# CAPÍTULO 3
## LOS HILOS DE UNA INVESTIGACIÓN INÚTIL
Mei Lin nunca había sentido el peso de una insignia como si fuera un taladro en el hombro. Veia las imponentes luces nocturnas de Shanghai. Entendiendo que si se veia una ciudad moderna de China, ya las habia visto todas. Tambien estaba suponeindo que o tenia hipotiroidismo o quien sabe que. Tenia deseo de tener sexo y a la vez no lo tenia..De lo que si estaba segura es que Thomas en menos de pocos minutos la habia he ho sentirse viva. No le gustaban los extranjeros.Pero casi que se quitaba el blomer al verlo..Y estaba mas que seguro que Thomas le fracturaria cada uno de sus huesos...Se extremecio..Varias chicas de la calle le habian dicho que los africanos y latinoamericanos tenian unos aparatos que las dejaban de hospital..y eso queria..que la dejaran de hospital.
En Shanghai Tmbien llovía cuando salió del cuartel esa mañana. No era lluvia sino neblina cargada de sal y ozono, la misma que había estado acompañándola durante los últimos siete meses, desde que le asignaron el caso del Banco Central Digital del Pacífico en Hong Kong y que de alguna manera se le atravesaba ahora. Un nombre pomposo para una entidad que no aparecía en ningún registro fiscal, pero que movía dinero. Mucho dinero. En cifras que hacían que hasta el capitán Chen, su jefe directo, se limpiara las gafas con la manga cada vez que le entregaba el informe.
Era un fantasma. El banco funcionaba. Hacía transferencias. Emitía cartas de crédito. Pero no existía. Nadie sabía dónde estaba su sede, ni quiénes eran sus accionistas, ni por qué razón tres fundaciones benéficas diferentes recibían donaciones mensuales desde cuentas que se borraban solas una vez que llegaban al destino final.Mucho menos el porque la burla del noombre
—Está bien, Lin —le dijo Chen la semana pasada, sin mirarla a los ojos—. Ve a Shanghái. Coordinación con la policía local. Hay indicios de lavado que podrían estar relacionados.
Sabía lo que significaba. Chen estaba harto de ella. Harto de las horas extraordinarias, de las reuniones que no llevaban a nada, de los hackeos que no eran hackeos porque no quedaban rastros en los servidores. Le había dado un caso imposible y ahora lo estaba mandando lejos, a una ciudad donde las autoridades locales la tratarían como intrusa.
Dos policías chinas que se odian. Eso es exactamente lo que eran y ella ya habia sufrido bastantes desprecios en pocas horas..
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La joven se dispuso a dormir en el impersonal cuarto de visitantes del cuartel de policia de Shanghai
Recordo su aartamento, es mas , lo añoro, siempre su apartamento estaba desordenado. No el desorden de alguien que vive solo y no tiene tiempo. Era el desorden de alguien que había dejado todo tal cual estuvo la última vez que tuvo ganas de arreglar algo, y luego no volvieron a surgir ganas.
Ropa tirada sobre una silla. Tazas vacías con anillos marrones alrededor. Libros apilados en el borde de la mesa de noche, peligrosamente inclinados. En la pared, un póster de Jane Fonda en *Klute*, y debajo, una foto enmarcada de ella a los veinticinco, recién graduada de la academia, con una sonrisa demasiado amplia para el marco.
Ahora con un cansado suspiro Mei se quitó la chaqueta de la policía y la arrojó sobre el sofá. Se sirvió vino directamente de la botella. Bebió tres tragos seguidos, rápido, sin pensar. Luego dejó la botella en la encimera y se quedó parada mirando la televisión apagada.
No recordaba cuándo fue la última vez que alguien la había tocado con intención. No con intención médica, no con intención administrativa. Con intención. Podría haber sido hace dieciocho meses, en Singapur, un hombre con quien compartió tres copas antes de subir al piso trece del hotel Ritz. O podría haber sido hace dos años, en Tokio, un trader japonés con manos largas y ojos que pedían permiso incluso cuando sus labios decían lo contrario.Era un tipo bello. La desgracia de toda policia bonita y sola..rodeada de hombres y eneamorandose de delincuentes cada uno mas apuesto que el otro.
Había dejado de contar.
Ahora tenía treinta años, una placa y un apartamento que olía a café viejo y a soledad ácida. Y una misión: iestar en Shanghai y no volver hasta tener respuestas. O sea, casi que nunca
Su jefe se había olvidado, o había hecho como que se olvidaba, de decirle cuándo debía regresar.
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El detective Zhang tenía cuarenta y dos años y una cicatriz en la ceja que hacía que sus gestos parecieran permanentemente amenazantes.
—Detective Lin —dijo, tendiéndole una mano dura—. Como estuvo su primera noche en Shanghái?.
Ella no correspondió el apretón.
— Bien. Muy agradecida de su cortesia. Realmente la habitacion de visitantes del cuartel es excelente.
Zhang sonrió. Fue una sonrisa sin dientes.
— Bueno. Vamos a empezar. El departamente me ordeno que le de todas las facilidades y le damos juridisccion.
ella agradecio la cortesia. Realmente lo era.
Se sentó. Le entregó una carpeta con fotografías. Tres imágenes de alta resolución, impresas en papel fotográfico: una joven asiática en un parque rodeado de paraguas negros, la misma joven leyendo un folleto en un café, y la misma joven caminando junto a un extranjero alto, rubio, de perfil elegante.
—Esta es Zhou Yue, al menos suponemos que este es el nombre que utiliza aqui. Ya ayer se la enseñamos. Vamos a tratar de profundizar y continuar —dijo Zhang—. Apareció en nuestro radar hace seis meses. Primero en el mercado soltero de Jiading. Siempre va, coloca un cartel, no tiene familia que la presente. Estamos convencidos que es un codigo.Sencillo, efectivo.Nadie se le acerca. Luego en un café en Hongkou. Ahora está con este extranjero. Thomas Salazar.
Mei levantó la vista de las fotos.
—¿Extranjero de dónde?-- mintio. Sabia que la policia lo tenia investigado.Y que la policia ya sabia que en la primera noche ya ella habia hablado con el.
—Latinoamericano. Colombia, Venezuela, Perú. Algo así. Trabaja en importación de tecnología, maquinaria usada.Realemente el tipo no ha hecho nada malo. Pero esa reunion con ella..fue incoveniente..
—Y ustedes piensan que Zhou Yue es de...
—De Pyongyang —dijo Zhang, como si lo hubiera ensayado miles de veces—. Tenemos fuentes que indican que pudo haber recibido entrenamiento en Corea del Norte. Luego pasó por Vietnam, China continental, y ahora está en Hong Kong. Podría estar vinculada a operaciones financieras ilícitas. El banco digital del Pacífico podría ser una fachada para inteligencia.A veces desaparece..Es posible que vaya a esuropa.
Mei frunció el ceño.
—¿Inteligencia?
—O tráfico. O algo peor. No sabemos todavía.
Miró las fotos otra vez. Zhou Yue era bellísima. Tenía esa belleza que no pide permiso, que simplemente ocupa espacio. Y Thomas... Thomas era otro tipo de cosa. Alto, bien vestido,muy hermoso por no decir obsenamente bello..un maldito entre los malditos. con la postura de alguien que sabe que es deseado y que ha hecho de eso una herramienta.
—¿Qué quiere que haga? —preguntó Mei.
—Encuéntralos —dijo Zhang, sabiendo que en horas ella y Thomas se encontrarian una vez mas—. Y no les digas que somos nosotros quienes los estamos siguiendo.
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Sintio el pequeño golpe en su cabeza. Con agilidad giro su rostro.Nadie.Millones de personas caminando.Las bellsismas jovenes de Shanghai y sus imposibles modas de vestir.
La primera pista fue una servilleta. La muchacha decidio tomarse un cafe en una maquina expendedora.
Miro al suelo. Una pequeña bola de papel... Estaba arrugada, con marcas de tinta azul, y sobre ella cinco líneas escritas con letra precisa. Numérica. Geométrica.
1. Lunes, nueve, Puente Waibaidu
2. Destruye el teléfono antiguo antes de medianoche
3. Di en voz alta: *El pez siempre vuelve al agua*
4. Deja intacto el libro en la estantería número cuatro
5. Espérala. No la busques.
Mei sostuvo la servilleta bajo la luz del fluorescente. Su mano tembló ligeramente.
Esto no era una pista. Esto era un ritual. Ella no tenia ningun telefono viejo.En un puente no hay libros....
Volvió al cuartel sin avisar. Abrió el archivo digital que Zhang le había dado, buscó registros anteriores de Zhou Yue, y ahí estaban: huellas digitales parciales, grabaciones de audio incompletas, registros bancarios que desaparecían antes de que pudiera copiarlos. Pero lo más inquietante fue encontrar un mensaje en su bandeja de entrada, fechado tres días atrás, que decía:
*Thomas sigue instrucciones. Confianza ciega. Nivel de peligro: desconocido.*
El remitente era anónimo. El dominio del correo: @proton.me.
Mei sintió que algo se le abría en la cabeza. No era paranoia. Era una certeza fría, quirúrgica: que Thomas no estaba jugando contra ella. Que estaba jugando en otra liga.
--- Ese idiota no sabe en que esta metido--indico la joven a nadie.
La reunión con Thomas ocurrió por casualidad. O porque no fue casualidad.
Mei lo vio en el vestíbulo del hotel Shangri-La, con un traje azul marino y una copa en la mano. Había hablado con el recepcionista, fingiendo ser una amiga de un cliente. Le habían dicho que estaba en el piso catorce, en una suite.
Él se dio la vuelta cuando ella entró. La miró. Sonrió. Fue una sonrisa de cortesía, de esas que los hombres usan cuando saben que están siendo observados.
—¿Buscas algo? —preguntó Thomas, en chino perfecto.
Mei sintió el calor subirle a la nuca. No era atracción. Era ira.
—Una persona que tiene un ego insufrible.
—¿Cuál?
—Zhou Yue.Sabes quien es.No te hagas el niño perdido.
Thomas dejó su copa sobre la mesa. Acerco su rostro lento, consciente de cada centímetro que recorrió aspirando el aroma de su cuello. Mei era bella hasta sin maquillaje.
—¿Y qué tienes planeado hacer cuando la encuentres?
—Arrestarla.
—¿Sabes qué significa eso? Estas en Shanghai .No puedes arrestar a la gente porque se te da la gana. La estoy empezando a conocer.Es una tipa que le faltan bastantes remaches en el cerebro. Pero no creo que sea peligrosa.Que vas a romper algo que ya está roto —dijo Thomas—. Y vas a hacer que algo más se rompa contigo.
Mei no respondió. Thomas se acercó un paso más. Ella retrocedió, instintivamente. Él no la siguió. Solo se quedó parado, con los brazos colgando, los hombros relajados, la mirada fija en sus ojos. Se maldijo un millon de veces a si misma, pero se sintio desfallecer en los brazos de thomas, se puso humeda y se maldijo mil millones de veces..le sonrio..le sonrio..maldita sea le sonrio.....
—Tú no entiendes el juego —dijo Thomas inmerso en su teoria de estar en un reto tik tok y supuso que tenia que darle dramatismo a la cosa—. No todavía.
Luego se fue. Sin mirar atrás.
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Esa noche, Mei no pudo dormir. Se sentó en la cama con las piernas cruzadas, el móvil en una mano, la servilleta en la otra. Leyó las cinco instrucciones tres veces. Pensó en todas las formas en que podía usarlas. Pensó en todas las formas en que podían ser una trampa.
Pero lo que no pudo borrar de su cabeza fue la última línea.
*Espérala. No la busques.*
Y algo dentro de ella, algo que llevaba horas sin decir nada, le susurró:
*Quizás ella también te esté esperando.*
A las tres y cuarenta de la madrugada recibió un mensaje. Número desconocido. Un prefijo que no reconocía.
Abrió el mensaje. Una sola frase:
*Mañana. Café. 10:00. Trae el pasaporte.*
Y debajo, una foto. Era la misma Zhou Yue, pero esta vez con otra cara. Más joven. Menos cansada. Y al lado, una inscripción:
*Operación Dragón. Clase IV. Estado: activo.*
Mei dejó el teléfono sobre la mesita de noche. Se acostó. Apagó la luz. Y por primera vez en años, se dio cuenta de que no quería que nadie la encontrara. Quería que la buscaran. Quería que alguien la descubriera.
Porque quizás, en algún lugar entre las mentiras, había algo que valía la pena descubrir...
Vio una serie coreana..Todo por culpa de ese idiota que ni siquierta llego a sentirlo,,mientras bufeaba y decia idioteces encima de ella....pero en fin..se dio cuenta que las series coreanas transmitian lenuguajes subliminales..codigos de acciones..de todo entre tramas..y se dispuso a ver una que casi la hizo reir....
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