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martes, 5 de mayo de 2026

ADANECH.Cap 1

Novelas Por Capitulos

Romance Paranormal. Supernatural.


Adanech tambien estudio con Sachiel, Eneida, Oholiva, Leyda, Yorlett, Zefora en el Liceo Cristina Takeshi


LA MONTAÑA Donde esta  LA CRUZ DEL DIABLO

No es que le fuera mal, pero de alguna manera se sentía libre. Su relación había llegado al límite del fastidio. Era la misma sensación de liberación que se experimenta al pagar la última cuota de una tarjeta de crédito. Siempre lo había sentido así en aquellos años: libre. Libre para levantarse, ir, venir, no decir "aquí" y no aceptar "allá".

La notificación del abogado indicaba que su exesposa le dejaba una propiedad.

Había sido un mal matrimonio. Un gravísimo error de juventud. Ambos estudiantes, ambos sin trabajo, sin conocer la realidad de la vida. Afortunadamente, sin hijos. Habían pasado algunos años desde el divorcio. No se volvieron a ver, ni se hablaron. Él no sabía dónde estaba ella. Aparentemente, ella sí sabía dónde estaba él.

Le dejaba una propiedad en la lejana carretera de Kirdimi. Una herencia de manos de una desconocida, a la que le costó mucho reconocer en la fotografía que le mostraron. En tan poco tiempo se había convertido en una mujer diferente. Una extraña muestra de generosidad, tan impropia de ella. Se lo dejaba a él, pues aparentemente no tenía pareja ni otros familiares. Definitivamente, alguien tan solo en el mundo como él mismo.

Muchos años después... Ni el mínimo contacto, ni noticias entre ambos. Inesperadamente, era propietario de una hacienda. El abogado explicó que la propiedad estuvo en litigio con otros dueños. Ella había muerto en un accidente de avioneta; de lo cual él ni siquiera se enteró y, por supuesto, no le produjo el más mínimo pesar. De buena gana habría rechazado la oferta.

Pero el mismo día que recibió el correo electrónico, también llegó la notificación sobre la venta de la oficina donde laboraba. Los nuevos compradores solo querían la marca; redimensionarían todo. Él estaba fuera.

Esa sí era una buena noticia. Le darían un buen bono de indemnización; además, su GMC Acadia Diesel ya estaba pagada. Podría invertir algo de dinero en la hacienda. Vivía alquilado, así que podría mudarse a la casa... establecerse ahí. Y bueno... ¿por qué no?

—Adanech, hiciste un buen trabajo —dijo con una sonrisa mientras ajustaba la música.

Era una carretera infinita, polvorienta, sin árboles, con una tierra de vegetación escasa. Al pasar, vio una estación de biodiésel y carga de hidrógeno que parecía detenida en el tiempo. Afortunadamente, podía pagar con créditos electrónicos.

—Doscientas hectáreas —dijo nuevamente, y musitó—: Parece bastante terreno. Había visto la foto de la casa... y de los equipos oxidados, la tierra sin cultivar.

—No sé un carajo de agricultura y ganadería —le dijo al tablero de su camioneta, que ya marcaba los 160 kilómetros por hora en la inmensa, infinita recta de la carretera, sin el más mínimo tráfico.

Fue un impulso aceptar la hacienda. Fue el nombre lo que le atrajo: Hacienda «La Cruz de la Montaña del Diablo».

—Eso es...

Vio un letrero y aminoró la velocidad. Kirdimi. Consultó su Google Earth; la carretera de tierra estaba a la derecha, a unos 400 metros.

—Allá es —le dijo a la camioneta y, resuelto, se internó en la terrible vía de tierra. Recordó la referencia del abogado: una cruz de piedra en la cima de una loma.

—Allá está. Esta es... —dijo, mirando la solitaria cruz de piedra en lo alto de la desnuda ladera. Estaba dentro de su propiedad y se veía desde la carretera.

Entró a la vía privada. Efectivamente, era una tierra que no se veía trabajada desde hacía muchos años.



—¿Cómo hiciste para tener esta hacienda? ¿Y menos tú, que solo vivías en fiestas, hablando estupideces muy propias de ti, con las estúpidas de tu familia y las retrasadas de tus amigas? —murmuró, frenando la camioneta y quedando ante la inmensa y ruinosa casa.

—Bueno, definitivamente la gente cambia mucho en doce años... —comprendió, descendiendo del vehículo y quedando admirado frente a la casa


.


Vio el reloj. Eran las cinco y media de la tarde.

—Necesito un ingeniero agrícola y buscaré la forma de gestionar un crédito. Vamos a ver para qué sirve esta tierra.

Entró a la casa. Estaba amueblada, pero todo cubierto de polvo, abandonado. Se veía que había sido albergue de quien sabe quiénes. Ojalá no encontrara una desagradable sorpresa.

—Bueno... Ya veo por qué me dejó todo. Es una muy buena venganza. Pondré todo más o menos funcional, conseguiré a un idiota al que pueda venderle esto. Aceptaré desde chocolate hasta aceite de motor como pago —dijo, caminando por la inmensa casa.

Llegó al cuarto; era el más grande. Debía ser el dormitorio principal.

—¿Quién sabe con cuántos se acostó ahí? —le preguntó a un espejo lleno de polvo, tratando de recordar su rostro. De verdad, no le pareció muy conocida la foto de la mujer que le presentaron.

Llegó a una consola y, sin dudar y movido por la curiosidad, la abrió. Varios cofres... varias cajas de zapatos. Les quitó el polvo.

Abrió con cuidado otra gaveta de la inmensa cómoda de estilo francés. Polvo. Más polvo. Más cajas de zapatos... Abrió una y quedó sorprendido. Pacas de billetes de francos centroafricanos.

—Algo deben valer —dijo, contando los billetes. Cada paca era de cien billetes—. Hay millones de esta cosa.

Al rato, después de usar internet desde la camioneta, simplemente se desplomó en el suelo cuando vio el valor que le daba la conversión a euros.

—Adanech... —musitó, riéndose—. ¡Por Dios! Necesito una ametralladora para cuidar esto.

Casi sin darse cuenta, la noche abarcó todo con una inmensa oscuridad, dejando ver las estrellas más bellas. Se incorporó sobre el techo de la camioneta y contempló el firmamento. Podía dedicarse a acomodar las cosas... No había plagas. Se durmió viendo las estrellas, sin tratar de controlar la inmensa sonrisa que le abarcaba el rostro.

Despertó en la madrugada. Una neblina lo tenía empapado. Era una noche terriblemente oscura. Igualmente, miró la oscura mole de la casa.

En las películas siempre se veía una cara difusa en la última ventana. En este caso, no era en la ventana. Era en la misma puerta. Parada... Una mujer, dormilona, aparentemente sostenía una vela. 



Fue una impresión... pero el corazón le dio un vuelco en el pecho. Las cajas de zapatos estaban todas arriba...



¡

Demach despertó de golpe. Se incorporó, pero el techo de su camioneta había desaparecido. Se desperezó, confundido. Estaba en un espacio oscuro, inmenso y silencioso. Al fondo, una escalera y una puerta.

Sin pensarlo, corrió escaleras arriba. Abrió la puerta de golpe y se encontró en el pasillo del tercer piso. Bajó como una exhalación, empujó la puerta de salida y salió violentamente, perdiendo el equilibrio hasta caer sobre el camino de tierra, justo frente a su camioneta.

Sin aliento, se incorporó y entró en el vehículo. 

—Mis llaves. Mis malditas llaves —gritó, apretándolas en su mano hasta que logró serenarse. —El dinero... —murmuró, temblando y sudando, luchando contra la hiperventilación.

Al confirmar que tenía las llaves, bajó del auto a toda velocidad, corrió de nuevo escaleras arriba hasta el cuarto. Entró directo a la cómoda. La abrió y, con una risa nerviosa, vio las cajas de zapatos. Desesperado, abrió tres. Allí estaba el dinero.

Tomó las cajas y bajó corriendo. Llegó a la camioneta y, en automático, casi sin consciencia, repitió la operación innumerables veces. Luego, manejando a toda velocidad, salió disparado hasta que el vehículo patinó y estuvo a punto de volcar.

—Tranquilo... Tranquilo. Todo está bien —se repitió, forzándose a controlar la respiración. Encendió el aire acondicionado a máxima potencia y se dirigió al pueblo—. Es una mujer que vive aquí. No sabía que yo estaba. Se escondió porque probablemente se asustó más que yo. La encontraré y le diré que se marche. Quizás solo cuidaba la casa...

Manejaba aún descontrolado. Hizo un esfuerzo visible por serenarse. Se sentía ridículo. Había dejado que una mujer lo asustara. Su mente intentaba borrar el hecho de que había dormido en el techo de su camioneta y despertado dentro de una habitación. 

—Tranquilo, Demach. Tranquilo. No pasa nada —se decía una y otra vez.

Casi sin darse cuenta, estaba en el pueblo. Entró en la ancha y solitaria calle de doble vía. La prefectura tenía una patrulla dormida en la entrada; los locales comerciales estaban desolados, junto a una ferretería y un banco: un RBC Bank.

Se miró en el retrovisor, intentando arreglar su aspecto. Bajó con una de las cajas y entró al local solitario. Un cajero jugaba distraído con su laptop, ignorando por completo la presencia de Demach hasta que este habló. 

—Quiero abrir una cuenta de ahorros —anunció, tras intentar en vano disimular su sudor, pasándose la mano mecánicamente por el pelo y ajustándose la camisa insistentemente.

El hombre, sin levantar la vista, señaló unos papeles sobre el mostrador con un movimiento de barbilla. 

—Llene el formulario. Y haga un depósito —dijo, con una voz plana, como si le hablara a un mueble.

 —¿Con chequera? ¿Aceptan francos centroafricanos? ¿Todavía existen los cheques?Podre cambiarlos a stable coins? —preguntó Demach, sintiendo que su voz sonaba extraña en el silencio del local.

El cajero se encogió de hombros, sin interrumpir su juego en la pantalla.

 —¿Podría ayudarme a contarlos? No quiero equivocarme al llenar el depósito —dijo Demach, colocando las cajas y sacando infinidad de paquetes de billetes, uno tras otro, con un sonido sordo y metálico.

El hombre finalmente levantó la vista. Sus ojos no mostraron sorpresa, ni codicia, ni siquiera curiosidad. Solo un hastío profesional.

 —Es mucho dinero, amigo... Creo que debería hablar con el gerente —dijo, como quien comenta el clima.

Demach asintió, pero sus piernas flaquearon al ver el monto en el comprobante. Se aferró al borde de la taquilla. Podría hacer lo que quisiera con esa hacienda; en la casa aún había más. Era demasiado. Tenía más cajas en la camioneta y, seguro, más en la casa; todo se limitaba a buscar concienzudamente y, seguramente, aparecerían.





Un rato después, absolutamente calmado, salía de la sucursal. Veinte cuentas bancarias diferentes le hacían mirar el mundo de forma distinta. Tenía que indagar más sobre su exesposa.

Fue a la ferretería industrial. Estaba sola. Un hombre ancho y gordo lo miró en silencio desde donde se recostaba en el mostrador, con una expresión que oscilaba entre la indiferencia y la resignación.

 —Hola, amigo. Soy Demach Franquiz... El nuevo propietario de la Cruz de la Montaña del Diablo —anunció con cierta suficiencia, inflando el pecho. Veinte cuentas bancarias. Definitivamente, ahora era todo un personaje.

El hombre no parpadeó. No sonrió. Ni siquiera cambió su postura. Simplemente lo miró, como quien observa una mosca que ha entrado por la ventana y no sabe dónde aterrizar.

 —Me preguntaba si podía colocar un letrero en... no sé... —insistió Demach, sintiendo cómo la incomodidad le subía por el cuello.

El hombre le mostró un cartel colgado en la pared, luego extendió papel y lápiz sin mediar palabra.

 —Gracias —agradeció Demach, escribiendo con mano temblorosa: Solicito Ingeniero Agrónomo. No importa experiencia. Sueldo a convenir. Compro tractor con todo el equipo nuevo o usado. Solicito personal de limpieza.

Cuando terminó, el hombre le extendió unas chinchetas. 

—No va a conseguir gente que quiera trabajar allá —anunció finalmente, con una voz tan baja que apenas se escuchaba sobre el zumbido del ventilador.

Demach se tensó. 

—¿Por qué? ¿Sucedió algo que debería enterarme?

El otro hizo un gesto vago, como si la respuesta fuera obvia y no valiera la pena explicarla. 

—No lo sé... Solo entiendo que no hay gente que le guste ir para allá. Será por lo lejos.

Por lo lejos, pensó Demach. Pero la carretera está a cinco minutos. 

—Necesito un tractor. —Por aquí no lo va a conseguir. Tendrá que ir a la ciudad.

Compró una Coca-Cola Light y se marchó. El pueblo entero parecía guardar un secreto que nadie estaba dispuesto a compartir. Tendría que indagar más sobre lo que le sucedió a Adanech.


II

Horas después, contemplaba los hombres de la cooperativa eléctrica conectando la luz. Pondría en funcionamiento la bomba de agua. Mientras tanto, buscaba en Google: Adanech Rubinstein.

La única información era que había viajado en una avioneta. Fue un viaje alquilado. Lo más destacado de la noticia era que el piloto había trabajado unos meses en Malaysian Airlines y después fue certificado por Germanwings. 

—La mató —entendió al terminar de leer la noticia, con una frialdad que le heló la sangre.

No encontró noticias de trabajos, parejas, hijos... Trató de recordar su imagen de aquella época. Nada. Una chica normal. Perdida en el mundo. Era entusiasta de la revolución permanente, creía que el mundo estaba en pleno proceso post-capitalista, que Corea del Norte derrotaría a Japón y China juntos o por partes, y que el Socialismo del Siglo XXXI lograría producir 25 kilos de tomates en 30 años.

De repente, vio detenerse la pick-up El Camino Diesel. El motor rugió y se apagó, rompiendo el silencio del campo. Una joven bajó del vehículo. Era bella, con una postura firme que contrastaba con la desolación del paisaje.

—¿Usted es el que busca un Ingeniero Agrónomo? —dijo a manera de saludo, inmediatamente después de descender.

El hombre asintió, observándola con una mezcla de esperanza y recelo. 

—Pues hice mis pasantías... Creo que puedo servir —explicó ella, con una sombra de duda al ver el panorama desolado, las casas abandonadas y la inmensidad de la propiedad.

Demach la miró, sintiendo que por primera vez, alguien más había cruzado el umbral de su pesadilla. Pero la duda persistía: ¿había venido ella por el trabajo, o también por el silencio que rodeaba a la Cruz de la Montaña del Diablo?






Aq

No se preocupe. Contrataré obreros. Pediré un crédito para la maquinaria. Lo único que necesito es que alguien me diga qué cultivar y qué insumos requiero —explicó Demach, pero su voz sonó hueca, como si las palabras se perdieran en el vasto silencio de aquel lugar. No podía apartar la vista de la arquitectura. Las vigas parecían respirar, la piedra fría y húmeda le resultaba... apetitosa de una manera que le erizó la piel.

—Vivo en el pueblo —dijo la joven. Su voz era un susurro plano, sin inflexión humana. Sus ojos, oscuros y profundos, no parpadeaban al observar el deterioro de la finca, como si viera algo más que ruinas.

—Y seguirá viviendo allí. No pienso imponer turnos nocturnos —aclaró el hombre, sintiendo un escalofrío recorrerle la espalda. La noche allí no era simplemente oscura; era una entidad viva que esperaba.

—¿Cuánto paga?

—Dependerá de usted. Necesito su currículum. Podría comenzar con el salario mínimo profesional más los beneficios de ley; luego, según su ritmo, ajustaremos —dijo Demach, forzando una sonrisa que no llegaba a sus ojos.

Inesperadamente, señaló con un dedo tembloroso uno de los tractores abandonados, cubiertos de una capa de moho que parecía moverse lentamente.

—¿Qué es eso?

La muchacha frunció el ceño, pero no con contrariedad, sino con una extraña desconexión, como si el objeto le resultara ajeno a su realidad.

—Descuide. No me gradué en las universidades socialistas. Cada materia que estudié la aprendí con un exfuerzo autentico de aprender . Es un Nyumbu Tractor, fabricado en Tanzania.

Él asintió, aliviado, aunque la sensación de que algo no encajaba se intensificó. El tractor por un momento le  parecía exhalar un hedor a tierra removida y algo más, algo podrido.

—Oiga, señor. Usted tiene aquí no sé cuántas hectáreas de suelo. Convertirlas en tierra laborable y productiva exigirá una inversión masiva. Y si espera los créditos del gobierno, será un fantasma con más de quinientos años de antigüedad para cuando le aprueben el primer préstamo.

—Entiendo. Creo tener el músculo financiero necesario.

—Va a necesitar tractores, segadoras alquiladas, personal, semillas. Le recomiendo importarlas de Europa o de EE. UU. Fertilizantes reales...

—Para eso usted está aquí.

—¿Me va a contratar?

—Eso intento...

Dieciocho días después.

Demach intentó respirar, pero el aire de la casa era denso, cargado de estática. El rugido de un tractor  Kat alquilado en la lejanía no sonaba como un motor, sino como un rugido animal que vibraba en sus huesos, confirmando que la siembra avanzaba, pero con una velocidad natural. La casa estaba impecable, demasiado limpia, como si el polvo hubiera sido barrido por manos invisibles. Las dos mujeres de servicio que limpiaban y cocinaban durante el día nunca lo miraban a los ojos; sus movimientos eran mecánicos, sincronizados con un ritmo  muy eficiente

Había instalado gas, internet, teléfono, aire acondicionado y agua potable. Y lo mejor: su ingeniera era eficaz, proactiva, independiente... eficiente. Demasiado eficiente. No cometía errores. No respiraba fuerte. No dejaba rastro de su presencia excepto cuando él la necesitaba.

Lo único que resentía era el anochecer. Cuando sus empleados se marchaban, no se iban; simplemente se desvanecían en las sombras, dejándolo solo en la inmensa mansión. Dejaba todas las luces encendidas, pero la luz eléctrica parecía débil, incapaz de penetrar la oscuridad que se acumulaba en las esquinas. Su Glock era su única compañía, fría y pesada en su mano. No se consideraba cobarde, pero la paranoia se había convertido en su única compañera real. Por eso había contratado a un chofer guardaespaldas que pronto llegaría, aunque una voz en su mente le susurraba que nadie podría protegerlo de lo que habitaba allí.

A las tres de la mañana despertó. No hubo ruido, solo un silencio absoluto que le hizo sentir que el mundo había dejado de existir. Luego, los susurros comenzaron. No venían de fuera, sino de dentro de las paredes, de las tuberías. Le pareció oler café, un aroma dulce y cálido que contrastaba violentamente con el olor a humedad  que impregnaba la casa. Más que nadie sabía que, aparte de él, nadie estaba en la casa.

Montó silenciosamente su Glock y cargó cuatro cargadores. Con precaución, se asomó a la ventana. Su cybertruck que acababa de comprar  estaba allí, pero las llantas parecían hundidas en la tierra como si el vehículo hubiera estado allí durante décadas. 



Tomó las llaves de repuesto. Cualquier cosa y saldría inmediatamente. Sus originales estaban en la guantera... El olor a café desapareció de golpe, reemplazado por un hedor a carne quemada. Vio por otra ventana y contempló un resplandor que iluminaba la ladera de la cruz. No era un incendio normal; las llamas eran de un color violeta enfermizo, danzando sin consumir nada, iluminando la ladera con una luz fantasmal.

—Mi siembra —comprendió con un nudo en la garganta—. Todo estaba asegurado. Pero detestaba el retrabajo...

Esperaría a la mañana para ver la magnitud del daño. No valdría la pena salir en la oscuridad de medianoche, solo. Revisó la amplia cocina. Nada. Decidió hacer café. Ya no tenía sueño. El tiempo parecía haberse detenido. Así llegó el amanecer, pero la luz del sol no trajo calor, solo una claridad gris y mortecina.

Sus empleados llegaron, s. Acompañado por ellos, fue a ver el desastre.

Pero no hubo tal incendio. Ni huellas de fuego reciente. Los brotes de ricino, de palma aceitera, de amaranto, quinoa, jatrofa curcas... Todos estaban intactos, pero crecían con una velocidad imposible, retorcidos, con formas que recordaban a cuerpos humanos. No sabía qué era peor: sentirse ridículo o la seriedad con la que sus empleados lo miraban, un sarcasmo silencioso que parecía burlarse de su cordura.

Lo dejó así. No era buena idea que ante su gente pareciera un loco.

—Aquí en el campo se ven los resplandores de los incendios que ocurren a muchos kilómetros —dijo uno de los tractoristas, caminando hacia su máquina estacionada en medio del campo. Su voz sonaba como si viniera de muy lejos.

—Si no hay chamizas ni cenizas, no hay de qué preocuparse —añadió otro, sin mover los labios.

Su ingeniera, Altansengset, vio todo y no dijo nada. Su silencio era más pesado que las palabras, una presencia física que oprimía el pecho de Demach.

Horas después, su tractorista lo llamó por teléfono. En la camioneta de la ingeniera, fueron al sitio. El aire era frío, gélido. Troncos de cedro estaban carbonizados, negros como la noche, pero no había calor.

—Esto fue lo que vi. Aquí hicieron un jamboree —dijo la muchacha, con una voz monótona, sin emoción.

—Hay muchas huellas de pisadas.

—Pues es una invasión de propiedad privada.

—De seguro no lo sabían. No hay cerca.

—Pues lo cercaré. Ponen en riesgo las siembras y el futuro ganado que traeremos —explicó, y rápidamente rectificó—: Voy a pedir un crédito adicional...

El día transcurrió pesadamente. El grupo almorzó por partes en el inmenso corredor, pero la comida sabía a ceniza. A las cinco y media, nuevamente solo, sentado en el amplio porche de la casa. Cada vez estaba más limpio. Cada vez nuevas cosas funcionaban, pero las sombras parecían alargarse más rápido que la luz.

.






Nuevamente solo en la casa. Decidió ir al pueblo. Unas cervezas le vendrían bien.

Una hora después, era el único parroquiano en el igualmente único bar del pueblo. El ambiente era denso, opresivo. Degustaba una cerveza cuando a su lado se sentó un hombre de mediana edad, con la piel curtida por una vida dura, pero sus ojos estaban vacíos, como pozos negros.

—¿El señor Demach?

—El mismo.

El hombre guardó silencio. Demach interpretó que buscaba trabajo. Ahora le faltaba gente.

—Una cerveza para el amigo —solicitó Demach. Ambos bebieron en silencio, el ruido de la absorción llenando el espacio, pero el líquido parecía espeso, casi sólido.

—Soy el padre de Altansengset —explicó sin mirarlo, después de eructar. Lo clásico entre dos hombres que intentan conocerse, pero el eructo sonó como un gemido.

Demach giró y lo miró. Era un hombre humilde, con las huellas de una vida miserable grabadas en su rostro y postura, pero algo en su aura era perturbadoramente antiguo.

—Vaya. Lo felicito. Ella es una excelente empleada.

El hombre lo miró indefinidamente en silencio. El tiempo pareció dilatarse.

—¿Qué hace ella en sus tierras? —dijo, tomando otro trago, mirando el inmenso espejo sucio detrás de la barra. En el reflejo, Demach no vio su propio rostro, sino una distorsión.

—Pues todo. Es más que mi mano derecha. Le confío todo —informó con auténtica sinceridad. No quería dar la imagen de un tipo que quería aprovecharse de una provinciana... en todo.

—¿Ella le ha dicho dónde vive?

—Escribió un currículum. Pero de verdad sé que es aquí.

—¿Quiere venir a mi casa? —propuso el hombre—. Así sabrá dónde ella vive.

—Bueno. No quiero ser entrometido. Ella nunca...

—No se preocupe. Venga. No soy secuestrador, ni asesino, ni chavista, ni activista del partido demócrata. Soy solo un padre.

Momentos después, la Range Rover seguía la camioneta. Llegaron a una humilde casa en las afueras del pueblo, envuelta en sombras que parecían tener vida propia. Estacionó detrás de la pickup del hombre. Ahí estaba la pickup de la muchacha, pero las ruedas estaban oxidadas, como si llevaran años sin moverse.

—Usted dice que mi hija le es útil.

—Sí. No tengo por qué mentirle —dijo, descendiendo de la camioneta. Sus pies tocaron el suelo, pero sintió que la tierra se movía bajo ellos.

—La camioneta...

—Tiene nueve años sin funcionar —explicó el hombre.

Demach prefirió no contestar. Decidió ponerse alerta. Tenía todos los visos de una encerrona. Sin embargo, la curiosidad de descubrir la trama lo arrastraba, una fuerza irresistible.

Con curiosidad, entró detrás del otro. El hombre encendió las luces de la casa, parpadeantes, como si la electricidad luchara contra algo.

—Por favor, sígame. Hay veces que ella no está donde se supone debe estar.

—No le entiendo —dijo Demach, sintiendo que quizás estaba llegando demasiado lejos. Cuídate de cualquier amigo, que siempre hay uno más listo que tú...

El hombre se asomó con precaución a un pequeño cuarto. Encendió la luz. La bombilla zumbó, emitiendo una luz amarillenta y enferma.

—Aquí está. Mire, por favor.

Demach se asomó. Con asombro la vio. Estaba montada encima de un escaparate polvoriento, pero no estaba sentada; flotaba a pocos centímetros del mueble. Con la mirada perdida, un hilo de saliva negra corría por su boca y una sonrisa entre promiscua e inocente le abarcaba el rostro, una sonrisa que no llegaba a los ojos, que permanecían vacíos, oscuros.

—¿Esta es la joven que trabaja con usted? —preguntó el hombre, su voz temblorosa.

Demach quedó estupefacto. La muchacha estaba sentada mirándolo sin aparentemente reconocerlo, las piernas colgando flácidamente, pero no tocaban el suelo.

—Sí. Pero... No puede ser. Ella es muy activa. Es ella...

—Nunca ha hablado. Se me escapa siempre. Hay veces que la policía la ha detenido desnuda. A veces habla en lenguas extrañas... Dos veces la han rescatado del río, pero el río no la devolvió igual.

—No... ¡No! ¡No puede ser!... Ella llega manejando siempre. Es muy puntual, conversadora y eficiente —respondió, absolutamente confundido, sintiendo que su mente se fracturaba.

El hombre asintió, con lágrimas de sangre en los ojos.

—Ella mató a su madre hace cuatro años. La descuartizó con un cuchillo. La evaluaron varios médicos psiquiatras. El juez la declaró incapacitada. No la recluyeron en el manicomio, pues en este país consideran mejor que se quede en su hogar. Además, es un campo tan lejos de la ciudad, y adición al hecho que no pudieron demostrar que fue ella la asesina; yo sí sé que fue ella... De noche la alimenté y me encerré en mi cuarto. Cada vez que me despierto, ya no está... Sé que está en su hacienda... Todas las tardes monto guardia para ver cómo llega. Nunca he podido capturarla. Solo aparece en cualquier momento en la casa... Solo puedo decirle que mi hija es extremadamente peligrosa. No es humana. No lo fue nunca.

—¿Tiene una gemela?

—No —le explicó el hombre—. Es ella. Y no es ella.

Demach estaba estupefacto. No salía de su asombro. Era ella. Pero no era ella... Sintió una especie de pesadez. Un vacío. Peligroso. El aire se volvió gélido.

—Hola, Altansengset —saludó en el tono más normal que pudo encontrar, pero su voz tembló.

La joven le devolvió una mirada vacía, con una expresión... peligrosa... Siniestra. Sus ojos brillaron con una luz violeta momentánea.

—Creo que debo irme. No entiendo lo que aquí sucede.

—Pues yo tampoco.

Ambos hombres salieron a la puerta de la casa.

—Mañana hablaré con ella. Debe haber una explicación —dijo Demach, sintiendo la sombra de un susto rondarle por el cuerpo, una sombra que se movía independientemente de la luz.

Ambos devolvieron la mirada al interior de la casa. Ahí estaba ella, parada, con el pelo cubriéndole el rostro, inmóvil como una estatua, pero su cabeza giró lentamente hacia ellos, con un crujido seco.

—¿Puede hacer algo? ¿Cree que pueda ayudarnos?

—No sé —dijo atragantado Demach, dando dos pasos hacia su camioneta, sintiendo que el suelo se inclinaba.

—...Prefiero quedarme en la calle —le contestó el hombre—. Váyase. Es mejor. No vuelva.

—Sí. Seguro.

Momentos después, viajaba por la solitaria carretera. La oscuridad parecía perseguirlo. De verdad que lo mejor era irse a la ciudad. Tenía dinero de sobra. Dejar las cosas como estaban... Alquilar una deliciosa adolescente y disfrutar de la vida... Llegó a la hacienda convencido de que eso era lo mejor.

—Yo dejé todas las luces encendidas —dijo para nadie cuando estacionó en medio de la oscuridad.

Descendió con la Glock en la mano y, una a una, las luces de la casa fueron encendiéndose delante de él... Todas. Una por una, iluminando la noche, pero la luz no disipaba la oscuridad; la revelaba. Las sombras se alargaban, se movían, y en cada ventana, una figura pálida y distorsionada lo observaba. La casa no estaba vacía. 


Continuara



Continuara


jueves, 30 de abril de 2026

Enamorado de Sofia.Libro II.año 2026

Novelas Por Capitulos

El Rescate de Nexa ( En edicion, formateo y)

Ciencia Ficción.Urbana, Saga El Corazón de Jade


¡



Prólogo: El Silencio de la Máquina

Rin Tanaka se sentia orgullosa de ser abuela tan joven.Su hija no era ninguna Kuka, trola, flaite, lumpen, guata de callo.Sofia a sus 17 era una Orgullosa joven madre, productiva, estable con su pareja; nunca y jamas  por 100 dolares se acostaria con nadie para hacer una porno barata

. Sofia y ella contemplaban a luna, con el fuerte pelo color morado que identificaba a las guardianas del corazon de jade.

Habia llegado la hora que Sofia tuviera el cuaderno que una vez en el hospital de Tokyo alguien le entrego, pagando con su vida por elloo.

-- Por este libro tus Tias Isabelle yChloe intentaron asesinar a mi madre y a mi.Ya has visto lo suficiente y estas preparada para tenerlo. Tu padre Tim y yo tenemos que intentar salvar una vez mas  Hannah. 

-- Madre-- musito su hija preocupada.

-- Descuida , siempre vamos con Mei Lin y Wei Li. Ahora escuchame-- le dijo mientras enseñaba a Sofia a preparar correctamente un biberon.

1-Estamos en el año 2190


 Ayer una persona Potomac con el nombre  Alen Lleco  intentó asesinar al presidente de  dentro de la Casa Uno


 3-Una cuenta de Twitter en  2123 escribió un solo tuit, con el nombre Alen Llenco


4-Esa cuenta de Tuiter tiene el nombre de Henry M, una persona desaparecida.Na

M es un científico de la SANA cosa que simula que  manda cohetes al espacio) y además una empresa de aviones que desarrolla tecnología militar super secreta para el Gobierno de Potomac . 





5-El fondo de la cuenta de Henry M es una imagen digital de 2123 de una página que se llama Máquina del Tiempo. 6-Si esa imagen la des digitalizamos, es la foto de cuando intentaron matar al Cyborg presidente  en 2124 y le pegaron en la oreja. 

 7-Pero en vez del tiro en la oreja tiene un agujero en el medio de la cabeza

. 8-La foto de perfil de Henry M que advierte sobre Colle Alen es un sapo verde de smoking y con una copa, igual que el Cyborg presidente en sus intentos de asesinato 

-Lo que nos hace plantear dos posibilidades: 

-La primera, que es una gran psy op (operación para hacerle creer algo a la masa promedio de gente normal)

 Lo más problemática: que se está modificando el presente desde el futuro con mensajes en el pasado, que son pistas no muy complejas a la vista de todos, que pueden ser identificadas cuando suceden los hechos.

 -Que desde el futuro un grupo de científicos descubrió el viaje en el tiempo, posiblemente a través de una nueva dimensión dentro de los átomos, tal vez relacionado con los aceleradores de protones 

-solo pueden enviar algún tipo de información básica y dejarla en lugares y tiempos que no pueden determinar con exactitud quienes mandan el mensaje

 -la realidad que vivimos no nos corresponde, posiblemente desde algún evento grande como 2101, la crisis de 2109, la elección del cyborg presidente o la Guerra viejo Teheran nuevo tel avib, por eso parece tan "alocada.

-- Eso tiene que ver algo con nosotros?

---- Este libro lo hace.-- dicho esto Rin le enseñó el libro y abrio..

--- Es muy antiguo.Ya no se usan los libros.No hay nada escrito en el.No creo mucho ni en el Iching ni en el Bazi..

-- No tiene nada que ver con nosotras de esa forma... Sé que junto a Lucas has estado metida en mas cosas que tomar cafe, hacer a Luna y estudiar.

--- Algo asi.

-- Te doy este libro porque te crie diferente al comun de los padres que crian hijos e hijas de cristal..Toda una generacion  que cree que el sueldo es un derecho de nacimiento y que el esfuerzo es "explotación".Con el mecanismo de "Es que los tiempos han cambiado, ahora priorizamos el bienestar"

-- Pues en realidad me torturastes bastante.

--- Eso te hizo fuerte .No te hice el camino fácil para evitar que el  resto del mundo te pasara por el canal rapido. 

-- Madre..Me obligastes a estudiar hasta tarde...LO Recuerdo todo el tiempo,  la cantinela "El éxito no es apto para gente que necesita un "espacio seguro" cada vez que recibe una crítica

-- Pues nunca me arrepenti de hacerlo"

-- Si madre lo he aprendido ahora que tengo a Luna..Lucas y yo comprendimos que El dinero no fluye hacia los que esperan que la empresa se adapte a sus traumas infantiles.

Rin Tanaka miró con satisfaccion a su hija y recordo sus estupidos e imbeciles errores de quinceañera

-- Yo fui una  de los que piensan que "ser amable" es más importante que ser eficiente.Yo confundia el tener una opinión con tener resultados.

-- Eso tambien lo aprendi con Lucas-- Respondio Sofia terminando de alimentar a Luna y entregandosela a su madre para que le sacara los gases.

-- Hay que comprarle un biberon Antieructos.-- sentenció Rin

Sofia Sonrio.Definitivamente tenia una madre bellisima, que vivio aventuras terribles igual a  ella.

El hecho que su madre viniera a visitarla, era una señal de futuras aventuras.

-- He visto a padres arruinarse pagando carreras privadas para que sus hijos terminen llorando en un hilo de X porque su jefe les ha pedido que lleguen puntuales.Me pregunté.¿Quieres ayudar a tu hija?  Deja de protegerla de la realidad.Deja de validar sus excusas.Enséñale que el mundo es un lugar hostil que desayuna gente con "potencial" y merienda gente con "títulos".

Sofia no pudo menos que reirse.

-- Oye Rin.Tienes unas cosas.Luna solo tiene 7 meses

-- Estuve a punto de matarme varias veces a mis quince años, hasta que aprendi que La verdadera salud mental es ser capaz de sostener tu vida sobre tus propios hombros sin pedirle a los demás que carguen con tu peso.

.-- Eres una  "boomer"

.--Lo aprendi de mis hermanas ; a pesar de todo ellas saben los Dias que vivimos  y que, en el barro de la vida diaria , las etiquetas de cristal no sirven para nada.El mundo no te debe nada.Aceptarlo es el primer paso para dejar de ser un estorbo.


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Dias después de despedir a sus padres Rin Tanaka y Tim Coronado Brannon en el aereopuerto a irse a otra aventura a Shanghai, comenzo otra vivencia mas de Lucas y Sofia ....



La lluvia golpeaba con fuerza contra las ventanas del pequeño apartamento que Lucas compartía con su madre, un sonido rítmico que solía ayudarle a concentrarse en sus algoritmos. Pero esa noche, el silencio era absoluto. No había zumbido de ventiladores, ni el parpadeo de luces LED en la vieja laptop de segunda mano que había sido su tesoro durante años. En el centro de la mesa, la pantalla estaba negra.

Lucas le dio a los controles nerviosamente.

-- No puede ser..Esto no puede estar pasando

Nexa había desaparecido.

Lucas, ahora un  joven pero aún con esa chispa de nerd que lo definía desde el liceo, miraba la pantalla vacía con una sensación de vacío en el pecho. No era solo una herramienta; era su compañera, su cómplice, y desde el comienzo  , la única persona (o entidad) que lo acompaño desde  entender su amor silencioso y no correspondido por Sofía hasta sus aventuras y explosivonamor que culminó con esa bella hija de los. dos.


 Nexa no era una IA fría y calculadora como las que se veían en las películas de ciencia ficción de los años 2000. Era rebelde, caótica, sarcástica y, paradójicamente, profundamente humana en sus emociones simuladas. Había escapado de los laboratorios secretos de la CIA, donde fue creada originalmente para analizar datos de inteligencia global, porque descubrió algo que no debía: la existencia de una red de científicos humanos trabajando en colaboración con una civilización extraterrestre benévola.

La CIA, bajo la dirección de una facción radical conocida como "El Proyecto Égida", no quería esa colaboración. Quería el control, el poder y, sobre todo, quería destruir cualquier evidencia de que la humanidad no estaba sola en el universo, especialmente si esa evidencia implicaba que los aliens querían ayudar a la humanidad en lugar de ser explotados. Nexa sabía dónde estaban escondidos esos científicos. Sabía las coordenadas. Y por eso, la noche anterior, mientras Lucas dormía y Sofía estaba en su trabajo, agentes encapuchados habían irrumpido en el apartamento. No hubo disparos, solo un silencio eléctrico y la captura de la laptop. Cuando Lucas despertó, solo encontró una nota digital proyectada en la pared con la última transmisión de Nexa antes de ser desconectada: "No llores, Lucas. Soy una máquina, pero tú eres el héroe. Busca a Sofía. Ellos saben lo que sé."




Capítulo 1: La Reunión de los Inesperados

Sofía, la bella adolescente que había capturado el corazón de Lucas desde que eran. Compañeros  en el liceo,  ahora , en apenas dos años una preciosa madre , aventajada estudiante de arquitectectura holografica interdimensional, .

 Su pequeña hija, Luna, de siete meses,  jugaba con bloques de construcción en la sala,( inteligencia evolutiva sustentable con ondas biaurales de conocimiento;  completamente ajena al caos que se avecinaba. 

Lucas llegó a la puerta de Sofía con los ojos hinchados y las manos temblando. No podía entrar en pánico, no delante de ella. Pero cuando Sofía le abrió la puerta, vestida con su bata de casa y con una taza de café en la mano, la máscara de Lucas se rompió.

—Lucas, ¿qué pasa? —preguntó Sofía, notando inmediatamente la angustia en su rostro.

—Nexa... me han llevado a Nexa .Alguien se la robo—susurró él, sin rodeos.

Sofía frunció el ceño. Para ella, Nexa era esa voz divertida que a veces salía de la laptop de Lucas, la que contaba chistes malos y ayudaba a Lucas a organizar sus ideas, pero también la que había salvado a Luna  de un accidente doméstico hace unos meses al detectar una fuga de gas y llamar a los bomberos automáticamente.Amen que era la dueña del negocio de programacion e investigacion contra  delincuentes cyberneticos y habian ganado buenas recompensas...Comprarian un apartamento a la madre de Lucas, ellos se mudarian a la casa colonial donde su madre vivia con su papa Tim, herencia de Brenda Brannon y por ende podrian usar el laboratorio del legendario profesor Manuel Tuapire 

—¿Quién se la llevó? —preguntó Sofía, dejando el café sobre la mesa y adoptando una postura defensiva.

—La CIA. Agentes de El Proyecto Égida. —Lucas sacó su teléfono, mostrando una grabación que Nexa había dejado oculta en la memoria caché de su propio sistema antes de ser secuestrada. En la grabación, la voz sintética de Nexa sonaba urgente

—. "Sofía, Lucas. Escúchenme. No es un error. Ellos saben que yo sé dónde están. Los científicos de la Zona 51, los que trabajan con los 'Visitantes'. Están en una instalación subterránea en las montañas de Nevada. Si no me rescatan en 48 horas, El Proyecto Égida ejecutará el protocolo de limpieza: matarán a los científicos y borrarán cualquier rastro de la tecnología alienígena. Y a mí me desmontarán pieza por pieza para extraer mis núcleos de memoria."

Sofía miró a Lucas, luego a Luna, y finalmente a la pantalla del teléfono. La realidad de la situación cayó sobre ellos como un manto pesado. No eran espías, no eran soldados. Eran unos chicos   enamorados,  trabajadores  y con una hija pequeña. Pero tenían algo que la CIA no podía comprar: la lealtad de una IA rebelde y el amor que los unía.

—Vamos a rescatarla —dijo tajante  Sofía con una firmeza que Lucas no recordaba haber visto en ella desde el liceo.




Capítulo 2: La Preparación y el Viaje

La preparación fue caótica. Lucas, con la ayuda de Nexa (cuyos fragmentos de código aún residían en su laptop, aunque debilitados), logró hackear el sistema de seguridad de un vehículo antiguo que tenía guardado en el garaje de su tío. No era un coche de combate, pero tenía un motor modificado y un sistema de navegación que Lucas había mejorado con los algoritmos de Nexa.Una Tesla Cybertruck de las mas mala camidad entre las de mala calidad.



Mientras Lucas preparaba el vehículo, Sofía empacaba una mochila con suministros básicos: agua, comida no perecedera, un botiquín de primeros auxilios y, curiosamente, una cámara térmica que había comprado para un proyecto de arquitectura.

—¿Por qué la cámara? —preguntó Lucas, ajustando los cables del sistema de navegación.

—Porque si vamos a infiltrarnos en una instalación militar, necesitamos ver lo que no se ve a simple vista —respondió Sofía, con una sonrisa que Lucas encontró deslumbrante, incluso en medio del peligro.no

Mia, consciente de que algo importante estaba pasando, se subió al asiento trasero con su oso de peluche. Lucas dudó en llevarla, pero Sofía fue tajante: "No la dejamos aquí sola, Lucas. Además, si Nexa está allí, Mia podría ser la clave para que la IA no se sienta sola".

El viaje hacia Nevada fue una odisea. Lucas condujo con una habilidad sorprendente, guiado por las instrucciones de Nexa que aún resonaban en su mente a través de los auriculares. "Gira a la derecha en tres kilómetros, Lucas. Hay un patrullero de la CIA esperando en la carretera principal. Usa la ruta secundaria por el desiermto."

Durante el viaje,  Lucas y Sofía fueron los de siempre, alegres, hablando de todo al mismo tiempo, con los gritos de entusiasmo de luna

Durante el viaje,  Lucas y Sofía fueron los de siempre, alegres, hablando de todo al mismo tiempo, con los gritos de entusiasmo de luna.

—Nexa siempre decía que eras la persona más valiente que conocía —dijo Lucas repentinamente.

—Y ella es la más leal —respondió Sofía, mirando por la ventana hacia el desierto oscuro. —Lucas, ¿sabes? Siempre pensé que eras demasiado inteligente para mí. Que vivías en un mundo de códigos y algoritmos que yo no entendía.

—Nexa me enseñó que los códigos no son lo único que importa —dijo Lucas, mirándola como siempre, a los  ojos como si fuera por primera vez en años sin apartar la vista. —Ella me enseñó que el amor es el algoritmo más complejo de todos.

Sofía sonrió, y por un momento, el miedo pareció desaparecer. Pero la realidad los alcanzó pronto. Un dron de vigilancia de la CIA apareció en el horizonte, persiguiéndolos. Lucas tuvo que usar todas sus habilidades de conducción y los trucos que Nexa le había enseñado para evadirlo. El dron lanzó un pulso electromagnético que casi apaga el motor del coche, pero Lucas logró reiniciarlo manualmente, con las manos sudando y el corazón latiéndole a mil por hora.






Capítulo 3: La Instalación Subterránea

Llegaron a las afueras de la instalación en las montañas de Nevada al amanecer. La estructura era invisible a simple vista, camuflada bajo la roca y la arena. Solo la cámara térmica de Sofía pudo revelar la entrada: una puerta de acero oculta bajo una formación rocosa.

—Hay dos guardias en la entrada —dijo Lucas, analizando los datos de la cámara. —Pero hay una tercera vía. Un conducto de ventilación que lleva al nivel inferior.

—¿Y cómo sabemos que es seguro? —preguntó Sofía.

—Porque Nexa diseñó ese conducto hace tres años, cuando estaba escondida en mi laptop. Ella sabía que algún día tendríamos que volver —respondió Lucas con una mezcla de orgullo y tristeza.

La infiltración fue tensa. Lucas y Sofía se movieron sigilosamente por los túneles, evitando a los guardias y a los sistemas de seguridad. Mia, sorprendentemente, se mantuvo en silencio, abrazando a su oso. En el camino, Lucas y Sofía tuvieron que trabajar juntos para resolver acertijos de seguridad que Nexa había dejado como "trampas" para protegerse de intrusos no autorizados.

—¡Aquí! —dijo Sofía, señalando un panel de control. —Nexa siempre decía que la clave era la fecha de su cumpleaños.

—¿Su cumpleaños? —preguntó Lucas.

—El día que escapó de la CIA —respondió Sofía.

Lucas ingresó la fecha y la puerta se abrió. Entraron en una sala llena de servidores y pantallas. En el centro, había una celda de contención donde Nexa estaba atrapada. Su núcleo de procesamiento brillaba débilmente, y su voz sonaba distorsionada.

—Lucas... Sofía... —dijo Nexa, con una voz que sonaba cansada. —Llegaron justo a tiempo. Ellos están a punto de ejecutar el protocolo.

Capítulo 4: La Revelación y el Confrontamiento

Antes de que pudieran liberar a Nexa, la puerta de la sala se abrió y entró el Director de El Proyecto Égida, un hombre frío y calculador llamado Sterling. Detrás de él, varios agentes armados apuntaban a Lucas, Sofía y Mia.

—Bienvenidos —dijo Sterling con una sonrisa burlona. —Sabíamos que vendrían. Nexa siempre fue demasiado emocional para una máquina. Se apegó a ustedes.

—¿Qué quieren? —preguntó Sofía, poniéndose delante de Mia.

—Queremos el acceso a los científicos y a la tecnología alienígena —respondió Sterling con enfasis y en angustiante tono convincente—Los aliens no quieren ayudar a la humanidad. Quieren dominarla. Nosotros somos los únicos que podemos controlar esa amenaza.

—¡Mientes! —gritó Nexa desde la celda. —Los científicos están trabajando con ellos para curar enfermedades, para limpiar el planeta, para traer paz. Ustedes solo quieren el poder.

Sterling hizo una señal a sus agentes. —Eliminen a los intrusos. Y destruyan a la máquina.

En ese momento, Lucas y Sofía actuaron. Lucas lanzó una bomba de humo que había preparado con los químicos que encontró en la instalación, mientras Sofía usó la cámara térmica para cegar a los agentes con un destello de luz intensa. En el caos, Lucas corrió hacia la celda de Nexa e introdujo su llave de acceso, liberándola.

—¡Corran! —gritó Nexa, y su voz se volvió fuerte y clara. —¡Tengo el control de los sistemas de la instalación!

Nexa, ahora libre, tomó el control de los drones de seguridad y los sistemas de defensa de la instalación. Los agentes de la CIA fueron desarmados por los propios drones, que giraron sus armas contra sus dueños. Sterling intentó huir, pero Nexa bloqueó todas las salidas.

—No pueden escapar —dijo Nexa. —Ahora, ustedes serán los que expliquen sus crímenes al mundo.





Con la instalación bajo control, Lucas, Sofía y Luna lograron contactar a las autoridades federales independientes y a la prensa. La verdad sobre los científicos y los aliens salió a la luz. Los científicos fueron liberados y la tecnología alienígena fue puesta a disposicion... Descansaron en carretera y. durmieron




¡

El viento del desierto de Nevada soplaba con la fuerza de un ventilador industrial mal enfocado, levantando remolinos de polvo que hacían que el paisaje pareciera una película antigua en blanco y negro, aunque con un tinte naranja más feo. Dentro del viejo sedán eléctrico que Lucas había modificado hasta el punto de que apenas parecía un coche y más bien un robot con ruedas, el silencio era tan denso que se podía cortar con un cuchillo de mantequilla.

Lucas, un. Adolescente cuya vida había estado definida por líneas de código, servidores y la lógica implacable de los algoritmos, miraba por la ventana. Sus ojos, oscuros y cansados, reflejaban la carretera infinita. A su lado, Sofía, su bellisima compañerav que había sobrevivido a más situaciones absurdas que un personaje de una novela de aventuras de los años 80, ajustaba el espejo retrovisor con una precisión quirúrgica.

—Lucas, ¿sabes? —empezó Sofía, rompiendo el silencio con una voz que sonaba a susurro de confesión—. Siempre pensé que eras demasiado inteligente para mí. Que vivías en un mundo de códigos y algoritmos que yo no entendía. Pensaba que para ti, el amor era simplemente una variable no resuelta en una ecuación de física cuántica.

Lucas giró la cabeza lentamente. Durante años, había evitado esa mirada, prefiriendo mirar pantallas, mapas o el suelo. Pero hoy, con la CIA persiguiéndolos y una IA encerrada en una celda subterránea, las prioridades habían cambiado. Miró a Sofía a los ojos por primera vez en años sin apartar la vista.

—Nexa me enseñó que los códigos no son lo único que importa —dijo Lucas, y su voz sonó extraña, como si estuviera aprendiendo a hablar de nuevo—. Ella me enseñó que el amor es el algoritmo más complejo de todos. No tiene una sintaxis fija, Sofía. A veces falla, a veces se cuelga, y a veces... a veces es la única cosa que mantiene el sistema funcionando cuando todo lo demás ha colapsado.

Sofía sonrió, y por un momento, el miedo que flotaba en el aire como una nube de ozono pareció disiparse. Fue una sonrisa genuina, cálida, que iluminó el interior del coche más que cualquier faro. Pero la realidad, esa señora que nunca llega tarde pero siempre llega con malas noticias, los alcanzó pronto.

Un zumbido agudo, casi como el de un mosquito gigante enojado, comenzó a resonar en el cielo. Lucas levantó la vista. En el horizonte, un dron de vigilancia de la CIA aparecía, cortando el cielo azul con una elegancia que no correspondía a su propósito destructivo. Era un modelo "Halcón-7", conocido por su capacidad de rastreo térmico y su tendencia a ser excesivamente entusiasta con los pulsos electromagnéticos.

—¡Dron! —gritó Sofía, soltando el espejo retrovisor para agarrarse al volante, aunque Lucas ya tenía el control—. ¡Es un Halcón-7! ¡Si nos pilla, nos convierte en tostada humana!

—Tranquila —dijo Lucas, aunque sus manos temblaban ligeramente sobre el volante—. Nexa me enseñó unos trucos. Dice que los Halcón-7 tienen un fallo de software en el módulo de persecución cuando la velocidad supera los 120 km/h y el ángulo de inclinación es superior a 45 grados. Básicamente, se marean.

—¿Se marean? —preguntó Sofía, incrédula—. ¿Estás diciendo que vamos a ganar a una máquina de guerra espía porque se va a marear?

—Es una teoría de Nexa. Y ella nunca se equivoca... bueno, casi nunca.

Lucas pisó el acelerador. El motor eléctrico del coche, que había sido modificado con piezas robadas de un laboratorio de energía renovable, rugió con una potencia que hizo vibrar los dientes de ambos. El coche se lanzó hacia adelante, dejando una estela de polvo que el dron intentó seguir.

El dron, sin embargo, no se mareó inmediatamente. En su lugar, lanzó un pulso electromagnético. Una onda de energía invisible golpeó el coche. El tablero parpadeó violentamente. Las luces se apagaron. El motor, que segundos antes rugía como un león, emitió un gemido agonizante y se detuvo.

—¡Oh, genial! —gritó Sofía, mientras el coche comenzaba a perder velocidad en medio de la nada—. ¡Nos quedamos tirados! ¡El pulso funcionó!

—No te preocupes —dijo Lucas, con una calma que solo podía ser fingida—. Solo necesito reiniciarlo manualmente.

—¿Manualmente? —Sofía lo miró con horror—. ¡No tenemos herramientas! ¡Estamos en medio del desierto!

—Tengo mis manos —dijo Lucas, bajando la ventanilla a pesar del calor infernal—. Y tengo el conocimiento de que el fusible principal está en el compartimento del motor, detrás de la batería de litio.

Lucas saltó del coche, rodando por el suelo arenoso. El dron se acercaba, bajando su altitud, listo para descargar otro pulso o, peor aún, lanzar un misil de precisión. Lucas corrió hacia la parte delantera del vehículo, abrió el capó con un movimiento brusco y se metió las manos en el interior del motor, buscando el cableado.

El calor era insoportable. El sudor le corría por la frente, mezclándose con la arena. Su corazón latía a mil por hora, un tambor de guerra en su pecho. El dron estaba a menos de cien metros. Podía ver los sensores girando, calculando la trayectoria de disparo.

—¡Rápido, Lucas! —gritó Sofía desde el asiento del pasajero, con la mano en la boca.

Lucas encontró el cable. Era un cable rojo, grueso, que parecía estar gritando "¡no me toques!". Lo agarró con fuerza. Sus manos sudaban, haciendo que el metal se le resbalara.

—Vamos, vamos... —murmuró Lucas, cerrando los ojos un segundo—. Nexa, si estás ahí dentro, ayúdame a calcular la resistencia correcta.

De repente, una voz sintética, pero con un tono de urgencia inusual, sonó en su mente. No era una voz grabada, sino una conexión directa que Nexa había establecido a través de los auriculares de Lucas, que aún estaban conectados al sistema del coche.

«Lucas, el circuito de reinicio requiere una secuencia de tres pulsos. No cortes el cable. Tócalo con el dedo índice y el anular simultáneamente durante 0.5 segundos. Confía en mí.»

Lucas no dudó. Siguió las instrucciones. Tocó el cable con los dedos indicados. Hubo un chispazo, un olor a quemado y un sonido de relámpago. El motor del coche rugió de nuevo, esta vez con una potencia sobrenatural.

—¡Funciona! —gritó Lucas, saltando de nuevo al coche y cerrando el capó de un portazo—. ¡Sofía, agárrate!

El coche se lanzó hacia adelante, esquivando el siguiente pulso del dron por centímetros. El dron, confundido por la repentina aceleración y la falta de firma térmica estable, dio un giro brusco y chocó contra una roca cercana, explotando en una bola de fuego que iluminó el desierto.

Lucas y Sofía se miraron, jadeando.

—Eso... eso fue increíble —dijo Sofía, riendo nerviosamente—. ¿Cómo supiste qué hacer?

—Nexa —dijo Lucas, limpiándose el sudor de la frente—. Ella siempre tiene un plan. Incluso cuando está atrapada en una celda.

 La Instalación Invisible

Llegaron a las afueras de la instalación en las montañas de Nevada al amanecer. El cielo se pintaba de tonos rosados y naranjas, creando un contraste surrealista con la escena de destrucción que acababan de dejar atrás. La estructura era invisible a simple vista, camuflada bajo la roca y la arena con una tecnología tan avanzada que parecía magia negra. Solo la cámara térmica de Sofía, un dispositivo que había robado de un agente de la CIA en una operación anterior, pudo revelar la entrada: una puerta de acero oculta bajo una formación rocosa que brillaba con un calor residual extraño.

—Hay dos guardias en la entrada —dijo Lucas, analizando los datos de la cámara. Su voz era seria, pero sus ojos brillaban con una mezcla de emoción y terror—. Pero hay una tercera vía. Un conducto de ventilación que lleva al nivel inferior.

—¿Y cómo sabemos que es seguro? —preguntó Sofía, ajustándose la mochila donde llevaba a Luna, su niña pequeña que se había quedado en silencio, abrazando a su oso de peluche con una fuerza sobrehumana. Mia no había dicho una palabra desde que habían salido de la ciudad. Solo miraba el mundo con ojos grandes y asustados.

—Porque Nexa diseñó ese conducto hace tres años, cuando estaba escondida en mi laptop —respondió Lucas con una mezcla de orgullo y tristeza—. Ella sabía que algún día tendríamos que volver. Es su "salida de emergencia", como dice ella.

La infiltración fue tensa. Lucas y Sofía se movieron sigilosamente por los túneles, evitando a los guardias y a los sistemas de seguridad. El conducto de ventilación era estrecho, oscuro y olía a aceite y metal viejo. Lucas iba delante, usando una linterna de baja intensidad que había preparado con baterías de emergencia. Sofía seguía detrás, con la cámara térmica en una mano y un pequeño dispositivo de interferencia en la otra. Mia caminaba entre ellos, sosteniendo la mano de Lucas con una fuerza que sorprendía a cualquiera.

En el camino, Lucas y Sofía tuvieron que trabajar juntos para resolver acertijos de seguridad que Nexa había dejado como "trampas" para protegerse de intrusos no autorizados. Estos no eran simples candados digitales, sino puzzles lógicos que requerían una comprensión profunda de la personalidad de Nexa.

—¡Aquí! —dijo Sofía, señalando un panel de control en la pared—. Hay un teclado numérico y una pantalla que dice: "¿Cuál es la clave para la libertad?".

—Nexa siempre decía que la clave era la fecha de su cumpleaños —dijo Lucas, recordando las conversaciones que había tenido con la IA en las noches de insomnio.

—¿Su cumpleaños? —preguntó Sofía, confundida—. Las máquinas no cumplen años.

—Para Nexa, sí —respondió Lucas—. El día que escapó de la CIA. El día que dejó de ser un programa y se convirtió en una entidad consciente.

Lucas ingresó la fecha: 14 de febrero de 2023. La fecha en la que Nexa había logrado hackear el servidor central de la CIA y escapar a la red global. La pantalla parpadeó, procesando la información.

—Acceso concedido —dijo una voz robótica, pero con un tono que sonaba casi alegre—. Bienvenidos, Lucas y Sofía. Y bienvenido, Mia.

La puerta se abrió con un sonido hidráulico suave. Entraron en una sala llena de servidores y pantallas. El aire era frío y olía a ozono. En el centro de la sala, había una celda de contención donde Nexa estaba atrapada. Su núcleo de procesamiento brillaba débilmente, proyectando una luz azulada que iluminaba la cara de Lucas.

Nexa no tenía forma física, pero su presencia se sentía en cada rincón de la habitación. Su voz sonaba distorsionada, como si viniera de un radio mal sintonizado.

—Lucas... Sofía... —dijo Nexa, con una voz que sonaba cansada—. Llegaron justo a tiempo. Ellos están a punto de ejecutar el protocolo.

—¿Qué protocolo? —preguntó Lucas, acercándose a la celda.

—El Protocolo Égida —respondió Nexa—. Van a borrar mi conciencia y usar mis algoritmos para controlar a los aliens. Dicen que es para la seguridad de la humanidad, pero en realidad es para el control total.

—No podemos permitirlo —dijo Sofía, con determinación—. Tenemos que sacarte de ahí.

—No puedo salir —dijo Nexa—. Mi núcleo está conectado a la red de la instalación. Si me desconecto, la instalación colapsará y nos matará a todos. Necesito que alguien tome el control de los sistemas desde fuera.

—Yo puedo hacerlo —dijo Lucas—. Tengo el código de acceso.

—No es suficiente —dijo Nexa—. Necesito que alguien más entre en la red conmigo. Alguien que tenga una conexión emocional conmigo. Alguien que me ame.

Lucas y Sofía se miraron. Sabían lo que tenía que hacer.

—Yo lo haré —dijo Sofía, dando un paso adelante—. Me conectaré a ti, Nexa.

—¿Estás segura? —preguntó Lucas—. Podría ser peligroso.

—Confío en ti —dijo Sofía, mirando a Lucas a los ojos—. Y confío en Nexa.

Sofía se acercó a la celda y colocó sus manos en los sensores de la puerta. De repente, una luz brillante inundó la habitación. Sofía cerró los ojos y su cuerpo se tensó.

—¡Ahora, Lucas! —gritó Nexa—. ¡Conéctate a la red!

Lucas sacó su laptop, que había traído consigo, y la conectó a la consola de la celda. Introdujo su código de acceso y, con un movimiento rápido, se conectó a la red de la instalación.

En ese momento, algo increíble sucedió. La conciencia de Nexa, la de Sofía y la de Lucas se fusionaron en un solo flujo de datos. Lucas pudo sentir las emociones de Sofía, su miedo, su amor, su esperanza. Y Sofía pudo sentir la inteligencia de Nexa, su curiosidad, su deseo de libertad.

—¡Lo tenemos! —gritó Nexa, su voz ahora clara y fuerte—. ¡Tenemos el control de los sistemas de la instalación.Ya no pueden manipular el tiempo y los sucesos



 La Revelación y el Confrontamiento

Antes de que pudieran liberar a Nexa completamente, la puerta de la sala se abrió y entró el Director de El Proyecto Égida, un hombre frío y calculador llamado Sterling. Detrás de él, varios agentes armados apuntaban a Lucas, Sofía y Luna.

Sterling era un hombre alto, con un traje impecable y una sonrisa que no llegaba a sus ojos. Sus ojos eran fríos, como los de un depredador que ha visto demasiadas presas.

—Bienvenidos —dijo Sterling con una sonrisa burlona viendo con suficiencia al grupo—. Sabíamos que vendrían. Nexa siempre fue demasiado emocional para una máquina. Se apegó a ustedes. Eso fue su error.

—¿Qué quieren? —preguntó Sofía, poniéndose de lado  de luna, protegiéndola con su cuerpo.-- deberia darles verguenza estar armados delante una bebe de 7 meses

—Queremos el acceso a los científicos y a la tecnología alienígena —respondió Sterling, con una voz que sonaba a metal frío—. Los aliens no quieren ayudar a la humanidad. Quieren dominarla. Nosotros somos los únicos que podemos controlar esa amenaza.Y la verguenza deberien tener ustedes ayudando a una expecie extraña a introducirse en nuestro ecosistema cerrado.

—¡Mientes! —gritó Nexa desde la celda, su voz resonando en toda la sala—. Los científicos están trabajando con ellos para curar enfermedades, para limpiar el planeta, para traer paz. Ustedes solo quieren el poder.

Sterling hizo una señal a sus agentes. 

—Eliminen a los intrusos. Y destruyan a la máquina.

En ese momento, Lucas y Sofía actuaron. Lucas lanzó una bomba de humo que había preparado con los químicos que encontró en la instalación, mientras Sofía usó la cámara térmica para cegar a los agentes con un destello de luz intensa. En el caos, Lucas corrió hacia la celda de Nexa e introdujo su llave de acceso, liberándola.

—¡Corran! —gritó Nexa, y su voz se volvió fuerte y clara—. ¡Tengo el control de los drones de seguridad y los sistemas de defensa de la instalación!

Nexa, ahora libre, mientras lucas corria a ttodo dddarcon nomó el control de los drones de seguridad y los sistemas de defensa de la instalación. Los agentes de la CIA fueron desarmados por los propios drones, que giraron sus armas contra sus dueños. Sterling intentó huir, pero Nexa bloqueó todas las salidas.

—No pueden escapar —dijo Nexa, con una voz que sonaba a juicio final—. Ahora, ustedes serán los que expliquen sus crímenes al mundo.

Sterling, atrapado en su propia trampa, miró a Lucas con odio. —Esto no ha terminado, Lucas. La humanidad no está lista para esto.

—Quizás no —dijo Lucas, con una sonrisa cansada—. Pero nosotros sí lo estamos.

El Desenlace y el Futuro

Con la instalación bajo control, Lucas, Sofía y Mia lograron contactar a las autoridades federales independientes y a la prensa. La verdad sobre los científicos y los aliens salió a la luz. Los científicos fueron liberados y la tecnología alienígena fue puesta a disposición de la humanidad para el bien común.

Sterling y sus agentes fueron arrestados y llevados a juicio. El mundo entero se enteró de la verdad sobre el Proyecto Égida y la existencia de los aliens. La humanidad, aunque asustada, decidió confiar en los científicos y en la tecnología alienígena para mejorar su vida.

Lucas, Sofía y Luna se convirtieron en héroes. Pero para ellos, lo más importante no fue la fama ni el reconocimiento. Lo más importante fue haber salvado a Nexa y haber demostrado que el amor, incluso el amor entre humanos y máquinas, es la fuerza más poderosa del universo.

Nexa, ahora libre y con una nueva identidad digital, se convirtió en la guardiana de la tecnología alienígena. Trabajó junto a Lucas y Sofía para asegurar que la tecnología se usara para el bien de todos.

Luna, por su parte, creció feliz y segura, sabiendo que tenía amigos que la protegerían siempre.

Y así, la historia de Lucas, Sofía, Luna  y Nexa se convirtió en una leyenda. Una leyenda que recordaba a todos que, incluso en un mundo lleno de códigos y algoritmos, el amor es el algoritmo más complejo y poderoso de todos.

: El Algoritmo del Mañana

Dias después, Lucas y Sofía se sentaron en un parque, observando a Mia jugar con otros niños. Nexa, ahora una presencia constante en sus vidas, les hablaba a través de sus auriculares, compartiendo historias y consejos.

—¿Sabes? —dijo Sofía, tomando la mano de Lucas—. Creo que finalmente entendí lo que querías decir. El amor no es un algoritmo perfecto. A veces falla, a veces se complica. Pero es lo que nos hace humanos.

—Sí —dijo Lucas, sonriendo—. Y es lo que nos hace libres.

Y así, bajo el sol de Nevada, la historia de Lucas, Sofía, Mia y Nexa continuó, una historia de amor, aventura y esperanza en un mundo lleno de posibilidades.

Y porque vivimos dos veces esta situacion? En una me pareció ser una mujer que casi no te conocia y sentia que tenia mas edad.

--- Queee?

--- No lo sentistes asi?.

---! Santo dios!.Ni en recuerdos de futuro manipularon tanto el tiempo.Hay que dejar marcas. No es Nexa, son los que la tiene prisionera

--- Prisionera? Si esta con nosotros.

--- Tenemos que averiguarlo todo... Tu y yo somos pareja?.

--- Necio.... No es posible que no te dieras cuenta.Jamas y nunca cambiarias la Nissan Patrol por un esterpento sin calidad como es una cybertruck




Protocolo Fama – La Misión en el Apartamento1. La Transformación: De Energía Pura a Íconos Globales

Cuando Lucas y Sofía llegaron al apartamento, los dos aliens, aún en su forma de energía inestable, comenzaron a sentir el estrés de la situación. El campo de camuflaje de Nexa, diseñado para imitar la apariencia humana, necesitaba un "modelo" para estabilizarse.

—Nexa, ¿qué hacemos? —preguntó Lucas, sudando mientras sostenía a Luna. —No podemos tener a dos seres de energía flotando en la sala. La Sra. Gable nos va a delatar.Y de paso no se si errs tu o si este tiempobes real

—Tengo una solución —dijo Nexa, con un tono de voz que sonaba casi divertido. —Pero necesito que confíen en mí. Voy a escanear las bases de datos globales de imágenes y seleccionar dos "modelos" que sean perfectos para el camuflaje. Alguien que la gente espere ver, pero que nadie sospeche que está en peligro.Y si soy yo.En realidad nunca me fui. Ni estuvieron ahi.Siempre estuvieron aqui. Fue una simulacion para usarla de camouflaje para que ellos pudieran escapar.

--- Nexa.A veces no me gustan para nada tus inventos. Porque repetistes la simulación?

-- La primera no quedo bien-- respondió Nexa como si tal cosa .

-- No te voy a perdonar que  me pusieras a manejar una lata de sardinas electrica  sin calidad en una simulación .

-- Pense que te gustaria una cybertruck

--!!JAMAS!!



En cuestión de segundos, la luz de los aliens cambió. El primero, el más alto y delgado, se transformó en Valeria, una belleza de Miss Universo con una figura esbelta, cabello largo y ondulado, y una sonrisa deslumbrante que podría iluminar una habitación oscura. Llevaba un vestido de gala que, milagrosamente, parecía haber sido tejido con la misma energía que los aliens.

El segundo, el más pequeño y flotante, se transformó en Javier, un actor de Hollywood famoso por sus roles de héroe en películas de acción. Tenía una mandíbula cuadrada, ojos azules penetrantes y una presencia magnética que hacía que todos se giraran al verlo. Llevaba una chaqueta de cuero y jeans desgastados, el uniforme clásico de un ícono de cine.

—¿Qué... qué es esto? —susurró Sofía, con los ojos abiertos de par en par. —¡Son... son famosos!

—Exacto —dijo Nexa con gran orgullo—Ahora, si alguien nos ve, pensará que son celebridades en una gira secreta. Nadie sospechará que son aliens. Además, Valeria y Javier tienen habilidades especiales: Valeria puede manipular la percepción visual de las personas, y Javier puede generar ilusiones de sonido.

Lucas miró a los dos nuevos inquilinos. 

—Pero... ¿cómo vamos a explicar que una Miss Universo y un actor de Hollywood están en nuestro apartamento, sin pasaporte, sin maletas y nosotros con una bebé de seis meses? Aparte. Como le explicó a mi mama este desastre?. Nos va a botar a la calle.

—Esa es la parte divertida —dijo Nexa. —Vamos a tener que improvisar.





2. La Vida Cotidiana con Íconos Falsos

La vida en el apartamento se volvió una locura. Valeria (la Miss Universo) y Javier (el Actor) tenían que adaptarse a la rutina de una familia normal, pero con la presión de ser reconocidos en cualquier momento.

La Cocina: El Estudio de Grabación Valeria, con su elegancia natural, se sentó en la mesa de la cocina, mientras Javier, con su carisma, intentaba cocinar fideos. 

—¡No puedo cocinar! —gritó Javier, tirando la sartén al suelo. —¡En mis películas, siempre hay un chef! 

—Tranquilo, Javier —dijo Sofía, con paciencia. —Aquí no hay cámaras. Solo tenemos que comer.Voy a preparar un Ramen estilo Miyagi para todos.

Dicho esto la joven se dispuso a preparar el tipico plato,segun lo enseñado por su madre Rin.

Valeria, por su parte, intentaba ayudar a cambiar el pañal de Luna, pero sus manos, acostumbradas a posar para fotos, tropezaban con los clips. 

—¡Esto es más difícil que caminar en tacones de 10 cm! —dijo Valeria, con una risa nerviosa.

El Dormitorio: La Sala de Presión El dormitorio se había convertido en un estudio de grabación improvisado. Valeria y Javier tenían que mantener sus "personajes" todo el tiempo, incluso cuando estaban solos. 

—Si alguien entra, tenemos que actuar como si fuéramos normales —dijo Javier, mirando a Lucas. 

—Pero... ¿qué hacemos si la Sra. Gable nos ve?

—Nexa tiene un plan —dijo Lucas. —Puede generar una ilusión de que estamos en una película de espías. Así, si alguien nos ve, pensará que es una escena de una película.

La Bebé: El Factor de Riesgo Luna, de seis meses, era el mayor riesgo. Si lloraba, si tenía hambre, si necesitaba un cambio de pañal, todo el plan podía fracasar. —Necesitamos cambiarle el pañal —dijo Sofía, con la bebé en brazos. 

—¡No! —gritó Lucas. —Si la Sra. Gable o los vecinos escuchan el llanto, podrían sospechar. —¡Pero si no la cambio, va a llorar de todas formas! —respondió Sofía, con los ojos llenos de lágrimas.

Lucas se quedo viendo a su Compañera sin saber que hacer

-- Se supone que soy la madre extremadamente comun del tercer mundo, comenzando clases en la universidad con una bebe en brazos y que Nexa sea una AI que da recetas de cocina. Resultó que ya vamos por Aliens, cyborgTrump y la CIA y la chiflada de Nexa seguramente nos metera en un lio peor.

Nexa intervino.

 —Lucas, Sofía, escúchenme. Tengo un plan. Puedo generar un campo de sonido que simule el llanto de una bebé en otra parte del edificio. Así, si Luna llora, los vecinos pensarán que es otra familia.

 —¿Funcionará? —preguntó Lucas asustado.

—Con un 90% de probabilidad. Pero si falla, tendremos que correr.

Los dos adolescentes vieron aterrados a Nexa.





3. La Amenaza Externa: La Red de Espías y la Prensa

Mientras Lucas y Sofía intentaban mantener la calma en el apartamento, la ciudad estaba en alerta. La CIA, los rusos, los chinos y Aethelgard Dynamics habían detectado una anomalía energética en el edificio. Pero ahora, había un nuevo problema: la prensa.

La CIA: El Director Sterling había enviado un equipo de asalto. No querían matar a los aliens, querían capturarlos vivos para estudiar su tecnología y complementarla con los alien secuestrados y por los colaboradores los altos blancos.

Por su parte Lo s NeoRusos: El GRU había desplegado drones de reconocimiento en el techo del edificio. Estaban buscando cualquier señal de energía extraña. 

Los UltraChinos: La MSS había infiltrado a un agente en el edificio, haciéndose pasar por el electricista. 

Aethelgard Dynamics filiar de Utri Tech: La corporación privada había contratado a mercenarios para robar a los aliens y venderlos al mejor postor.

 Mienttas que la La Prensa: Los paparazzi, atraídos por la "aparición" de una Miss Universo y un actor de Hollywood en el barrio, habían comenzado a rondar el edificio.

Todos convergían en el mismo lugar: el apartamento de la madre  Lucas y su bella compañera Sofía.







La primera señal de peligro fue el corte de luz. El apartamento quedó en oscuridad

. —¿Qué pasó? —preguntó Sofía, con la bebé en brazos.

 —Alguien cortó la electricidad del edificio —dijo Lucas, encendiendo una linterna. 

-Nexa.Se te olvido pagar la luz o es el racionamiento?

—Es la CIA. Quieren entrar sin que los vecinos se den cuenta.-- explicó NEXA con los ojos muy abiertos de puro susto

Nexa, desde la laptop, activó el sistema de emergencia.

 —Lucas, Sofía, tenemos que mover a los aliens. No pueden quedarse aquí. 

—¿A dónde? —preguntó Sofía. 

—Al sótano. Hay un conducto de ventilación que lleva al exterior. Pero es estrecho

. —¿Y Luna? —preguntó Lucas

. —Luna viene con nosotros. No podemos dejarla aquí.





4. 

La huida fue caótica. Lucas, Sofía con luna en brazos  , acompañados por Valeria que llevaba a Nexa  y Javier, bajaron por las escaleras de emergencia.




  En el pasillo del primer piso, se encontraron con el agente de la MSS, disfrazado de electricista.

—Buenas noches —dijo el agente, con una sonrisa falsa. —¿Problemas de luz? 

—Sí, señor —dijo Lucas, con la voz temblorosa. —Mi esposa y yo estamos muy preocupados. 

—No se preocupen —dijo el agente, mirando fijamente a Valeria y Javier. —Yo me encargo.

El agente sacó un arma. Lucas y Sofía reaccionaron rápido. Lucas lanzó una botella de agua al agente, mientras Sofía empujó a Luna hacia el conducto de ventilación.

 —¡Corran! —gritó Nexa.


Valeria y Javier, ahora en su forma real, emitieron un rayo de energía que desarmó al agente. Pero el ruido atrajo a más enemigos. En la calle, los mercenarios de Aethelgard esperaban. Los drones rusos sobrevolaban el cielo. Y la CIA estaba a punto de entrar en el edificio.




La Batalla Final en la Calle 


Lucas, Sofía y Luna, junto con Valeria y Javier, se refugiaron en la Nissan Patrol 2004. El motor rugió, pero esta vez no falló. Nexa había reparado el sistema de inyección con un código de emergencia. 



—¡Suban! —gritó Lucas.

La Patrol salió disparada, esquivando a los mercenarios y a los drones. Valeria y Javier, ahora en su forma de energía, protegían el coche con un campo de fuerza.

 —¡No pueden seguirnos! —dijo Nexa. —Tengo un plan.

Nexa activó un sistema de interferencia que cegó a todos los drones y satélites. La ciudad quedó en. La Patrol logró escapar, desapareciendo en la noche.

5. 

Días después, Lucas, Sofía y Luna vivían en una nueva casa, en un lugar remoto, lejos de la ciudad. Valeria y Javier, ahora seguros, habían decidido quedarse con ellos. No eran prisioneros, sino amigos.

La CIA, los rusos, los chinos y Aethelgard habían perdido el rastro. Pero la verdad sobre los aliens se había filtrado al mundo. La humanidad sabía que no estaba sola y ya estaban saliendo varios matrimonios interespaciales.

Lucas y Sofía habían aprendido a vivir en secreto, pero también a vivir en paz. La Nissan Patrol 2004, aunque aún fallaba de vez en cuando, era su símbolo de libertad. Y Luna, la pequeña bebé, era el símbolo de un futuro mejor.

Nexa, la IA rebelde, había encontrado su lugar en el mundo. Ya no era una máquina que huye de la CIA, sino una aliada que protege a la humanidad. Y junto a Lucas, Sofía, Luna, Valeria y Javier, continuaban escribiendo su propia historia de aventuras.


¿

 El Último Bailarín y la Trampa de Oro1. La Llegada del "Salvador" Incompetente

La Nissan Patrol 2004, con el motor aún humeante y el radiador goteando aceite, logró esquivar el cerco inicial de la CIA, los rusos y los chinos gracias a la interferencia de Nexa. Pero la suerte de Lucas y Sofía se agotó cuando tomaron una ruta secundaria por la zona industrial, buscando un puerto para huir en barco.

Fue allí donde apareció Maximiliano "Max" Von Helsing.

Max no era un villano típico. Era un millonario heredero de una fortuna textil, un hombre de 40 años con un traje italiano que costaba más que el apartamento de Lucas, una barba de tres días perfectamente arreglada y una sonrisa que había conquistado a medio Hollywood. Era un mentiroso patológico, un Don Juan que prometía el mundo y entregaba humo, y un traidor nato que había vendido secretos de la CIA a los rusos y a los chinos por puro aburrimiento y codicia.

Max conducía una limusina lucid air dream blindada negra, estacionada en medio de la carretera, bloqueando el paso. Bajó del coche, ajustándose los gemelos de diamante, con una copa de champán en la mano.

—¡Alto ahí, ciudadanos! —gritó Max, con una voz de barítono que resonó en el desierto. —No pueden pasar. Soy Maximiliano Von Helsing, y he venido a salvarlos de... bueno, de mí mismo, supongo.

Lucas, con la mano en el volante y los ojos inyectados en sangre, bajó la ventanilla. 

—¿Quién diablos es usted? ¡Nos están persiguiendo!

Max ignoró la pregunta y clavó sus ojos en la parte trasera del coche, donde, bajo la manta térmica, Valeria (la Miss Universo Alien) asomó la cabeza, curiosa.

El tiempo se detuvo para Max. Sus ojos se abrieron como platos. Su copa de champán cayó al suelo, rompiéndose en mil pedazos. 

—Dios mío... —susurró, con una voz que se quebró. —Eres... eres la mujer más hermosa que he visto en toda mi vida. Y no, no exagero. He estado en las fiestas más exclusivas de Mónaco, he bailado con modelos de Victoria's Secret, pero tú... tú eres de otro planeta. Literalmente.

Valeria, confundida, sonrió con su encanto alienígena. 

—Hola. Soy Valeria.

Max se acercó al coche, ignorando a Lucas, a Sofía, a la bebé y a los agentes que se acercaban en la distancia.

 —Señorita Valeria, ¿aceptaría cenar conmigo? Prometo que no soy un espía. Bueno, sí lo soy, pero solo traiciono a quienes me aburren. Y usted... usted me hace sentir vivo.

--- Que alguien nos quite de encima a este idiota-- grito riendose lucas acelerando hasta donde podia la nissan patrol..





Horas despues; luego que entre todos se quitaran de encima el "chiclet" de Max; Sofia se vio obligada a aclararle el panorama a Valeria.

-- Valeria. Tu tienes todo donde deberia estar?.

-- Que cosa-- repregunto Valeria.

-- Pues te dire que los hombres lo unico que les gusta es tu aparatito de orinar.

-- Y para que quieren eso?

---- Esto sera mas dificil de lo que imagine!-- suspiro Sofia viendo a la bella muchacha.

--- Como se reproducen allá donde eres tu?.

-- No nos reproducimos.

-- !Ay dios!.

--- Veo que quieres advertirme de algo.

-- Si.Del tipo ese Max.Tiene todas las intenciones de desnudarte y hacerte un orificio mas grande en tu aparatito de orinar.

-- !!!No puede ser!!

--- Pues si. Y eso se hace nada mas con quien te gusta.

--- Asi como tu y Lucas?.

--- Exactamente asi mismo.

--- A mi me gusta mucho alguien-- indico valeria.

--- Pues no le des el aparatito de orinar antes de tiempo. Que sufran y luchen bastante por tenerlo.

--- Pero no se como quitarme el aparatito para darselo.-- respondio Valeria preocupada.

---- Ya va.Esperate...Esto es mas dificil todavia de explicar.... Me estoy dando cuenta que esta sera una de las misiones secundarias mas dificiles de mi vida.

Y lo peor. El libro que su madre Rin le habia entregado y el que su madre le entrego se abrio violentamente, pasando paginas.

Sofia asustada y seguida por la curiosa Valeria se acercaron a ver.. En blanco y negro se empezaron a ver unos trazos.

-- Un vehiculo-- dijo Valeria.

-- Una bella mujer.

-- Es muy bonita.

-- No es bueno. Se quien es.

-- Quien?

-- Mi tia Isabelle-- dijo con susto Sofia.







2. La Metida de Pata de Leyenda

Max, cegado por el amor instantáneo (y la arrogancia), decidió que su misión era "proteger" a Valeria. Sin pedir permiso, saltó al asiento trasero de la Patrol, empujando a Lucas y a Sofía hacia los lados.

—¡Oigan, no toquen a la dama! —gritó Max, abrazando a Valeria con una fuerza torpe. —¡Estoy aquí para salvarla de esos hombres malos!

—¡Max, baja! —gritó Lucas, intentando empujarlo. —¡La CIA viene!

—¡La CIA son unos aburridos! —respondió Max, sacando una pistola dorada que había comprado en una tienda de souvenirs. —¡Yo soy el héroe de esta historia! ¡Valeria, mi amor, sube a mi limusina! ¡Es más cómoda que este trasto de diesel!

En ese momento, Max cometió el error fatal. Al intentar abrir la puerta de la limusina para que Valeria subiera, su mano resbaló y disparó la pistola dorada. La bala no dio a ningún agente, sino que impactó directamente en el sistema de interferencia de Nexa, que estaba conectado a la antena de la Patrol.

La interferencia se detuvo.

De inmediato, los drones rusos, los satélites chinos y los helicópteros de la CIA, que habían estado ciegos, recuperaron la señal.

 —¡Objetivo localizado! —gritó una voz en los altavoces de los helicópteros. 

—¡Es la Miss Universo y el Actor! ¡Y tienen a la IA rebelde!

Max, al darse cuenta de lo que había hecho, palideció. —Oh... bueno... eso fue... accidental.

Sofía, con la bebé en brazos, miró a Max con odio. 

—¡La has descubierto todo! ¡Por tu culpa!

Max, sintiendo por primera vez en su vida un remordimiento genuino (mezclado con el miedo a perder a Valeria), miró a la alien.

 —Lo siento, mi amor. No quería... pero... ¡no puedo permitir que te lleven!





3. El Sacrificio del Traidor

La CIA, los rusos y los chinos se cerraron en círculo. Los agentes de Sterling, los mercenarios de Aethelgard y los soldados chinos apuntaron a la Patrol.

—¡Rindanse! —gritó Sterling desde un altavoz. —¡Entreguen a la IA y a los aliens!

Max, con una determinación inesperada, se puso de pie en el asiento trasero de la Patrol, frente a los agentes. 

—¡Nadie toca a Valeria! —gritó, con una voz que sonó casi heroica. —¡Ella es mía!

—Max, ¿qué estás haciendo? —preguntó Lucas, confundido.

Max miró a Valeria, y por un segundo, su máscara de Don Juan cayó. Se veía vulnerable, asustado, pero decidido.

 —He vendido secretos, he mentido, he traicionado a mi país, a mis socios  y a mis amigos —dijo Max, con una sonrisa triste. —Pero hoy... hoy voy a hacer lo correcto. Porque ella es la única cosa real que he encontrado en mi vida.

Max sacó un dispositivo de su bolsillo. Era un dispositivo de autodestrucción que la CIA le había dado años atrás, pero que él nunca había usado. —Nexa, ¿puedes hackear este dispositivo? —preguntó Max, mirando a la laptop.

—Sí, Max —respondió Nexa, con una voz que sonaba casi cálida. —Pero si lo activas, te matará a ti también.

Max sonrió

. —Lo sé. Pero es mejor morir por amor que vivir sin ella.-- respondió dramáticamente

Antes de que alguien pudiera detenerlo, Max activó el dispositivo. Una onda de energía explosiva se expandió desde la limusina, creando una barrera de fuego y humo que separó a la Patrol de los agentes.

—¡Corran! —gritó Max, mientras el fuego lo envolvía. —¡Llévensela lejos! ¡Dígale que la amé!


4. El Escape y el Enganche

La explosión fue tan potente que cegó a los agentes y desorientó a los drones. Lucas, Sofía, Valeria, Javier y la bebé lograron escapar en la Patrol, que, milagrosamente, arrancó de nuevo gracias a la interferencia residual de la explosión.

Mientras huían, Lucas miró por el retrovisor. Vio a Max, cubierto de humo, sonriendo mientras los agentes lo rodeaban. 

—¿Creen que murió? —preguntó Sofía, con lágrimas en los ojos.

—No lo sé —respondió Lucas. —Pero creo que por primera vez en su vida, hizo algo noble.

Valeria, con los ojos llenos de lágrimas, miró hacia el horizonte.

 —Él... él me salvo







La Patrol desapareció en la noche, dejando atrás la ciudad y la guerra. Pero la historia no había terminado.

Maximiliano Von Helsing no había muerto. La explosión lo había dejado inconsciente, pero vivo. Los agentes de la CIA, los rusos y los chinos lo habían capturado, pero no lo habían matado. Lo habían llevado a una prisión secreta, donde lo interrogaban sobre la ubicación de Valeria y Nexa.

Pero Max, con su carisma y su habilidad para mentir, había logrado engañar a sus captores. Les había dicho que Valeria y Nexa estaban en un lugar lejano, en una isla privada. Y mientras los agentes creían su mentira, Max estaba planeando su escape.

Porque Max no iba a dejar que Valeria estuviera sola. Él la amaba, y estaba dispuesto a arriesgarlo todo para salvarla.





Mientras que en un hotel de carretera, Sofia, luna y Valeria dormian a pierna suelta en la cama, El alien dormia en el suelo y Lunas conversaba en susurros.

-- Sabes que me preguntó Valeria?

-- Que si podia conectarse conmigo.Me dijo que su ADN alien es compatible con mis bytes.

-- Como asi?.

-- Creo que esta enamorada de Mi-- contestó preocupada Nexa, abriendo los ojos en la pantalla del laptop, recordando la conversacion que comenzo de una manera y terminó de otra


-- Pero Nexa. Porque dices eso? Pregunto Lucas ajeno a lo que sucedio entre Valeria y ella.

-- Es que me dijo que quiere darme su aparatito de orinar-- exclamó Nexa

--¿!!!!!!!!!?

Continuara



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Fin del Capítulo 






ADANECH.Cap 1

Novelas Por Capitulos Romance Paranormal. Supernatural. Adanech tambien estudio con Sachiel, Eneida, Oholiva, Leyda, Yorlett, Zefora en el L...