneamente. El segundo reaccionó más rápido, levantando su pistola. John ya estaba encima de él. Le atrapó la muñeca, giró su brazo en dirección anti-horaria con un chasquido audible que rompió huesos. El arma cayó al suelo con un ruido metálico.

—¿Quién paga? —preguntó John, sosteniendo al guardia contra la madera podrida de la grúa. Su otra mano estaba sobre su boca, evitando cualquier grito.

—Creo que le dicen la Princesacdel Corazon de Jade —jadeó el hombre, sus ojos completamente desorbitados. —Ella nos mandó proteger la zona...

John sonrió sin humor alguno

—Mientes. Soltó al guardia, quien cayó de espaldas, agarrándose la muñeca rota. El hombre no podía mentir sobre eso. John ya lo sabía. la princesadel Corazon de Jade?  Era alguien que utilizaba los peligrosos desiquilibrios del Corazon de Jade 

—Otro nombre —exigió John, pateando al hombre en las costillas. —Quiero el nombre real de quién ordena esto.

—V... VIP Circle. Círculo Dorado —confesó el guardia, tosiendo. —Solo sé eso. Pagaron tres veces lo normal. Quinientos mil dólares por silencio.

John dejó al guardia tirado en el suelo, sabiéndolo vivo pero inútil por varias horas. Siguió avanzando. Había más preguntas que responder.


Tercer Punto — El Médico Underground

A través del muelle, caminando contra la corriente de trabajadores nocturnos que nunca debían estar allí, llegó a una puerta trasera que daba acceso a la zona de mantenimiento médico. Era conocida en el inframundo. Un lugar donde los forenses ilegales operaban sin licencia. Encontró a un hombre llamado Doctor Liu, conocido por trabajar con desapariciones que nunca llegaban a reportarse oficialmente.

Liu lo esperaba sentado en una mesa cubierta de bisturis y documentos falsificados. Su bata blanca estaba manchada de sangre seca. No dijo nada cuando John entró. Solo esperó.

—mujeres muy jovenes—dijo John, colocando el pedazo de tela azul sobre la mesa. . Uniforme escolar, Otras en trajes de fiesta. Desaparecieron hace tres días.

Liu tomó el tejido con guantes blancos. Lo examinó cuidadosamente. Asintió lentamente.

—Las hemos visto. Cuatro este mes. Todas de familias ricas. Todas desaparecidas de fiestas privadas. —Liu levantó la vista. —Tus hombres ya pasaron aquí antes de ti. Te siguen.

John no preguntó quiénes eran esos hombres. Ya lo sabía. La red tenía ojos en todos lados.

—¿Dónde van? —preguntó.

—Singapur primero. Desde allí se dispersan. Algunos países árabes. Otros continentes asiáticos. Los compradores buscan exclusividad. . Jóvenes.

—¿Sobrevivencia?

Liu dudó. Eso fue respuesta suficiente.

—Cuarenta por ciento sobreviven el primer año. Luego dependen de los compradores.Tambien hay trafico de organos.

John guardó esa información. No preguntó detalles gráficos. No quería saber qué significaba ese porcentaje exactamente. Pero lo guardaría para sí mismo. Sería importante más adelante.

—Oro —ofreció John, empujando una pequeña barra sobre la mesa. —Información adicional.

Liu tomó el oro. Sonrió por primera vez. —El Capitán Wong lleva un diario. Está escondido en su cabina. Si puedes obtenerlo, sabrás todo. Los nombres. Las fechas. Los compradores completos.

—¿Dónde está ahora?

—El puerto de Keppel en Singapur. Llegará mañana a mediodía. Pero cuidado. Hay vigilancia allí también.

John dejó otra barra. —Gracias, Doctor.

—No me llames así —respondió Liu, mirando hacia la puerta. —Mis verdaderos clientes no quieren verme con sangre nueva.

John salió antes de que pudiera decir algo más. La lluvia seguía cayendo. Ahora el cielo tenía nubes grises más densas. Las luces de la ciudad se reflejaban en los charcos como luciérnagas muertas.


Saliendo del Puerto — El Costo de la Información

Camino hacia su moto, John sintió las cámaras de seguridad girando discretamente hacia él. Tres puntos diferentes. Los habían seguido más tiempo del que pensó. No importaba. Podía desaparecer entre las calles de Kowloon antes de que alguien pudiera rastrearlo.

Encendió el motor con una llave mecánica antigua. Salió disparado hacia el centro de Hong Kong, dejando atrás el muelle sangriento y los cuerpos que nunca podrían contar lo que vieron.

Su mano derecha tocó la herida en su hombro izquierdo que dolía menos que antes. Una marca de años atrás. Una cicatriz de cuando perdió a alguien importante. No recordaba quién exactamente, pero recordaba el dolor. Ese dolor era diferente al que sentía ahora.

El trabajo era más limpio de lo que esperaba. Pero la red era más profunda.

—VIP Circle —murmuró mientras conducía, las palabras saliendo humo blanco en el aire frío. —Esto es más grande de lo imaginado, es la banda que daba proteccion al malvado hermano del Conde Qinliang, ellos fueron los que secuestraron a mi sobrina Mei To y la vendieron al hermano del Conde Qianling

La sombra del dragón nunca se disipaba completamente. Solo cambiaba de forma.

Y John Too sería quien la enfrentara en la oscuridad total.


Continuara





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