—Sí. Estoy lista —dijo viendo nerviosamente su gas paralizante, su mini Thunder 380, revisó la cacerina y su electroshock de 50 000 voltios. No se sentía segura. Pero, en fin… Si la llevaba horas antes de entrar al trabajo, lo agradecía. Le eliminaba la tortura de arriesgar la vida en las calles de la ciudad… los islámicos, las feminazis, la delincuencia, los activistas del Partido Demócrata. Vivir en la ciudad era como jugar online… Cada vez un nivel más difícil… Llegó a la puerta de su edificio y… https://youtu.be/flCu9377Rlg Vio al chofer. A Kim. Era Kim. Pero no era Kim… O sí era. Un chico en un arrugado saco, en guarda camisas, musculoso, recostado en un Honda Dream, con toda la pinta de no haber dormido ni un segundo… El joven sonrió aliviado al verla. —Este soy yo… Kim Zuth… No soy sicario. Ni pertenezco a ningún club corrupto. No soy traficante de drogas al servicio del ejército y, por cierto… Trabajo… No estoy en ninguna apuesta, y no voto por los demócratas —le informó atropelladamente, tratando desesperadamente de lograr toda su atención y, sobre todo, su confianza.
—El Kim Zuth real. —El Kim Zuth real —supuso ella, tratando de que él no notara el impacto que el muy maldito y desgraciado causó en ella… —Estaba comenzando con el vehículo. No estaba muy familiarizado —comenzó por excusarse nuevamente, invitándola a subir al sencillo auto. —Mi humilde camioneta lo detuvo… —dijo ella, continuando cuando logró introducirse. —Algo así. Supe que es médica de verdad. Todos los mecánicos me llamaron… Le suplican que no se vaya del país —dijo, ocultando inútilmente que quería agradarle como fuera. —¿¿¿??? —Uno de ellos se fracturó y el médico comunitario graduado en la universidad le suturó la mano izquierda al talón derecho… —He oído ese chiste a veces… ¿Este auto no tiene aire acondicionado? —No. Pues déjeme decirle que no fue chiste… ¿Desayunó? —dijo él, recorriendo las solitarias avenidas de la ciudad. —Lo hago en el comedor de mi hospital —informó distraída ella, viendo la destruida ciudad, mientras se recriminaba. Aceptar así como así la invitación de un desconocido que se había presentado casi destruyéndole el auto era un premio a la ingenua del siglo. —Por favor. Insisto… Joya guardó silencio. De verdad, la oportunidad de comer algo diferente a agua hervida con una papa sonaba tentadora… Vieron el restaurante 24 horas. —Comida china, por los ancestros —sugirió él, deteniéndose ante un restaurante chino de autoservicio. —Soy descendiente de inmigrantes birmanos.-- indicó ella —Bueno. Como podrás ver, soy descendiente de inmigrantes chinos, aunque mi padre se casó con mi madre una muchacha de aquí.Por lo tanto soy nacional,hecho por aquí . —Por eso es que ese desgraciado es tan bello —pensó desfallecida y terriblemente asustada Ella asintió… Pasaron por las alambradas electrificadas y la revisión óptica del portero armado con una antiaérea… Desayunaron y, al momento de pagar, Joya vio entre divertida y asombrada que el superapuesto galán no llegaba al pago. Kim regateó con la cajera, sacó pocos billetes y prometió regresar para limpiar 677 platos sucios. —Oye. No es para tanto. No necesitaba eso —dijo Joya en el vehículo cuando se fueron. —¿Su turno hoy? —contestó él, absolutamente impermeable al incidente vivido. Ni le importó demostrar que no tenía un centavo. —Con suerte saldré a las 8 de la noche —dijo ella sin querer. Odiaba estar dándole oportunidades. —¿Y el tipo celoso que me partiría la cara dentro de un rato cuando desciendas del vehículo? —preguntó descaradamente, viéndola en lo más profundo de sus ojos, escudriñándola intensamente. —Está de vacaciones por el momento —dijo ella, sintiéndose imprudente, entendiendo que ese depredador frente a ella tenía muy claros sus objetivos. Kim la vio y se sonrió. Joya entendió que el desgraciado era lindo y, lo peor… lo sabía… No sería fácil luchar contra un chico tan apetitoso… Se había detenido, descendió del auto y él, con rapidez, cruzó al otro lado y cortésmente le abrió la puerta. —Que tenga un buen día, doctora Joya —se despidió, mirándola directa, osadamente, y ambos sabiendo que lo intentaría… —¡Por Dios!… Un chofer… Y no tenía para pagar completo el desayuno —pensó Joya mientras llegaba a la emergencia para ver los 128 heridos de bala, lanzallamas y napalm, provenientes de quién sabe cuál fiesta de cumpleaños infantil o celebración de aniversario de bodas…
III Kim llegó a la oficina y estacionó el humilde Honda Dream eléctrico urbano , descendió de ella y fue caminando, tarareando feliz una cancioncita… Lanzó la llave en el mostrador. —Gracias, TomCat —le dijo al muchacho del mostrador. —Ajá, Kim… Andas de cacería —saludó sonriendo el joven, recibiendo las llaves… —Y es la pieza mayor —contestó autosuficiente, con una alarma encendida por allá bien lejos que le indicaba que ¡cuidado! ¡Y no fuera al revés!… Distendido, despreocupado, subió al penthouse en el piso 172 de la Torre 1 del Complejo Comercial Inversiones Nuevo Mundo… —¿Mi padre? —saludó con un guiño a la voluptuosa asistente. —Lo espera —dijo esta con una provocativa sonrisa. Ambos habían recorrido ya tres veces todo el Kama Sutra y estaba a punto de volver a empezar… Entró a la oficina de su padre… Se parecían ambos en todo. Mujeriegos, mentirosos, mágicos en hacer dinero, poderosos. Su padre, para tener 55 años, era un hombre extremadamente atractivo, lo sabía… Y lo utilizaba… —Vaya. Me parece que estás bastante casual —dijo Meck al ver el aspecto de su hijo… —Hola, Meck —saludó a su padre sin hacer mucho caso a la referencia. Ambos eran cómplices en todo. Hasta en las mismas mujeres… Cuando uno se fastidiaba, la enviaba vía satélite a la cama del otro o viceversa… —Ya vi que me chocaste el auto. Solo tiene 29 kilómetros… —No fue de la manera que piensas… —Hay una dama involucrada… —entendió el padre. —Es lo usual —dijo el muchacho sirviéndose un whisky. Vio a su padre. Sirvió otro… —Las acciones han tenido un golpe bastante duro. Fue un grave error invertir en los índices bursátiles de Westonzuela y en bonos de Corporación Westonzolana de Petróleo; están hasta el sótano, hundidos en narcotráfico. Yo, a la verdad, no lo sabía… —comenzó anunciando Meck. Eso siempre era el preludio de peligrosísimos enredos según la costumbre. De repente, al joven el whisky le supo amargo. Se puso alerta… El muchacho lo señaló con el dedo y no dijo nada. Apuró el trago y se dispuso a afrontar lo que fuera. —También fue un error apostar a la compañía de hidrógeno natural en el mar de Westonzuela. Era embuste, una trampa para esquilmar inversionistas sin información privilegiada,ahora que el país es una colonia del TLCAN no se pueden hacer negocios ilegales—continuó el hombre, tratando cuidadosamente de llegar a donde tenía que llegar. El muchacho se sentó en el amplio sofá de cuero y colocó las piernas encima de la mesa, absolutamente desconectado de las explicaciones de su padre. —Ya lo resolverás… —expresó entre un sorbo y una expresión soñadora. Esa médica me tiene locoooooo… —No es tan fácil. Hay una deuda por ahí… Debo pagar de contado… —dijo el padre, extrañado de ver a Kim en una nebulosa total. ¿¿¿??? —4.678.908.500 euros —anunció en el mismo tono de pedir un vaso de agua. Quizás para no aterrarse de más. —Lo sabía —dijo el muchacho levantándose como un resorte y golpeando el escritorio al dimensionar la magnitud del desastre donde estaban—. Te dije que no invirtieras en Westonzuela, ni en Argenzuela ni en Chilboric. Perfectamente sabes que te lo robarían todo; te estafarían, te engañarían, te expropiarían y no te pagarían ni un centavo. Pero el genio maneja su barco. Hasta el final. Hasta el fondo del mar y a toda velocidad. Esta vez no cuentas conmigo, pues me lanzo inmediatamente por la borda… —Siempre hay una solución —explicó el hombre, viendo significativamente a su hijo… —No me vas a vender… —repuso repentinamente, riendo nerviosamente ante las locuras de su padre, sirviéndose sin darse cuenta otro whisky… Tembloroso recordó las peligrosísimas maneras que tenía su padre para salirse de los no menos peligrosos enredos en que se metía. —No hay otro camino… —dijo repentinamente serio el otro. No estaba jugando. Kim miró mejor a Meck… Entendió y era verdad. Era una pérdida muy grande… —¡Oh, vamos! Te vas a casar… Ya tengo a la chica… Fundimos el negocio. Es una forma de venta. Es más fácil… Sin tanto papeleo de abogado. Después te divorcias. Les dejamos completa esta carcasa y nos vamos a nuestra casa en Hong Kong, y tienes ese noviazgo con esa actriz coreana que te tiene loco… —exclamó el padre con un gesto de “la vida es así”. —Esta mañana andaba en un hei car . Ya veo que tendré que acostumbrarme… Y de paso, ya la actriz coreana no me tiene loco. —Cuando veas a la chica… No te va a disgustar nada… —Oye… ¿Y tú dices que son tan idiotas que no se darán cuenta de la jugada? Parece una jugada de laboratorio del Barça. Tendremos que vivir escondidos toda la vida —dijo recordando el “y tú”. —Se encontraron con una fortuna al cruzar la calle… Tú sabes. La contabilidad y esas cosas, los papeles de Panamá, las imprudencias de fotografiarse con Lula, Cristina y Petro, el Pizzagate, y aparecen fotografiados en el Lolita Express… —dijo el hombre, colocando un video de la muchacha con la que se estaba negociando el matrimonio… Kim quedó con la boca abierta.


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