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sábado, 20 de junio de 2026

John Too Parte II

Novelas Por Capitulos

Dejamos los errores ortográficos para que se entienda que no es realizada con AI

CAPÍTULO 6 — 

Hong Kong. Distrito Central. 02:05 horas de la madrugada

La tormenta finalmente se retiró como una bestia cansada que decide dejar el banquete para otro día. A las 2 AM exactas, la alerta roja fue suspendida por la Oficina Meteorológica. Las calles seguían empapadas, reflejando las luces neón destrozadas como espejos rotos. Pero el peligro inmediato había pasado.

John Too no esperó al amanecer. No podía esperar. La policía lo rastrearía en cuanto las patrullas salieran de sus cuarteles. Necesitaba respuestas antes de que el sol subiera y con ellos las preguntas que no podía responder.

Salio del loft sin hacer ruido. Dejó un mensaje cifrado para Abdelavis: "Si despiertas tarde, ve al punto Omega." No era una promesa. Era una orden. Y ella obedecía órdenes suyas siempre, mas o menos en el 0,00000000001% de las veces..

Bajó cuatro pisos en silencio, saltando los escalones desgastados que crujían bajo el peso de sus botas. En la calle, el aire olía a ozono y tierra mojada. Caminó tres cuadras hasta llegar al Club Jade, un establecimiento que existía entre lo legal y lo prohibido, donde la mafia china operaba con licencia tácita del gobierno local.

El Refugio de Xiao Lu

Xiao Lu lo esperaba en el piso superior, en su oficina privada. La puerta estaba abierta, iluminada solo por lámparas de jade colgantes. Ella estaba sentada frente a una pantalla plana que mostraba feeds de cámaras de seguridad de medio Hong Kong.

Cuando John entró, ella no levantó la vista. Vestía un qipao rojo oscuro, ajustado como segunda piel, con aberturas laterales que mostraban piernas perfectas terminando en tacones negros de aguja. Su cabello negro estaba recogido en un moño impecable. Tenía treinta y cinco años, pero su belleza era intemporal: ojos almendrados que podían matar con un parpadeo, labios pintados de carmesí que sabían mejor que la mentira más dulce.

—Llegas tarde, generalmente cuando estas hundido en lo mas profundo de lo que sea —dijo ella, sin girarse. Su voz era suave, peligrosa. Como seda envuelta en cristal.

—La tormenta duró —respondió John, acercándose lentamente. Cada paso le costaba. Las costillas heridas ardían con cada movimiento—. Y la policía no me  deja caminar libremente.

Xiao Lu se giró finalmente. Sus ojos recorrieron su rostro, deteniéndose en la herida de la ceja, en el hematoma creciente en la mandíbula, en la sangre seca que manaba de su camisa rasgada. Algo crujió en su expresión. No fue compasión. Fue algo más antiguo y profundo.

—Te ves horrible, John —murmuró, levantándose de su silla. Se acercó lentamente, pasando un dedo largo y pulcro por su mejilla manchada de sangre—. ¿Por qué sigues haciendo esto? Podrías estar en cualquier lugar. Conmigo. En vez de aquí, sangrando por alguien que ni siquiera vale la pena.

John mantuvo la vista fija en sus ojos. No respondió de inmediato. Sabía lo que venía después.

Xiao Lu seguia siendo bellisima, parecia fragil, pero era maestra en el gole del tigre de Kung Fu, las noches que ambos hicieron el amor fueron de lujuria prosmicua sin fin.. Porque no estaba con ella? Xiao Lu era Preciosa, Abdelavis unas1200 veces mas; Xiao Lu era profundamente deshonesta e infiel, Abdelavis no. Xiao si era necesario lo traicionaria o asesinaria, Abdelavis no..

Xiao Lu retiró su mano y caminó hacia una vitrina detrás de ella. Tomó una botella de whisky chino y dos vasos. Servió sin preguntar. Le entregó uno con cuidado quirúrgico.

—Bebe. Te ayudará a pensar antes de morir, porque con el aspecto que tienes antes de las 10 AM estare en tu funeral.

John tomó el vaso. El alcohol quemó su garganta, pero necesitaba el dolor. Lo necesitaba para recordar que aún estaba vivo.

—Necesito información —dijo finalmente—. Sobre Chen Wang. Sobre su familia. Sobre todo lo que nadie dice.

Xiao Lu rio. Un sonido frío, cortante, sin humor alguno. Se acercó otra vez, invadiendo su espacio personal. Pudo oler su perfume: jazmín nocturno, dinero real, sangre vieja.

—¿Esa es toda tu pregunta? ¿Chen Wang? —Sus ojos se estrecharon—. ¿Y qué pasa con ella? ¿no Con Abdelavis? ¿Dónde está ahora tu moustruo? ¿En algún ataúd dormida mientras tú sales a buscar niñas desaparecidas?

John sintió cómo el hielo se formaba en su estómago. La conocía demasiado bien. Ella sabía. Siempre sabía.

—Abdelavis no tiene nada que ver con esto.Ella es parte de los secretos de Hong Kong.

—¡Mientes! —Xiao Lu golpeó la mesa con tanta fuerza que el vaso se volcó. El whisky se derramó sobre documentos confidenciales. —¡Ella está aquí! ¡Ese... ese ser maldito! Supongo que Vive contigo, duerme contigo, y cuando no lo hace, tú vuelves con esa cara de perro perdido buscando problemas que no puedes resolver.

Se acercó más todavía, tan cerca que John pudo sentir su calor corporal. Su respiración era perfecta, artificialmente calmada. Pero sus ojos estaban furiosos. Verdaderamente furiosos.

—Quiero matarla, John —susurró, con voz helada rozandolo, dejando la marca de su boca pintada en el cuello de la camisa de el para iniciar el conflicto—. Quiero ir a tu apartamento mientras duermes. Quiero encontrarla en esa caja de madera y cortar su garganta. Ver cómo la sangre negra mana de su cuerpo inmortal. ¿Sabes por qué? Porque ella te tiene. Y yo... yo merezco ese poder sobre ti. Hice el Bazi de los dos y en los cuatro Pilares de mi fortuna sales atravezado.Soy tu concubina legal, pero ese ser del demonio es tu mujer oficial.Como puedes hacerle el amor a un ser que no respira y su cuerpo es como un hielo?

John no respondió. No podía. Porque sabía que era imposible ejar la suavidad de Abdelavis, su divino calor corporal, su inagotable pasión.

Abdelavis no era humana. No podía ser tocada por armas normales. No podía ser asesinada con balas o cuchillos. Era una híbrida vampírica, nacida de linajes antiguos que hablaban de dioses muertos y pactos con la noche entre vampiros y mujeres; Entre mujeres vampiras y hombres que aceptaron el riesgo. Ademas ellatenía una hija con el. Una niña de once años que apenas parecía diferente a las humanas. Estudiaba en el Instituto Blackwood, un colegio exclusivo para híbridos donde los padres podían enviar a sus hijos sin que el mundo supiera la verdad sobre ellos.

—No puedes matarla —dijo John finalmente, su voz ronca.

Xiao Lu retrocedió, frunciendo el ceño. 

—¿Por qué no? ¿Porque la amas? ¿Porque piensas que tiene sentimientos como nosotros?

—Porque no puedo —respondió John, evitando sus ojos—. Porque si intentas tocarla, ella te matará. Y no quiero perder a la única persona que ha estado conmigo cuando todo el mundo me traicionó.Y si. Si la amo.

—¡Menuda elección tienes! —Xiao Lu caminó hacia la ventana, mirando hacia abajo, hacia las calles mojadas de Hong Kong—. Una criatura de la noche que duerme durante días. Una hija que casi no existe para ti porque está lejos, estudiando mientras tú buscas la muerte. Y yo... yo estoy aquí. Siempre aquí.

Volteó lentamente. Sus ojos brillaron con lágrimas contenidas. 

—Eso duele más que cualquier herida física que puedas tener.-- remato ella , falsa e hipocrita como cualquier actriz de Seul.

John apretó los puños. Sentía el peso de todas las mentiras que había contado a Xiao Lu durante años. Ella había sido su ancla en este mundo criminal. Había financiado operaciones. Había proporcionado refugio. Había compartido su cama cuando necesitaba olvidar el rostro de los muertos que había dejado atrás.Por eso no le engañaban los embustes histrionicos de ella

—Solo necesito saber dónde está una niña .  Me estan pagando bien—repitió John, más débil esta vez. —La hija Chen Wang de Eric Wang. Ella se  llama  Victoria. ¿Qué sabes sobre ellos?

Xiao Lu suspiró, limpiándose las lágrimas con un pañuelo de seda. Regresó a su escritorio y tomó un archivo digital. Lo proyectó en la pantalla. Imágenes, nombres, fechas.

—Los Wang no son lo que parecen —comenzó, su tono cambiando completamente. Volviendo a la fría eficiencia que lo hacía útil en los negocios criminales. —Chen Wang construyó su imperio logístico sobre tráfico humano desde hace quince años. Es conocida por doblar reglas cuando gana suficiente oro. Eric Wang, el exmarido, es su testaferro oficial. Él limpia su dinero. Él paga silenciosos.En realidad creo que siguen juntos.

La imagen cambió a una foto de familia formal. Los dos padres posando con Victoria, sonriendo como una pareja normal. Mentira pura.

—Hace seis meses, hubo una disputa familiar —explicó Xiao Lu, haciendo zoom en una fecha específica. —Eric quería salir del negocio. Chen dijo que no podía. Que ya había firmado demasiado. Ahora quiere usar a Victoria como moneda de cambio.

John sintió cómo el mundo giraba lentamente. 

—¿Moneda de cambio? ¿Para qué?

—Para negociar con otros compradores —respondió ella—. Hay una red. VIP Circle. Círculo Dorado. Compradores privados de Asia continental que pagan millones por adolescentes específicas. Families ricas. Educadas. "Exclusivas". La niña de Chen tiene todo eso. Herencia, conexiones, linaje.En realidad no es tan malo.. Un multimillonario de Cambodia tiene un hijo "raro", le consigue una muchacha, arreglan particion de bienes, los casan y el tipo sigue siendo quien es bajo un manto de respetabilidad...luego es viudo.La chica vuelve a la casa; y la vuelven a casar. Llamalo prostitución llamalo como quieras. Uno de los dos no quieren a su hija en eso y fingen para que la red crea que desarecio; quizas quieran enviarla a Mexico, Venezuela o Peru y montarle un Supermercado  que viva ahi

Xiao Lu apagó la pantalla. Caminó hacia John otra vez. —

--Lo peor es esto: En el bajo mundo no hay información fresca. Hace dos días, todos decían que Victoria salió con Lin Mei. Hace ayer, dijeron que fue vendida en el puerto. Hoy, nadie sabe nada. La red está activa. Moviendo niños como mercancía.Estoy seguro que uno de los dos la esta escondiendo; despues que cobraron por adelantado.

John bajó la cabeza. Todo lo que había descubierto hasta ahora era inconsistente. Mencionaciones contradictorias. Mentiras de múltiples fuentes.

—¿Por qué Chen me contrató entonces? —preguntó John, mirando hacia arriba, directo a los ojos de Xiao Lu. —Si ella supuestamente sabe dónde está... ¿por qué pagar oro para encontrarla?Mas bien parece que victoria esta siendo subastada en otra parte para casarse sin respetr que esta muy joven.

Xiao Lu guardó silencio. Por primera vez desde que John había entrado, pareció verdaderamente insegura. 

—Porque necesita testigo externo. Alguien que diga que hizo el esfuerzo. Que buscó seriamente. Si algo sale mal, si Victoria desaparece para siempre... entonces ella tendrá coartada. Habrá contratado ayuda. Ha hecho todo lo posible. Y la niña tiene un buen local comercial administtado por algun Tongo en Panama o Canada.

John asintió lentamente. Esto tenía sentido. Era la clase de lógica que usaba la gente rica para protegerse. Convertir crimen en operación legítima con recibos firmados.

—Gracias —dijo John finalmente.

Xiao Lu lo miró por última vez. Sus ojos tenían algo nuevo: tristeza genuina mezclada con desesperación. 

—Cuida de ti mismo, John. Porque si algo le pasa a esa niña... si Chen decide que moriste en el proceso... No voy a poder salvarte. Ni siquiera si te amo.

John se volvió hacia la puerta.Parecio sincera.

 —Yo también te quiero, Xiao.

Pero no se detuvo para escuchar si respondía. Ya había cerrado la puerta.






Soledad Bajo la Tormenta Pasada

A las 3 AM, John estaba de vuelta en la calle. Llovia nuevamente, pero esta vez era lluvia ligera, casi ceremonial. Caminó las tres cuadras  hacia su moto con dificultad. Cada paso le recordaba los golpes que había recibido en Mong Kok. Las costillas dolían como fuego.

Pero lo que más le dolía era la información. O la falta de ella.

Todos mienten. Chen Wang mintió. Eric Wang mintió. Lin Mei mintió. Xiao Lu... quizás estaba diciendo la verdad, pero tampoco lo sabía con certeza.

Y ahora la policía estaba vigilándolo. La tormenta había terminado. Mañana, cuando el sol saliera, tendrían nuevas órdenes. Nuevos cargos. Nuevas oportunidades para que desapareciera permanentemente.

Subió a la moto. Encendió el motor. Salió disparado hacia Victoria Peak, hacia la única casa que tenía en el mundo.

 Dejaba Abdelavis hibernando . Prometio estar mas pendiente de su   hija que apenas conocía. Hacia el futuro que tal vez nunca llegaría.

La sombra del dragón no se había disipado. Solo se había vuelto más profunda. Más peligrosa.

Y John Too no tenía respuestas. Solo tenía tiempo corriendo.

Dieciocho horas restantes.

Veinte mil dólares en oro.

Una niña desaparecida.

Y demasiadas personas queriendo que estuviera muerto antes de que pudiera encontrarla, para utilizarlo de bandera en una operacion de mentira. 4 AM. 

Xiao Lu se autoproclamaba concubina; Abdelavis era lo suficientemente depravada para importarle eso.. Un detalle. Como una mujer amarra a un hombre? puede gritar, puede que no sea muy bonita, que se levante de mal humor y no cocine ni sea solidaria...pero si hacevel amor con 5 orgasmos atrapa sinnduda ; Xiao Lu con su belleza e inteligencia tenia esa cualidad sexualn para amarrar a cualquier hombre y enloquecerlo.

Abdelavis tenia 12 orgasmos, era recectiva y lujuriosa con el sexo anal y era interminable con el sexo oral.. Imposible desentenderse.Una concubina tenia que hacer mas que la oficial.Tampoco Xiao Lu tenia mas dinero que Abdelavis

Salió de la comparación.Ya sabia lo que tenia que hacer







Hong Kong. Kowloon, frente al Instituto Blackwood. 04:15 AM.

La lluvia había cesado, dejando un aire húmedo y pesado que pegaba la ropa a la piel como una segunda carcaza de dolor. John Too aparcó la moto en un callejón estrecho detrás del Instituto Blackwood. No era un colegio normal. Los muros eran de granito negro, vigilados por cámaras térmicas y guardias con rifles de asalto. Solo los hijos de la élite global y... otros tipos como el suyo... podían cruzar esos portones sin ser interrogados hasta la muerte.

A las 4:15 AM, el mundo dormía. Pero las escuelas de élite de Hong Kong abrían sus puertas mucho más tarde, alrededor de las 7:30 AM o 8:00 AM, dependiendo del programa matutino. Sin embargo, John sabía que había un patrón de entrada para los "servicios especiales" antes del amanecer: los vehículos de transporte privado de las familias adineradas llegaban entre las 6:00 y 6:30 AM para asegurar que los alumnos estuvieran dentro antes del primer turno de clases.

No tenía tiempo de esperar. Necesitaba verificar algo ahora mismo. Algo que Lin Mei le había soltado en un momento de confusión bipolar, algo que había pasado desapercibido bajo el aluvión de mentiras y fantasías sobre barcos fantasma.

"Victoria dijo que iba a ver el barco... pero Lin Mei no fue. Victoria me escribió: 'Mi otro padre viene a buscarme'."

Esa frase. "Mi otro padre". Eric Wang había sido descrito como un borracho inútil, un paria familiar. Chen Wang como la madre controladora. ¿Quién era ese "otro padre"?

John se acercó a la reja lateral, la misma donde años atrás había robado códigos de acceso para un cliente. Su mano temblaba ligeramente, no por miedo, sino por el dolor agudo en las costillas rotas. Metió la mano en el bolsillo de su chaqueta, sacando un pequeño dispositivo de hacking táctil que le había costado una fortuna en el mercado negro. Lo conectó al puerto de mantenimiento de la cerradura electrónica.

Las luces parpadearon. La puerta hizo un clic sordo. Entró.

La Búsqueda en la Oscuridad

El interior estaba inmerso en penumbra, iluminado solo por las luces de emergencia tenues que recorrían los pasillos. El olor a cera de suelo y limpieza industrial llenaba el aire. John se movió hacia la administración, sabiendo que los registros de entrada y salida de vehículos privados estaban centralizados allí.

Encontró la oficina vacía. Una recepcionista dormida en la sala contigua, cubierta con una manta térmica. Ignorándola, accedió a la terminal de gestión. Introdujo el código de administrador que había extraído de la memoria de Xiao Lu hace meses.

Pantalla verde. Lista de matrículas. Buscó el nombre: Lin Mei. Estado: Presente en el campus (alojamiento interno). Última actualización: Ayer, 22:30 horas.

Bueno. Estaba viva. Eso ya era un dato positivo. Pero necesitaba saber con quién había estado. O mejor aún, de dónde venía la noche anterior.

Accedió al historial de visitas de vehículos privados para la fecha de la desaparición de Victoria. Filtró por fecha: Hace tres días. Lista larga. Camiones de carga, sedanes blindados, limusinas.

Sus ojos recorrieron los nombres de los conductores. Uno llamó su atención. Conductor: "K. Lee". Vehicle: BMW X7 Negro. Origen: Residencia Privada, Peak Road 44. Destino: Club "The Golden Circle", Tsim Sha Tsui.

John se detuvo. El destino coincidía con la fiesta donde vieron a Victoria por última vez. Pero el origen... Peak Road 44. Era la dirección de Eric Wang. Pero Eric vivía en Happy Valley, no en Victoria Peak. ¿O quizás Eric tenía otra propiedad?

John cambió la búsqueda. Buscó Lin Mei en los registros de acompañantes. "Lin Mei fue transportada desde Victoria Peak por el conductor K. Lee." "Acompañante: Victoria Chen." "Regreso: Ambas retornaron a Peak Road 44."

Entonces no fueron a una fiesta pública. Fueron a una propiedad privada. Y quien las llevaba era el mismo chofer que luego llevó a Lin Mei a casa.

Pero lo más importante estaba en los datos personales vinculados a Peak Road 44. Propietario registrado: Chen Wang. Inquilino secundario / Usuario frecuente: Eric Wang (alias: E. Smith). Habitantes registrados en la unidad de lujo superior: Sin nombre oficial. Registro biológico: Femenino. Edad aproximada: 11 años. Relación genética detectada: 99.8% match con Eric Wang.

John sintió cómo el corazón se le detenía por un segundo. Una hija. Eric Wang no era solo un borracho miserable. Tenía otra hija. Una hija secreta, nacida probablemente de una relación con alguien fuera de matrimonio, criada en secreto en esa propiedad de lujo mientras su esposa legítima (Chen) lo ignoraba y su hija legítima (Victoria) crecía en una jaula de oro.

"—Maldita sea," murmuró John, golpeando la mesa con el puño cerrado, haciendo saltar chispas de luz de la pantalla.

Todo encajaba ahora. La "mentira" del barco no era sobre un transporte físico. Era una metáfora. Un código. "El barco" era el vehículo de Eric Wang. "La subasta" no era un evento público, sino una transacción familiar. Chen Wang no quería vender a Victoria para dinero. Quería vendérsela a alguien para eliminarla. Para quedarse con la herencia total, o tal vez para castigar a Eric por tener otra familia secreta que podría reclamar parte de su riqueza.

Pero entonces, ¿por qué contratar a John? Porque Eric Wang, el "borrachín", había llamado a Chen exigiendo ayuda. ¿O quizás Eric quería que alguien encontrara a Victoria para poder usarla como moneda de cambio contra Chen? O peor: ¿Eric sabía que estaba siendo vendido?

Revisó los datos de Lin Mei nuevamente. Padre registrado: Eric Wang. Madre registrada: Desconocida. Ubicación actual: Aula de Híbridos, Nivel 3.

John sintió un escalofrío que no tuvo nada que ver con el frío. Lin Mei no era la amiga casual de una fiesta. Era hermana de Victoria. Iguales padres. Pero separadas. Lin Mei estaba en este colegio, estudiando entre híbridos y privilegiados, viviendo en la sombra. Victoria estaba siendo vendida. Y la madre, Chen Wang, sabía de ambas.

Pero algo faltaba. La lógica de Chen no cerraba del todo. Si ella quería eliminar a Victoria, ¿por qué fingir un secuestro tan elaborado? Podría haberla simplemente "perdido" o acusado de fuga.

John recordó sus propias palabras cuando habló con Chen en el restaurante. "Solo queda la amiga de la niña que dio testimonio." "Ninguna policía ha podido ayudar." "Mañana noche habrá subasta final."

Chen había pintado un cuadro perfecto: una madre desesperada, una hija desaparecida, una red criminal invisible. Pero ahora, viendo los datos de Lin Mei, la verdad emergía como un fantasma sangriento.

Si Lin Mei era la hermana secreta de Eric, y estaba segura en la escuela... Entonces Chen no necesitaba a John para encontrar a Victoria. Chen necesitaba a John para crear una coartada.

Si John encontraba a Victoria "vendida" en el extranjero, muerta o en poder de traficantes extranjeros, eso justificaba cualquier acción que Chen tomara después. Incluso la eliminación de Eric Wang. "Mi esposo está loco, perdió a nuestra hija, ahora quiere matarme porque cree que yo la maté." Era una coartada perfecta. Una madre llorando por su hija desaparecida, buscando venganza contra un hombre que había traicionado su confianza.

John sintió cómo la sangre le helaba las venas. La "concubina" de Chen... o quizás su socia... se lo había dicho entre líneas cuando le mencionó el VIP Circle. Pero John, ciego por la adrenalina y el dolor, no lo vio. "Esta red mueve a las niñas más exclusivas." "La niña de Chen tiene linaje." No era que Chen no supiera dónde estaba su hija. Era que Chen sabía exactamente dónde estaba, y estaba usando esa información para limpiar su propia agenda.

La "subasta" no era real. O si lo era, era una trampa para atraer a Eric y a cualquier persona que buscara a Victoria, para que pudieran ser eliminados junto con ella.

John se levantó bruscamente, casi tropezando con la silla giratoria. "—Tonto," se dijo a sí mismo. "Has estado jugando a un ajedrez donde todas las piezas son falsas."

Tenía que encontrar a Lin Mei. Ella era la única testigo que podía romper este esquema. Si Lin Mei confirmaba que Victoria fue llevada a Peak Road 44 bajo la supervisión de Eric y Chen, la historia cambiaría. Pero Lin Mei estaba en la escuela, y la escuela estaba vigilada. Y Chen sabía que John había entrado en la escuela. Probablemente ya estaba llamando a los guardias.

Miró la hora: 04:40 AM. Solo faltaban unas horas para que abrieran las aulas. Y si Lin Mei despertaba, si alguien entraba en esta habitación... estaría muerto.

Salió de la oficina silenciosamente, su mente girando a mil por hora. Chen es la villana. Eric es el blanco. Victoria es el peón sacrificial. Lin Mei es la clave que puede destruir a todos.

Pero John no era el único que sabía esto. Xiao Lu le había advertido sobre Chen. "Los Wang no son lo que parecen." Ahora entendía por qué.

Subió a su moto. Las costillas ardían como fuego líquido. "—Vamos a ver qué escondes en tu cabeza, pequeña mentirosa," dijo para sí mismo, arrancando el motor.

La sombra del dragón ahora tenía forma humana. Y esa forma era la de una madre que estaba dispuesta a quemar el mundo entero para proteger su libertad de matar a su propio marido y a su otra hija.

John aceleró hacia la escuela, sabiendo que cada minuto que pasaba era un minuto menos para salvar a Victoria antes de que Chen pudiera ejecutar su plan fiNal






Mientras tanto estirandose y sentandose algo desorientada en el loft Avdelavis se sento


Hong Kong. Bodega "Nueve Dragones", Tsing Yi. 06:45 AM.

El aire en la bodega olía a aceite quemado, salitre podrido y miedo puro. John Too se levantó tambaleándose, escupiendo un trozo de diente mezclado con sangre sobre el suelo de hormigón sucio. Frente a él, Eric Wang no estaba solo. No necesitaba estarlo. A sus pies, dos figuras vestidas de negro, con máscaras que ocultaban la identidad, se movían con la precisión silenciosa de las sombras.

No eran guardias corporativos. Eran asesinos profesionales del clan Iron Snake. Maestros del Kung Fu de la Serpiente y la Garra, entrenados para matar sin dejar rastro.

"—Tú eres el problema," dijo Eric, su voz temblorosa pero firme, alejándose hacia la esquina donde Lin Mei y Victoria estaban encadenadas. "Los he pagado doble. Si mueren todas aquí, yo sigo vivo. Sin deudas. Sin fantasmas."

Uno de los asesinos no esperó órdenes. Se lanzó como un rayo negro. Sus puños volaron con una velocidad sobrehumana, golpeando el diafragma de John antes de que pudiera levantar las defensas. El impacto fue como recibir un martillazo de acero. John retrocedió, sintiendo cómo el aire abandonaba sus pulmones con un gemido ahogado.

Antes de que pudiera recuperarse, el segundo asesino atacó desde abajo, usando la técnica de la Garra de Hierro. Las uñas metálicas insertadas en sus guantes desgarraron la carne del hombro de John, arrancando un pedazo de su chaqueta y parte de su piel. La sangre manó inmediata y caliente.

John rugió, lanzando un puñetazo desesperado que conectó con la mandíbula del primer atacante. El hueso crujió, pero el asesino apenas titubeó, riendo con una sonrisa fría bajo la máscara. Con un movimiento fluido, giró sobre su talón y descargó una patada circular perfecta en la rodilla de John.

El hueso se fracturó con un sonido seco y horrible. John cayó de rodillas, gritando de dolor mientras el mundo se inclinaba.

"—¡Ríndete, viejo!" gritó el segundo asesino, saltando al aire para ejecutar una patada descendente destinada a romperle el cráneo.

John intentó rodar, pero su pierna rota lo traicionó. El pie del asesino impactó contra su costilla ya fracturada. Sintió cómo varias se rompían más, los extremos afilados clavándose en su pulmón. El aire salió silbando de su boca. Cayó de espaldas, incapaz de moverse, viendo borroso como los dos hombres se acercaban lentamente, sacando cuchillos largos y curvos.

"—Fin del juego," murmuró Eric, sonriendo con malicia mientras observaba desde la seguridad de las columnas.

Los dos asesinos alzaron las armas para dar el golpe final.

Fue entonces cuando el silencio de la bodega se rompió. No fue un estruendo. Fue un cambio en la presión del aire, una caída brusca de temperatura que hizo que el polvo cayera del techo en nubes grises.

Una sombra negra y alargada se desprendió del techo, cayendo directamente entre los asesinos.

—¿Molestamos?

La voz era suave, gélida, y resonó con una autoridad antigua que hizo que el suelo pareciera vibrar.

Abdelavis aterrizó en cuclillas, sus pies apenas haciendo ruido sobre el concreto sucio. Su cabello flotaba alrededor de su rostro pálido, iluminado por esos ojos rojos que brillaban como brasas en la oscuridad. No tenía armas. No las necesitaba.

Los asesinos se giraron, confundidos por la aparición, pero sus instintos les gritaron peligro. Intentaron atacar simultáneamente. Uno lanzó un puñetazo veloz dirigido al corazón; el otro, una patada baja para derribarla.

Abdelavis ni siquiera parpadeó.

Con un movimiento tan rápido que pareció teletransportación, esquivó el puñeto y atrapó la muñeca del atacante con una mano. En una fracción de segundo, su agarre se volvió inquebrantable. Un chasquido seco: el hueso de la muñeca se hizo añicos. El asesino gritó, pero Abdelavis ya había girado, usándolo como arma humana para golpear a su compañero en el pecho, rompiendo varias costillas y dejándolo sin aire.

Démasiado lentos, susurró ella.

El segundo asesino, enfurecido y herido, sacó un cuchillo largo y se lanzó en un ataque frenético. Abdelavis sonrió. Una sonrisa depredadora, llena de dientes perfectos y crueldad ancestral.

Esquivó el corte con una facilidad insultante, deslizándose hacia adelante hasta quedar cara a cara con el hombre. —"Tu maestro te enseñó bien la forma," dijo, su voz casi cariñosa, "pero no le enseñó a temer a la noche."

Con un movimiento de barrido bajo, derribó al hombre, y antes de que este pudiera tocar el suelo, Abdelavis había hundido sus manos en su pecho. No hubo lucha. No hubo resistencia. Solo un estallido de fuerza sobrehumana que pulverizó el esternón y los pulmones del hombre en milisegundos.

El cuerpo cayó inerte, una masa informe de ropa y sangre.

El primer asesino, aún sosteniéndose la muñeca rota, miró horrorizado a su compañero caído, luego a la mujer que ahora se limpiaba las manos ensangrentadas como si hubiera estado jugando con polvo.

—"Por favor... no..." suplicó, dando un paso atrás.

Abdelavis lo miró. No hubo compasión. Solo el vacío de quien ha visto mil años de muerte. —"Descansa," dijo suavemente.

En un parpadeo, se deslizó frente al hombre. Su mano pasó a través del torso del asesino, como si fuera humo, y emergedó del otro lado, sosteniendo algo brillante y rojo que dejó caer al suelo. El hombre se congeló, los ojos vidriosos, y colapsó instantáneamente, muerto antes de saber qué lo había matado.

El silencio regresó a la bodega. Era absoluto. Pesado.

Abdelavis se giró lentamente. Su mirada se posó en Eric Wang, que pálidamente retrocedía hasta chocar con la pared. Pero ella ni siquiera lo miró. Su atención estaba全部 en John.

Corrió hacia él, arrodillándose junto al cuerpo destrozado del mercenario. —"John," susurró, su voz temblando ligeramente, algo raro en ella. "¡Maldita sea, John!"

Sus manos, frías como el hielo, tocaron su rostro sangrante. Los ojos de John se abrieron apenas, llenos de dolor pero también de alivio. —"Llegaste," logró articular, tosiendo sangre.

—"Siempre llego," respondió ella, su tono cargado de una furia contenida. "Pero esta vez... casi pierdo la razón."

Se puso de pie, cargando a John con una sola mano, levantándolo como si pesara menos que una pluma. Luego, con la otra mano, rompió las cadenas de Lin Mei y Victoria con un golpe de dedo, liberándolas sin hacerlas daño.

—"Sígueme," ordenó a las niñas, que lloraban en silencio.

Eric Wang, temblando, intentó huir por una puerta trasera. —"¡Esperen! ¡Yo puedo pagar! ¡Todo el oro de Hong Kong!"

Abdelavis se detuvo un segundo, girando la cabeza solo lo suficiente para mirarlo. Esos ojos rojos brillaron con una intensidad aterradora. —"El oro no compra la vida que acabas de intentar quitar," dijo.

Sin apartar a John de su brazo, lanzo una piedra pequeña con fuerza sobrenatural contra Eric. La piedra impactó en la sien del padre con un crujido seco. Eric cayó al suelo, inconsciente, probablemente con la cabeza destrozada. No murió, pero no despertaría pronto. O quizás nunca más.

Abdelavis salió de la bodega, cargando a John, seguida por las dos niñas asustadas, desapareciendo en la niebla gris de la mañana, dejando atrás el caos y los cuerpos rotos de los asesinos.


EPÍLOGO — LA BATALLA INVISIBLE Y EL ESCÁNDALO HOSPITALARIO

Hospital Queen Mary. Sala de Urgencias. 11:30 AM.

La luz blanca del hospital era implacable, pero John Too ya no sentía el frío del suelo. Estaba tendido en una cama de acero, rodeado de tubos y máquinas que pitaban rítmicamente. Tenía la pierna enyesada, tres costillas vendadas con cinta quirúrgica reforzada, y el rostro cubierto de vendas que ocultaban moretones profundos. Su respiración era corta, dificultosa.

El médico tratante, un hombre mayor con gafas y ojos cansados, caminó hacia él, revisando el expediente con una expresión de absoluta perplejidad.

"—Sr. Too," comenzó el doctor, ajustándose las gafas. "Las radiografías son... difíciles de explicar. Múltiples fracturas, hemorragia interna leve, laceraciones severas en los músculos. Y sin embargo, sus signos vitales son sorprendentemente estables. Casi... anormalmente estables para alguien en su condición."

John intentó sonreír, pero le dolió. —"Tengo buena suerte, Doctor."

—"Eso explica poco," respondió el médico, bajando la voz. "Pero lo que realmente me tiene preocupado es lo que acaba de pasar hace diez minutos en la sala de espera VIP."

John arqueó una ceja bajo las vendas. —"¿Qué?"

—"Dos mujeres," continuó el médico, con incredulidad evidente. "Una vestida con un qipao rojo brillante, muy elegante, con una presencia... intimidante. La otra, una mujer de apariencia etérea, palidez extrema, vestida de negro, que parecía flotar más que caminar. Entraron corriendo, ignorando a toda la seguridad."

El médico suspiró, frotándose las sienes. —"Empezaron a discutir. Gritándose cosas como '¡Dejó a mi marido medio muerto!' y '¡Él es MÍO, tú criatura de las sombras!'. La del qipao intentó agredir físicamente a la otra mujer. La del vestido negro... simplemente la tomó del cuello y la levantó del suelo como si fuera una muñeca de trapo. Ningún guardia pudo intervenir. La mujer del vestido negro los empujó con un simple movimiento de mano y los dejó inconscientes en el pasillo."

John cerró los ojos, soltando una risa débil y dolorosa. —"Xiao Lu y Abdelavis."

—"Exacto," dijo el médico, mirándolo fijamente. "La seguridad finalmente logró expulsarlas a ambas. A Xiao Lu por disturbios graves y agresión física. A la otra mujer... bueno, simplemente desapareció de la cámara de seguridad justo cuando la iban a llevar a retención. Parece que se evaporó en el aire. Fue lo más extraño que he visto en treinta años de medicina."

El médico se inclinó hacia John, lowering la voz hasta un susurro confidencial. —"Señor, tengo una curiosidad médica y personal que va más allá de la ética. ¿Cómo diablos hace usted para tener dos mujeres tan... peligrosas? Una parece la jefa de la mafia china y la otra... bueno, la otra parece salir de un cuento de terror. Ningún hombre puede manejar eso sin terminar muerto o loco. ¿Cuál es el truco?"

John sintió cómo el calor subía a sus mejillas vendadas. Recordó la sensación de los brazos de Abdelavis sostenerlo, el olor a jazmín y sangre de Xiao Lu en el aire del hospital. Recordó la pelea brutal, el Kung Fu que lo había destruido, y la magia que lo había salvado.

—"Doctor," murmuró, su voz apenas un hilo de sonido. "No manejo nada. Ellas me soportan a mí. Y hoy... hoy ambas lograron salvarnos. Aunque creo que ahora debo pedirles que se porten mejor en la sala de visitas."

El médico rio, sacudiendo la cabeza. —"Le recomendaría terapia de grupo. O quizás, un exorcismo. Pero por ahora, necesita descansar. El caso está cerrado oficialmente, según la policía. Eric Wang aparece como suicida tras un accidente con unos criminales. Usted es un héroe. Las niñas están a salvo con la madre Chen, quien está muy agradecida."

John asintió lentamente. El caso estaba resuelto. Eric estaba eliminado. Las niñas vivas. Chen libre. Todo perfecto. Todo falso.

Pero al mirar hacia la ventana, donde la lluvia comenzaba a caer de nuevo sobre Hong Kong, John supo que la verdad seguía ahí, escondida en las sombras. La pelea no había terminado. Solo había cambiado de escenario.

Y ahora, con dos mujeres celosas peleando por él en la sala de espera, y una deuda de vida pendiente con la muerte misma, John Too sabía que la vida seria mucho más complicada de lo que imaginaba.



Continuara



martes, 16 de junio de 2026

John Too . Saga Kathy Hung

Novelas Por Capitulos


https://e999erpc55autopublicado.blogspot.com/2026/03/kathy-parte-segunda-edicion-2026.html?m=1

Viene de 👆👆👆👆👆👆👆👆👆👆👆👆👆👆👆👆👆👆👆👆👆👆👆👆👆👆

Segun la nueva tendencia, no corregimos los errores ortograficos para que se sepa que no la hicimos con AI


CAPÍTULO 1 — SOMBRAS EN VICTORIA PEAK

Hong Kong. 8:00 am horas.

La lluvia en Victoria Peak nunca limpia nada. Solo hace más visibles las manchas.

John Too estaba sentado en el borde de su cama, la única propiedad digna de su apartamento de sesenta metros cuadrados que realmente usaba. Las paredes estaban vacías, excepto por las sombras que proyectaban las lámparas de emergencia estratégicamente colocadas. No había cuadros. Sin espejos. Ningún objeto personal que pudiera delatar su nombre completo si alguien irrumpía en ese lugar. Porque eventualmente lo harían.

Acababa de despertar y lanzo su habitual maldicion.

-- Todavia estoy vivo !maldita sea!

Su mano derecha sostenía una pieza desarmada de HK45. La otra le faltaba dos nudillos desde la última vez que contó. No se acordaba exactamente de cuándo fue, pero recordaba la sangre secándose bajo las uñas. Eso sí quedaba claro en su memoria.

El teléfono sonó.

No era el celular habitual —ese estaba apagado, envuelto en tres capas de aluminio y enterrado debajo de un ladrillo en algún callejón de Mong Kok—. Este era otro modelo. Negro, blindado, sin marca visible. Lo había recibido por correo con una dirección falsa como remitente. Había sonado exactamente cuatro veces antes de que decidiera responder. Nunca respondía a la primera ni a la tercera. Era costumbre.

"—Sí."

Su voz salió rasposa, como arena rozando metal oxidado. No pidió identificación. No preguntó quién era. Si alguien llamaba con esa línea, o bien habían pagado mucho dinero, o bien iban a morir pronto. Ambas opciones merecían atención inmediata.

"—Sr. Too. Tengo  un problema. Y me dijeron que  solo hay un hombre capaz de resolverlo y es usted."

Había algo en la voz. No pánico propiamente dicho, sino la clase de control que nace cuando el miedo se ha convertido en un compañero constante. Una mujer. Asiatica. No local, eso escuchó en los matices. Chino mandarín con educación occidental. Riqueza. Muchas letras después del apellido.

"—¿Qué quieres?"

"—Una niña. Mi hija De quince años. Mi hija. Ha desaparecido."

El silencio entre ellos duró lo suficiente para contar siete respiraciones. John dejó la pieza del arma sobre la mesa auxiliar y se puso de pie. Midió la distancia hacia la ventana. Cuatro pasos. Podía saltar al techo si necesitaba salir rápido. Los cortinas estaban cerradas, pero él sabía exactamente dónde estaban los puntos débiles del edificio. Conocía los cimientos porque había pasado noches enteras observándolos.

"—¿Por qué no llamas a la policía?"

"—Ya lo intenté. Ellos son parte del problema. Y uno de ellos fue quien lo recomendo y me dio su numero

Ahora esto ya interesaba. Cuando las autoridades están implicadas, el precio sube. Y también el riesgo. Pero eso era lo que siempre hacía que valiera la pena. No el dinero específicamente, sino la sensación de estar caminando sobre bordes donde otros se negaban a pisar.

"—¿Cuánto tiempo llevas buscándola?"

"—Tres días. Desde una fiesta privada en Tsim Sha Tsui. La vieron por última vez entrando a un vehículo negro. Sin placas. Sin conductor visible."

"—Y tú crees que yo voy a encontrarla en esas condiciones, con solo un número de placa borrado y tres personas que saben dónde estuvo?."

"—Creo que usted tiene contactos. En lugares donde nadie más entra. Además... sabe de cosas. Rumores. Yo pago oro. Oro real. Barra completa. Veinte mil dólares estadounidenses en valor puro."

John caminó hacia el armario. No había ropa dentro, solo cajas. Tres pistolas adicionales. Dos navajas tácticas. Un mapa impreso de rutas portuarias ilegales entre Hong Kong y Bangkok. Y encima de todo eso, un frasco pequeño con polvo grisáceo. Nunca lo abría. Nunca necesitaba saber qué era exactamente.

"—Mírame," dijo, aunque sabía que no podía verlo. "No soy tu salvador. Soy un mercenario. Cobro. Hago el trabajo. Te devuelvo a tu niña viva o muerta según caigan los dados."

"—Viva, quiero mi hija viva conmigo .Estoy a punto de enloquecer-- sollozo la voz  

"—Esa es una mala mentalidad para alguien que quiere resultados."-- Dijo recordando su espantoso fracaso en su ultimo trabajo en Seul..( ver Kathy Hung)

El teléfono quedó en silencio por tres segundos. Luego, una llamada entrante desde una línea diferente. Una alerta visual parpadeó en la pantalla pequeña. John lo ignoró.

"—¿Dónde nos vemos?"-- pregunto la mujer

"—Veinte minutos. Restaurante privado en Tsim Sha Tsui. Sala trasera. Pregunta por Chen.Yo le aviso que vas para alla..y por favor... Nada de trajes de lujo"

"—No pagaré hasta ver a la chica."-- dijo tajante la voz.

"—Solo necesito saber que me de su descripcion y no diga a nadie que la estoy buscando ."

La conexión se cortó.

John dejó caer el teléfono sobre la cama. No respondió a la segunda llamada entrante. No importaba quien fuera. Ya tenía un trabajo. Y los trabajos solitarios eran más fáciles de gestionar.

Se dirigió hacia el rincón del apartamento donde guardaba el equipo. Un abrigo grueso, color negro, con interior térmico. Botas militares con suela reforzada. Una chaqueta ligera debajo. Todo desgastado, sin etiquetas visibles. Nada que pudiera rastrearlo después de muerto.

Miró hacia el techo. Había una figura acurrucada en lo que parecía ser una tela transparente de color  oscura construida contra la pared. No era mueble. No era decorativo. Era una estructura diseñada para contener vida suspendida.


Abdelavis dormía ahí

Abdelavis dormía ahí.

Su cámara térmica mostraba una temperatura corporal mínima. No era muerte. No era tampoco vida normal. Estaba en letargo vampírico. Ciclos lunares regulares. Cada diecisiete días aproximadamente. El ciclo actual comenzaba hace once días. Esto significaba que aún quedaban seis días completos antes de poder despertar.

Sin ella, estaba solo. Sin fuerza sobrenatural. Sin velocidad imposible. Sin conocimientos que solo ella poseía sobre redes criminales antiguas. Estaba completamente humano. Vulnerable. Mortal.

John se pasó la mano por la cara. Las cicatrices de sus mejillas tiraron ligeramente bajo su piel. Sonrió, una expresión que no llegaba a los ojos.

—"Perfecto," murmuró. "Nunca me gustaban las cosas fáciles."






Faltaban diez minutos para las 10 horas AM cuando llegó al restaurante. No era elegante para ser honesto. Estaba oculto detrás de una tienda de antigüedades falsificadas que vendía copias chinas de objetos europeos del siglo XIX. La entrada requería conocimiento específico, código digital, reconocimiento facial. Algo que solo la gente muy rica conocía o muy peligrosa.

Chen Wang lo esperaba dentro. Vestía traje negro sin joyas visibles. Llevaba un bolso de cuero italiano. Su mirada decía que había matado hombres con sus propias manos antes de llegar a esta situación. No era solo riqueza. Era poder acumulado a través de decisiones sangrientas.

"—Soy Too," dijo sin presentarse completamente.

"—Lo sé. Me dieron una foto suya ... Usted ha hecho cosas...la foto que me dieron era usted picando un hombre con un hacha.

-- Ah..si..Eso...lo recuerdo... Me debia y no me pago...No terminé por decirme lo que debe hacer. Estoy aquí para cobrar. Por cierto antes que nada. Tenemos que comer.Verian muy mal que no lo hicieramos.




Se sentaron frente a frente. El olor a incienso quemado llenaba el aire. Una vela parpadeaba en el centro de la mesa.

-- No pretendera que yo me coma lo que aqui venden sea lo que sea.

--- Despues puede ir al baño a vomitar.

"—Aquí está el contrato," Chen deslizó un documento sobre la superficie pulida. "Y aquí está el oro."

Dos maletines metálicos. Uno abierto mostrando líneas jurisdiccionales, fechas límites, cláusulas de confidencialidad. Otro cerrado. Abierto parcialmente para mostrar barras de oro puro con sellos gubernamentales.

"—Mi hija vive conmigo   en Central. Fue retirada durante una fiesta organizada por mi ex-esposo. No confío en él. No confío en nadie."

—". Necesito acceso a cámaras, registros bancarios, rutas logísticas y sobre todo quien es su esposo..Eres muy bella. Le fuiste infiel. Se te nota en la cara.."

—"Todo está preparado. Tengo los documentos necesarios. Pero necesita actuar rápido.La policia me dio una informacion...pague mucho por ella. Mañana por la noche habrá una subasta final. Si pasa esa fecha, perderé cualquier pista.No se donde sera la subasta.

John levantó una ceja. Subastas privadas. Personas vendidos como mercancía. Esto no era nuevo. Pero la escala cambiaba cada año. Ahora era global, interconectada, casi corporativa. La trata humana había mejorado tanto que ahora competía con empresas multinacionales legítimas.

—"¿Cuándo empieza la cuenta regresiva?"

—"En exactamente veinticuatro horas exactas. Minuto a minuto."

—"Entonces empiezo ahora.Por cierto el baño de mujeres es el de izquierda.. Yo desde aqui la cuido...

"10 minutos despues la mujer salio.. Traia un color verde azulado terrible.

-- Esta bien?.

-- En realidad era acomodarme un poco en el espejo.. Pero si vomite.. No por la comida.. Por el baño ..

Se levantó sin esperar respuesta. Chen lo miró fijamente mientras se dirigía a la puerta.

—"Sabe que si falla... el oro no será suficiente."

—John se detuvo en el umbral. 

"Si fallo, señora, no tendré tiempo para preocuparme por su dinero. Tendré problemas más grandes que resolver."

Salio al exterior sin mirar atrás. La lluvia había intensificado. El tráfico nocturno de Hong Kong rugía alrededor como un animal herido. Faros neón reflejados en charcos profundos. Gente corriendo bajo paraguas transparentes que no ocultaban nada.

Subió a una moto vieja sin placas. Encendió el motor con una llave mecánica antigua que no funcionaba mediante chips electrónicos. Salió disparado hacia el puerto abandonado de Kowloon, donde todas las pistas empezaban.

La lluvia golpeó su cara sin piedad. No hizo nada para protegerse. Las gotas le daban claridad. El agua fría despertaba neuronas dormidas. En este tipo de ciudad, las personas normales dormían bajo techos calentados mientras los demonios trabajaban en la oscuridad.

Él pertenecía a los demonios.

Al menos hoy..




CAPÍTULO 2 — EL PUERTO DE LOS MUERTOS VIVOS


Hong Kong. Kowloon Docks. 11:47 horas AM

Kowon huele a pescado podrido y traición. No hay diferencia entre los dos aquí.

John dejó la moto detrás de un contenedor oxidado marcado con números chinos borrosos por el agua salada. El metal chirrió cuando su pie se posó en el suelo mojado. No encendió luces. No necesitaba. Conoció este muelle durante seis años cuando trabajaba para contrabandistas que ahora probablemente están muertos o pudriéndose en prisiones de Taiwán.

El suelo estaba cubierto de aceite negro mezclado con agua lluvia. Cascos de botella rotos reflejaban las luces distantes como ojos muertos. Alguien había dejado una jaula vacía llena de restos de cadenas oxidadas que hacían ruido con cada brisa del mar. Los gaviotas no volaban cerca. Sabían mejor.

Se movió entre sombras. Los pasos eran silenciosos a pesar de las botas militares pesadas. La sangre en sus manos ya estaba seca. No respiraba ruidoso. No temblaba ni una pestaña. Era como si el puerto se hubiera apagado para él. Solo los murmullos del mar y el crujido ocasional de metal oxidado rompían el silencio.


Primer Contenedor — Las Pistas Iniciales

En el primer contenedor, encontró lo que buscaba sin buscarlo realmente.

Cajas abiertas con etiquetas falsificadas: "Electrónicos usados – destino Bangkok". Pero las cajas estaban vacías. Dentro solo quedaba polvo gris y algo más. Un trozo de tela azul rasgada. Como uniforme escolar. Le acercó su nariz. Olía a colonia barata, miedo puro y detergente industrial barato. Guardó el tejido en un bolsillo impermeable sellado herméticamente.

No miró atrás. Avanzó hacia el segundo contenedor donde el hombre esperaba. un trabajado contra las paredes metálicas frías. John lo observó cinco minutos antes de actuar. El hombre tenía una cicatriz en el cuello, mirada fija en un celular roto que aún parpadeaba débilmente. Cuando John se acercó, no hubo sonido de pisadas. Fue como si el aire mismo se hubiera solidificado alrededor del gigante.

John no le habló primero. No dio advertencias.

Levantó la mano derecha, cerrada en un puño nudoso, y golpeó la boca del hombre con una precisión quirúrgica brutal. No fue un puñetazo cualquiera; fue un impacto seco, calculado para romper cartílagos y desorientar sin matar de inmediato. La mandíbula del trabajador se cerró con un chasquido sordo, sus dientes chocando con tal fuerza que la sangre brotó por las comisuras de los labios y la nariz, salpicando su camisa sucia.

El hombre intentó gritar, pero la garganta estaba comprimida por el dolor y la estructura facial destrozada. Emitió un gorgoteo húmedo, un sonido ahogado que solo John pudo oír en el silencio del muelle.

John no se detuvo. Con la mano izquierda, agarró al hombre por la nuca, hundiendo los dedos en su carne como ganchos, y lo levantó del suelo con una sola mano, como si fuera un saco de harina. Lo sacudió con violencia, haciendo que su cabeza golpeara contra el metal frío del contenedor con un ruido metálico resonante.De obsequio le regalo un derechazo por el medio del pecho que sono como un tambor ceremonial japones.

—¡Habla! —gruñó John, su voz apenas un susurro ronco, pero cargado de una amenaza que hacía vibrar el aire—. Dime dónde está la carga.Sabes de cual carga hablo.

El hombre negó con la cabeza frenéticamente, los ojos llenos de terror puro. Intentó hablar, pero solo salió un silbido asfixiante. Su cuerpo empezó a convulsionar.

John apretó más fuerte, comprimiendo la tráquea con el pulgar mientras mantenía al hombre suspendido en el aire. La desesperación en los ojos del trabajador era palpable. Sabía que no podía resistir. John no era un interrogador profesional; era una bestia con un código propio, y ese código dictaba que el dolor debía ser intenso, rápido y absoluto hasta que la verdad saliera a la luz.

—No me hagas repetir —advirtió John, soltando al hombre justo cuando este iba a perder el conocimiento. El trabajador cayó de rodillas, tosiendo sangre, incapaz de articular una palabra completa.

John lo levantó de nuevo, esta vez lanzándolo contra la pared de contenedores con tal fuerza que el metal emitio un armonico PUM bajo el peso del cuerpo. El impacto hizo que el hombre quedara aturdido, sus piernas flaqueando.

—¡La Perla Negra! ¡Capitán Wong! —logró escupir finalmente el hombre, con la boca llena de sangre y dientes rotos, su voz quebrada y débil. Salieron hace diez horas... Singapur... Pasajeros... mujeres jóvenes. 

Tres Testigos Más

John asintió lentamente. La información estaba ahí, arrancada de la carne y el miedo. Dejó caer al hombre al suelo, donde se quedó tendido, jadeando y temblando, imposible de distinguir entre el sufrimiento y la agonía.

—Gracias —murmuró John, con una frialdad que heló incluso al hombre moribundo. Si te quedas aquí, morirás. Si te vas, vivirás.

El trabajador, conmovido por el dolor y la advertencia, se puso de pie tambaleándose. Miró a John con ojos vidriosos, luego corrió hacia la salida del muelle, dejando atrás la sangre y el miedo.

Pero John no terminó todavía. Necesitaba verificación. Siempre verificaba.

Treinta metros más allá, encontró a dos guardias armados apoyados contra una grúa abandonada. Estaban sobornados, eso lo sabía por cómo sostenían sus armas: laxos, distraídos, confiando en que nadie los descubriría. John se acercó desde atrás, como un fantasma.

Al primero lo desarmó con un movimiento fluido. Un golpe en la nuca que lo dejó inconsciente instantáneamente. El segundo reaccionó más rápido, levantando su pistola. John ya estaba encima de él. Le atrapó la muñeca, giró su brazo en dirección anti-horaria con un chasquido audible que rompió huesos. El arma cayó al suelo con un ruido metálico.

—¿Quién paga? —preguntó John, sosteniendo al guardia contra la madera podrida de la grúa. Su otra mano estaba sobre su boca, evitando cualquier grito.

—Creo que le dicen la Princesa del Corazon de Jade —jadeó el hombre, sus ojos completamente desorbitados. —Ella nos mandó proteger la zona...

John sonrió sin humor alguno

—Mientes. Soltó al guardia, quien cayó de espaldas, agarrándose la muñeca rota. El hombre no podía mentir sobre eso. John ya lo sabía. la princesadel Corazon de Jade?  Era alguien que utilizaba los peligrosos desequilibrios del Corazon de Jade 

—Otro nombre —exigió John, pateando al hombre en las costillas. —Quiero el nombre real de quién ordena esto.

—V... VIP Circle. Círculo Dorado —confesó el guardia, tosiendo. —Solo sé eso. Pagaron tres veces lo normal. Quinientos mil dólares por silencio.

John dejó al guardia tirado en el suelo, sabiéndolo vivo pero inútil por varias horas. Siguió avanzando. Había más preguntas que responde

 — El Médico Underground

A través del muelle, caminando contra la corriente de trabajadores nocturnos que nunca debían estar allí, llegó a una puerta trasera que daba acceso a la zona de mantenimiento médico. Era conocida en el inframundo. Un lugar donde los forenses ilegales operaban sin licencia. Encontró a un hombre llamado Doctor Liu, conocido por trabajar con desapariciones que nunca llegaban a reportarse oficialmente.

Liu lo esperaba sentado en una mesa cubierta de bisturis y documentos falsificados. Su bata blanca estaba manchada de sangre seca. No dijo nada cuando John entró. Solo esperó.

—mujeres muy jovenes—dijo John, colocando el pedazo de tela azul sobre la mesa. . Uniforme escolar, Otras en trajes de fiesta. Desaparecieron hace tres días.

Liu tomó el tejido con guantes blancos. Lo examinó cuidadosamente. Asintió lentamente.

—Las hemos visto. Cuatro este mes. Todas de familias ricas. Todas desaparecidas de fiestas privadas. —Liu levantó la vista. —Tus hombres ya pasaron aquí antes de ti. Te siguen.Segun mis calculos tienes menos de 24 horas

John no preguntó quiénes eran esos hombres. Ya lo sabía. La red tenía ojos en todos lados.

—¿Dónde van? —preguntó.

—Singapur primero. Desde allí se dispersan. Algunos países árabes. Otros continentes asiáticos. Los compradores buscan exclusividad. . Jóvenes.

—¿Sobrevivencia?

Liu dudó. Eso fue respuesta suficiente.

—Cuarenta por ciento sobreviven el primer año. Luego dependen de los compradores.Tambien hay trafico de organos.

John guardó esa información. No preguntó detalles gráficos. No quería saber qué significaba ese porcentaje exactamente. Pero lo guardaría para sí mismo. Sería importante más adelante.

—Oro —ofreció John, empujando una pequeña barra sobre la mesa. —Información adicional.

Liu tomó el oro. Sonrió por primera vez. 

—El Capitán Wong lleva un diario. Está escondido en su cabina. Si puedes obtenerlo, sabrás todo. Los nombres. Las fechas. Los compradores completos.

—¿Dónde está ahora?

—El puerto de Keppel en Singapur. Llegará hoy a mediodía. Pero cuidado. Hay vigilancia allí también.

John dejó otra barra. 

—Gracias, Doctor.

—No me llames así —respondió Liu, mirando hacia la puerta. —Mis verdaderos clientes no quieren verme con sangre nueva.

John salió antes de que pudiera decir algo más. La lluvia seguía cayendo. Ahora el cielo tenía nubes grises más densas. Las luces de la ciudad se reflejaban en los charcos como luciérnagas muertas.


 El Costo de la Información

Camino hacia su moto, John sintió las cámaras de seguridad girando discretamente hacia él. Tres puntos diferentes. Los habían seguido más tiempo del que pensó. No importaba. Podía desaparecer entre las calles de Kowloon antes de que alguien pudiera rastrearlo.

Encendió el motor con una llave mecánica antigua. Salió disparado hacia el centro de Hong Kong, dejando atrás el muelle sangriento y los cuerpos que nunca podrían contar lo que vieron.

Su mano derecha tocó la herida en su hombro izquierdo que dolía menos que antes. Una marca de años atrás. Una cicatriz de cuando perdió a alguien importante. No recordaba quién exactamente, pero recordaba el dolor. Ese dolor era diferente al que sentía ahora.

El trabajo era más limpio de lo que esperaba. Pero la red era más profunda.

—VIP Circle —murmuró mientras conducía, las palabras saliendo humo blanco en el aire frío. —Esto es más grande de lo imaginado, es la banda que daba proteccion al malvado hermano del Conde Qinliang, ellos fueron los que secuestraron a mi sobrina Mei To y la vendieron al hermano del Conde Qianling

La sombra del dragón nunca se disipaba completamente. Solo cambiaba de forma.

Y John Too sería quien la enfrentara en la oscuridad total. Tenia que llegar hoy mismo a Singapur o No?.. Mientras manejaba casi sin las ideas muy claras, las luces de Hong Kong le recordaron años antes cuando tenia 24 horas para salvar su vida en una Apuesta en que Abdelavis lo involucro junto a Ye Ye. Ahora ya habia perdido tres horas y estaba en 0. Buscar en el punto equivocado siempre da una sensacion. Estaciono la moto junto al lujoso edificio





LA MENTIRA DE SANGRE

Hong Kong. Distrito Central. 02:15 horas.

Han pasado 2 horas. El reloj no perdona, pero las mentiras sí pueden distorsionar el tiempo.

JohnToo condujo como un maníaco por las autopistas elevadas de Hong Kong, la moto rugiendo contra el viento cortante que traía olor a sal y smog industrial. En su cabeza, los datos del puerto se estrellaban unos contra otros con la violencia de una tormenta eléctrica. La Perla NegraSingapurDiez horas de viaje.

Pero algo no encajaba.

Se detuvo en un semáforo rojo interminable en Wan Chai. Miró hacia abajo, al asfalto mojado. Los reflejos neón de los edificios altos le devolvieron una imagen deformada de su propia cara. Cansada. Sucia. Y pensando demasiado rápido para un hombre de sus años.

"Diez horas", murmuró para sí mismo, con la voz ronca. "Si salió hace diez horas, ya estaría a doscientas millas de aquí, fuera del radar de la costa."

Pero entonces recordó el detalle del trabajador en el contenedor. La sangre en su boca. El miedo en sus ojos. "La carga salió anoche." No dijo "hoy". Dijo "anoche". Si el barco salió realmente anoche a medianoche, y ahora son las 02:15... solo han pasado unas dos horas. No diez. El trabajador, bajo la presión de los nudillos rotos, había alterado los tiempos. O quizás, John too apresuró su interpretación.

El barco no podía haber salido tan lejos. Si el barco no ha salido, o si salió hace muy poco, ¿dónde están las niñas? ¿O tal vez... el barco nunca existió?

Una idea fría y afilada se clavó en su cerebro. Lo habían embaucado. Chen Wang le había dado una dirección falsa en el puerto para alejarlo de la verdad real. Para hacerle perder el tiempo mientras ellos movían a la niña desde otro lugar. O peor aún: la niña nunca fue a Singapur. Está aquí. En Hong Kong.






John apretó el acelerador hasta el tope. La moto chirrió al tomar una curva cerrada, casi perdiendo el control sobre el asfalto resbaladizo. "Si están aquí", pensó, "entonces Chen Wang me mintió. O alguien más lo hizo por ella."

Necesitaba otra fuente. Una fuente que Chen Wang intentaría ocultar. El padre. En estos casos, cuando la madre compra silencio y poder, el padre suele ser el desecho olvidado, el que sabe demasiado y no tiene nada que perder. Chen Wang le había dicho: "Mi ex-marido. No confío en él." Esa era la pista más grande de todas. Si el padre sabía algo, no le importarían las leyes ni el dinero. Le importaría vengarse. O salvar a su hija para probar que él aún podía protegerla.







Llegó al edificio residencial de lujo en Happy Valley a las 02:15 PM. No tocó el timbre. Saltó la reja trasera, sorteando la cámara de seguridad vieja y oxidada que nadie mantenía. Subió las escaleras de servicio, evitando los ascensores que tenían sensores biométricos.

Llegó a la puerta 24-B. La abrió con una llave maestra electrónica que había copiado mentalmente de las especificaciones del edificio en su memoria (había trabajado en seguridad de este complejo hace años) lo que le permitio robar varios apartamentos en la zona; fue en una mala epoca.. Hasta en este mismo edificio robo un apartamento de una chica scort rusa...luego le devolvio lo robado mas intereses..fue un prestamo sin requisitos..

Dentro, el apartamento olía a whisky barato, tabaco rancio y desesperación contenida. Un hombre estaba sentado frente a una ventana enorme, mirando la ciudad iluminada. Tenía un traje arrugado, una camisa manchada de manchas de comida y botones faltantes. Se llamaba Eric Wang. Ex-marido de Chen. Padre de Victoria.

John entró sin anunciarse. Cerró la puerta detrás de sí. El sonido fue seco, pesado.

Eric no se giró. Solo levantó una copa de cristal sucio. 

"—¿Qué quieres, gordo? Si eres de la policía, diles que me jodan. Si eres de mi ex-esposa, dile que no tengo ningúna hija que le deba nada."

John caminó lentamente hacia él. Sus pasos pesados resonaban en el suelo de mármol pulido. "—Soy John Too," dijo simplemente. "Y sé que tienes información."

Eric rio. Un sonido áspero, quebrado. Giró la silla lentamente. Su rostro era una mezcla de alcoholismo y cinismo profundo. Las ojeras eran negras como carbón. 

—"¿Info? ¿De qué? De la niña? Esa muchacha  nunca fue  mía. Chen se la llevó. Ella paga, ella decide. Yo soy solo el padre de turno que vive en la basura porque no pago manutención."

"—Tu hija desapareció hace tres días," dijo John, acercándose lo suficiente para que Eric pudiera sentir el olor a mar y sangre que emanaba de su chaqueta. "Está secuestrada."

Eric parpadeó. Por un segundo, el brillo de lágrima en sus ojos pareció real. Pero luego, la máscara cayó de nuevo. Volvió a ser el borracho amargado.

 —"Secuestrada? . Claro. Seguro que se fugó. O se escapó con algún novio rico. O quizás Chen la escondió para chantajearme. Eso le gusta a mi ex-esposa. Todo es un negocio. Todo es una componenda."

John lo agarró del cuello de la camisa y lo sacudió con fuerza. Eric golpeó contra el respaldo de la silla, pero no luchó. Estaba demasiado intoxicado para resistir. 

—"Escúchame bien," rugió John, su voz baja y peligrosa. "No estoy aquí para jugar. Tu hija tiene quince años. Está sola. Asustada. Y si tu mueres de cirrosis antes de ayudarme, será tu culpa."

Eric soltó una risita histérica. 

—"¡Que muera! ¡Que se vaya al diablo! ¡Esa niña no vale nada! Es el espejo de su madre. Fría, calculadora, manipuladora. Siempre me odió. Me hizo la vida imposible. Ahora que se fue, perfecto. Así no tengo que limpiar su habitación llena de ropa cara y maquillaje falso. Que deja cada vez que viene a refugiarse aqui por mal comportamiento en la escuela.

John sintió cómo una parte de su estómago se encogía. El odio del padre era palpable. Pero también era una trampa. Si el padre odia tanto, ¿por qué aceptó el caso? ¿Por qué pagó Chen Wang? Wait. Chen Wang no había pagado al padre. El padre vivía aquí, solo, bebiendo. ¿Por qué Chen quería que él buscara a su hija si ella misma sabía dónde estaba?No tenia logica.

—¿Sabes algo? —preguntó John, aflojando un poco la presión en el cuello de Eric, pero manteniéndolo sujeto.

 —¿Algo? ¿Sobre qué? —Eric escupió en el suelo—. Que está viva, espero. No por mí. Por el dinero. Chen me prometió un cheque si la devolvía a casa. Si la encontraba. ¡Miente! ¡Todo es mentira!

—¿Quién te dijo eso? —insistió John. 

—Chen. Hace dos días. Me llamó. Dijo que Victoria se había ido. Que tenía que estar en casa para las noticias. Que si la encontraba, me daría millones. Pero yo sé que ella la tiene. O la escondió. Quiere demostrar que puede controlar todo. Incluso a mí.

John lo soltó bruscamente. Eric cayó al suelo, tosiendo y riendo a carcajadas.

 —"¡Me encanta que seas tonto!" gritó Eric, con lágrimas corriendo por su cara sucia. "Chen siempre juega así. Primero te da esperanza, luego te deja colgado. Como a mí. Como a Victoria. Todos somos peones en su juego de ajedrez sangriento."

John se quedó quieto, procesando la información. Chen llamó al padre hace dos días. Diciendo que la niña se había ido. Ofreciendo dinero si la encontraba. Pero Chen le había dicho a John que la policía no podía ayudar, que la niña fue vista por última vez en una fiesta. Era inconsistente. Demasiado inconsistente.

Chen sabía que la niña estaba en peligro grave. Lo sabría desde el principio. ¿Por qué engañar al padre? ¿Por qué engañar a John?

—"¿Dónde estuvo la niña la última noche?" preguntó John, con la voz helada. 

—"En mi apartamento," respondió Eric, volviendo a su copa. "Hace tres noches. Vinimos a cenar. Chen la obligó a venir. Quería hablar de... cosas. Dinero. Herencias. Victoria se enfadó. Se fue corriendo después de la cena. Llorando." 

—"¿Corrió hacia dónde?" 

—"Hacia el pasillo. Hacia la puerta principal. No la vi salir. Chen dijo que se había ido a casa de una amiga."

John frunció el ceño

. "—¿Qué amiga?" 

—"No lo sé. No me importa. Victoria no tiene amigos reales. Solo personas que quieren algo de ella."

John dio un paso hacia la puerta. Había algo que no cuadraba. Si la niña se fue de la cena hace tres noches... ¿y Chen llamó al padre diciéndole que se había ido? Entonces, ¿por qué contratar a John? A menos que... Chen supiera que la niña no se había ido a casa de una amiga. A menos que Chen supiera que alguien más se la había llevado. A menos que Chen estuviera esperando que John encontrara algo que ella no quería encontrar.

"—Vete," dijo Eric, sin mirar hacia atrás. "Busca en cualquier parte. Menos aquí. Aquí no hay nada que valga la pena."

John se detuvo en el umbral. Miró hacia atrás. Eric era un hombre roto, lleno de veneno y resentimiento. Pero en medio de ese veneno, había una verdad: la niña había salido de este apartamento. No del hotel de Chen. De este sitio. Y Chen sabía que la salida de la niña desde aquí era peligrosa.

"—Gracias," dijo John, con una ironía mordaz. "Me has dado la pista más importante."

—"¿Cuál?" preguntó Eric, tomando otro trago. 

—"Que no es el puerto. Ni Bangkok. Ni Singapur." John abrió la puerta. La lluvia caía fuerte fuera. —"Está aquí. En Hong Kong. Y tú, idiota, acabas de confirmarlo."

Cerró la puerta sin esperar respuesta.


Hora 3:45 PM

John bajó a la calle. El aire frío le golpeó la cara, limpiando el olor a alcohol y tristeza del apartamento. Su mente trabajaba a toda velocidad. Si la niña salió de la casa del padre hace tres noches... Y Chen dijo que no la pudo encontrar... Entonces alguien la tomó en ese momento.

¿Quién? Los guardias de seguridad del edificio. ¿O alguien dentro de la familia? ¿O quizás... el propio ex-marido sabía más de lo que decía?

John revisó el teléfono cifrado. Una nueva llamada entrante. Era Chen. "

—¿Ya找到了 (Encontró)?" preguntó su voz, tensa.

 —"No he encontrado nada en el puerto," dijo John, con calma. "Pero he hablado con su padre."

Hubo un silencio en la línea. Un silencio largo. Demasiado largo. 

—"¿Mi esposo?" preguntó Chen, con una voz que parecía cambiar de tono.

 —"Sí. Dice que la niña salió de su casa hace tres noches. Corriendo. Llorando. Usted le dijo que se había ido a casa de una amiga."

—"Eso es cierto," respondió Chen rápidamente. "Victoria es... inestable. A veces corre. Pero no hasta el punto de desaparecer."

 —"Entonces ¿quién la llevó?" preguntó John. "Porque si salió de esa casa, y no volvió, alguien la atrapó. Alguien que esperaba fuera."

—"No lo sé," dijo Chen, y esta vez su voz sonó genuinamente asustada. "Pensé que... pensé que podría ser la policía. O los rivales de negocios." 

—"No importa," dijo John. "Tengo una nueva pista. Voy a buscar acceso a los registros de seguridad del edificio del padre. Todos los videos de las cámaras exteriores. Desde hace tres días."

—"Lo hara?" -- pregunto Chen. "—"Si encuentra algo... no me diga nada hasta que esté seguro. Por favor."

John colgó. Chen estaba mintiendo. Otra vez. Pero esta vez, la mentira tenía sabor a miedo.

Miró hacia arriba, al cielo oscuro de Hong Kong. Faltaban diecinueve horas. Y el tiempo se estaba agotando.

"—Vamos a ver qué esconde este edificio," murmuró John, encendiendo la moto de nuevo.

La sombra del dragón se extendía más cerca. Y esta vez, John estaba listo para enfrentarla donde sea que estuviera oculta.












LA NIÑA Y EL ESPEJO ROTO

Hong Kong. Wan Chai. 04:45 horas de la tarde.

Han pasado cinco horas y media. El reloj avanza, pero la verdad se ha estancado en un pantano de mentiras.

John dejó la moto en una callejuela estrecha, justo al lado de un local de karaoke que cerró hace dos años y que ahora solo servía para que los adictos tiraran sus poruerias . No encendió luces. No necesitaba. La lluvia seguía cayendo con esa insistencia sardónica que tenían las tormentas en Hong Kong, como si el cielo quisiera lavar algo que nunca se limpiaría.

La dirección  que Chen Wang le había dado para la "amiga" era absurda. Un apartamento de lujo en una zona de expatriados, rodeado de guardias privados, cámaras y sensores de movimiento. Pero John no necesitaba entrar por la puerta principal. Ya conocía ese edificio de antes, cuando trabajo en seguridad para un cliente rico que ahora estaba muerto en una ducha de hotel.Para variar el no fue elnque lo mato. 

Saltó la cerca trasera, sorteando una cámara oxidada que giraba lenta y predecible hacia la calle. Subió por las escaleras de servicio, tres pisos hasta el departamento 32-B. Toco el timbre y con un dedo oculto elnojo electronico de la puerta,La cerradura electrónica era avanzada, pero no lo suficiente para alguien que llevaba años robando vidas ajenas. Con un pequeño dispositivo magnético y una pinza, abrió la puerta en menos de diez segundos.Lo hizo para no perder la forma. Sin embargo abrieron la puerta. Asi no mas, sin preguntar ni comprobr.

Dentro, el aire olía a lavanda sintética, dinero fresco y miedo contenido. No era el olor de la pobreza. Era el olor de la riqueza mal usada.

Lin Mei estaba sentada en medio de su habitación, rodeada de pantallas. Tres monitores gigantes proyectaban feeds de cámaras de vigilancia externas. Una pantalla mostraba el tráfico en Tsim Sha Tsui. Otra, el puerto de Kowloon. La tercera, una grabación de video borrosa de lo que parecía ser un club nocturno.

No miró cuando John entró. Sus ojos estaban fijos en la pantalla del centro, donde pasaba un video en bucle de un grupo de adolescentes bailando.

"—Estoy viendo OFF CAMPUS," murmuró, sin levantar la vista. "Es mejor que la vida real."

John avanzó lentamente. Sus botas pesadas resonaron en el suelo de madera clara. 

"—Lin Mei," dijo su voz, grave y directa. "Tengo preguntas sobre Victoria."

La chica giró la silla lentamente. Tenía quince años, pero sus ojos parecían de cincuenta. Vacíos, cansados, pero brillantes con una obsesión febril. Llevaba ropa de marca costosa, pero desordenada. El cabello recogido en un moño deshecho.

"—¿Quién eres?" preguntó, su tono burlón, casi divertido. "¿Eres el nuevo detective de mi madre? ¿O tal vez te envio mi padre borracho que vino anoche y me dijo que si no hablaba con él, me mandaría a un internado en Suiza?"

John no respondió. Se quedó quieto, observándola. Era una niña rica. De eso no había duda. Pero algo más había detrás. Una inestabilidad psicológica palpable. Bipolaridad no diagnosticada, o quizás simplemente la enfermedad crónica de la soledad en un mundo con una honestidd calculd de acuerdo a las circunstancias y muy  artificial.

"—Soy John Too," dijo finalmente. "Y quiero saber dónde estuvo Victoria la última vez que la viste."

Lin Mei rio. Un sonido agudo, cortante. 

—"¡Ah! ¡Claro! Victoria. Mi mejor amiga. La chica que se fue a la fiesta del 'Círculo Dorado'. ¡Qué diversión!Ahi estabamos. Somos las reinas de evadir el toque de qued de menores de edad" Su tono cambió drásticamente. Pasó de la burla a la euforia exagerada en segundos. —"Fue increíble. Había alcohol barato, música fuerte, y chicos guapos que no sabían quién era. Victoria se llevó bien con todos. Dijo que quería probar algo nuevo. Algo 'real'. Como en los videos que veo en internet."

John frunció el ceño.

 —"¿Qué quieres decir con 'algo real'?"

—"¡Pues cosas!" Lin Mei se levantó, caminando alrededor de la habitación mientras gesticulaba con las manos. "Chicos que no saben que son ricos. Lugares que no tienen guardias. Cosas que no están en las fotos de Instagram. Victoria dijo que iba a encontrar la 'verdadera Hong Kong'. ¡Como en las películas!"

"—Pero no volvió," dijo John, manteniendo la calma. "¿Sabes dónde fue exactamente?"

—"¡Sí! ¡Sí!" Lin Mei saltó de emoción. "Fue a una fiesta privada en un barco. Un yate viejo. En el muelle norte. ¡Era tan auténtico! Todo oscuro, todo sucio. Como en las series que miro."

"—¿Un barco?" preguntó John. "¿Cómo sabes que fue en un barco y que estaba en el muelle norte?"

Lin Mei parpadeó. Su expresión cambió rápidamente de euforia a confusión.

 —"Bueno... ella me lo dijo. Me escribió un mensaje. Decía: 'Me voy al barco'. Y luego... luego se fue.. Es obvio que tiene que ser en el muelle norte, no seria en la bse naval"

"—¿Qué barco? ¿Nombre? ¿Hora?" insistió John, acercándose un paso.

—"¡No lo sé!" respondió Lin Mei, volviendo a su silla y encogiéndose de hombros. "Victoria es así. Siempre dice cosas raras. A veces habla de dragones, de tesoros, de mundos paralelos. Es muy creativa. Muy artística. Como en los videojuegos.Sabes algo?"

-- Que cos?

-- Eres muy feo -- afirmo ella y h ontinuo-- dentro de apenas tres años cumplo 18.

John sintió cómo la frustración crecía en su pecho. Esta niña era un laberinto de mentiras y fantasías. De cada veinte palabras que decía, quince eran invenciones, cinco eran verdades distorsionadas, y ninguna era útil.

"—Escúchame bien," dijo John, su voz bajando a un tono peligroso. "Tu amiga está secuestrada. Puede estar muerta. Y tú estás aquí jugando a las espías virtuales, hablando de barcos que nunca existieron."

Lin Mei se puso rígida. Por un segundo, el brillo de locura desapareció de sus ojos, reemplazado por un miedo genuino. Pero solo por un segundo. Luego, la máscara volvió.

—"¡No digas eso!" casi gritó, con voz temblorosa. "¡Victoria no está muerta! ¡Ella solo... se perdió! Como en los juegos. Solo tiene que encontrar la salida."

—"¿Qué salida?" preguntó John.

—"No lo sé," respondió Lin Mei, bajando la voz. "Ella siempre decía que la salida estaba en el lugar donde nadie mira. Donde nadie busca."

John la miró fijamente. La niña estaba asustada, pero también confundida. No sabía la verdad. O quizás, no quería saberla.

—"¿Quién te dio el mensaje?" preguntó John, cambiando de estrategia. "¿Quién te dijo que fueras al barco?"

Lin Mei negó con la cabeza frenéticamente. 

—"Nadie. Fue Victoria. Ella misma. Me dijo que fuera a verlo. Que era una aventura. ¡Pero yo no fui! ¡Yo me quedé aquí! ¡Mira!" Señaló hacia las pantallas. "Estuve vigilando todo el tiempo. No sali de casa.Con todo esto ahoraa tengo miedo"

John se detuvo. Algo no cuadraba. Si Lin Mei no salió de casa, y Victoria se fue sola... ¿quién la llevó? ¿O tal vez... Lin Mei sabía más de lo que decía?

—"Lin Mei," dijo John suavemente. "Si no fuiste al barco, ¿cómo sabes que Victoria fue allí?"

—"¡Porque me lo contó!" respondió la niña, con lágrimas en los ojos. "Me lo contó antes de irse. Dijo: 'Voy a ver el barco'. Y luego... y luego se fue."

John asintió lentamente. La historia tenía sentido, pero no era suficiente. Necesitaba más. Necesitaba una verdad que no estuviera envuelta en fantasías.

—"Bien," dijo John, sacando una pequeña barra de oro de su bolsillo. "Esto es tuyo. Si me dices la verdad. La verdad real. Sin mentiras. Sin fantasías."

Lin Mei miró el oro. Sus ojos brillaron con codicia. Pero luego, el miedo regresó. 

—"No puedo," susurró. "Si digo la verdad... algo malo pasará. Alguien vendrá. Alguien que no quiere que sepamos nada."

—"¿Quién?" preguntó John.

—"No lo sé," respondió Lin Mei, escondiéndose detrás de la pantalla. "Solo sé que no debo hablar. Victoria me dijo que no hablara. Que si hablaba, pasaría algo terrible."

John suspiró. Esta niña no era una fuente fiable. Era una víctima más. Una niña rica que vivía en un mundo de ilusiones, incapaz de distinguir la realidad de la ficción. Pero algo en su miedo era real. Alguien la amenazaba. Alguien la había silenciado.

—"Entonces," dijo John, guardando el oro. "Te quedas aquí. Nadie te hará daño. Pero no hables con nadie. Ni con tu madre. Ni con la policía. Hasta que yo vuelva."

—"¿Cuándo volverás?" Me vas a cuidar. Dame tu numero de telefono. Yo no soy de ls estupidas que no tienen telefonos de adultos--preguntó Lin Mei, con voz temblorosa.

—"En cuanto encuentre a Victoria," respondió John. "Y si no la encuentro... entonces tendré que encontrarte a ti.Tienes otros numeros de telefonos de adultos"-- respondio John dandole el numero

Lin Mei asintió, con los ojos llenos de lágrimas. John sintio la vibracion del celular. Era el de ella.

John salió de la habitación, cerrando la puerta detrás de sí. La lluvia seguía cayendo fuera. El ruido de la ciudad era constante, como una respiración pesada que nunca se detenía.

Caminó hacia la moto, su mente trabajando a toda velocidad. Lin Mei no sabe la verdad. Victoria fue engañada. Alguien la llevó al barco. Pero ¿qué barco? ¿Y quién lo ordenó?

La sombra del dragón se extendía más lejos. Y esta vez, John estaba seguro de que la verdad estaba oculta en las mentiras de todos. Lo peor seria que ya llegaria la noche.. Todo se ralentizaba y todas las fuerzas mlignas y delictivas se soltaban en la depravd ciudad. Victoria podia estar en cualquier lado. De pso debia ir al loft y controlar la temperatura de Abdelavis... 

-- Solo a mi se me ocurre estar en una relacion con una vampira-- Tenia que cuidar a Abdelavis, era dueña de una triada de vampiros, tambien ella liquidó a Hang Hing, su triada podia buscar vengarse. No debio aceptar ese caso. Verdaderamente que no.







CAPÍTULO 5 — TORMENTA Y HIERRO 

Hong Kong. Calles de Kowloon. 7:20 horas.

El cielo no avisó; simplemente se derrumbó. A las 7:20 PM, la alerta de tormenta tropical pasó de naranja a roja en un abrir y cerrar de ojos. El viento soplaba con ráfagas de 90 km/h, arrancando letreros neón y convirtiendo las calles en ríos de agua sucia y basura flotante.

JohnToo no había recorrido ni dos cuadras desde el apartamento de Lin Mei cuando las luces azules cortaron la lluvia. Dos furgonetas policiales, los SDU (Unidad de Tareas Especiales), bloquearon su ruta en una intersección estrecha de Mong Kok. No hubo discusiones. No hubo "bajen de la moto".

La embestida fue brutal. Un agente saltó sobre él mientras otro lo derribó con una porra que impactó contra su costilla izquierda. John rodó por el asfalto mojado, sintiendo cómo el aire abandonaba sus pulmones. Intentó levantarse, pero tres pares de botas pesadas lo pisotearon, inmovilizándolo contra el suelo frió.

—¡Aquí está! Nada menos que el buen Johnn Too—gruñó el líder, escupiendo al suelo junto a la cabeza de John—. ¡El tipo que ha entrado ilegalmente en los edificios de Chen y Wang! ¡Y el que viaja con esa... esa cosa que reportaron de Bangkok!A Desde alla nos dijeron que es una asesina en serie. A ver. En que andas?. Secuestrando,? Robando? Extorcionando actrices del cine adulto? 

La referencia a Abdelavis hizo que el estómago de John se encogiera. La inteligencia policial ya tenía su nombre. Lo habían conectado con desapariciones anteriores. Para ellos, John no era un salvador; era un traficante de seres humanos con una aliada sobrenatural.Era una idea especulativa. Mejor apretaba los dientes.

Lo levantaron a la fuerza, golpeándolo de nuevo en el hombro y en la mandíbula. La sangre le llenó la boca, caliente y metálica. 

-- Apuesto que si reviso los seriales de esa moto estan limados y la placa es falsa.

-- Me la regalo una amiga.

-- Quien?

-- Melissa Hung.

-- Melissa Hung?. Me parece que conozco ese nombre.....!Claro!. La bella Melissa,la policia de trafico;  la hermana de Ye Ye...Si es verdad que estuvistes enrredado en una serie de crimenes junto a Ye Ye. Las dos hermanitas que acabaron con la reputacion de la policia

-- No sucedio asi.

-- En mala hora eran policias. Imaginate. Andaban contigo.

Lo revistieron violentamente entre la lluvia torrencial. Cuando sacaron el lingote de oro del bolsillo interior de su chaqueta, el oficial soltó una risa seca y amarga.

—¿Oro? ¿Contrabando? ¿Dinero de trata? —El oficial apretó el lingote frente a la cara de John—. Eres exactamente lo que pensamos, una basura, nunca cambiaras. ---Le dijo dandole el orimer golpe, el segundo, el tercero...perdio la cuenta.

John esperaba ser esposado, llevado a la comisaría, juzgado sumariamente antes de la medianoche. Pero la tormenta había cambiado las reglas. La alertar roja significaba lockdown. Nadie podía moverse libremente. Las estaciones estaban saturadas. Y los oficiales, empapados y furiosos, tenían otras prioridades.

El líder miró el reloj, luego a John, y finalmente a la tormenta que devoraba la ciudad.

 —No tenemos espacio para ti hoy, bastardo —dijo, con voz distorsionada por el trueno que rugió justo encima de ellos—. Si te llevamos a la estación, te quedas ahí hasta que el cielo pare de escupir agua. Y si intentas escapar...

No terminó la frase. Solo señaló con la cabeza hacia la calle principal, donde la policía de tráfico estaba desviando a cualquiera que tuviera suerte de tener un vehículo.

 —Vete. Ahora. Pero sabemos dónde vives. Si te mueves  sin permiso de nuestro comando, o si intentas acercarte a los edificios listados... no volverás a caminar. Te mataremos aquí mismo.

Fue una advertencia, no una liberación. Era una orden de vigilancia. Si se escapaban, lo buscarían. Si intentaba huir, sería eliminado. Pero por ahora, la prioridad de la policía era cerrar la ciudad ante la catástrofe climática.

—Muévete —ordenó el oficial, dándole un empujón final que lo dejó tambaleándose sobre sus propios pies.

John cayó de rodillas en un charco de agua mezclada con aceite y sangre. Se limpió la cara con la manga, ignorando el dolor punzante en las costillas rotas y la herida abierta en la ceja. No pudo decir nada. Sus pulmones apenas funcionaban.

Se puso de pie, cojeando, y caminó hacia su moto, que yacía abandonada bajo un toldo medio arrancado a Honda  con dificultad, el motor tosiendo humo negro antes de rugir. La lluvia caía con tal fuerza que no podía ver a diez metros.


El Regreso al Infierno Personal

El viaje de vuelta al loft fue una pesadilla de ceguera y dolor. Cada vez que pasaba por una luz, veía reflejos en el asfalto que parecían coches de policía siguiéndolo. Probablemente así era. Los oficiales probablemente tenían cámaras térmicas montadas en los patrulleros, rastreando su firma térmica entre la tormenta.

John condujo como un loco, sorteando escombros voladores y autos detenidos. Llegó a su zona de Victoria Peak a las 20:45 PM, una hora después de haber sido detenido. El edificio estaba oscuro, protegido por barreras de seguridad automatizadas activadas por la alerta roja. Saltó la reja lateral, rompiéndose la mano contra una cerca oxidada. No importaba.

Entró en el ascensor de servicio, que estaba paralizado por la emergencia energética. Subió las escaleras de emergencia, cuatro pisos, jadeando, sangrando, con cada paso que le provocaba una oleada de náuseas.

Cuando abrió la puerta de su apartamento, el silencio era absoluto. La tormenta rugía afuera, pero adentro reinaba una quietud artificial.

Lo primero que vio fue a ella.A Abdelavis.

Abdelavis seguía en su cripta de madera oscura, en la esquina más fría del apartamento. Su piel palidecía aún más en la penumbra, y su respiración era tan tenue que casi no existía. Estaba en el punto más bajo del ciclo de hibernación. Sin ella, John estaba totalmente indefenso. Y sin embargo, en este momento, ella era lo único que le impedía colapsar completamente.

Caminó hacia ella, arrastrando los pies. Se dejó caer de rodillas junto a la estructura, apoyando la espalda contra la pared fría. Su ropa estaba empapada, goteando agua negra en el suelo limpio. La sangre de la herida en la ceja le corría por la mejilla, mezclándose con el sudor y la lluvia.

—Estoy aquí —murmuró, su voz rota. —Sigue dormiendo. Sigue durmiendo.

Miró hacia el reloj de la pared. 9:50 PM. La tormenta iba a durar hasta las 2 AM. Otras tres horas y media. Había perdido todo el control. La policía sabía quién era. Sabía dónde vivía. Lo observaban. Y si la tormenta les permitía entrar, si la noche terminaba y no había novedades, tendrían una excusa perfecta para arrestarlo y desaparecerlo.

Pero no podía hacer nada. No podía salir. No podía investigar. Solo podía esperar. Y cuidar de la única persona que realmente confiaba en él, aunque estuviera muerta en vida.

Se quitó la chaqueta, dejando caer el peso sobre el suelo. Se quitó la camisa, revelando las cicatrices antiguas y las nuevas magulladuras. Buscó su botiquín de primeros auxilios, escondido bajo el armario, y sacó unas vendas y alcohol. Se limpió la herida de la ceja sin gemir. El dolor era agudo, nítido, pero lo mantenía despierto.

Se acostó en el suelo, a pocos centímetros de la cripta de Abdelavis, cerrando los ojos. Su mente seguía trabajándo: Chen Wang miente. Lin Mei sabe algo pero tiene miedo. El barco no existe, o es una metáfora. Y la policía está a solo unos pasos de distancia, esperando a que baje la tormenta.

Si salía vivo de esta noche, tendría que cambiar de estrategia. No podía confiar en nadie. Ni siquiera en sí mismo.

La tormenta golpeó el edificio con una ráfaga violenta que hizo vibrar las ventanas. En la oscuridad, John sonrió, una mueca sangrienta y cansada.

—Bienvenido a la jungla —susurró. —Ahora todos estamos atrapados.

Y así, entre el ruido del trueno y el silencio letárgico de su compañera, no podia esperar a que amaneciera. O mejor dicho, a que la policía decidiera qué hacer con él.Sintio que desmayaria. Adicional recordo qur solo habia desayunado.










Continua

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Continuara 



... 


Continuara






John Too Parte II

Novelas Por Capitulos Dejamos los errores ortográficos para que se entienda que no es realizada con AI CAPÍTULO 6 —  Hong Kong. Distrito Cen...