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martes, 16 de junio de 2026

John Too . Saga Kathy Hung

Novelas Por Capitulos


https://e999erpc55autopublicado.blogspot.com/2026/03/kathy-parte-segunda-edicion-2026.html?m=1

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Segun la nueva tendencia, no corregimos los errores ortograficos para que se sepa que no la hicimos con AI


CAPÍTULO 1 — SOMBRAS EN VICTORIA PEAK

Hong Kong. 8:00 am horas.

La lluvia en Victoria Peak nunca limpia nada. Solo hace más visibles las manchas.

John Too estaba sentado en el borde de su cama, la única propiedad digna de su apartamento de sesenta metros cuadrados que realmente usaba. Las paredes estaban vacías, excepto por las sombras que proyectaban las lámparas de emergencia estratégicamente colocadas. No había cuadros. Sin espejos. Ningún objeto personal que pudiera delatar su nombre completo si alguien irrumpía en ese lugar. Porque eventualmente lo harían.

Acababa de despertar y lanzo su habitual maldicion.

-- Todavia estoy vivo !maldita sea!

Su mano derecha sostenía una pieza desarmada de HK45. La otra le faltaba dos nudillos desde la última vez que contó. No se acordaba exactamente de cuándo fue, pero recordaba la sangre secándose bajo las uñas. Eso sí quedaba claro en su memoria.

El teléfono sonó.

No era el celular habitual —ese estaba apagado, envuelto en tres capas de aluminio y enterrado debajo de un ladrillo en algún callejón de Mong Kok—. Este era otro modelo. Negro, blindado, sin marca visible. Lo había recibido por correo con una dirección falsa como remitente. Había sonado exactamente cuatro veces antes de que decidiera responder. Nunca respondía a la primera ni a la tercera. Era costumbre.

"—Sí."

Su voz salió rasposa, como arena rozando metal oxidado. No pidió identificación. No preguntó quién era. Si alguien llamaba con esa línea, o bien habían pagado mucho dinero, o bien iban a morir pronto. Ambas opciones merecían atención inmediata.

"—Sr. Too. Tengo  un problema. Y me dijeron que  solo hay un hombre capaz de resolverlo y es usted."

Había algo en la voz. No pánico propiamente dicho, sino la clase de control que nace cuando el miedo se ha convertido en un compañero constante. Una mujer. Asiatica. No local, eso escuchó en los matices. Chino mandarín con educación occidental. Riqueza. Muchas letras después del apellido.

"—¿Qué quieres?"

"—Una niña. Mi hija De quince años. Mi hija. Ha desaparecido."

El silencio entre ellos duró lo suficiente para contar siete respiraciones. John dejó la pieza del arma sobre la mesa auxiliar y se puso de pie. Midió la distancia hacia la ventana. Cuatro pasos. Podía saltar al techo si necesitaba salir rápido. Los cortinas estaban cerradas, pero él sabía exactamente dónde estaban los puntos débiles del edificio. Conocía los cimientos porque había pasado noches enteras observándolos.

"—¿Por qué no llamas a la policía?"

"—Ya lo intenté. Ellos son parte del problema. Y uno de ellos fue quien lo recomendo y me dio su numero

Ahora esto ya interesaba. Cuando las autoridades están implicadas, el precio sube. Y también el riesgo. Pero eso era lo que siempre hacía que valiera la pena. No el dinero específicamente, sino la sensación de estar caminando sobre bordes donde otros se negaban a pisar.

"—¿Cuánto tiempo llevas buscándola?"

"—Tres días. Desde una fiesta privada en Tsim Sha Tsui. La vieron por última vez entrando a un vehículo negro. Sin placas. Sin conductor visible."

"—Y tú crees que yo voy a encontrarla en esas condiciones, con solo un número de placa borrado y tres personas que saben dónde estuvo?."

"—Creo que usted tiene contactos. En lugares donde nadie más entra. Además... sabe de cosas. Rumores. Yo pago oro. Oro real. Barra completa. Veinte mil dólares estadounidenses en valor puro."

John caminó hacia el armario. No había ropa dentro, solo cajas. Tres pistolas adicionales. Dos navajas tácticas. Un mapa impreso de rutas portuarias ilegales entre Hong Kong y Bangkok. Y encima de todo eso, un frasco pequeño con polvo grisáceo. Nunca lo abría. Nunca necesitaba saber qué era exactamente.

"—Mírame," dijo, aunque sabía que no podía verlo. "No soy tu salvador. Soy un mercenario. Cobro. Hago el trabajo. Te devuelvo a tu niña viva o muerta según caigan los dados."

"—Viva, quiero mi hija viva conmigo .Estoy a punto de enloquecer-- sollozo la voz  

"—Esa es una mala mentalidad para alguien que quiere resultados."-- Dijo recordando su espantoso fracaso en su ultimo trabajo en Seul..( ver Kathy Hung)

El teléfono quedó en silencio por tres segundos. Luego, una llamada entrante desde una línea diferente. Una alerta visual parpadeó en la pantalla pequeña. John lo ignoró.

"—¿Dónde nos vemos?"-- pregunto la mujer

"—Veinte minutos. Restaurante privado en Tsim Sha Tsui. Sala trasera. Pregunta por Chen.Yo le aviso que vas para alla..y por favor... Nada de trajes de lujo"

"—No pagaré hasta ver a la chica."-- dijo tajante la voz.

"—Solo necesito saber que me de su descripcion y no diga a nadie que la estoy buscando ."

La conexión se cortó.

John dejó caer el teléfono sobre la cama. No respondió a la segunda llamada entrante. No importaba quien fuera. Ya tenía un trabajo. Y los trabajos solitarios eran más fáciles de gestionar.

Se dirigió hacia el rincón del apartamento donde guardaba el equipo. Un abrigo grueso, color negro, con interior térmico. Botas militares con suela reforzada. Una chaqueta ligera debajo. Todo desgastado, sin etiquetas visibles. Nada que pudiera rastrearlo después de muerto.

Miró hacia el techo. Había una figura acurrucada en lo que parecía ser una tela transparente de color  oscura construida contra la pared. No era mueble. No era decorativo. Era una estructura diseñada para contener vida suspendida.


Abdelavis dormía ahí

Abdelavis dormía ahí.

Su cámara térmica mostraba una temperatura corporal mínima. No era muerte. No era tampoco vida normal. Estaba en letargo vampírico. Ciclos lunares regulares. Cada diecisiete días aproximadamente. El ciclo actual comenzaba hace once días. Esto significaba que aún quedaban seis días completos antes de poder despertar.

Sin ella, estaba solo. Sin fuerza sobrenatural. Sin velocidad imposible. Sin conocimientos que solo ella poseía sobre redes criminales antiguas. Estaba completamente humano. Vulnerable. Mortal.

John se pasó la mano por la cara. Las cicatrices de sus mejillas tiraron ligeramente bajo su piel. Sonrió, una expresión que no llegaba a los ojos.

—"Perfecto," murmuró. "Nunca me gustaban las cosas fáciles."






Faltaban diez minutos para las 10 horas AM cuando llegó al restaurante. No era elegante para ser honesto. Estaba oculto detrás de una tienda de antigüedades falsificadas que vendía copias chinas de objetos europeos del siglo XIX. La entrada requería conocimiento específico, código digital, reconocimiento facial. Algo que solo la gente muy rica conocía o muy peligrosa.

Chen Wang lo esperaba dentro. Vestía traje negro sin joyas visibles. Llevaba un bolso de cuero italiano. Su mirada decía que había matado hombres con sus propias manos antes de llegar a esta situación. No era solo riqueza. Era poder acumulado a través de decisiones sangrientas.

"—Soy Too," dijo sin presentarse completamente.

"—Lo sé. Me dieron una foto suya ... Usted ha hecho cosas...la foto que me dieron era usted picando un hombre con un hacha.

-- Ah..si..Eso...lo recuerdo... Me debia y no me pago...No terminé por decirme lo que debe hacer. Estoy aquí para cobrar. Por cierto antes que nada. Tenemos que comer.Verian muy mal que no lo hicieramos.




Se sentaron frente a frente. El olor a incienso quemado llenaba el aire. Una vela parpadeaba en el centro de la mesa.

-- No pretendera que yo me coma lo que aqui venden sea lo que sea.

--- Despues puede ir al baño a vomitar.

"—Aquí está el contrato," Chen deslizó un documento sobre la superficie pulida. "Y aquí está el oro."

Dos maletines metálicos. Uno abierto mostrando líneas jurisdiccionales, fechas límites, cláusulas de confidencialidad. Otro cerrado. Abierto parcialmente para mostrar barras de oro puro con sellos gubernamentales.

"—Mi hija vive conmigo   en Central. Fue retirada durante una fiesta organizada por mi ex-esposo. No confío en él. No confío en nadie."

—". Necesito acceso a cámaras, registros bancarios, rutas logísticas y sobre todo quien es su esposo..Eres muy bella. Le fuiste infiel. Se te nota en la cara.."

—"Todo está preparado. Tengo los documentos necesarios. Pero necesita actuar rápido.La policia me dio una informacion...pague mucho por ella. Mañana por la noche habrá una subasta final. Si pasa esa fecha, perderé cualquier pista.No se donde sera la subasta.

John levantó una ceja. Subastas privadas. Personas vendidos como mercancía. Esto no era nuevo. Pero la escala cambiaba cada año. Ahora era global, interconectada, casi corporativa. La trata humana había mejorado tanto que ahora competía con empresas multinacionales legítimas.

—"¿Cuándo empieza la cuenta regresiva?"

—"En exactamente veinticuatro horas exactas. Minuto a minuto."

—"Entonces empiezo ahora.Por cierto el baño de mujeres es el de izquierda.. Yo desde aqui la cuido...

"10 minutos despues la mujer salio.. Traia un color verde azulado terrible.

-- Esta bien?.

-- En realidad era acomodarme un poco en el espejo.. Pero si vomite.. No por la comida.. Por el baño ..

Se levantó sin esperar respuesta. Chen lo miró fijamente mientras se dirigía a la puerta.

—"Sabe que si falla... el oro no será suficiente."

—John se detuvo en el umbral. 

"Si fallo, señora, no tendré tiempo para preocuparme por su dinero. Tendré problemas más grandes que resolver."

Salio al exterior sin mirar atrás. La lluvia había intensificado. El tráfico nocturno de Hong Kong rugía alrededor como un animal herido. Faros neón reflejados en charcos profundos. Gente corriendo bajo paraguas transparentes que no ocultaban nada.

Subió a una moto vieja sin placas. Encendió el motor con una llave mecánica antigua que no funcionaba mediante chips electrónicos. Salió disparado hacia el puerto abandonado de Kowloon, donde todas las pistas empezaban.

La lluvia golpeó su cara sin piedad. No hizo nada para protegerse. Las gotas le daban claridad. El agua fría despertaba neuronas dormidas. En este tipo de ciudad, las personas normales dormían bajo techos calentados mientras los demonios trabajaban en la oscuridad.

Él pertenecía a los demonios.

Al menos hoy..




CAPÍTULO 2 — EL PUERTO DE LOS MUERTOS VIVOS


Hong Kong. Kowloon Docks. 11:47 horas AM

Kowon huele a pescado podrido y traición. No hay diferencia entre los dos aquí.

John dejó la moto detrás de un contenedor oxidado marcado con números chinos borrosos por el agua salada. El metal chirrió cuando su pie se posó en el suelo mojado. No encendió luces. No necesitaba. Conoció este muelle durante seis años cuando trabajaba para contrabandistas que ahora probablemente están muertos o pudriéndose en prisiones de Taiwán.

El suelo estaba cubierto de aceite negro mezclado con agua lluvia. Cascos de botella rotos reflejaban las luces distantes como ojos muertos. Alguien había dejado una jaula vacía llena de restos de cadenas oxidadas que hacían ruido con cada brisa del mar. Los gaviotas no volaban cerca. Sabían mejor.

Se movió entre sombras. Los pasos eran silenciosos a pesar de las botas militares pesadas. La sangre en sus manos ya estaba seca. No respiraba ruidoso. No temblaba ni una pestaña. Era como si el puerto se hubiera apagado para él. Solo los murmullos del mar y el crujido ocasional de metal oxidado rompían el silencio.


Primer Contenedor — Las Pistas Iniciales

En el primer contenedor, encontró lo que buscaba sin buscarlo realmente.

Cajas abiertas con etiquetas falsificadas: "Electrónicos usados – destino Bangkok". Pero las cajas estaban vacías. Dentro solo quedaba polvo gris y algo más. Un trozo de tela azul rasgada. Como uniforme escolar. Le acercó su nariz. Olía a colonia barata, miedo puro y detergente industrial barato. Guardó el tejido en un bolsillo impermeable sellado herméticamente.

No miró atrás. Avanzó hacia el segundo contenedor donde el hombre esperaba. un trabajado contra las paredes metálicas frías. John lo observó cinco minutos antes de actuar. El hombre tenía una cicatriz en el cuello, mirada fija en un celular roto que aún parpadeaba débilmente. Cuando John se acercó, no hubo sonido de pisadas. Fue como si el aire mismo se hubiera solidificado alrededor del gigante.

John no le habló primero. No dio advertencias.

Levantó la mano derecha, cerrada en un puño nudoso, y golpeó la boca del hombre con una precisión quirúrgica brutal. No fue un puñetazo cualquiera; fue un impacto seco, calculado para romper cartílagos y desorientar sin matar de inmediato. La mandíbula del trabajador se cerró con un chasquido sordo, sus dientes chocando con tal fuerza que la sangre brotó por las comisuras de los labios y la nariz, salpicando su camisa sucia.

El hombre intentó gritar, pero la garganta estaba comprimida por el dolor y la estructura facial destrozada. Emitió un gorgoteo húmedo, un sonido ahogado que solo John pudo oír en el silencio del muelle.

John no se detuvo. Con la mano izquierda, agarró al hombre por la nuca, hundiendo los dedos en su carne como ganchos, y lo levantó del suelo con una sola mano, como si fuera un saco de harina. Lo sacudió con violencia, haciendo que su cabeza golpeara contra el metal frío del contenedor con un ruido metálico resonante.De obsequio le regalo un derechazo por el medio del pecho que sono como un tambor ceremonial japones.

—¡Habla! —gruñó John, su voz apenas un susurro ronco, pero cargado de una amenaza que hacía vibrar el aire—. Dime dónde está la carga.Sabes de cual carga hablo.

El hombre negó con la cabeza frenéticamente, los ojos llenos de terror puro. Intentó hablar, pero solo salió un silbido asfixiante. Su cuerpo empezó a convulsionar.

John apretó más fuerte, comprimiendo la tráquea con el pulgar mientras mantenía al hombre suspendido en el aire. La desesperación en los ojos del trabajador era palpable. Sabía que no podía resistir. John no era un interrogador profesional; era una bestia con un código propio, y ese código dictaba que el dolor debía ser intenso, rápido y absoluto hasta que la verdad saliera a la luz.

—No me hagas repetir —advirtió John, soltando al hombre justo cuando este iba a perder el conocimiento. El trabajador cayó de rodillas, tosiendo sangre, incapaz de articular una palabra completa.

John lo levantó de nuevo, esta vez lanzándolo contra la pared de contenedores con tal fuerza que el metal emitio un armonico PUM bajo el peso del cuerpo. El impacto hizo que el hombre quedara aturdido, sus piernas flaqueando.

—¡La Perla Negra! ¡Capitán Wong! —logró escupir finalmente el hombre, con la boca llena de sangre y dientes rotos, su voz quebrada y débil. Salieron hace diez horas... Singapur... Pasajeros... mujeres jóvenes. 

Tres Testigos Más

John asintió lentamente. La información estaba ahí, arrancada de la carne y el miedo. Dejó caer al hombre al suelo, donde se quedó tendido, jadeando y temblando, imposible de distinguir entre el sufrimiento y la agonía.

—Gracias —murmuró John, con una frialdad que heló incluso al hombre moribundo. Si te quedas aquí, morirás. Si te vas, vivirás.

El trabajador, conmovido por el dolor y la advertencia, se puso de pie tambaleándose. Miró a John con ojos vidriosos, luego corrió hacia la salida del muelle, dejando atrás la sangre y el miedo.

Pero John no terminó todavía. Necesitaba verificación. Siempre verificaba.

Treinta metros más allá, encontró a dos guardias armados apoyados contra una grúa abandonada. Estaban sobornados, eso lo sabía por cómo sostenían sus armas: laxos, distraídos, confiando en que nadie los descubriría. John se acercó desde atrás, como un fantasma.

Al primero lo desarmó con un movimiento fluido. Un golpe en la nuca que lo dejó inconsciente instantáneamente. El segundo reaccionó más rápido, levantando su pistola. John ya estaba encima de él. Le atrapó la muñeca, giró su brazo en dirección anti-horaria con un chasquido audible que rompió huesos. El arma cayó al suelo con un ruido metálico.

—¿Quién paga? —preguntó John, sosteniendo al guardia contra la madera podrida de la grúa. Su otra mano estaba sobre su boca, evitando cualquier grito.

—Creo que le dicen la Princesa del Corazon de Jade —jadeó el hombre, sus ojos completamente desorbitados. —Ella nos mandó proteger la zona...

John sonrió sin humor alguno

—Mientes. Soltó al guardia, quien cayó de espaldas, agarrándose la muñeca rota. El hombre no podía mentir sobre eso. John ya lo sabía. la princesadel Corazon de Jade?  Era alguien que utilizaba los peligrosos desequilibrios del Corazon de Jade 

—Otro nombre —exigió John, pateando al hombre en las costillas. —Quiero el nombre real de quién ordena esto.

—V... VIP Circle. Círculo Dorado —confesó el guardia, tosiendo. —Solo sé eso. Pagaron tres veces lo normal. Quinientos mil dólares por silencio.

John dejó al guardia tirado en el suelo, sabiéndolo vivo pero inútil por varias horas. Siguió avanzando. Había más preguntas que responde

 — El Médico Underground

A través del muelle, caminando contra la corriente de trabajadores nocturnos que nunca debían estar allí, llegó a una puerta trasera que daba acceso a la zona de mantenimiento médico. Era conocida en el inframundo. Un lugar donde los forenses ilegales operaban sin licencia. Encontró a un hombre llamado Doctor Liu, conocido por trabajar con desapariciones que nunca llegaban a reportarse oficialmente.

Liu lo esperaba sentado en una mesa cubierta de bisturis y documentos falsificados. Su bata blanca estaba manchada de sangre seca. No dijo nada cuando John entró. Solo esperó.

—mujeres muy jovenes—dijo John, colocando el pedazo de tela azul sobre la mesa. . Uniforme escolar, Otras en trajes de fiesta. Desaparecieron hace tres días.

Liu tomó el tejido con guantes blancos. Lo examinó cuidadosamente. Asintió lentamente.

—Las hemos visto. Cuatro este mes. Todas de familias ricas. Todas desaparecidas de fiestas privadas. —Liu levantó la vista. —Tus hombres ya pasaron aquí antes de ti. Te siguen.Segun mis calculos tienes menos de 24 horas

John no preguntó quiénes eran esos hombres. Ya lo sabía. La red tenía ojos en todos lados.

—¿Dónde van? —preguntó.

—Singapur primero. Desde allí se dispersan. Algunos países árabes. Otros continentes asiáticos. Los compradores buscan exclusividad. . Jóvenes.

—¿Sobrevivencia?

Liu dudó. Eso fue respuesta suficiente.

—Cuarenta por ciento sobreviven el primer año. Luego dependen de los compradores.Tambien hay trafico de organos.

John guardó esa información. No preguntó detalles gráficos. No quería saber qué significaba ese porcentaje exactamente. Pero lo guardaría para sí mismo. Sería importante más adelante.

—Oro —ofreció John, empujando una pequeña barra sobre la mesa. —Información adicional.

Liu tomó el oro. Sonrió por primera vez. 

—El Capitán Wong lleva un diario. Está escondido en su cabina. Si puedes obtenerlo, sabrás todo. Los nombres. Las fechas. Los compradores completos.

—¿Dónde está ahora?

—El puerto de Keppel en Singapur. Llegará hoy a mediodía. Pero cuidado. Hay vigilancia allí también.

John dejó otra barra. 

—Gracias, Doctor.

—No me llames así —respondió Liu, mirando hacia la puerta. —Mis verdaderos clientes no quieren verme con sangre nueva.

John salió antes de que pudiera decir algo más. La lluvia seguía cayendo. Ahora el cielo tenía nubes grises más densas. Las luces de la ciudad se reflejaban en los charcos como luciérnagas muertas.


 El Costo de la Información

Camino hacia su moto, John sintió las cámaras de seguridad girando discretamente hacia él. Tres puntos diferentes. Los habían seguido más tiempo del que pensó. No importaba. Podía desaparecer entre las calles de Kowloon antes de que alguien pudiera rastrearlo.

Encendió el motor con una llave mecánica antigua. Salió disparado hacia el centro de Hong Kong, dejando atrás el muelle sangriento y los cuerpos que nunca podrían contar lo que vieron.

Su mano derecha tocó la herida en su hombro izquierdo que dolía menos que antes. Una marca de años atrás. Una cicatriz de cuando perdió a alguien importante. No recordaba quién exactamente, pero recordaba el dolor. Ese dolor era diferente al que sentía ahora.

El trabajo era más limpio de lo que esperaba. Pero la red era más profunda.

—VIP Circle —murmuró mientras conducía, las palabras saliendo humo blanco en el aire frío. —Esto es más grande de lo imaginado, es la banda que daba proteccion al malvado hermano del Conde Qinliang, ellos fueron los que secuestraron a mi sobrina Mei To y la vendieron al hermano del Conde Qianling

La sombra del dragón nunca se disipaba completamente. Solo cambiaba de forma.

Y John Too sería quien la enfrentara en la oscuridad total. Tenia que llegar hoy mismo a Singapur o No?.. Mientras manejaba casi sin las ideas muy claras, las luces de Hong Kong le recordaron años antes cuando tenia 24 horas para salvar su vida en una Apuesta en que Abdelavis lo involucro junto a Ye Ye. Ahora ya habia perdido tres horas y estaba en 0. Buscar en el punto equivocado siempre da una sensacion. Estaciono la moto junto al lujoso edificio





LA MENTIRA DE SANGRE

Hong Kong. Distrito Central. 02:15 horas.

Han pasado 2 horas. El reloj no perdona, pero las mentiras sí pueden distorsionar el tiempo.

JohnToo condujo como un maníaco por las autopistas elevadas de Hong Kong, la moto rugiendo contra el viento cortante que traía olor a sal y smog industrial. En su cabeza, los datos del puerto se estrellaban unos contra otros con la violencia de una tormenta eléctrica. La Perla NegraSingapurDiez horas de viaje.

Pero algo no encajaba.

Se detuvo en un semáforo rojo interminable en Wan Chai. Miró hacia abajo, al asfalto mojado. Los reflejos neón de los edificios altos le devolvieron una imagen deformada de su propia cara. Cansada. Sucia. Y pensando demasiado rápido para un hombre de sus años.

"Diez horas", murmuró para sí mismo, con la voz ronca. "Si salió hace diez horas, ya estaría a doscientas millas de aquí, fuera del radar de la costa."

Pero entonces recordó el detalle del trabajador en el contenedor. La sangre en su boca. El miedo en sus ojos. "La carga salió anoche." No dijo "hoy". Dijo "anoche". Si el barco salió realmente anoche a medianoche, y ahora son las 02:15... solo han pasado unas dos horas. No diez. El trabajador, bajo la presión de los nudillos rotos, había alterado los tiempos. O quizás, John too apresuró su interpretación.

El barco no podía haber salido tan lejos. Si el barco no ha salido, o si salió hace muy poco, ¿dónde están las niñas? ¿O tal vez... el barco nunca existió?

Una idea fría y afilada se clavó en su cerebro. Lo habían embaucado. Chen Wang le había dado una dirección falsa en el puerto para alejarlo de la verdad real. Para hacerle perder el tiempo mientras ellos movían a la niña desde otro lugar. O peor aún: la niña nunca fue a Singapur. Está aquí. En Hong Kong.






John apretó el acelerador hasta el tope. La moto chirrió al tomar una curva cerrada, casi perdiendo el control sobre el asfalto resbaladizo. "Si están aquí", pensó, "entonces Chen Wang me mintió. O alguien más lo hizo por ella."

Necesitaba otra fuente. Una fuente que Chen Wang intentaría ocultar. El padre. En estos casos, cuando la madre compra silencio y poder, el padre suele ser el desecho olvidado, el que sabe demasiado y no tiene nada que perder. Chen Wang le había dicho: "Mi ex-marido. No confío en él." Esa era la pista más grande de todas. Si el padre sabía algo, no le importarían las leyes ni el dinero. Le importaría vengarse. O salvar a su hija para probar que él aún podía protegerla.







Llegó al edificio residencial de lujo en Happy Valley a las 02:15 PM. No tocó el timbre. Saltó la reja trasera, sorteando la cámara de seguridad vieja y oxidada que nadie mantenía. Subió las escaleras de servicio, evitando los ascensores que tenían sensores biométricos.

Llegó a la puerta 24-B. La abrió con una llave maestra electrónica que había copiado mentalmente de las especificaciones del edificio en su memoria (había trabajado en seguridad de este complejo hace años) lo que le permitio robar varios apartamentos en la zona; fue en una mala epoca.. Hasta en este mismo edificio robo un apartamento de una chica scort rusa...luego le devolvio lo robado mas intereses..fue un prestamo sin requisitos..

Dentro, el apartamento olía a whisky barato, tabaco rancio y desesperación contenida. Un hombre estaba sentado frente a una ventana enorme, mirando la ciudad iluminada. Tenía un traje arrugado, una camisa manchada de manchas de comida y botones faltantes. Se llamaba Eric Wang. Ex-marido de Chen. Padre de Victoria.

John entró sin anunciarse. Cerró la puerta detrás de sí. El sonido fue seco, pesado.

Eric no se giró. Solo levantó una copa de cristal sucio. 

"—¿Qué quieres, gordo? Si eres de la policía, diles que me jodan. Si eres de mi ex-esposa, dile que no tengo ningúna hija que le deba nada."

John caminó lentamente hacia él. Sus pasos pesados resonaban en el suelo de mármol pulido. "—Soy John Too," dijo simplemente. "Y sé que tienes información."

Eric rio. Un sonido áspero, quebrado. Giró la silla lentamente. Su rostro era una mezcla de alcoholismo y cinismo profundo. Las ojeras eran negras como carbón. 

—"¿Info? ¿De qué? De la niña? Esa muchacha  nunca fue  mía. Chen se la llevó. Ella paga, ella decide. Yo soy solo el padre de turno que vive en la basura porque no pago manutención."

"—Tu hija desapareció hace tres días," dijo John, acercándose lo suficiente para que Eric pudiera sentir el olor a mar y sangre que emanaba de su chaqueta. "Está secuestrada."

Eric parpadeó. Por un segundo, el brillo de lágrima en sus ojos pareció real. Pero luego, la máscara cayó de nuevo. Volvió a ser el borracho amargado.

 —"Secuestrada? . Claro. Seguro que se fugó. O se escapó con algún novio rico. O quizás Chen la escondió para chantajearme. Eso le gusta a mi ex-esposa. Todo es un negocio. Todo es una componenda."

John lo agarró del cuello de la camisa y lo sacudió con fuerza. Eric golpeó contra el respaldo de la silla, pero no luchó. Estaba demasiado intoxicado para resistir. 

—"Escúchame bien," rugió John, su voz baja y peligrosa. "No estoy aquí para jugar. Tu hija tiene quince años. Está sola. Asustada. Y si tu mueres de cirrosis antes de ayudarme, será tu culpa."

Eric soltó una risita histérica. 

—"¡Que muera! ¡Que se vaya al diablo! ¡Esa niña no vale nada! Es el espejo de su madre. Fría, calculadora, manipuladora. Siempre me odió. Me hizo la vida imposible. Ahora que se fue, perfecto. Así no tengo que limpiar su habitación llena de ropa cara y maquillaje falso. Que deja cada vez que viene a refugiarse aqui por mal comportamiento en la escuela.

John sintió cómo una parte de su estómago se encogía. El odio del padre era palpable. Pero también era una trampa. Si el padre odia tanto, ¿por qué aceptó el caso? ¿Por qué pagó Chen Wang? Wait. Chen Wang no había pagado al padre. El padre vivía aquí, solo, bebiendo. ¿Por qué Chen quería que él buscara a su hija si ella misma sabía dónde estaba?No tenia logica.

—¿Sabes algo? —preguntó John, aflojando un poco la presión en el cuello de Eric, pero manteniéndolo sujeto.

 —¿Algo? ¿Sobre qué? —Eric escupió en el suelo—. Que está viva, espero. No por mí. Por el dinero. Chen me prometió un cheque si la devolvía a casa. Si la encontraba. ¡Miente! ¡Todo es mentira!

—¿Quién te dijo eso? —insistió John. 

—Chen. Hace dos días. Me llamó. Dijo que Victoria se había ido. Que tenía que estar en casa para las noticias. Que si la encontraba, me daría millones. Pero yo sé que ella la tiene. O la escondió. Quiere demostrar que puede controlar todo. Incluso a mí.

John lo soltó bruscamente. Eric cayó al suelo, tosiendo y riendo a carcajadas.

 —"¡Me encanta que seas tonto!" gritó Eric, con lágrimas corriendo por su cara sucia. "Chen siempre juega así. Primero te da esperanza, luego te deja colgado. Como a mí. Como a Victoria. Todos somos peones en su juego de ajedrez sangriento."

John se quedó quieto, procesando la información. Chen llamó al padre hace dos días. Diciendo que la niña se había ido. Ofreciendo dinero si la encontraba. Pero Chen le había dicho a John que la policía no podía ayudar, que la niña fue vista por última vez en una fiesta. Era inconsistente. Demasiado inconsistente.

Chen sabía que la niña estaba en peligro grave. Lo sabría desde el principio. ¿Por qué engañar al padre? ¿Por qué engañar a John?

—"¿Dónde estuvo la niña la última noche?" preguntó John, con la voz helada. 

—"En mi apartamento," respondió Eric, volviendo a su copa. "Hace tres noches. Vinimos a cenar. Chen la obligó a venir. Quería hablar de... cosas. Dinero. Herencias. Victoria se enfadó. Se fue corriendo después de la cena. Llorando." 

—"¿Corrió hacia dónde?" 

—"Hacia el pasillo. Hacia la puerta principal. No la vi salir. Chen dijo que se había ido a casa de una amiga."

John frunció el ceño

. "—¿Qué amiga?" 

—"No lo sé. No me importa. Victoria no tiene amigos reales. Solo personas que quieren algo de ella."

John dio un paso hacia la puerta. Había algo que no cuadraba. Si la niña se fue de la cena hace tres noches... ¿y Chen llamó al padre diciéndole que se había ido? Entonces, ¿por qué contratar a John? A menos que... Chen supiera que la niña no se había ido a casa de una amiga. A menos que Chen supiera que alguien más se la había llevado. A menos que Chen estuviera esperando que John encontrara algo que ella no quería encontrar.

"—Vete," dijo Eric, sin mirar hacia atrás. "Busca en cualquier parte. Menos aquí. Aquí no hay nada que valga la pena."

John se detuvo en el umbral. Miró hacia atrás. Eric era un hombre roto, lleno de veneno y resentimiento. Pero en medio de ese veneno, había una verdad: la niña había salido de este apartamento. No del hotel de Chen. De este sitio. Y Chen sabía que la salida de la niña desde aquí era peligrosa.

"—Gracias," dijo John, con una ironía mordaz. "Me has dado la pista más importante."

—"¿Cuál?" preguntó Eric, tomando otro trago. 

—"Que no es el puerto. Ni Bangkok. Ni Singapur." John abrió la puerta. La lluvia caía fuerte fuera. —"Está aquí. En Hong Kong. Y tú, idiota, acabas de confirmarlo."

Cerró la puerta sin esperar respuesta.


Hora 3:45 PM

John bajó a la calle. El aire frío le golpeó la cara, limpiando el olor a alcohol y tristeza del apartamento. Su mente trabajaba a toda velocidad. Si la niña salió de la casa del padre hace tres noches... Y Chen dijo que no la pudo encontrar... Entonces alguien la tomó en ese momento.

¿Quién? Los guardias de seguridad del edificio. ¿O alguien dentro de la familia? ¿O quizás... el propio ex-marido sabía más de lo que decía?

John revisó el teléfono cifrado. Una nueva llamada entrante. Era Chen. "

—¿Ya找到了 (Encontró)?" preguntó su voz, tensa.

 —"No he encontrado nada en el puerto," dijo John, con calma. "Pero he hablado con su padre."

Hubo un silencio en la línea. Un silencio largo. Demasiado largo. 

—"¿Mi esposo?" preguntó Chen, con una voz que parecía cambiar de tono.

 —"Sí. Dice que la niña salió de su casa hace tres noches. Corriendo. Llorando. Usted le dijo que se había ido a casa de una amiga."

—"Eso es cierto," respondió Chen rápidamente. "Victoria es... inestable. A veces corre. Pero no hasta el punto de desaparecer."

 —"Entonces ¿quién la llevó?" preguntó John. "Porque si salió de esa casa, y no volvió, alguien la atrapó. Alguien que esperaba fuera."

—"No lo sé," dijo Chen, y esta vez su voz sonó genuinamente asustada. "Pensé que... pensé que podría ser la policía. O los rivales de negocios." 

—"No importa," dijo John. "Tengo una nueva pista. Voy a buscar acceso a los registros de seguridad del edificio del padre. Todos los videos de las cámaras exteriores. Desde hace tres días."

—"Lo hara?" -- pregunto Chen. "—"Si encuentra algo... no me diga nada hasta que esté seguro. Por favor."

John colgó. Chen estaba mintiendo. Otra vez. Pero esta vez, la mentira tenía sabor a miedo.

Miró hacia arriba, al cielo oscuro de Hong Kong. Faltaban diecinueve horas. Y el tiempo se estaba agotando.

"—Vamos a ver qué esconde este edificio," murmuró John, encendiendo la moto de nuevo.

La sombra del dragón se extendía más cerca. Y esta vez, John estaba listo para enfrentarla donde sea que estuviera oculta.












LA NIÑA Y EL ESPEJO ROTO

Hong Kong. Wan Chai. 04:45 horas de la tarde.

Han pasado cinco horas y media. El reloj avanza, pero la verdad se ha estancado en un pantano de mentiras.

John dejó la moto en una callejuela estrecha, justo al lado de un local de karaoke que cerró hace dos años y que ahora solo servía para que los adictos tiraran sus poruerias . No encendió luces. No necesitaba. La lluvia seguía cayendo con esa insistencia sardónica que tenían las tormentas en Hong Kong, como si el cielo quisiera lavar algo que nunca se limpiaría.

La dirección  que Chen Wang le había dado para la "amiga" era absurda. Un apartamento de lujo en una zona de expatriados, rodeado de guardias privados, cámaras y sensores de movimiento. Pero John no necesitaba entrar por la puerta principal. Ya conocía ese edificio de antes, cuando trabajo en seguridad para un cliente rico que ahora estaba muerto en una ducha de hotel.Para variar el no fue elnque lo mato. 

Saltó la cerca trasera, sorteando una cámara oxidada que giraba lenta y predecible hacia la calle. Subió por las escaleras de servicio, tres pisos hasta el departamento 32-B. Toco el timbre y con un dedo oculto elnojo electronico de la puerta,La cerradura electrónica era avanzada, pero no lo suficiente para alguien que llevaba años robando vidas ajenas. Con un pequeño dispositivo magnético y una pinza, abrió la puerta en menos de diez segundos.Lo hizo para no perder la forma. Sin embargo abrieron la puerta. Asi no mas, sin preguntar ni comprobr.

Dentro, el aire olía a lavanda sintética, dinero fresco y miedo contenido. No era el olor de la pobreza. Era el olor de la riqueza mal usada.

Lin Mei estaba sentada en medio de su habitación, rodeada de pantallas. Tres monitores gigantes proyectaban feeds de cámaras de vigilancia externas. Una pantalla mostraba el tráfico en Tsim Sha Tsui. Otra, el puerto de Kowloon. La tercera, una grabación de video borrosa de lo que parecía ser un club nocturno.

No miró cuando John entró. Sus ojos estaban fijos en la pantalla del centro, donde pasaba un video en bucle de un grupo de adolescentes bailando.

"—Estoy viendo OFF CAMPUS," murmuró, sin levantar la vista. "Es mejor que la vida real."

John avanzó lentamente. Sus botas pesadas resonaron en el suelo de madera clara. 

"—Lin Mei," dijo su voz, grave y directa. "Tengo preguntas sobre Victoria."

La chica giró la silla lentamente. Tenía quince años, pero sus ojos parecían de cincuenta. Vacíos, cansados, pero brillantes con una obsesión febril. Llevaba ropa de marca costosa, pero desordenada. El cabello recogido en un moño deshecho.

"—¿Quién eres?" preguntó, su tono burlón, casi divertido. "¿Eres el nuevo detective de mi madre? ¿O tal vez te envio mi padre borracho que vino anoche y me dijo que si no hablaba con él, me mandaría a un internado en Suiza?"

John no respondió. Se quedó quieto, observándola. Era una niña rica. De eso no había duda. Pero algo más había detrás. Una inestabilidad psicológica palpable. Bipolaridad no diagnosticada, o quizás simplemente la enfermedad crónica de la soledad en un mundo con una honestidd calculd de acuerdo a las circunstancias y muy  artificial.

"—Soy John Too," dijo finalmente. "Y quiero saber dónde estuvo Victoria la última vez que la viste."

Lin Mei rio. Un sonido agudo, cortante. 

—"¡Ah! ¡Claro! Victoria. Mi mejor amiga. La chica que se fue a la fiesta del 'Círculo Dorado'. ¡Qué diversión!Ahi estabamos. Somos las reinas de evadir el toque de qued de menores de edad" Su tono cambió drásticamente. Pasó de la burla a la euforia exagerada en segundos. —"Fue increíble. Había alcohol barato, música fuerte, y chicos guapos que no sabían quién era. Victoria se llevó bien con todos. Dijo que quería probar algo nuevo. Algo 'real'. Como en los videos que veo en internet."

John frunció el ceño.

 —"¿Qué quieres decir con 'algo real'?"

—"¡Pues cosas!" Lin Mei se levantó, caminando alrededor de la habitación mientras gesticulaba con las manos. "Chicos que no saben que son ricos. Lugares que no tienen guardias. Cosas que no están en las fotos de Instagram. Victoria dijo que iba a encontrar la 'verdadera Hong Kong'. ¡Como en las películas!"

"—Pero no volvió," dijo John, manteniendo la calma. "¿Sabes dónde fue exactamente?"

—"¡Sí! ¡Sí!" Lin Mei saltó de emoción. "Fue a una fiesta privada en un barco. Un yate viejo. En el muelle norte. ¡Era tan auténtico! Todo oscuro, todo sucio. Como en las series que miro."

"—¿Un barco?" preguntó John. "¿Cómo sabes que fue en un barco y que estaba en el muelle norte?"

Lin Mei parpadeó. Su expresión cambió rápidamente de euforia a confusión.

 —"Bueno... ella me lo dijo. Me escribió un mensaje. Decía: 'Me voy al barco'. Y luego... luego se fue.. Es obvio que tiene que ser en el muelle norte, no seria en la bse naval"

"—¿Qué barco? ¿Nombre? ¿Hora?" insistió John, acercándose un paso.

—"¡No lo sé!" respondió Lin Mei, volviendo a su silla y encogiéndose de hombros. "Victoria es así. Siempre dice cosas raras. A veces habla de dragones, de tesoros, de mundos paralelos. Es muy creativa. Muy artística. Como en los videojuegos.Sabes algo?"

-- Que cos?

-- Eres muy feo -- afirmo ella y h ontinuo-- dentro de apenas tres años cumplo 18.

John sintió cómo la frustración crecía en su pecho. Esta niña era un laberinto de mentiras y fantasías. De cada veinte palabras que decía, quince eran invenciones, cinco eran verdades distorsionadas, y ninguna era útil.

"—Escúchame bien," dijo John, su voz bajando a un tono peligroso. "Tu amiga está secuestrada. Puede estar muerta. Y tú estás aquí jugando a las espías virtuales, hablando de barcos que nunca existieron."

Lin Mei se puso rígida. Por un segundo, el brillo de locura desapareció de sus ojos, reemplazado por un miedo genuino. Pero solo por un segundo. Luego, la máscara volvió.

—"¡No digas eso!" casi gritó, con voz temblorosa. "¡Victoria no está muerta! ¡Ella solo... se perdió! Como en los juegos. Solo tiene que encontrar la salida."

—"¿Qué salida?" preguntó John.

—"No lo sé," respondió Lin Mei, bajando la voz. "Ella siempre decía que la salida estaba en el lugar donde nadie mira. Donde nadie busca."

John la miró fijamente. La niña estaba asustada, pero también confundida. No sabía la verdad. O quizás, no quería saberla.

—"¿Quién te dio el mensaje?" preguntó John, cambiando de estrategia. "¿Quién te dijo que fueras al barco?"

Lin Mei negó con la cabeza frenéticamente. 

—"Nadie. Fue Victoria. Ella misma. Me dijo que fuera a verlo. Que era una aventura. ¡Pero yo no fui! ¡Yo me quedé aquí! ¡Mira!" Señaló hacia las pantallas. "Estuve vigilando todo el tiempo. No sali de casa.Con todo esto ahoraa tengo miedo"

John se detuvo. Algo no cuadraba. Si Lin Mei no salió de casa, y Victoria se fue sola... ¿quién la llevó? ¿O tal vez... Lin Mei sabía más de lo que decía?

—"Lin Mei," dijo John suavemente. "Si no fuiste al barco, ¿cómo sabes que Victoria fue allí?"

—"¡Porque me lo contó!" respondió la niña, con lágrimas en los ojos. "Me lo contó antes de irse. Dijo: 'Voy a ver el barco'. Y luego... y luego se fue."

John asintió lentamente. La historia tenía sentido, pero no era suficiente. Necesitaba más. Necesitaba una verdad que no estuviera envuelta en fantasías.

—"Bien," dijo John, sacando una pequeña barra de oro de su bolsillo. "Esto es tuyo. Si me dices la verdad. La verdad real. Sin mentiras. Sin fantasías."

Lin Mei miró el oro. Sus ojos brillaron con codicia. Pero luego, el miedo regresó. 

—"No puedo," susurró. "Si digo la verdad... algo malo pasará. Alguien vendrá. Alguien que no quiere que sepamos nada."

—"¿Quién?" preguntó John.

—"No lo sé," respondió Lin Mei, escondiéndose detrás de la pantalla. "Solo sé que no debo hablar. Victoria me dijo que no hablara. Que si hablaba, pasaría algo terrible."

John suspiró. Esta niña no era una fuente fiable. Era una víctima más. Una niña rica que vivía en un mundo de ilusiones, incapaz de distinguir la realidad de la ficción. Pero algo en su miedo era real. Alguien la amenazaba. Alguien la había silenciado.

—"Entonces," dijo John, guardando el oro. "Te quedas aquí. Nadie te hará daño. Pero no hables con nadie. Ni con tu madre. Ni con la policía. Hasta que yo vuelva."

—"¿Cuándo volverás?" Me vas a cuidar. Dame tu numero de telefono. Yo no soy de ls estupidas que no tienen telefonos de adultos--preguntó Lin Mei, con voz temblorosa.

—"En cuanto encuentre a Victoria," respondió John. "Y si no la encuentro... entonces tendré que encontrarte a ti.Tienes otros numeros de telefonos de adultos"-- respondio John dandole el numero

Lin Mei asintió, con los ojos llenos de lágrimas. John sintio la vibracion del celular. Era el de ella.

John salió de la habitación, cerrando la puerta detrás de sí. La lluvia seguía cayendo fuera. El ruido de la ciudad era constante, como una respiración pesada que nunca se detenía.

Caminó hacia la moto, su mente trabajando a toda velocidad. Lin Mei no sabe la verdad. Victoria fue engañada. Alguien la llevó al barco. Pero ¿qué barco? ¿Y quién lo ordenó?

La sombra del dragón se extendía más lejos. Y esta vez, John estaba seguro de que la verdad estaba oculta en las mentiras de todos. Lo peor seria que ya llegaria la noche.. Todo se ralentizaba y todas las fuerzas mlignas y delictivas se soltaban en la depravd ciudad. Victoria podia estar en cualquier lado. De pso debia ir al loft y controlar la temperatura de Abdelavis... 

-- Solo a mi se me ocurre estar en una relacion con una vampira-- Tenia que cuidar a Abdelavis, era dueña de una triada de vampiros, tambien ella liquidó a Hang Hing, su triada podia buscar vengarse. No debio aceptar ese caso. Verdaderamente que no.







CAPÍTULO 5 — TORMENTA Y HIERRO 

Hong Kong. Calles de Kowloon. 7:20 horas.

El cielo no avisó; simplemente se derrumbó. A las 7:20 PM, la alerta de tormenta tropical pasó de naranja a roja en un abrir y cerrar de ojos. El viento soplaba con ráfagas de 90 km/h, arrancando letreros neón y convirtiendo las calles en ríos de agua sucia y basura flotante.

JohnToo no había recorrido ni dos cuadras desde el apartamento de Lin Mei cuando las luces azules cortaron la lluvia. Dos furgonetas policiales, los SDU (Unidad de Tareas Especiales), bloquearon su ruta en una intersección estrecha de Mong Kok. No hubo discusiones. No hubo "bajen de la moto".

La embestida fue brutal. Un agente saltó sobre él mientras otro lo derribó con una porra que impactó contra su costilla izquierda. John rodó por el asfalto mojado, sintiendo cómo el aire abandonaba sus pulmones. Intentó levantarse, pero tres pares de botas pesadas lo pisotearon, inmovilizándolo contra el suelo frió.

—¡Aquí está! Nada menos que el buen Johnn Too—gruñó el líder, escupiendo al suelo junto a la cabeza de John—. ¡El tipo que ha entrado ilegalmente en los edificios de Chen y Wang! ¡Y el que viaja con esa... esa cosa que reportaron de Bangkok!A Desde alla nos dijeron que es una asesina en serie. A ver. En que andas?. Secuestrando,? Robando? Extorcionando actrices del cine adulto? 

La referencia a Abdelavis hizo que el estómago de John se encogiera. La inteligencia policial ya tenía su nombre. Lo habían conectado con desapariciones anteriores. Para ellos, John no era un salvador; era un traficante de seres humanos con una aliada sobrenatural.Era una idea especulativa. Mejor apretaba los dientes.

Lo levantaron a la fuerza, golpeándolo de nuevo en el hombro y en la mandíbula. La sangre le llenó la boca, caliente y metálica. 

-- Apuesto que si reviso los seriales de esa moto estan limados y la placa es falsa.

-- Me la regalo una amiga.

-- Quien?

-- Melissa Hung.

-- Melissa Hung?. Me parece que conozco ese nombre.....!Claro!. La bella Melissa,la policia de trafico;  la hermana de Ye Ye...Si es verdad que estuvistes enrredado en una serie de crimenes junto a Ye Ye. Las dos hermanitas que acabaron con la reputacion de la policia

-- No sucedio asi.

-- En mala hora eran policias. Imaginate. Andaban contigo.

Lo revistieron violentamente entre la lluvia torrencial. Cuando sacaron el lingote de oro del bolsillo interior de su chaqueta, el oficial soltó una risa seca y amarga.

—¿Oro? ¿Contrabando? ¿Dinero de trata? —El oficial apretó el lingote frente a la cara de John—. Eres exactamente lo que pensamos, una basura, nunca cambiaras. ---Le dijo dandole el orimer golpe, el segundo, el tercero...perdio la cuenta.

John esperaba ser esposado, llevado a la comisaría, juzgado sumariamente antes de la medianoche. Pero la tormenta había cambiado las reglas. La alertar roja significaba lockdown. Nadie podía moverse libremente. Las estaciones estaban saturadas. Y los oficiales, empapados y furiosos, tenían otras prioridades.

El líder miró el reloj, luego a John, y finalmente a la tormenta que devoraba la ciudad.

 —No tenemos espacio para ti hoy, bastardo —dijo, con voz distorsionada por el trueno que rugió justo encima de ellos—. Si te llevamos a la estación, te quedas ahí hasta que el cielo pare de escupir agua. Y si intentas escapar...

No terminó la frase. Solo señaló con la cabeza hacia la calle principal, donde la policía de tráfico estaba desviando a cualquiera que tuviera suerte de tener un vehículo.

 —Vete. Ahora. Pero sabemos dónde vives. Si te mueves  sin permiso de nuestro comando, o si intentas acercarte a los edificios listados... no volverás a caminar. Te mataremos aquí mismo.

Fue una advertencia, no una liberación. Era una orden de vigilancia. Si se escapaban, lo buscarían. Si intentaba huir, sería eliminado. Pero por ahora, la prioridad de la policía era cerrar la ciudad ante la catástrofe climática.

—Muévete —ordenó el oficial, dándole un empujón final que lo dejó tambaleándose sobre sus propios pies.

John cayó de rodillas en un charco de agua mezclada con aceite y sangre. Se limpió la cara con la manga, ignorando el dolor punzante en las costillas rotas y la herida abierta en la ceja. No pudo decir nada. Sus pulmones apenas funcionaban.

Se puso de pie, cojeando, y caminó hacia su moto, que yacía abandonada bajo un toldo medio arrancado a Honda  con dificultad, el motor tosiendo humo negro antes de rugir. La lluvia caía con tal fuerza que no podía ver a diez metros.


El Regreso al Infierno Personal

El viaje de vuelta al loft fue una pesadilla de ceguera y dolor. Cada vez que pasaba por una luz, veía reflejos en el asfalto que parecían coches de policía siguiéndolo. Probablemente así era. Los oficiales probablemente tenían cámaras térmicas montadas en los patrulleros, rastreando su firma térmica entre la tormenta.

John condujo como un loco, sorteando escombros voladores y autos detenidos. Llegó a su zona de Victoria Peak a las 20:45 PM, una hora después de haber sido detenido. El edificio estaba oscuro, protegido por barreras de seguridad automatizadas activadas por la alerta roja. Saltó la reja lateral, rompiéndose la mano contra una cerca oxidada. No importaba.

Entró en el ascensor de servicio, que estaba paralizado por la emergencia energética. Subió las escaleras de emergencia, cuatro pisos, jadeando, sangrando, con cada paso que le provocaba una oleada de náuseas.

Cuando abrió la puerta de su apartamento, el silencio era absoluto. La tormenta rugía afuera, pero adentro reinaba una quietud artificial.

Lo primero que vio fue a ella.A Abdelavis.

Abdelavis seguía en su cripta de madera oscura, en la esquina más fría del apartamento. Su piel palidecía aún más en la penumbra, y su respiración era tan tenue que casi no existía. Estaba en el punto más bajo del ciclo de hibernación. Sin ella, John estaba totalmente indefenso. Y sin embargo, en este momento, ella era lo único que le impedía colapsar completamente.

Caminó hacia ella, arrastrando los pies. Se dejó caer de rodillas junto a la estructura, apoyando la espalda contra la pared fría. Su ropa estaba empapada, goteando agua negra en el suelo limpio. La sangre de la herida en la ceja le corría por la mejilla, mezclándose con el sudor y la lluvia.

—Estoy aquí —murmuró, su voz rota. —Sigue dormiendo. Sigue durmiendo.

Miró hacia el reloj de la pared. 9:50 PM. La tormenta iba a durar hasta las 2 AM. Otras tres horas y media. Había perdido todo el control. La policía sabía quién era. Sabía dónde vivía. Lo observaban. Y si la tormenta les permitía entrar, si la noche terminaba y no había novedades, tendrían una excusa perfecta para arrestarlo y desaparecerlo.

Pero no podía hacer nada. No podía salir. No podía investigar. Solo podía esperar. Y cuidar de la única persona que realmente confiaba en él, aunque estuviera muerta en vida.

Se quitó la chaqueta, dejando caer el peso sobre el suelo. Se quitó la camisa, revelando las cicatrices antiguas y las nuevas magulladuras. Buscó su botiquín de primeros auxilios, escondido bajo el armario, y sacó unas vendas y alcohol. Se limpió la herida de la ceja sin gemir. El dolor era agudo, nítido, pero lo mantenía despierto.

Se acostó en el suelo, a pocos centímetros de la cripta de Abdelavis, cerrando los ojos. Su mente seguía trabajándo: Chen Wang miente. Lin Mei sabe algo pero tiene miedo. El barco no existe, o es una metáfora. Y la policía está a solo unos pasos de distancia, esperando a que baje la tormenta.

Si salía vivo de esta noche, tendría que cambiar de estrategia. No podía confiar en nadie. Ni siquiera en sí mismo.

La tormenta golpeó el edificio con una ráfaga violenta que hizo vibrar las ventanas. En la oscuridad, John sonrió, una mueca sangrienta y cansada.

—Bienvenido a la jungla —susurró. —Ahora todos estamos atrapados.

Y así, entre el ruido del trueno y el silencio letárgico de su compañera, no podia esperar a que amaneciera. O mejor dicho, a que la policía decidiera qué hacer con él.Sintio que desmayaria. Adicional recordo qur solo habia desayunado.










Continuara 






Continuara 



... 


Continuara






John Too . Saga Kathy Hung

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