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lunes, 9 de marzo de 2026

Nosotros Tres.La Precuela Parte I

Novelas Por Capitulos

Viene de






PARTE I




Edna se miró en el espejo, buscando alguna inexistente espinilla. Una maña de adolescente cuando estaba ante alguna duda. Estaba frente una de sus encrucijadas; Quizás haría una película de comedias , algunas presentaciones, Aunque, ya era el tiempo de hacer otro disco. Tenía algunas composiciones que quería desarrollar.

Por ahora, urgía reclamarle a su manager ,el hecho que entendiera que el tiempo de actuaciones personales a desconocidos ya había llegado a su fin. Salvo que fueran en Dubai , a multimillonarios norteamericanos e hindúes . Ese era el detalle. Quería descansar, no hacer una presentación personal en una lejana hacienda en lo más profundo del Amazonas, en el borde con el Chaco. A pesar de los 390000 dólares por una hora de actuación. Ya eso no le interesaba. Le fastidiaba las equivocaciones de los contratantes; que siempre creían tener derecho a algo más, al ver una mujer bonita cantar en medio de copas y música.

Por lo menos la llevarían ida y vuelta en helicóptero En otra aeronave transportarán sus músicos. El pago de sus músicos era por parte de los contratantes. No era del todo malo. Cantaría. Fotos, video y después iniciaría sus ansiadas vacaciones.

Un mes desconectada. Un mes siendo Edna y nada más... Por último, en su nacarada piel, ya no había ni una sola espinilla. Frunció el ceño. No tenía cómo evadirse del contrato. Tenía que ir a cantar, estaba decidido por el pago adelantado hecho y él manejó de su manager, quien con un 15% adicional estaría viendo fútbol mientras ella sudaba y cantaba ante un público de salvajes

I

Edna llegó directamente a la hacienda, después de un fastidioso vuelo en lo más profundo de la Amazonía. Afortunadamente, era su llegada lo más cerca de las 4 PM. Fue recibida exultante , en medio de una ensordecedora gritería.

Fue recibida exultante , en medio de una ensordecedora gritería

Ahí estaba el dueño de la hacienda,

 Ahí estaba el dueño de la hacienda,

su esposa, su hermana, sus ex esposas, sus hijos, y una gran cantidad de personas

 su esposa, su hermana, sus ex esposas, sus hijos, y una gran cantidad de personas. Muy bien vestidos, muy llenos de alhajas, Sin embargo. Vulgares y bastos. Sin modales. Toscos y feos. Petulantes y vulgares, que los identificaba como recién vestidos y nuevos multimillonarios.La familia Ananiel informó su manager...

Inmediatamente ,envuelta en una falsa, hipócrita y dentífrica sonrisa, realizó la rutina de la primera parte del Show.

Inmediatamente ,envuelta en una falsa, hipócrita y dentífrica sonrisa, realizó la rutina de la primera parte del Show

Sin que disminuyera ni por un segundo la efusiva eufórica de los presentes. No evitó reírse al verlos lanzarse en la olimpica piscina, y la humareda de infinitas parrillas que parecía un incendio forestal. Terminó más o menos animada. Sé había divertido con el apoyo del público. fue escoltada como una reina a la inmensa casa colonial tipo portugués.

fue escoltada como una reina a la inmensa casa colonial tipo portugués

Disfrutaría un descanso de media hora. Luego la parte final y ¡Libre para disfrutar todo Madrid y París en primavera, para ella sola¡.

Le trajeron una mini carreta con whisky, champagne, vodka, brandy, , sintéticos y cigarrillos de yerba hidropónica.

Le trajeron una mini carreta con whisky, champagne, vodka, brandy, , sintéticos y cigarrillos de yerba hidropónica

Ella no era ninguna santa ni mojigata . Sin embargo, y por el aspecto de todos los presentes. Con Coca-Cola light bastaba. Con gente así había que estar en los cabales al 200%.

Vio el infinito baño y en un impulso decidió darse una ducha de 10 minutos con abundante gel sedante

Vio el infinito baño y en un impulso decidió darse una ducha de 10 minutos con abundante gel sedante. No se maquillaría mucho. Estaba impaciente por terminar e irse.

Luego, habiendo deseado que durara más el tiempo de descanso, salió Dispuesta a seguir, abrió la puerta del baño y escuchó las voces.

--Ya va a comenzar. -indicó ansiosa la mujer de espaldas a ella, parada frente a un inmenso y panorámico ventanal del cuarto.

--¿Por qué desde este cuarto?- cuchicheó el hombre.

--No hay nadie. Y la vista desde aquí es completa. Aquí va. 10,9,8,7,6,5,4,3,2,1...

Edna escuchó el rumor que se acercaba, y rápidamente identificó el ruido de dos helicópteros Tiger. El tableteo de ametralladoras, el rasgueo de cohetes la hizo comprender que había un ataque de inmensa magnitud. Vio la mujer y el hombre gritar ,reír eufóricos, celebrando en estilo de año nuevo y campeonato de futbol, con cada explosión, una más fuerte que la otra.

--!¡Mueran pedazos de mierda!--- gritaban en medio de saltos y hurras , viendo el evolucionar de las aeronaves y él destrozó que hacían.

Edna Llena de pánico salió al pasillo. Los otros volvieron su mirada hacia ella ,llenos de asombro. Se habían equivocado. Sí había alguien. La cantante y había escuchado todo. Casi inmediatamente la pareja corrió detrás de ella disparando sin acertarle, mientras Edna salió al patio, corriendo en medio del caos, pues todos huían despavoridos a todos lados y morían destrozados por la metralla. Un cohete explotó en medio de la piscina llena de gente haciendo una nube de enrojecido vapor que impedía la visión. 2 Drones Baytalkar hacían el apoyo aumentando la mortandad.

Vio llegar su helicóptero. Sus músicos, sus bailarines junto a sus técnicos no existían, la tarima había sido arrasada con metralla de todo calibre. Los primeros en caer asesinados los dueños de la haciendMilagrosamente,nte corría en medio de los disparos, llorando y gritando, con el único objetivo de llegar a su helicóptero, cuyos pilotos le hacían desesperadas señales para que se acercara.

En medio del caos, de la gente agonizante y los muertos, una niña en medio del desastre estaba milagrosamente ilesa, parada paralizada en shock.

En medio del caos, de la gente agonizante y los muertos, una niña en medio del desastre estaba milagrosamente ilesa, parada paralizada en shock

Fue un impulso. Fue automático. No supo de dónde sacó fuerzas, pero la tomó y alzándola sin disminuir ni en un ápice su carrera, llegó a su helicóptero que ya comenzaba a elevarse. En segundos eternos despegaron, con la creciente sensación que serían perseguidos y derribados, huyeron en medio de la selva. Hizo el retorno abrazando a la desconocida niña, llena de polvo y sangre. La revisó. No estaba herida. Su mirada perdida y vacía, le decía que la niña estaba ausente. En shock. La recordó, era una de las eufóricas niñas que desde la primera fila cantó y bailó sus canciones en la primera parte del show de ella realizó. .

II

La noticia no la mencionaba por ninguna parte. Debía agradecer eso. Informaba de un enfrentamiento entre carteles;sus músicos los colocaron en un accidente de tránsito. Todo sin conexión. Hechos aislados y cotidianos de cualquier país del tercer mundo

Los periódicos digitales hablaban de la lucha por el control del contrabando y laboratorios de sustancias ilegales en la selva. Un jefe independiente había caído con sus familiares y seguidores. Quizás el cartel de la luna, o el de Didalco Pelo fueron responsables; pero nadie se hacía autor del hecho. Se decía que un desconocido poder emergente podría ser responsable.

Por su parte, su mánager estaba compungido y aterrado. La Policía no sería de mucha ayuda. Se limitaron a ayudar no mencionándola en el espectáculo que se desarrolló... no fue gratis.

Había visto algunos videos y fotografías.

Guardó silencio cuando vio un video donde aparecía la mujer que estaba con un hombre en su cuarto. Los reconoció inmediatamente .. Le dijeron que era hija del jefe del clan. Hizo un gesto negativo.

Igual vio un video del hombre con muchas mujeres casi desnudas. Era el esposo. Ella Repitió su actuación, negando haberlo visto .

Tampoco les dijo que tenía una niña, posiblemente familiar del jefe del cartel.

Asintió silenciosamente cuando le sugirieron que se cuidara. No le darían seguridad. Cualquier policía asignado la asesinaría para cobrar la deuda de silencio. Debía irse a otro país. Ni así estaría segura.

Cuando terminaban los videos, en uno vio un grupo de niñas. Le dijeron que era La nieta del jefe. Oholiva. Su padre era hijo de una de las amantes legales del patrón Ananiel... Esa era la niña que con las manos aferradas a una sábana estaba acostada en un cuarto de su loft. Era la única sobreviviente. La heredera del clan de los Ananiel .

Nadie podía saber de su existencia. Sería la inmediata ejecución de la niña y la de ella misma. .Al marcharse de la delegación de policía, por un rato, ambos quedaron silencio, mientras el Quant Sport Limousine 

Al marcharse de la delegación de policía, por un rato, ambos quedaron silencio, mientras el Quant Sport Limousine

del hombre se internaba en el denso tráfico de la bulliciosa y activa ciudad.

--¿Qué piensas hacer?-preguntó cuidadosamente el hombre

--Pues esto creo que detiene mi carrera por un tiempo. Tenía planes de irme a Barcelona, pero viendo como los indocumentados pelo de brócoli asesinan gente por allá se me quitaron las ganas. Tengo que irme a algún lugar y esperar que todo se olvide. Estoy desorientada y perdida- --contestó desconcertada.

Estoy desorientada y perdida- --contestó desconcertada

--No tienes idea de cómo lamento todo esto. Debes cuidarte. Ellos saben que escapaste y eres la cantante. Los pilotos huyeron a Ucrania. Ahí están más seguros- respondió él, dándole un suave beso en los labios. Suponiendo que con eso aliviaría en parte la pena de ella y pagaría así el tremendo lío ocasionado por aceptar el contrato

--Yo igual lo lamento-contestó ella descendiendo ante el edificio donde vivía.

Estaban ahí... ahí. No quería dar un paso más. Era su manager. Su divorcio era muy reciente. Era típico, un hombre solo, quería demostrar a toda costa que podía conquistar una chica. Ella consideraba que estaba en un momento que no quería ataduras. Quizás más adelante, si él insistía a lo mejor podía darle alguna oportunidad.

 Era un hombre bien parecido, pero la verdad sea dicha; quería mantenerlo únicamente en su círculo laboral. No estaba de ánimo para relaciones ni cortas ni largas. Además, el consumo de sustancias ilegales y pastillas del hombre le hacía tener un círculo de amigos indeseables en farras y orgías. No. Definitivamente no le interesaba por el momento.




Nosotros tres .La Precuela .Parte2 . Los recuerdos de Eliab

Edna Deshecha abrió la puerta de su hogar. Su poodle, su gato tigre quedarían al cuidado de su aya. Tenía algo revoloteando por su mente. Era el.Quizás ya no estaba ahí, era probable que estuviera más gordo y con mujer e hijos, a veces vea un "me gusta" en su Twitter. Desde un tiempo muy largo ya no contestaba.Básicamente por que ella dejó de hacerlo primero. Es que entre una cosa y otra. Estaba muy allá, muy lejos, sobre todo en sus recuerdos...

Febrilmente en su IPhone lo buscó. Estaba ahí entre sus millones de fans. Lo miró . Estaba diferente. Los años no pasaban en balde. Era unas 9000 galaxias más atractivo que la última vez que se vieron, haciendo que abriera la boca de puro asombro.

-Eres tú? ¿Estás así?...Se que sigues ahí-le dijo a la foto del perfil.

Capítulo 2

Eliab nunca se arrepintió de sus actos. De alguna manera siempre planificó su vida y luchó por sus metas. Había que dejar algo en el camino . Un sacrificio adicional. Si alguien sabía de hacer tripas corazón, pues ese era él . Definitivamente sacrificó de más.

Cuando culminó la secundaria, su anhelo era pertenecer a las Fuerzas Especiales. Consideraba que disfrutó cada instante de su periodo de alistamiento. Lo otro. Comprobó en carne propia el enunciado que establece "La novia de secundaria, No es la novia de la Universidad, y La novia de la Universidad no es la esposa del profesional".

El mismo ,después de las vacaciones de verano, junto a su familia acompañó a Edna al autobús que la llevaría a la ciudad. Con una optimista sonrisa la abrazó muy fuerte, le dio un beso muy cálido , muy alegre la despidió; viéndo como ella dejaba correr dos lágrimas, contemplándolos desde la ventanilla del Bus.Ella Antes de subir al bus, se devolvió corriendo, se dieron un estrecho abrazo, otro beso para no olvidar y una silenciosa promesa de mantenerse firmes en su relación.

--Tengo miedo-- susurro ella en medio de sus brazos.

Edna llegó a la Universidad con la firme idea de graduarse de economista , volver al pueblo con sus familiares y volver a estar con Eliab. Por su parte, él se marchó días después al ejército a los 34 meses de intenso trabajo del servicio militar.

El sí cumplió su parte. Cada vez que podía se conectaba para hablar. Se mantenían en contacto por el whatsapp, telegram, zoom,duo,por mensajería de texto de facebook,twitter e Instagram.. Por correo electrónico. Poco a poco las cosas se fueron espaciando. Ella se cambió a una universidad más lejana. El participó en algunas acciones que le impedía comunicarse.

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Un día, estando de permiso, ya era un veterano sargento mayor de apenas 20 años; tenía una licencia por unos días, algo insuficientes para irse a su pueblo. Decidió compartir unas cervezas con sus compañeros de tropa. Todos orgullosos con sus boinas moradas, trajes camuflaje marrón y azul. Tomaban cerveza . Se reían de los avatares de los combates contra irregulares y narcotraficantes westonzolanos, y la asombrada expresión de bisoños reclutas al encontrarse de sopetón con un tropel de sargentos, apenas unos meses mayor que cualquiera de ellos..

Cuando algo en el televisor les llamó la atención. Una joven en un ceñido traje, muy sexy,maquillada trend asoka.


debutaba cantando música electrónica en un popular programa de variedades

debutaba cantando música electrónica en un popular programa de variedades. Se acercó a la barra para ver mejor. Era ella. Edna. Con otro color en su pelo, un corte diferente; era el delirio de las adolescentes. Una nueva estrella aparecía haciendo fuerte competencia en el cielo del público amante del K-pop. Anonadado entendió muchas cosas.El repentino silencio de sus compañeros de armas fue peor.Todos la habían contemplado en la foto con dedicatoria que ella se empeñó que el siempre debía guardar.

Ella jamás le quitó la etiqueta en Facebook, Instagram, Telegram, Twitter de "Mi único amor". Sin embargo, cada vez que veía sus redes sociales;era fotografiada con uno, otro, aquel y luego otro adicional. Los "Único amor" eran varios. No era él, el único a quien le dedicaban la frase.

Cuando terminó el servicio militar, ya era parte de un polvoriento y lejano recuerdo de un romance de adolescentes;de entender que no debía molestar, ni pedir explicaciones y continuar con su vida. Tenía la suficiente fuerza interior para aceptarlo y superarlo. Donde no fue abandonado, ni dejado de lado, fue por su querida granja, propiedad de su padre, donde cultivaban bledo,stevia y remolachas, para cumplir sus cuotas con una biorefinería central azucarero de la lejana metrópolis.

Pasaron lentamente los años. Varias veces fue llamado secretamente por el ejército para cumplir algunas tareas especiales. Más nunca comentó nada de ella, los sábados jugaba billar y compartía algunas cervezas con sus amigos de infancia; estos se la pasaban invitándo siempre a fiestas con la esperanza que ligara con una prima o hermana casamentera. Seguía siendo el mismo chico alto y fuerte, que no se rasuraba siempre, y era señalado como el primer novio de la portentosa chica que con un espectacular bikini los contemplaba, regalándo una sexy sonrisa desde la pared oeste del salón de billar.

Ese cuerpo fue de él. Fue el primero en deslumbrarse con la belleza de esos senos y amplias caderas, totalmente acorde dentro de su pequeñita estatura;cuando en la parte trasera de la vieja Subaru Legacy de su padre, hacían apasionadamente el amor, prometiendo no dejarse nunca. Él cumplió. Ella no.

Por los momentos, así parecía que quedaría. Era parte del 1800000 fans en Twitter e Instagram. Compartía con ellos un "Los amo a todos" que la deslumbrante celebridad enviaba semanalmente.

Por el recuerdo de esos días no vendería la quejumbrosa camioneta. Entendía igualmente era parte de su herencia. Su padre seguía joven. Sin embargo, había disminuido rápidamente de peso y no estaba bien. El diagnóstico fue demoledor, Cáncer en el páncreas con metastasis. Tenía que enfrentarlo. No podía irse del pueblo. Cumpliría hasta el final.

Su madre nunca la conoció; Ferdinand Ananiel jamás hablaba de ella..

Se estaba haciendo a la idea de tomar más en serio a Hogha. Una chica que no estaba para nada mal. Adicionalmente era la compañera ideal para un granjero. Sabía manejar a la perfección el Kat 350 4x4, era ruda cuando había que hacerlo. Temible bebiendo cerveza y él estaba a punto de descubrir que tan buena seria en la cama. Por lo pronto, era magnífica cocinando, no quedaba mal en unos atrevidos shorts y su pelo castaño en bucles le quedaba fantástico y además. ¿Por qué no?. Quería construir una familia y estaba lamentando sinceramente que su padre se iría sin contemplar unos nietos.

Hogha era invalorable en la ayuda a cuidar a Ferdinand y dar la apariencia que todo estaba normal. Una tarde de sinceridades, mientras su padre en silla de ruedas contemplaba el atardecer desde el pasillo cerrado del frente de la casa, él hizo varias promesas. No vendería la granja. No vendería la Legacy y no se quedaría solo.

Ferdinand aliviado le dio la mano en un apretón. Minutos después lo llevó al pequeño hospital. 2 días después murió.

I

Otros meses de la rutina de la labor agrícola, se cumplía un mes más de aniversario de aquellos días de extenuante vigilia, del velorio y entierro de su padre, a vivir la fría soledad de su casa. En ese viernes llovía a cantaros. Días grises de otoño. Había caminado por la orilla de la carretera, regresando de un corto viaje a la capital. Le renovaron su contrato. Le había mejorado las condiciones para el pago y apoyo para los sembradíos. Ya no podía solo con la granja. Debía contratar personal. A lo mejor Westonzolanos, quienes por un pan y un vaso de agua cada dos días, trabajarían como esclavos de Domingo a Domingo.

Aunque esa no era su intención. Era uno de los pocos que en el país los trataban con respeto y dignidad, defendiéndolos cuando la mayoría de las gentes los acusaban de flojos, ladrones y cobardes. Quizás fuera verdad; pero él no los humillaba ni despreciaba. Es que Edna era hija de inmigrantes Westonzolanos, en realidad era una Westonzolana nacida en el país. Su madre era una versión más espectacular de Maribel Guardia. El padre era un payaso risible , una mezcla de idiota con imbécil, que se la pasaba diciendo que la conspiración mundial, que la nueva Jerusalén estaba en Karakas y el capitalismo mundial estaba en guerra económica contra ellos que eran una superpotencia...

Seguro que sí. No pudo evitar sonreír bajo la lluvia...Eran una superpotencia en ignorancia, atraso, pobreza y miseria mental. Jeremías y sus otras idioteces, en general era una buena persona que sabía de todo y no sabía hacer nada. Sobre todo, era el padre de Edna y ya por eso le caía simpático y podía tolerar 5 minutos escuchándolo

Sin embargo, ese no era su problema por los momentos. En definitiva buscaría personal, Westonzolanos o no. Eso si era lo único que le importaba.

Salió de su abstracción al llegar empapado a su casa. Con un largo y cansado suspiro se quitó sus botas, con la firme idea de prepararse una Ovomaltina caliente y dormir como un bendito. Se daría el lujo de dormir hasta tarde. El tranquilizador recuerdo de la firma del nuevo contrato le permitiría un fin de semana sin angustia. Se recostó momentáneamente en el diván después de tomar un generoso sorbo de la taza con Ovomaltina. Acto seguido durmió instantáneamente. Indiferente a los relámpagos, al frío, la lluvia y la luz encendida de la sala; dormía a pierna suelta, cuando los toques en la puerta lo despertaron sorprendido.

Los toques continuaron. Desorientado se sentó en el sofá. Sin duda sus amigos querían comenzar el sábado temprano. Vio la hora. 3 y media de la mañana. Con cuidado se asomó a la ventana. Vio un lujoso auto que no conocía. Debía tomar algunas precauciones. Participó en varias operaciones contra Carteles, Contra bandas de atracadores de carreteras, contra estafadores y sicarios.

Si eran sus amigos estaba Dispuesto a darles un sermón. Quedó mudo de la sorpresa al abrir la puerta. En su alumbrado pasillo exterior estaba una bella mujer y una niña. En un principio no la reconoció. Luego la sorpresa lo dejó sin palabras. Cuando la vio por última vez tenía 17 años. Minutos después, y luego de 10 años, ella estaba sentada en la silla de panty de su sencillo comedor.

Edna no era ya la parte más preciosa de sus recuerdos. Era la parte más preciosa, real de su mirada, ella junto a la niña, quien lo contemplaba con la boca muy abierta, no dejaban a su vez de mirarlo.

Ambas tomaban la otra parte de la Ovomaltina que él no llegó a consumir y estaba bien fría en la nevera.

--No tenía tu teléfono. Ni siquiera sabía si estabas aquí. Espero no importunar a quien este en tu habitación. Es que no tengo a quien recurrir, y la verdad es que estoy en un gran lío-explicó con una genuina cara de angustia la bellísima mujer.

--ES muy bella tu hija-- atinó a decir, recostado del fregadero, al ver la niña. No se parecía a Edna.

Indiscutiblemente era preciosa y a pesar del cansancio se veía muy avispada; haciendo que la niña a pesar del trajín mostrará una amplia sonrisa ante el cumplido.

--En estos momentos si es mi hija- aclaró manteniendo su vista en él y dejando esa explicación para otra ocasión ,Por lo pronto,. Era el mismo chico...Solo que con una estructura de acero, sus penetrantes e insondables ojos negros y extremadamente varonil...Su mismo chico... Apartó con un gesto el pensamiento. Ya ella perdió cualquier derecho a pensar de esa manera.

--Ok.Algo debe suceder...contigo. Suponía que estabas en algún sitio entre Malasia y Dinamarca con tu carrera. -- dijo, siendo estrictamente casual. Ella sintió que estaba ahí, en guardia. Ella sabía que detrás de ese mecanismo de protección. Lo había impactado. Lo sintió así.


Continuara

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sábado, 3 de enero de 2026

Camino del Llano.Capitulo Final Final

Novelas Por Capitulos




# CAPÍTULO FINAL: LAS SOMBRAS DEL LLANO ETERNO El Llano no era solo una extensión de tierra bajo el sol implacable de la Capitanía General; era un ser vivo, respirando con un aliento fétido que se filtraba en los pulmones de quienes lo pisaban.

En 1565, cuando los españoles clavaron sus cruces en esta costa salvaje, no sabían que despertaban algo antiguo, algo que yacía dormido bajo la arena y los manglares. El aire era espeso, cargado de un calor que no provenía del cielo, sino de las profundidades, donde raíces podridas se enredaban con huesos olvidados.

Los colonos hablaban de eso en voz baja, alrededor de fogatas que parpadeaban como ojos nerviosos: el Llano te observaba, te juzgaba, y si encontraba en ti una grieta —un pecado oculto, un deseo reprimido—, se metía dentro y te pudría desde adentro. No era un lugar para los vivos; era un purgatorio disfrazado de paraíso tropical, donde el mal no llegaba con cuernos y cola, sino con susurros en el viento y sombras que se alargaban más de lo debido. Los esclavos mientras cortaban caña sentían una brisa fría, que helaba la carne a pleno medio día , haciendo quedar en trance a los más susceptibles...tomaban serpientes, perseguían a las mujeres.. se pagaban silenciosos con los ojos en blanco junto a las fogatas..

#@#@##@#
María Serena se despertó esa mañana —o lo que pensaba por mañana en el Llano— con un peso en el pecho que no era solo el hábito empapado de rocío.

El pequeño limonero sagrado se erguía a su lado, sus frágiles ramas bajas como brazos cansados, cargadas de frutos dorados que brillaban con una luz que parecía desafiar la niebla perpetua.No era normal. Ella lo había sembrados pocos días atrás... Era la protección a la tierra. Era alejar energías que traían hambre,guerras,seres codiciosos,mujeres impias.

Ella lo había protegido durante lo que sentía como una eternidad, pero el tiempo aquí era traicionero; días se fundían en noches, y los recuerdos se desdibujaban como huellas en la arena húmeda.
¿Cuánto tiempo había pasado desde que dejó el convento en la capital? ¿Años? ¿Siglos? No importaba. Los limones eran su carga, bendecidos por el Nazareno, capaces de curar el cuerpo y el alma, pero también de revelar verdades que nadie quería enfrentar. Y en el Llano, la verdad era siempre horrorosa. Ella no sabía —todavía— que era la única viva en este infierno. Lo intuía, los veia.
Los demás, todos ellos, habían cruzado el umbral hace tiempo, atrapados en una ilusión de vida orquestada por el mal que impregnaba la tierra. Eran ecos, fantasmas que repetían sus pecados una y otra vez, sin darse cuenta de que sus corazones habían dejado de latir.
El Capitán Sandoval, Chantal, el Alguacil Villarroel, los peones... todos muertos, pudriéndose en tumbas invisibles, pero caminando como si nada, impulsados por una fuerza que se alimentaba de su negación. El Llano los mantenía así: les daba forma, les prestaba aliento, solo para prolongar su tormento. Y ahora, todos convergían hacia ella, desde diferentes tiempos no coincidentes entre si, atraídos por los limones como polillas a una llama que los incineraría.

@#@## En la hacienda Rosa Negra, Chantal se miró en el espejo roto de su habitación. El cristal estaba agrietado desde hacía años —o eso creía ella—, reflejando un rostro que aún conservaba su belleza etérea, ojos verdes como lagunas estancadas, labios curvados en una sonrisa que no llegaba a sus ojos. Pero si se hubiera detenido a pensar, realmente pensar, habría notado que no sentía hambre, ni sed, ni el pulso en sus venas. Solo un vacío constante, un hueco en el alma que intentaba llenar con recuerdos de poder y seducción.
"Soy la dueña de esto"--, se decía a sí misma, mientras peinaba su cabello negro con dedos que temblaban ligeramente.
Recordaba —o inventaba— noches de rituales bajo la luna, donde ofrecía su cuerpo a sombras que prometían eternidad. Pensaba que era estudios de las matemáticas cuya ciencia dominaba y se les negaba a las mujeres de su epoca.

Había invocado y pactado con Ximena, esa entidad que no era mujer ni demonio, sino algo más antiguo, arraigado en la tierra indígena que los españoles habían profanado. Chantal creía que vivía para dominar, para corromper los limones y convertirlos en un veneno que la haría invencible. Pero en el fondo, un susurro le decía que algo andaba mal: ¿por qué el sol nunca calentaba su piel? ¿Por qué sus sueños eran siempre los mismos, repitiendo el momento de su muerte, ahogada en un pantano de rosas negras que la arrastraban al fondo?
No lo sabía. Nadie lo sabía. El Llano era maestro en el engaño, tejiendo ilusiones que se sentían más reales que la vida misma. Chantal salió de la hacienda, montando un caballo que cojeaba ligeramente —el mismo caballo que había muerto con ella en un accidente que nadie recordaba, una de sus tantas muertes ,que ella pensaba y sentía como una noche común de sueños—
. El animal relinchaba con un sonido hueco, como si sus pulmones estuvieran llenos de arena. Ella cabalgaba hacia el limonero, atraída por una compulsión que atribuía a su ambición, pero que en realidad era el Llano llamándola de vuelta a la nada.

De alguna manera recordó... Sus padres indignados al descubrir que sabía leer, que practicaba matemáticas, que hacía conjuros numéricos..Supo del aplastador... Lo libero y sentada bajo un árbol, mientras amaneció vio como el aplastador dentro de la casa eliminaba sirvientes y a sus padres... Cuando terminó salió al amplio corredor.Ella sonrió...lo conocía...Un hombre decente en un papel indigno

Luego apareció Ximena.
-- Seremos famosas con nuestros crimenes-- le dijo dándole un beso de sangre...Estaba hecho, era maldita entre las mujeres,depravada con Ximena, se burlaron del Joven Villarroel..

@#@#@# El Alguacil Juan Sota Villarroel estaba en los cañaverales, masticando un tallo seco que no tenía sabor. Su uniforme, raído y cubierto de polvo eterno, colgaba de un cuerpo que se sentía cada vez más pesado, como si la gravedad del Llano lo reclamara. Pensaba en Chantal, en su amor no correspondido, pero era una obsesión retorcida: visiones de poseerla, de quebrar su fragilidad en actos de violencia que lo avergonzaban y excitaban a partes iguales. Había vendido su alma —o lo que quedaba de ella— en una cantina abandonada, ofreciendo vidas inocentes a cambio de fuerza.Era un hombre apuesto, pudo conquistar a Chantal con esfuerzos propios.Pero tenía una autoestima baja y no encontró a nadie que le diera validación...Se vendió por eso.Por conquistar a Chantal.

Pero ahora, en las noches, soñaba con su propia muerte: una espada atravesándolo en una riña olvidada, su sangre mezclándose con la tierra. No fue asi.Murio de Rubeola, abandonado en su propia cama..Despertaba sudando, pero el sudor era frío, como el de un cadáver.
"Hoy la tendré",-- murmuraba, afilando su espada con una piedra que se desmoronaba en sus manos. No se daba cuenta de que sus pasos no dejaban huellas, de que los peones lo miraban con ojos vidriosos, como si vieran a través de él.



@#@#@ Los peones, esos sombras humildes, se reunían en los bordes del Llano, susurrando oraciones invertidas que creían eran rezos católicos. Cada uno llevaba una culpa enterrada: un niño sacrificado en una fogata para aplacar la sequía, una vecina maldecida por envidia, orgías en las que invocaban espíritus para olvidar el hambre. Estaban muertos desde hace generaciones, atrapados en el ciclo del Llano, repitiendo sus labores diarias como fantasmas en una rutina eterna









. El sol les quemaba la piel, pero no sentían dolor; solo un itch constante, un recordatorio de que algo faltaba. Miraban hacia el limonero con ojos hambrientos, convencidos de que los frutos les darían vida eterna, sin saber que ya estaban más allá de la vida.

#@#@# Y el Capitán Sandoval... ah, Sandoval era el peor. Su espíritu errante flotaba por el Llano, envuelto en el poncho ensangrentado que había sido su mortaja. Creía que investigaba, que su razón lo guiaba, pero sus pensamientos eran un torbellino de confusión. Recordaba batallas, violaciones, torturas en nombre de la Corona, pecados que había justificado como deber. En un sitio encontró una bella mujer.Prisionera?Víctima?Ximena lo había poseído, sí, pero él la había invitado, atraído por su belleza letal.





Ahora, en su no-vida, sentía una pasión insana por María Serena, una lujuria disfrazada de amor que lo consumía.
"La encontraré"--, se decía, mientras su forma etérea se deslizaba entre los árboles. No notaba que su espada no pesaba nada, que su corazón no latía. El Llano lo mantenía así, alimentando su ilusión de honor para prolongar su agonía.Buscaba imponer la ley, quería capturar el aplastador.Alma vendida,no entendía que era prisionero de una brujería de una no viva,no muerta que lo obligaba a asesinar.


#@#@ María Serena caminaba ahora, alejándose con el frágil l limonero en un pequeño portón,con los limones apretados contra su pecho.




El Llano se resistía: la hierba se enredaba en sus pies, el viento susurraba nombres de pecados que no eran suyos, y el cielo se oscurecía con nubes que formaban rostros deformados. Ella sentía el dread, ese miedo psicológico que se filtraba en su mente como humedad en una casa vieja. ¿Y si ella también estaba muerta? ¿Y si todo esto era un sueño eterno? Pero no; su pulso latía, su aliento empañaba el aire. Era la ancla de lo real en este mar de ilusiones.Su pies sangraban y le dolían, tenía hambre y frío .

@#@#@ Chantal la vio primero, desde lo alto de una colina que no existía en mapas.

"Allí está", --pensó, y su caballo aceleró, pero el galope sonaba hueco, como cascos sobre madera podrida. Al acercarse, Chantal sintió un pinchazo en el pecho: un recuerdo fugaz de su muerte, estrangulada por rosas que crecían de su propia garganta. Sacudió la cabeza, atribuyéndolo al calor. "
Se atravesó en el camino de la bella María Serena.
--Dame los limones, monja María Serena.Yo los cuidare", siseó, extendiendo una mano que temblaba.

-- Chantal.Dejame ayudarte Necesitas paz.Necesitas salir de esta carcel.
-- Me gusta así.Por que querría cambiarlo?.Se lo que quieres.No quiero el sueño eterno.
-- Todos necesitamos descansar en el sueño eterno.
-- Yo no soy "todos".Dame los limones.
-- Es lo que quieres?
-- Si.
-- Son dados por nuestro señor.Si le das un uso correcto el señor te bendecirá.
-- Y dale.Yo sabré en qué los usaré.-- repuso con expresión de fastidio Chantal.

María Serena la miró, con un suspiro le dijo.
-- Toma uno, el que quieras.
Chantal de precipitó, y tomando uno le dijo.
-- En realidad los quiero todos.

en ese momento, el limón que tomo Chantal brilló, revelando la verdad: Chantal era un cascarón, su piel agrietada como tierra seca, gusanos asomando por las grietas. Chantal gritó, pero no de dolor; de negación.
--- "¡No estoy muerta! ¡Soy eterna!.María Serena, tramposa,asesina.Quiero vida eterna.No muerte eterna---


Pero el Llano rio en el viento, y ella se desvaneció lentamente, su forma disolviéndose en niebla, consciente por fin de su estado, atrapada en un loop de horror eterno.
Villarroel surgió de los cañaverales, su espada alzada. "Te destruiré.Has asesinado al amor de mi vida", gruñó, pero sus palabras eran un eco. María Serena levantó un limón, y la luz lo iluminó: su cuerpo era un esqueleto envuelto en carne ilusoria, huesos rotos de su muerte en una emboscada. Él vaciló, tocando su pecho donde no había latido. "¿Qué soy?", murmuró, y el dread lo consumió: recuerdos de traiciones, de almas vendidas. Cayó de rodillas, disolviéndose en polvo que el viento esparció.


#@##
En la media tarde,casi de noche Los peones la rodearon en un claro, sus rostros demacrados.Olian a podridos,sus ojos vacios





Cantaban himnos torcidos.
-- Madrecita de mi alma, danos paz-- dijo uno de los hombres-- Necesitamos libertad.Necesitamos descansar.

Ella los miró.

-- Sabemos que te irás con los limones,y está tierra quedará sin paz,sin tranquilidad,envueltas en guerras y enfermedades.Antes de irte danos la salud de los limones

En silencio María Serena fue tocando los,uno por uno.Al toque de los limones, vieron su verdad: muertos en plagas, en hambrunas, en rituales fallidos. Gritaron al unísono, desvaneciéndose en sombras que huían al subsuelo. Sandoval fue el último. Su poncho flotaba, y se acercó con una sonrisa falsa. "

María Serena,lo miró con compasión.Ella había caminado mucho, en círculos,prisionera de esa tierra de terror.

--mi amor", dijo con sonrisa sombría,diabólica,enferma de depravación .Era Sandoval,el aplastador.

ella vio en rostro su malvada pasión : depravación. El limón reveló su muerte: ejecutado por sus propios pecados, colgado de un árbol. Él lloró lágrimas de ectoplasma, aceptando su fin, y se evaporó.



Ximena emergió entonces, no como un monstruo, sino como una presencia en el aire, un peso opresivo. Era el Llano mismo, la maldición ancestral. María Serena sintió su mente fracturarse: visiones de todos muertos, de ella sola en este vacío. Pero resistió, caminando norte,buscaría un puerto, Pero no se quedaría... Está tierra había perdido su proteccion @#@#@

Meses después, en el primer país independiente,de idioma diferente, los católicos no eran mayoría.Pero eran libres de practicar su fe.
La joven novicia hablando en latín hizo su confesion ante el sacerdote.. no la hizo en el sitio de confesión. Lo hizo sentada en la parte delantera de la iglesia, una mañana de bella primavera....

 («Bendíceme, Padre, porque he pecado. Mi última confesión fue hace meses en el llano de la Capitanía general..»  arrepiento de estos y de todos mis pecados».y abrió el corazón de sus recuerdos..

.......


El Llano no perdonaba a los vivos, y mucho menos a los que ya no lo estaban. Ese vasto páramo, ahora extendido en la imaginación febril de María Serena hacia las costas del norte, en las colonias inglesas de Maryland, era el mismo mal disfrazado: tierra húmeda y traicionera, manglares que susurraban secretos antiguos, y un aire cargado de mosquitos y dudas. Ella caminaba desde hacía lo que parecían semanas, o meses, o años —el tiempo se disolvía como niebla al sol—, con los limones dorados apretados contra su pecho, palpitando como corazones ajenos. Era la única viva; lo sabía ahora con una certeza que le helaba la sangre. Los demás —Chantal, Villarroel, Sandoval, los peones— habían muerto hace mucho, atrapados en ilusiones tejidas por el Llano, repitiendo sus pecados como fantasmas en una casa embrujada que nunca se derrumba. Sus mentes se negaban a aceptar la verdad: creían respirar, amar, odiar, pero eran solo ecos. El dread se filtraba en María Serena como humedad en una tumba: ¿y si el Llano la había atrapado a ella también? ¿Y si sus pasos no avanzaban, solo giraban en círculos eternos? Pero no. Sus pies sangraban de verdad, su hábito estaba raído por espinas reales. Ella era el ancla, la guardiana. Los limones la guiaban hacia el norte, hacia un lugar que había oído en visiones: una iglesia antigua en las colonias inglesas, fundada por jesuitas perseguidos, un refugio para católicos en un mundo protestante hostil. St. Ignatius, en puerto Copel, Maryland —el nombre resonaba en su mente como una plegaria.


Entendió que habían pasado muchos años.Esta edificación le indicaba que estaba cerca del siglo XIX...Está era tierra libre, nueve,viviría guerras, pero sería el hogar de millones.

Por muchos años Los muertos la perseguían en silencio.


El recuerdo de Chantal cabalgaba en un caballo espectral, su belleza marchitándose lentamente en su percepción ilusoria, susurrando promesas de poder que ya no podía cumplir. Villarroel acechaba en los pantanos, su espada oxidada cortando el aire vacío, negando el vacío en su pecho donde una vez latió un corazón. Sandoval flotaba como niebla, su poncho arrastrándose por el suelo, murmurando un amor que era solo lujuria podrida. Los peones formaban corros invisibles, cantando salmos invertidos que el viento llevaba como lamentos. Cada vez que uno se acercaba demasiado, María Serena alzaba un limón. La luz dorada revelaba su verdad: carne ilusoria agrietándose, ojos hundidos en órbitas vacías, recuerdos de muertes olvidadas —ahogados en rosas negras, apuñalados en riñas, consumidos por plagas rituales. Gritaban al reconocerlo, disolviéndose en polvo que el Llano absorbía de vuelta, solo para reformarlos más tarde. El horror no era la muerte; era la negación eterna. Ximena, la entidad primordial, era el Llano mismo: un peso en el aire, un susurro en la mente, prometiendo que todos estaban vivos, que la pureza de María Serena era la ilusión.
-- Dónde estás María Serena? Pregunto Ximena parada en medio del camino, a plena oscuridad.

Pero ella resistía, orando en latín, en español, en lenguas indígenas que los limones le enseñaban.

##$$# Al fin, tras cruzar ríos embrujados y bosques donde los árboles tenían rostros de colonos ahorcados, llegó a la costa de Maryland. El año, en su delirio, parecía 1641 —o quizás 1785, cuando reconstruyeron la iglesia con ladrillos de la capilla original. St. Ignatius Roman Catholic Church se erguía en una colina suave, overlooking el río, simple y austera: paredes de ladrillo rojo, un cementerio antiguo con cruces cubiertas de musgo, un edificio que exudaba historia de tolerancia frágil en una tierra de persecución. María Serena se arrastró hasta la puerta, exhausta. El interior era un santuario de paz relativa: altar sencillo, relicarios con fragmentos de los barcos Ark y Dove, vidrieras que contaban conversiones de jefes indígenas. Colocó los limones sobre el altar. Brillaron con una luz que disipó las sombras que la seguían. Los muertos llegaron por última vez, atraídos al umbral sagrado,no la habían perseguido.Ella los había traído en ese viaje , en el receptáculo que eran los limones sagrados del Nazareno. Uno a uno, nuevamente la luz los tocó: Chantal se desvaneció aceptando su estrangulamiento eterno; Villarroel, su traición; Sandoval, su ejecución; los peones, sus sacrificios. Ximena rugió desde el exterior, pero no pudo entrar —la tierra consagrada la repelía.

Así llegó un día María Serena, luego de ese ritual a la puerta de esa iglesia,que dios escogió para ella. María Serena se derrumbó ante la cruz. Un jesuita —o quizás un eco de Father White— la encontró. Los limones se integraron al altar, sellando su poder. Pero el dread permanecía: el mal no muere; espera allá lejos en el Llano, en los pantanos, en los secretos enterrados de las colonias. En un tierra que no encontraba paz...

Las almas de los malignos susurraban en el viento de Maryland, prometiendo regresar.
Ella sabía que su guardia nunca terminaría. La pureza en un mundo de muertos vivientes era la verdadera maldición eterna.
Y era así....Ximena camino por las calles de Puerto Tabaco y llegó a la Iglesia.Era medianoche.Sonrio.Rsperaria el amanecer.
-- Hace frío y caerá nieve-- susurro extendiendo su mano a la brisa.







Final total

lunes, 13 de octubre de 2025

La Esquina Parte C capitulo 5

Novelas Por Capitulos

—Dime que te irás conmigo a Miami. Dime que te irás conmigo a Miami —gemía Argelia, mientras se agarraba los senos, montada sobre mí, cabalgando con un hambre lasciva y desbocada. ambos dejando como un cuento infantil a blaked porn..

Cuando terminamos, sucedió lo que ocurre al beberse la segunda botella completa de whisky: llegan las confesiones. Argelia era licenciada en enfermería; había llegado con las misiones de ayuda social. También fue bailarina de ballet clásico. Ganaba seiscientos dólares, pero el gobierno le arrebataba quinientos cincuenta entre impuestos, alquileres y seguros. Ahora, bailando, era libre. Perdió su trabajo cuando las misiones colapsaron, y en el presente ganaba la bicoca de diez mil dólares mensuales, además de los cincuenta y seis mil ochocientos setenta y nueve orates que seguían babeando cada noche en el Tucán. Yo era el único que no había corrido tras Flor Silvestre. Tenía una relación con Argelia Luna.

Por eso le conté mi plan. Ella tuvo un ataque de pánico. Le expliqué que mi trabajo era peligroso, todo él. Esos bichos debían ser detenidos; usaban el negocio del vietnamita como refugio, y si los dejábamos, se harían cada vez más poderosos, poniendo en peligro la vida de las personas decentes del sector. Tenía que averiguar por qué hacían lo que hacían. Estaba convencido de que estaban vivitos y coleando.

—Tan vivos como tu cucharita y mi palito —le dije, con una certeza que me quemaba.

—¿Cómo lo harás? —preguntó, nada confiada, con el rostro desencajado y tragando saliva, mientras yo me ahogaba en su inmenso seno izquierdo, duro como el Himalaya.

—No te lo diré —respondí—. Una de estas noches lo haré.

—¿Y después? ¿Nos iremos a vender lechón asado a Miami?

—Difícil. Eso sobra allá. Pero, seguro, nos iremos a vivir a Miami.


Me preparé concienzudamente: mi nueva arma, ocho cargadores, mi celular, un micrófono de apoyo abierto todo el tiempo. Le di un juego de llaves a Argelia, pues terminé contándoselo todo. Convencí al vietnamita, y me permitió estar dentro de su negocio.

Solo cerré las puertas sin candados ni alarmas. La trampa estaba tendida. Solo faltaba que la presa entrara y cayera. Estaba convencido de que esos imbéciles querían espantar a la gente para convertir el lugar en su guarida, vender drogas, traficar autos robados, qué sé yo.

Mientras esperaba en la oscuridad, cavilaba sobre la información recibida. En todo sector hay un submundo nocturno: falsos mendigos, traficantes de drogas, prostitutas, taxistas que no lo son, ventas de comida podrida para borrachos, tratantes de blancas, prostitución infantil, chavistas, asesinos, exconvictos, contrabando, armas y rumores. Muchos rumores. Una galaxia de rumores. Escuché susurros y secretos: gente golpeada en callejones sin saber por quién; niños que no querían ir al colegio porque algo, en pleno mediodía y en medio de la multitud, los había aterrorizado; una mujer que aseguraba haber sido violada en el estacionamiento de la esquina a las cuatro de la tarde por un gordo pelón vestido con una sotana manchada de sangre, con una inexpresiva cara de nazi. También oí de un atracador que, tras recibir una paliza como la mía, se convirtió en sacristán de la iglesia de Jesús el Extraterrestre y no salía de noche ni por todo el oro del mundo.

Llevé horas agazapado en la oscuridad. Poco a poco, empezaba a sospechar que el vietnamita me había tomado el pelo. Miré la hora en uno de los relojes de exposición en los anaqueles: 2:05 de la madrugada.

De repente, el local se iluminó con un resplandor amarillo intenso. Todo cambió. Ya no estaba en el negocio; estaba en un mercado. Vi al Polaco detrás de una vieja caja registradora manual, casi a mi lado. Vi llegar a Pura. El hombre extraía antiguos billetes de cien bolívares y los dejaba caer a montones sobre su cabeza. Ella se reía con malicia, luego bajó su bella cara hacia las piernas de él. El Polaco comenzó a gemir estentóreamente, agarrando el largo y liso pelo de la adolescente, mientras subía y bajaba su cabeza con violencia.



“Te amo. Eres mi mujer…” —berreaba el hombre, convulsionando de placer.

“No… no… l, no…” —gritaba la muchacha entre chupada y chupada, como si aún quedara un rastro de resistencia en su voz rota.

Quedé paralizado.  asqueado. Como si el aire mismo se hubiese contaminado de pecado. La oscuridad volvió de golpe. Solo el latido denso de mi corazón reverberaba en mis sienes. Tenía que salir de allí. Tenía ganas de vomitar. Por eso sus almas no descansaban. Por eso aquella atmósfera densa como aceite. Se había cometido un pecado de proporciones bíblicas. Un pederasta y una niña —¿sin inocencia o devorada por el entorno?— vagaban en un limbo envenenado, haciendo daño. Esa fue, al menos, mi primera hipótesis.

Entonces la vi. En medio del pasillo: delgada, bella, imposible.

—Tú, idiota —dijo—. Te masturbabas en tu baño viendo una foto mía. No pudiste aguantar más y volviste. Sé lo que quieres. Quieres que haga lo que el polaco me hacía. Esa extranjera no te va a satisfacer como yo. Yo era una sweet babe, ¿Y qué? ¿Te duele saber que ella se ha acostado con un ejército entero y que contigo solo finge, porque no siente nada?

Pura me descubrió parada en el umbral, iluminada por la penumbra, mirándome con sus ojos imposiblemente verdes, brillantes como los de una criatura de otro plano.

Sentí la bofetada. Cuando la alumbré con la linterna, era horrorosa, pútrida. Me golpeó de nuevo, con una fuerza antinatural. Luego me escupió, una baba espesa, nauseabunda. Disparé dos veces, sin pensar. La alarma se activó. Veintiocho segundos después, el circo completo estaba armado.

Dos radiopatrullas. Argelia corriendo histérica, aún maquillada, con un mono negro decorado con estrellas amarillas, recién llegada del bar.



Gritaba mi nombre con desesperación, al ver las luces intermitentes a lo lejos. Apenas llegó, me preguntó si estaba bien, casi en llanto. Un grupo de borrachos trasnochados, salidos de quién sabe qué agujero, saludaban hipnotizados, extasiados ante el monumental trasero de mi amante, tan bello y perfecto como el de Kim Kardashian.

Mis agentes revisaron todo. Repartieron culatazos a diestra y siniestra, porque unos imbéciles habían intentado robar los equipos de sonido. Yo, mientras tanto, tuve que volver al apartamento y ducharme. Olía a cloaca. Me senté en silencio, la frente sostenida con ambas manos. Argelia lloraba sin parar.

No entendía lo sucedido. En mi memoria, como una película mal editada, la escena se repetía una y otra vez. No podía aceptar que El exorcista o La profecía fueran verdad. No podía decir nada en el precinto. Tenía que mantener mi versión: un par de malandros incitando al crimen, quién sabe por qué carajo. Pero yo sabía que, mientras tanto, dos espíritus, delincuentes y promiscuos, andaban por ahí cometiendo barbaridades.

Esa noche quise dormir con Argelia. Por supuesto que sí. Estoy muerto de miedo.


PARTE B

Cuando abrí los ojos, todavía era de madrugada. Dormí apenas unos minutos. Pura estaba allí. Parada al pie de la cama. Me observaba en silencio desde la oscuridad. Era ella. Pero ya no era ella. Era blanca y gris, como una estatua de sal maldita.

Cerré los ojos. Quise creer que todo era una pesadilla, como esas que uno tiene después de ver El exorcista remasterizada. Pero cuando los abrí, seguía allí. Estática. Su presencia era familiar. Casi como aquellas tardes después de las cuatro, cuando yo la visitaba y ella, entre pícara e ingenua, se reía de mí.

Solo que ahora no estaba viva.

Solo que ahora estaba podrida, con la sangre coagulada, mezclada con tierra, manchándole los jirones sucios de ropa.



Me correspondía levantarme, aunque sentía que el corazón me iba a estallar dentro del pecho como un animal atrapado. Tenía la certeza —no sé si inducida por la fiebre o el insomnio— de que mi mente me jugaba sucias tretas, pequeños teatros de locura. Aun así, me incorporé, ignorando sus susurros, intentando apaciguar la tormenta que arrasaba mis ojos, mi miedo, mis pensamientos y cada uno de mis pasos, que temblaban como hojas secas en un mausoleo.

—¿Sabías una cosa? —me susurró al oído mientras se deslizaba, etérea, dentro de la ducha. Su voz, como una caricia de vidrio. Me miró con gula, posando sus ojos en mi desnudez trémula. Yo no podía más que temblar, no del frío del agua, sino del espanto.

Mientras me vestía, comenzó a atormentarme con una meticulosidad casi ritual: opinaba sobre mis camisas, cuáles le gustaban y cuáles, con una franqueza cruel, despreciaba. Yo, por supuesto, no le respondí. No la complací ni por un instante. ¿Cómo habría podido?

—Me daba vergüenza decirte que hice algunas películas para adultos… y un OnlyFans, con bastante éxito. Sabía que tarde o temprano lo descubrirías. Estabas enamorado de mí… y yo, de ti —me confesó, como si nada, dentro del ascensor, frente a mí, con ese rostro suyo que parecía no conocer la culpa.

Me repetía sus comentarios mientras me abotonaba la camisa, como si cada palabra fuera un clavo más en la tapa de un ataúd que alguien —yo mismo, quizá— insistía en abrir.

—A mí me tenías aún más loca. Las lágrimas se me secaron cuando no volviste —proclamó de nuevo, ahora flotando levemente sobre la acera, en la parada del autobús.

—No podía creer que estuvieses detrás de mí, y se lo presumía a todas —añadió, asomada desde la ventanilla, acompañándome en silencio mientras el vehículo recorría los quince kilómetros hasta mi precinto, como una aparición melancólica que no sabe morir.

—¿Sabes? Una chica no puede decir que sí a la primera… y yo lo hice contigo —susurró al oído, su rostro junto al mío, reflejado en la pantalla azulada del monitor de mi escritorio.

—Me volví esquizofrénica, de celos, de angustia. Cuando te fuiste aquella noche y no volviste… El polaco descubrió mis videos: pornografía ilegal, interracial, explícita. Insistía. Me arrojaba dinero, que tanta falta me hacía. Pero le dije que te amaba. Y el estúpido… me mató. Solo tú puedes liberarme. No estoy viva. No estoy muerta —explicó, con una serenidad que helaba la sangre, mientras se transfiguraba en la chica preciosa que siempre fue. Cruzó sus piernas, delgadas, perfectas, sobre mi escritorio, y me sostuvo la mirada con una fijeza sobrenatural.

Me incorporé con violencia y corrí al baño. Me lavé el rostro con agua fría, como si pudiera limpiar la alucinación. Me miré en el espejo.

Y ahí estaba.

Dentro del espejo.

Me devolvía la mirada con ojos encendidos. Y dijo:

—Ahora puedo decírtelo sin miedo: sigo enamorada de ti. Siempre lo estuve. Y lucharé por ti. Me cueste lo que me cueste. Eres mío. De nadie más.

Su rostro se acercó al mío desde el otro lado del cristal, como si la superficie plateada fuera un velo delgado, quebradizo.

Huí del baño como un loco. Tropecé con todo. Al llegar a la oficina, fingí normalidad. Me senté, temblando. Un policía no debe tener miedo, pero yo…

Yo necesitaba ayuda psiquiátrica urgente.

Ayuda espiritual. Exorcismo, quizás.

Necesitaba a Argelia. Ahora.

Necesitaba salir de allí.

Estaba temblando con una fiebre que no era del cuerpo, sino del alma. Pura. Así se llamaba. La chica que amé. El recuerdo que jamás me abandonó… y que ahora ha regresado.

Está ahí.

Está ahí.


II


Por su parte, Argelia se consumía en la rabia por haberse enamorado de Stalin de una manera tan impetuosa, tan carente de reservas. Parecía una colegiala, entregándose por completo al primer encuentro. Pero Stalin no le había ofrecido la paz ni la seguridad que anhelaba. Esto cavilaba mientras se deslizaba en la somnolencia, habitando un mundo de tonalidades pastel, un limbo entre la vigilia y el sueño.

Era una ensoñación de una nitidez inquietante. Saltaba a la cuerda con Stalin, compartían barquillas de chocolate, sus risas resonando en una grama verde, inmaculada y recién cortada. Otra niña se acercó lentamente en el sueño, hasta que la frontera entre la fantasía onírica y la realidad de la habitación se desdibujó por completo. La dulce faz de la niña se transmutó en otra, marcada por la bilis y la fealdad, una mano cubierta de barro aferrando el rostro de Argelia, obligándola a abrir los ojos para comprender que estaba irremediablemente despierta.

Pura se abalanzó sobre ella en la cama, sujetándola con la fuerza opresiva de sus piernas, aprisionando con saña las amplias caderas de la bailarina. La mirada de Pura era un témpano de hielo, fría y furiosa, y su voz, un escalpelo helado, articuló:

—Primero fue sábado que domingo —dijo, apuntándola con un dedo índice blanco grisáceo, peligrosamente cerca de sus ojos, la uña larga y afilada como un bisturí—. Maldita. Tenías que venir a entrometerte entre nosotros. Pero déjame decirte que soy más bonita que tú, mis pies son más bellos que los tuyos, soy más joven, estoy muchísimo más buena y, por último, no me he entregado a toda una aerolínea de hombres como tú. Por lo tanto, eres más puta que yo —concluyó, con un gesto de obvia y cruel satisfacción.

Antes de que pudiera asimilar la última afrenta, Argelia emitió un largo y cálido flujo de orina, desvaneciéndose in situ. No alcanzó a escuchar el final del discurso, donde Pura le indicaba que se la comería viva, lentamente, si no cesaba en su intromisión entre ella y Stalin.

III

Propiamente, soy un policía administrativo, un burócrata más que un sabueso en el terreno. Siempre fui un espectador en los interrogatorios, a veces un mero ejecutor de alguna búsqueda equivocada. Por eso debía soportar las miradas cargadas de una comprensión forzada ante un caso de acoso donde la víctima se acostaba conmigo, la acosadora estaba enamorada de mí desde la adolescencia y llevaba incontables años muerta. Un laberinto de paradojas del que no podía articular ni una sola palabra a nadie; principalmente porque ni yo mismo lograba asimilarlo. Por eso el caso permanecía irresuelto; por la sencilla y escalofriante razón de que yo era la clave, la solución retorcida, pues la acosadora pretendía, para dejar todo en paz, que yo me fuera a vivir con ella, ya fuera a la quinta paila, o quizás a la décima, de un infierno que solo ella parecía conocer.

IV

Pero me gané un Oscar administrando el precinto. Instalé aire acondicionado integral, reparé seis patrullas Fotón Pick-up Turbodiésel que languidecían accidentadas en el olvido, audité uniformes, armas y municiones hasta la última bala. Implementé un nuevo sistema de computadoras en línea que resplandecía como una joya tecnológica en medio del polvo burocrático. Por eso, si decido investigar durante tres siglos mi único caso, nadie —nadie— se atreverá a decirme absolutamente nada.

Pedí un traslado. Mi comandante ni siquiera desdobló mi solicitud escrita. En cambio, con esa precisión japonesa que tanto aborrezco, convirtió mi petición en una perfecta pelota de papel y la lanzó al cesto de basura con la indiferencia de quien se quita una mota de polvo del hombro.

—Fuera de aquí y vete a trabajar —fue su inmediata solución a mi ruego.

Vendí mi viejo Maserati por internet; ahora conduzco un reluciente Mitsubishi Grand Lancer Diesel Eléctrico, que yo mismo me asigné de la dotación de la Policía Federal de Investigaciones. Es un vehículo que parece nacido para devorar autopistas. Pero mientras conduzco, no dejo de pensar en Argelia. Ganaba diez mil dólares trabajando en un bar de mala muerte. ¿Cómo era posible? Su apartamento era modesto y alquilado. O Argelia mentía, o era dueña del Tucán, o algún chulo poderoso la extorsionaba. Debía averiguarlo. También debía descubrir por qué Pura se volvía cada vez más fuerte, más visible, más sólida. ¿Argelia? ¡Por Dios!

Aceleré y llegué al apartamento en un santiamén. Al entrar, vi los destrozos: perfumes, cremas, talcos derramados y hechos añicos sobre el piso. Las paredes hablaban con furia: letreros garabateados con lápiz labial gritaban: “¡Puta! ¡Perra! ¡Déjanos en paz!” El típico estallido de una adolescente fuera de control.

Argelia yacía en la cama. Desde la puerta vi sus muñecas sangrando a borbotones, como si quisieran vaciarse de vida.

#@#@#@#@#@

Pasé toda la noche en la sala de emergencias del hospital, contemplando una factura que se llevaría todo mi sueldo de un año. Los médicos murmuraban algo sobre un intento de suicidio. Pero yo sabía lo que había ocurrido. La operación duró cuatro horas: implantes en las muñecas. Así terminaba Argelia su temporada de baile en el Tucán. Caminé silenciosamente detrás de la camilla cuando salió del quirófano hacia la sala de recuperación. Afortunadamente, Argelia tenía un seguro europeo de hospitalización, lo que me permitió respirar aliviado.

En el informe, los médicos fueron benevolentes. Quizá influyó el cañón de mi Glock 7.65 presionado contra la sien de uno de ellos. El diagnóstico de "intento de suicidio" fue cambiado rápidamente a "intento de homicidio por parte de un desconocido". Deseché la vigilancia policial. Yo mismo asumí la tarea. Solo yo puedo cuidar a Argelia. Solo yo puedo solucionar esto.

Parado en silencio, la contemplé bajo los efectos de los sedantes. Pálida, demacrada, casi tanto como Pura, pero bella. No hay forma de que Argelia pueda parecer fea. Salí al iluminado y solitario pasillo. Sabía perfectamente con quién tenía que hablar.

Salí a buscarla. No debía estar lejos. Allá, al final del pasillo, la encontré. De espaldas, mirando hacia el rincón. Afortunadamente, había una ventana. No quería que la cámara de vigilancia registrara cómo discutía solo.

Pura parecía contrita, su cara oculta tras su largo y lacio cabello negro.

—Esta vez te has pasado —le dije, tratando de controlar el temblor en mi voz, fingiendo rezar frente al cristal de la ventana.

—Estoy celosa —respondió sin mirarme, desde su rincón—. Muerta de celos. Dos veces. No soporto la idea de que estés con ella. Ella debe dejar de interponerse entre nosotros.

—Eres insaciable —repliqué con desprecio, comprendiendo a medias que estaba hablando con el vacío absoluto—. Tienes a tu polaco. Sigue acostándote con él.NY sin embargo, me hago a la idea de que a estos fantasmas... de algún modo, tengo que ponerles las esposas. Presentarlos ante un juez. Que rindan cuentas, como cualquier criminal, por hermosos que sean. Aunque la chica luzca como un sueño de juventud encarnado en carne resucitada. Aunque yo la haya amado con locura en otra vida, o en esta.

 Entonces, viendo la escena, me oriné en los pantalones. El miedo no es novedad para un policía. Pero este... este miedo era otra cosa. Yo puedo enfrentarme a delincuentes. Son peligrosos, sí, pero tres tiros bien colocados en la frente los vuelven razonables. Este par de súcubos, no.

Así que me inventé algo. Un expediente, una excusa, una causa judicial: los robos de cadáveres. Exhumé los restos de Pura y el Polaco, junto a los de los milicianos.

Los cadáveres de los milicianos estaban ahí.

El de Pura y el del Polaco, no.

Pasé horas en mi escritorio, sumido en un marasmo mental. Pensando. Pensando. ¿Súcubos? ¿Alucinaciones? ¿Realidad virtual? ¿Sugestión? ¿Hipnosis? ¿Computación 3D? ¿Deepfakes? ¿Qué clase de delirio racional se esconde detrás de esto?

Y, sin embargo... recordando esa escena… la verdad es que no lo sé. No entiendo. Creí tener el caso resuelto. No creo en brujas, ni en aparecidos, ni en el espiritismo de feria. Solo creía en mí. En mi Glock 7.65.

Y en las bestiales, interminables sesiones de sexo hambriento con Argelia.


III


**No se puede estructurar una relación entre cementerios y hospitales.** Prefiero la conexión entre fiestas, juegos de dominó, cerveza y bailes. Es algo más natural, más humano, aunque igualmente efímero.


Argelia lo entendió. Se recuperó bastante bien, aunque yo sabía —en el fondo de mi ser— que todo era para complacerme, para mantener vivo mi interés en ella. 


Ella reapareció en el Tucán con un lleno total, como si nunca hubiera estado ausente. Ofreció su "canto de los cisnes" en versión latinopornolesbiana, con un fondo musical de cumbia tecno y merengue sintético. El público la ovacionó, bailaron desenfrenadamente y gastaron a raudales en drogas y licores que desde la barra les vendíamos sin remordimiento. Yo estaba feliz, bebiendo cerveza tras cerveza, orgulloso de verla brillar en el escenario. Pues Argelia era, sin duda, la criatura más hermosa del local. Claro que, entre el público, el Polaco bailaba animadamente con una negrita voluptuosa, y Pura coqueteaba descaradamente con unos tipos de aspecto sombrío, posibles narcotraficantes, que no dejaban de mirarla mientras bailaban. Eso me inquietó profundamente. ¿Y si se la llevaban? ¿Y si la violaban en algún rincón oscuro del bar? Aquí, los malandros y los chavistas no creían ni en los vivos ni en los muertos.


Flor Silvestre cantó esa noche, evocando memorias que me catapultaron de nuevo a mi juventud. Sentí renacer mis deseos, mi amor por ella, y me sentí vibrante de vida de la cintura para abajo. Definitivamente, ella tenía la llave de mi corazón. En mi mente permanecía grabada la imagen de sus piernas, como una reliquia profana en lo más profundo de mi cerebro.


Entonces, no. No me voy a rendir. Que opinen lo que quieran. No sé cómo vamos a funcionar, pero lo intentaré de nuevo. Ni quinientas Puras podrán impedir mi relación con Argelia. Tengo grabada permanentemente la suavidad de su piel para inspirarme, para luchar.


--


###

 **IV


Salimos por la puerta trasera del Tucán, hacia el callejón entre galpones y solares vacíos de casas semiderruidas. La acompañé hasta la Baw, que relucía bajo la luz mortecina de un farol en ese oscuro y pestilente callejón. Miré con aprensión a todos lados. Ni el Polaco, ni Pura, ni ladrones ni asesinos acechaban en las sombras. Eso, pensé, era una buena señal.


La casa de Pura ya no existía, al igual que la mía. Ahora era un local de venta de repuestos para motores Dongfeng Cummins. Estábamos en medio del camino, pero eso no nos iba a detener.


Ambos estábamos felices, excitados, a pesar del cansancio que arrastrábamos. Queríamos hacer el amor de nuevo, aunque nuestras energías parecían flaquear. Mientras nos acercábamos a la luz de los reflectores del negocio, vimos a una pareja de adolescentes conversando junto a una puerta imaginaria. Los reconocimos de inmediato. No pudimos evitar detenernos, descendimos de la camioneta y alumbramos la escena con los faros, transformándola en algo casi onírico.


—¡Por Dios! ¡Qué bello eras! —exclamó Argelia, incapaz de contenerse ante la romántica escena que se desplegaba frente a nosotros. Era evidente que quería hacerme quedar mal.


Allí estaba yo, con mi blue jeans desteñido y mi franela militar, tomándole las manos a Pura en aquella noche fatídica que cambió nuestros destinos. Ella sonrió tímidamente, pero negó con una triste mirada mientras una lágrima descendía por su rostro virginal, también grabado en mi alma.


—¡Insiste! —gritó Argelia desesperada, dirigiéndose a mi alter ego—. Insiste. No te rindas. Dile que la amas.


Vi cómo mi otro yo se alejaba, triste y derrotado, perdiéndose en la oscuridad. Vi a Pura estallar en llanto. Era una escena que nunca presencié, porque en realidad no creo que haya sucedido.


Llegamos a la casa envueltos en un silencio denso, como el de los velorios en noches de lluvia.


—Ella te ama mucho —dijo Argelia con voz queda, los ojos húmedos de lágrimas—. Necesitas ayudarla. Necesitas liberarla.


---¡

«Más te amo a ti. Ahora sí sé que te amo a ti… Estoy enamorado de ti» —le dije a Argelia, estrechándola con una fuerza desesperada. Sé que debo liberarla, desatar este nudo que nos une. Pero no sé cómo. También sé que no fui sincero, que esta vez, de verdad, no lo fui. Si aquella noche hubiera retrocedido sobre mis pasos… Pura estaría viva. Yo jamás… pero jamás habría conocido a Argelia… es más… ni siquiera habría sido policía.

V

Busqué en la computadora al polaco, inserté su nombre: Sotyas Lisowski. Resultó ser un sacerdote expulsado por la Iglesia, la sotana mancillada por actividades pederastas. Drogaba a las niñas en el confesionario, profanando la santidad del lugar. Pura fue una más en su lista de inocencias ultrajadas. El hombre había escupido a Dios, dándole la espalda a lo sagrado. Me dispuse a ir a la archidiócesis, un último refugio en la oscuridad, debía buscar ayuda en la institución que había fallado. También averigüé que la madre de Pura era una devota practicante de la hechicería, acumulando denuncias como sombras. Su hija, sin duda, había absorbido el karma turbio de la madre.

El periódico, con una crueldad sensacionalista, colocó en primera plana la fotografía del pastor empalado en el techo de su iglesia, su cuerpo grotesco convertido en un macabro adorno. Un letrero inmenso, escrito con su propia sangre coagulada en la pared, gritaba: "POR ENTROMETIDO, MENTIROSO y METIÉNDOSE EN LA VIDA DE LOS DEMÁS". Esto tenía que tener un final, y pronto, antes de que la locura nos engullera a todos.

VI

Fui a buscar a los únicos que podían ofrecerme una ayuda verdadera, una luz en esta creciente oscuridad. En la archidiócesis me observaron y trataron como a lo que ya sé que soy: un loco. El monseñor no creyó ni una sola letra de mi relato, ni por un instante. Me despidió amablemente, recomendándome una legión de especialistas: un psicólogo para desentrañar mis delirios, un analista de conducta para catalogar mi demencia, un terapeuta sexual para mis obsesiones y un psiquiatra para medicar mi cordura perdida.

Al salir nuevamente a la calle, me sentí como al principio, solo con mi caso, un rompecabezas cuyas piezas se negaban a encajar. Dios sabe que luché contra el sentimiento de enamorarme de Argelia, contra esa fuerza insidiosa que me arrastraba hacia ella. Pero sucumbí. Ahora estoy nuevamente activo, aferrándome a la tenue esperanza de una vida normal. Para lograrlo, debo escapar de este caso, el más tortuoso que ningún policía desearía enfrentar.

Por eso, cuando desnudos, saciamos nuestra hambrienta y depravada necesidad sexual, ella se sintió obligada a confesármelo todo, como si la verdad fuera un exorcismo.

«Cuando llegué aquí, trabajé muy duro en el hospital Federal. Solo ganaba quinientos dólares al mes, comía en el comedor del hospital, dormía en el hospital, solo usaba los uniformes, pues el gobierno me descontaba cuatrocientos setenta dólares para enviarlos a Holguín. No quería vivir de esa forma, una existencia tan magra. Muchas enfermeras burlaban la vigilancia satelital, electrónica, policial, y escapaban a la esclavitud de Francia y Alemania. Lo raro es que sabían que serían esclavas en ese imperio, pero ninguna desertaba de Europa para regresar a su país de origen. Pensando que podía ser esclava del imperialismo capitalista salvaje de Japón, Taiwán, Francia, Inglaterra, decidí invertir en un negocio para poder escapar de esas prisiones criminales.

Pero en fin, tenía la idea de que eso era mejor que vivir en la libertad de Pyongyang. Un día vi los clasificados de los periódicos ilegales de la oposición. Vi el anuncio: "Excelente bar restaurante, magníficas ventas, gran ambiente". Una tarde de domingo fui hasta el sitio, después de viajar muchas horas. Era un portugués, amable y simpático. Hicimos negocio. Le di todos mis ahorros y quedé endeudada con diecisiete mil ochocientos dólares; tenía que pagar el crédito de unos seiscientos cincuenta dólares, más los empleados, más el alquiler, más los gastos fijos. Todo sumaba unos doce mil dólares al mes. Firmé ciega de alegría, ya que me veía esclava en Alemania. En la primera semana solo vendí setenta y cinco dólares, y al final del mes solo tenía en caja cuatrocientos dólares. Me habían engañado como a una tonta. Como era bailarina clásica, me vi obligada a bailar casi desnuda para obtener propinas y ser el objeto del sucio deseo de una cantidad de borrachos babosos, pero que me dejaban una fortuna en propinas. Me había enamorado tres veces en dos años y estaba muerta en vida hasta que llegaste tú a estropearlo todo. Peor aún, me dijiste después de hacerme sexo oral mortal que me dejaron las piernas temblando. Lo poco que me quedaba libre lo tenía que invertir en maquillajes y perfumes».

VII

Hice algunos cambios en El Tucán. Comencé a aceptar tarjetas de crédito y cheques conformes, incluso criptomonedas, esa moneda invisible que parecía sacada de un cuento de alquimistas modernos. Decidí servir almuerzos los domingos, atrayendo a una clientela diferente, familias buscando un respiro dominical. Instalé un televisor de pantalla plana, un ojo electrónico observando el mundo exterior. Los sábados proyectaba el boxeo y el fútbol ibérico e italiano, la pasión de multitudes, acompañados de cerveza Tecate y Budweiser heladas, el bálsamo de los espíritus exaltados.

Soy un policía administrativo, capaz de gestionar cualquier cosa, incluso el caos. El Tucán pasó de generar míseros cuatrocientos dólares al mes a unos razonables seis mil setecientos dólares mensuales. Quedaba bastante de las propinas generosas de Flor Silvestre y de las dos chicas prepago más que contraté para satisfacer los apetitos más… persistentes de los clientes que quedaban particularmente excitados por la presencia de Flor Silvestre. Simple economía de guerra, una lucha por la supervivencia en un mundo despiadado. La amenaza de la esclavitud en Finlandia y Alemania se desvanecía, y vislumbrábamos una existencia con auto, casa, comida abundante, luz eléctrica, todas esas comodidades que la vida parecía negarnos. A pesar de que el gobierno maligno se había ido, la gente sabía, con una certeza sombría, que el tamaño del cerebro del pueblo era infinitamente pequeño, comparado con el de una hormiga, y que aquellos que habían destruido la nación anteriormente podían volver a gobernar en cualquier momento, como sombras que regresan de un pasado putrefacto.



VIII

Fueron veinte días de una calma engañosa, una tregua en la tormenta. Pura no aparecía por ninguna parte, como si la tierra la hubiera tragado. Comenzamos a cimentar algo parecido a una rutina, a planificar un futuro incierto, a disfrutar de películas en Netflix hasta bien entrada la mañana y a bailar solos, desnudos, después de perder el tiempo en ociosidades en la sala de la casa, buscando un consuelo efímero en la intimidad.


---


**Dormíamos abrazados, felices, como si el mundo pudiera detenerse en ese instante.** Pero el celular repicó violentamente, arrastrándome de vuelta a la realidad.


—¡Me debes explicaciones! —dijo la voz indignada y agitada de Pura desde el otro lado—. Se supone que el respeto a la pareja es lo máximo, lo esencial en una relación.


No contesté. Colgué. El celular de Argelia comenzó a sonar; lo apagué. El mío también volvió a repicar, pero hice lo mismo. Apagué todo. Sin embargo, mi computadora se encendió sola, mostrando un mensaje. El televisor también cobró vida, como si una fuerza invisible lo controlara.


En la pantalla apareció Pura, cantando con una voz que parecía surgir de las profundidades del tiempo:


> **Llegaste tú,**  

> Hundida yo estaba, ahogada en soledad.  

> Mi corazón lloraba de un vacío total.  

> Todo lo intenté, por donde quiera te busqué.  

> Eras tú mi necesidad.  

> Triste y desolada, ya no pude soportar.  

> Más desesperada era imposible de estar.  

> Todo lo intenté, por donde quiera te busqué.  

> Eras tú mi necesidad.  

> Alcé mi rostro y...


No pude evitar mirar a Argelia. Se había despertado y estaba sentada en la cama, mirando fijamente el televisor. Su rostro reflejaba terror, pero no por la letra de la canción. Era por lo bien que Pura cantaba. Cada día sacaba un arma diferente, una nueva forma de atacar. Me vi obligado a colocarme frente a la pantalla, bloqueando su imagen.


—¡Mi vida! ¡Mi amor! —exclamó Pura extendiendo sus brazos hacia mí, como si estuviera en un escenario—. ¿Por qué me huyes? ¿Por qué no terminas de aceptar mi amor?


—Mañana, a las dos y media, vamos a hablar —le dije, sintiendo mi corazón a punto de colapsar. Esta nueva Pura, vestida en tanga, estaba de lo más seductora. ¿Cómo pude haberla ignorado?


—¿Es una cita? ¿Me vas a visitar? —preguntó con entusiasmo—. ¿Vamos a hablar como amigos? ¿Como novios?


—Vamos a hablar —respondí retrocediendo del televisor.


Pura salió de la pantalla, caminando normalmente por la habitación. Se acercó a mí, metió la mano en mi pecho. Era una mano cálida, viva, y me susurró al oído sin mirarme:  

—Esto es mío.


Luego caminó hacia la ventana, giró completamente su cabeza y dijo:  

—Chao, mi precioso. Estaré bella para ti. —Y antes de saltar por la ventana, lanzó un beso hacia mí. Flotando desde afuera, se dirigió a Argelia:  

—Escúchame, puta. Búscate otro, que este tiene dueña desde hace años… y soy yo.


---

IX


Decidí que Argelia se quedara en el apartamento de las chicas prepago. Sabía que algo tramaba Pura.  


Al día siguiente, a las dos y media de la mañana, llegué a la esquina. La misma escena: el Polaco en medio de la calle, chorreando sangre. Pura tirada boca abajo junto al poste. El rugido inhumano resonó en el aire.  


—Vengo por las buenas. Vengo a hablar. Dile a este payaso que se vaya —dije, tratando de dominar el temblor de mi cuerpo. Tenía asco. Tenía miedo. Pero no quería irme de ahí.  


—Ya sé —dijo el Polaco, levantándose de entre la pegajosa sangre mientras se introducía lentamente en la pared con gesto de fastidio.  


Pura se levantó, inmóvil hasta ese momento con los ojos fijos en el infinito. Me miró desde su grisácea palidez y, con entusiasmo, extendió sus brazos hacia mí:  

—¡Bésame, quiéreme, abrázame, muérdeme, golpéame! —exclamó, ofreciendo su boca para recibir un beso.  


—De verdad que no te imaginaba así —se me escapó, molesto por esta muerta tan empalagosa, alejándome instintivamente de su cuerpo pegajoso.  


—Una aprende con el tiempo —respondió, cruzando los brazos ofendida en su orgullo al darse cuenta de que no iba a besarla ni abrazarla—. He aprendido mucho viendo lo que le haces a esa perra. Haces cosas que no me imaginé ni en mis películas... ¿Sabes algo? No todo en el cine porno es real. Hay muchos trucos y escenas simuladas.  


—¿Me espías?  


—En cada momento. Te cuido en todo lo que haces. Estoy lista para que lo hagamos.  


—Quiero resolver esto. Voy a darle la solución final a este acoso —le dije, con gesto de cerrar definitivamente el asunto.  


—¿Quieres resolverlo? Yo quiero lo mío. No te pido que la dejes. Soy civilizada y creo que podemos funcionar. Hasta un trío haremos algún día. No voy a matarla. De hecho, estoy dispuesta a deshacerme del Polaco. Pero ahora te digo que sí: quiero ser tu novia.  


Se acercó peligrosamente a mí, sacando una lengua bífida de casi un metro.  


—Es muy tarde para eso —respondí, paralizado de terror.  


—Nunca es tarde. No estoy viva, pero tampoco estoy muerta. Pero te deseo, te amo, te adoro. Mi cuerpo tiene ansias de sentir. Tú puedes hacerme sentir.  


—¿Qué pinta el Polaco en todo esto? —pregunté, retrocediendo, sintiendo mis rodillas hechas de papel.  


—Es complicado. Aunque no lo creas, y a pesar de ser de día, fue una especie de abertura cósmica espiritual. Si hubiera sido positivo, habría sido el instante perfecto para jugar a la lotería y ganarse el primer premio del Lotto de California. En fin. Ese día se me salió decirle que estaba enamorada de ti. Cuando vinieras, te daría mi "pepita" de regalo. Resultó que no se puede jugar con todos los hombres. Este idiota creía que, como me daba regalos y dinero, ya era de él. Estoy confinada a esta esquina y sus alrededores. Debí traerte y matarte en una de esas brechas: sobrenatural, luna llena, manchas solares... Total. Pero no tuve valor para hacerlo. Me lo debes. Es karma. Destino. Respuesta espiritual.  


—¿Y la porno sobrenatural? —pregunté, fascinado a mi pesar por su belleza sobrehumana. 




No tienes idea de las cosas que tengo preparadas para ti —susurró, acercándose, sin caminar, deslizándose como un espectro—. Sabes que solo tú puedes liberarme.

Se detuvo frente a mí, cara a cara. Su rostro era normal, terso, juvenil, vivo. Demasiado bello.



continuara

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