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jueves, 5 de junio de 2025

El Corazón de Jade Libro III. Parte B capitulo 3

Novelas Por Capitulos



Viene del Corazón de Jade III Cap 1 y 2





Capítulo 5: La Fábrica Imposible

Capítulo 5: La Fábrica Imposible

La noche había caído sobre la provincia de Yunnan, trayendo consigo un frío que calaba hasta los huesos. Mei Lin, Wei Li y Ye Ye avanzaban sigilosamente por un sendero apenas visible que serpenteaba entre los árboles nevados. La luna llena, parcialmente oculta por nubes ocasionales, proporcionaba suficiente luz para guiar sus pasos, pero también creaba sombras inquietantes que parecían moverse con vida propia.


"¿Estás segura de que este es el camino correcto?", susurró Wei Li a Ye Ye, quien lideraba la marcha con sorprendente confianza para alguien que parecía tan delicada

"¿Estás segura de que este es el camino correcto?", susurró Wei Li a Ye Ye, quien lideraba la marcha con sorprendente confianza para alguien que parecía tan delicada.


"Completamente", respondió ella sin volverse. "He usado esta ruta muchas veces para visitar a Ken en secreto. Los guardias de mi padre nunca la vigilan porque creen que es impasable durante el invierno".


Mei Lin, que cerraba la marcha, mantenía todos sus sentidos alerta. Había insistido en dejar a Zhao Yun en la mansión, a pesar de sus vehementes protestas, argumentando que alguien de confianza debía quedarse para vigilar a la princesa Mei Xing. La verdad era que no quería poner al capitán en una posición donde tuviera que elegir entre su lealtad a ella y su deber hacia la provincia. Además, después de la revelación de la princesa sobre La Espada Oxidada, no estaba segura de en quién podía confiar plenamente, aparte de Wei Li. También en darle oportunidad que hablarán, que pudieran darse una oportunidad.. una princesa joven,bella,poderosa y soltera...No era para ser despreciada.


"Estamos cerca", anunció Ye Ye, deteniéndose en un pequeño claro. "Desde aquí podremos ver la fábrica".


Los tres se acercaron al borde de un acantilado que se abría ante ellos. Lo que vieron los dejó sin aliento.


En el valle debajo, lo que debería haber sido un paisaje natural intacto en la China del siglo XVIII, se alzaba una estructura que desafiaba toda lógica histórica. Era una comUbinación imposible de arquitectura tradicional china y elementos futuristas: un complejo de edificios con techos curvados típicos de la dinastía Qing, pero construidos con materiales que brillaban con un resplandor antinatural. Torres metálicas se elevaban hacia el cielo nocturno, y de ellas emanaban ocasionales descargas eléctricas que iluminaban brevemente todo el valle.

Torres metálicas se elevaban hacia el cielo nocturno, y de ellas emanaban ocasionales descargas eléctricas que iluminaban brevemente todo el valle

"Por todos los algoritmos cuánticos", murmuró Wei Li, olvidando momentáneamente su audiencia del siglo XVIII. "Eso no debería existir en esta época".


"Y sin embargo, ahí está", respondió Ye Ye con amargura. "Mi padre lo llama 'El Nexo'. Dice que es el futuro, pero yo solo veo destrucción".

Mei Lin estudió la estructura con atención profesional

Mei Lin estudió la estructura con atención profesional. Como experta en artes marciales y en infiltración (habilidades que había perfeccionado en sus aventuras anteriores), estaba evaluando posibles puntos de entrada.


"¿Dónde mantienen prisionero a Ken?", preguntó.


Ye Ye señaló hacia un edificio más pequeño, separado del complejo principal.


"Allí.En el cuarto mágico ( Es el laboratorio de investigación entendió Wei Li) Mi padre lo mantiene aislado del resto de trabajadores porque dice que sus conocimientos son demasiado valiosos... y peligrosos".


"¿Y la seguridad?", inquirió Wei Li, también analizando la situación.


"Guardias armados en todas las entradas principales", explicó Ye Ye. "Pero hay un acceso de mantenimiento en la parte trasera que solo usa el personal de confianza. Tengo una llave".


"Impresionante", comentó Wei Li. "¿Cómo la conseguiste?"


Ye Ye sonrió levemente, un gesto que transformó su rostro normalmente serio.


"La robé del escritorio de mi padre mientras dormía la siesta. No es tan difícil engañar a un genio cuando ronca como un oso".


Mei Lin no pudo evitar sonreír. Había algo refrescante en la determinación práctica de Ye Ye, tan diferente de su apariencia frágil.


"Bien", dijo, tomando el mando naturalmente. "Entraremos por ese acceso, liberaremos a Ken, y luego investigaremos qué está haciendo exactamente Lai Chong con toda esta.mahia hechiceria..m.. tecnología".


"Y cómo está relacionado con La Espada Oxidada", añadió Wei Li en voz baja, para que solo Mei Lin pudiera oírlo.


Ella asintió imperceptiblemente. Después de la conversación con la princesa Mei Xing, habían decidido no mencionar la sociedad secreta a Ye Ye hasta estar seguros de que no estaba involucrada de alguna manera.


"Hay algo más que deberían saber", dijo Ye Ye mientras comenzaban a descender cuidadosamente por un sendero estrecho hacia el valle. "Mi padre ha estado... cambiando. No solo su comportamiento, sino físicamente".


"¿Cambiando cómo?", preguntó Wei Li, intrigado.


"Es difícil de explicar", respondió Ye Ye, su voz temblando ligeramente. "A veces, cuando cree que nadie lo observa, su piel... parece volverse translúcida. Y sus ojos... brillan con un color que no es natural".


"¿Verde?", preguntó Mei Lin, recordando el resplandor del Corazón de Jade.


"No", respondió Ye Ye, sorprendida por la precisión de la pregunta. "Rojo. Un rojo profundo, como la sangre, pero brillante como el fuego".


Wei Li y Mei Lin intercambiaron una mirada preocupada. Esto añadía una nueva dimensión a sus sospechas.


"¿Desde cuándo has notado estos cambios?", preguntó Wei Li.


"Comenzaron hace unos tres meses", respondió Ye Ye. "Coincidiendo con la intensificación de sus experimentos. Y con...". Se detuvo, como si dudara en continuar.


"¿Con qué?", presionó Mei Lin suavemente.


"Con sus reuniones con un extraño visitante", completó Ye Ye. "Un hombre que se hace llamar Maestro Feng".


El mismo nombre que había mencionado la princesa Mei Xing. Definitivamente no era coincidencia.


"¿Has visto a este Maestro Feng?", preguntó Wei Li, intentando mantener un tono casual.


"Solo una vez, de lejos", respondió Ye Ye. "Vestía ropas de consejero imperial, pero había algo... inquietante en él. Como si no fuera completamente humano".


Llegaron al pie del valle y se detuvieron en la sombra de un grupo de árboles, observando la fábrica que ahora se alzaba amenazadoramente ante ellos. De cerca, era aún más impresionante y perturbadora: una fusión imposible de pasado y futuro, de tradición y tecnología.


"¿Cuál es el plan exactamente?", preguntó Ye Ye, su voz apenas audible sobre el zumbido eléctrico que emanaba del complejo.


"Entrar, encontrar a Ken, obtener información sobre lo que está sucediendo aquí, y salir", respondió Mei Lin simplemente. "Preferiblemente sin ser detectados".


"¿Y si nos detectan?", insistió Ye Ye.


Wei Li sonrió, palmeando el bolsillo donde guardaba sus gadgets del siglo XXI.


"Entonces las cosas se pondrán interesantes", respondió. "Tengo algunos trucos bajo la manga que ni siquiera tu padre con toda su tecnología anacróntica podría anticipar".


Ye Ye lo miró con curiosidad, pero no preguntó más. En lugar de eso, los guio bordeando el perímetro de la fábrica, manteniéndose en las sombras y evitando los ocasionales guardias que patrullaban con linternas que, Wei Li notó con asombro, parecían funcionar con electricidad.


"Esto es fascinante desde una perspectiva histórica", murmuró a Mei Lin mientras se agachaban tras unos arbustos, esperando que un guardia pasara. "Es como si alguien hubiera intentado recrear tecnología moderna con los materiales y conocimientos disponibles en el siglo XVIII".


"Alguien lo hizo", respondió Mei Lin en voz baja. "Lai Chong Wisang. La pregunta es: ¿de dónde viene realmente y qué pretende lograr con todo esto?"


"Además de minar criptomonedas trescientos años antes de que existan", añadió Wei Li con una sonrisa irónica.


Finalmente llegaron a una pequeña puerta metálica en la parte trasera del edificio que Ye Ye había señalado como el laboratorio. Estaba sorprendentemente bien camuflada, pintada para parecer parte del muro de piedra.


Ye Ye sacó una llave de aspecto extraño de su bolsillo. No se parecía a ninguna llave tradicional china; más bien parecía una tarjeta metálica con perforaciones complejas.


"Es una llave magnética", explicó Wei Li, reconociendo el diseño básico aunque primitivo. "Fascinante".


Ye Ye insertó la tarjeta en una ranura casi invisible y la puerta se abrió con un suave clic. Los tres se deslizaron rápidamente al interior, cerrando la puerta tras ellos.


Se encontraron en un pasillo estrecho, iluminado por un resplandor verdoso que parecía emanar de las propias paredes. El aire era cálido y seco, un marcado contraste con el frío exterior, y zumbaba con una energía que hacía que el vello de los brazos de Mei Lin se erizara.


"Por aquí", susurró Ye Ye, guiándolos por el pasillo. "El laboratorio de Ken está al final de este corredor".


Avanzaron sigilosamente, atentos a cualquier sonido que pudiera indicar la presencia de guardias o trabajadores. Pero el lugar parecía extrañamente desierto.


"¿Dónde está todo el mundo?", preguntó Mei Lin, inquieta por la falta de personal.


"Es la hora de la cena", explicó Ye Ye. "Mi padre insiste en que todos los trabajadores coman juntos en el comedor principal. Dice que fomenta la camaradería, pero realmente es para poder vigilarlos a todos a la vez".


"Eficiente", comentó Wei Li. "Perturbador, pero eficiente".


Llegaron a una puerta más grande al final del pasillo. A diferencia de la entrada exterior, esta tenía un mecanismo de cerradura más convencional, aunque todavía avanzado para la época.


"Esta es la entrada al laboratorio de Ken", dijo Ye Ye, sacando otra llave, esta vez más tradicional. "Mi padre confía en la seguridad exterior, así que las puertas interiores son más simples".


Abrió la puerta y los tres entraron en una habitación que hizo que Wei Li contuviera una exclamación de asombro.


Era un laboratorio que parecía sacado de una novela de steampunk: una fusión imposible de tecnología victoriana temprana y elementos futuristas. Mesas de trabajo cubiertas de herramientas y componentes extraños, diagramas y planos pegados en las paredes, y en el centro, una máquina enorme que pulsaba con energía, emitiendo ocasionales destellos de luz.

Y frente a esa máquina, trabajando concentradamente, había un hombre joven de rasgos claramente japoneses, vestido con ropas chinas tradicionales pero modificadas para incluir bolsillos y compartimentos adicionales

Y frente a esa máquina, trabajando concentradamente, había un hombre joven de rasgos claramente japoneses, vestido con ropas chinas tradicionales pero modificadas para incluir bolsillos y compartimentos adicionales. Era apuesto de una manera intelectual, con gafas improvisadas que le daban un aire de científico excéntrico.


"¡Ken!", exclamó Ye Ye, olvidando momentáneamente la necesidad de sigilo.


El hombre se giró bruscamente, su expresión pasando del miedo al alivio y luego a la preocupación en cuestión de segundos.


"¡Ye Ye! ¿Qué haces aquí? ¡Es demasiado peligroso!", dijo en un chino perfecto pero con un ligero acento japonés.


"Hemos venido a rescatarte", respondió ella, corriendo hacia él y abrazándolo con fuerza.


Ken la abrazó brevemente antes de apartarla suavemente, mirando con cautela a Mei Lin y Wei Li.


"¿Quiénes son ellos?", preguntó.


"Amigos", respondió Ye Ye rápidamente. "Esta es Lin Mei Hua, la heredera de la familia Lin, y su... consejero, Wei Li".


Ken los estudió con una mirada penetrante que recordó a Mei Lin a Wei Li cuando analizaba un problema particularmente complejo.


"Lin Mei Hua", repitió lentamente. "La guardiana del Corazón de Jade". No era una pregunta, sino una afirmación.


"¿Cómo sabes eso?", preguntó Mei Lin, súbitamente alerta.


Ken miró a su alrededor nerviosamente antes de responder en voz baja.


"Porque es lo que Lai Chong ha estado buscando desesperadamente. El componente final para su máquina".


"¿Qué máquina exactamente?", preguntó Wei Li, acercándose para examinar los diagramas en las paredes y las pantallas analógicas.


Ken dudó, mirando a Ye Ye como buscando aprobación. Ella asintió, animándolo a hablar.


"La llama 'El Portal Cuántico'", explicó finalmente. "Es un dispositivo diseñado para abrir un pasaje estable entre diferentes... realidades".


"¿Te refieres a viajar en el tiempo?", preguntó Wei Li, aunque ya sospechaba que era algo más complejo.


"No solo tiempo", respondió Ken, ajustándose las gafas nerviosamente. "Dimensiones. Planos de existencia paralelos. Lai Chong cree que hay infinitas versiones de nuestro mundo, y quiere acceder a ellas".


"¿Para qué?", preguntó Mei Lin, aunque temía conocer la respuesta.


"Poder", dijo Ken simplemente. "Recursos. Conocimiento. Imagina poder extraer tecnología, materiales o información de múltiples realidades y traerlos a esta".


"Sería como un dios", murmuró Wei Li.


"Exactamente lo que él dice", confirmó Ken con expresión sombría. "Sus palabras exactas fueron: 'Por qué conformarse con gobernar un mundo cuando puedes gobernar todos ellos'".


Mei Lin se acercó a la máquina central, estudiándola con cautela.


"¿Y esto es el portal?", preguntó.


"Un prototipo", respondió Ken. "Incompleto e inestable. He estado saboteándolo sutilmente, introduciendo pequeños errores en los cálculos, sustituyendo componentes clave por versiones defectuosas. Pero Lai Chong es brillante, incluso para los estándares de nuestro tiempo, y eventualmente corrige mis sabotajes".


Wei Li se detuvo en seco, captando la frase clave.


"¿'Nuestro tiempo'?", repitió, mirando a Ken con renovado interés. "¿De cuándo eres exactamente, Ken Zhao?"


Ken pareció momentáneamente sorprendido, luego resignado.


"Tokio, 2023", respondió finalmente. "Aunque mi nombre real es Kenji Yamamoto. 'Ken Zhao' fue la identidad que adopté cuando quedé atrapado aquí".


"¡Lo sabía!", exclamó Wei Li con entusiasmo apenas contenido. "¡Otro viajero temporal! Nosotros somos de Shanghai, 2025".


Ye Ye miraba a su esposo con absoluta confusión.


"¿De qué está hablando, Ken? ¿2023? ¿2025? Esos no son lugares, son números".


Ken tomó las manos de Ye Ye entre las suyas, mirándola con una mezcla de amor y arrepentimiento.


"Son años, mi amor. Años en el futuro. Yo... no soy de esta época. Vengo de un tiempo donde la tecnología que tu padre está intentando crear ya existe, pero de forma mucho más avanzada".


Ye Ye retrocedió un paso, su rostro una máscara de incredulidad.


"¿Me estás diciendo que eres... del futuro? ¿Como en las leyendas de inmortales y viajeros del tiempo?"


"Exactamente como eso", confirmó Ken suavemente. "Excepto que no es leyenda ni magia. Es ciencia. Ciencia que tu padre está intentando recrear de forma peligrosa e irresponsable".


Ye Ye se llevó una mano a la boca, procesando esta revelación.


"Por eso siempre sabes cosas que nadie más sabe", murmuró. "Por eso entiendes tan bien las 'invenciones' de mi padre".


"Sí", asintió Ken. "En mi tiempo, era ingeniero cuántico. Estaba trabajando en un proyecto de investigación sobre fluctuaciones temporales en los laboratorios de la Corporación Tomic Takeshi cuando... algo salió mal. Me encontré aquí, en 1698, desorientado y confundido. Lai Chong me encontró y, al darse cuenta de mis conocimientos, me tomó bajo su protección. Al principio creí que era otro viajero accidental como yo, pero pronto descubrí que sus intenciones eran mucho más siniestras".


"¿Lai Chong también es del futuro?", preguntó Mei Lin.


"No exactamente", respondió Ken. "Es... complicado. Según lo que he podido deducir de nuestras conversaciones y de los documentos que he encontrado en su estudio privado, Lai Chong es originalmente de esta época, pero de alguna manera obtuvo conocimientos del futuro. Creo que encontró algún tipo de artefacto o texto que le dio acceso a información tecnológica avanzada".


"O alguien se la proporcionó", sugirió Wei Li, pensando en el misterioso Maestro Feng y La Espada Oxidada.


"Es posible", concedió Ken. "Lo que sí sé con certeza es que ha estado trabajando en este proyecto durante décadas, mucho antes de mi llegada. Y en los últimos meses, desde que comenzó a reunirse con ese extraño consejero imperial, su obsesión se ha intensificado".


"El Maestro Feng", dijo Mei Lin.


Ken la miró con sorpresa.


"¿Lo conoces?"


"Sabemos de él", respondió Mei Lin cautelosamente. "¿Qué puedes decirnos sobre él?"


Ken se estremeció visiblemente.


"Poco. Lo he visto solo dos veces, y ambas desde lejos. Pero hay algo... antinatural en él. No se mueve como un ser humano normal. Y cuando está cerca, la temperatura desciende varios grados".


"Suena encantador", murmuró Wei Li. "¿Y qué papel juega exactamente en todo esto?"


"Creo que es quien está dirigiendo realmente el proyecto", respondió Ken. "Lai Chong puede tener los conocimientos técnicos, pero el Maestro Feng parece tener un propósito mayor. Algo relacionado con una entidad que llaman 'La Diosa de la Paz'".


Mei Lin y Wei Li intercambiaron una mirada significativa. Las piezas comenzaban a encajar.


"Ken", dijo Mei Lin seriamente, "necesitamos saber exactamente qué está planeando Lai Chong y cuándo. La princesa Mei Xing nos ha informado que hay una organización llamada 'La Espada Oxidada' que busca liberar a esta Diosa, y sospechamos que están manipulando a Lai Chong para sus propios fines".


Ken pareció momentáneamente sorprendido por la mención de la princesa, pero se recuperó rápidamente.


"El plan culmina mañana por la noche", dijo con urgencia. "Durante la luna llena. Lai Chong ha estado preparando lo que él llama 'La Gran Convergencia': un momento en que alineará su portal con ciertos puntos energéticos para crear una brecha dimensional estable".


"Que coincide exactamente con el momento en que debo realizar el ritual para reforzar el sello", murmuró Mei Lin.


"¿Qué ritual?", preguntaron Ken y Ye Ye casi al unísono.


Brevemente, Mei Lin les explicó lo que la princesa Mei Xing les había revelado sobre su papel como guardiana, el sello que debía reforzar, y la verdadera naturaleza del supuesto "demonio".


"Eso explica las lecturas energéticas anómalas que he estado detectando", dijo Ken, pensativo. "No es solo el portal de Lai Chong; es la barrera dimensional debilitándose naturalmente durante la luna llena".


"Y La Espada Oxidada planea aprovechar ese momento de debilidad para liberar completamente a su Diosa", concluyó Wei Li.


"Usando la tecnología de mi padre como catalizador", añadió Ye Ye, comprendiendo finalmente la magnitud de la situación.


Un silencio tenso cayó sobre el grupo mientras asimilaban las implicaciones. Finalmente, Mei Lin habló.


"Necesitamos detener esto", dijo con determinación. "Detener a Lai Chong, neutralizar a La Espada Oxidada, y reforzar el sello antes de que sea demasiado tarde".


"Y rescatar al guardián dimensional que todos confunden con un demonio", añadió Wei Li.


"Es mucho para lograr en menos de 24 horas", comentó Ken con preocupación.


"No tenemos opción", respondió Mei Lin. "Si fallamos, según la princesa, múltiples dimensiones podrían colapsar".


"No es por ser pesimista", intervino Ye Ye, "pero somos cuatro personas contra una organización secreta milenaria, un genio tecnológico obsesionado, y aparentemente, fuerzas sobrenaturales. ¿Cómo exactamente planeamos hacer todo eso?"


Wei Li sonrió, su expresión una mezcla de determinación y ese optimismo ligeramente loco que Mei Lin había llegado a adorar.


"Con ingenio, improvisación, y un poco de tecnología del siglo XXI", respondió, sacando su "bolígrafo" multifunción. "Además, tenemos algo que ellos quieren desesperadamente".


"El Corazón de Jade", dijo Ken, comprendiendo.


"Exacto", asintió Wei Li. "Lo que nos da cierta ventaja estratégica".


"Si podemos usar esa ventaja sin caer en una trampa", advirtió Mei Lin. "No olvidemos que La Espada Oxidada ha estado planeando esto durante siglos. No serán fáciles de engañar".


"Cierto", concedió Wei Li. "Pero ellos han estado planeando durante siglos; nosotros tenemos el beneficio de la espontaneidad y, francamente, la desesperación creativa".


Ken se acercó a una de las mesas de trabajo y desplegó lo que parecía ser un plano detallado.


"Si vamos a hacer esto, necesitaremos un plan", dijo, entrando en modo ingeniero. "Este es el diseño completo de la fábrica. Conozco todas las entradas, salidas, y puntos débiles en la seguridad".


Los cuatro se inclinaron sobre el plano, comenzando a formular una estrategia. Pero mientras discutían posibilidades, ninguno notó la pequeña luz roja que parpadeaba discretamente en una esquina del techo: una cámara de seguridad primitiva pero funcional que transmitía imágenes directamente al estudio privado de Lai Chong Wisang.





En una habitación lujosamente decorada en otra parte del complejo, Lai Chong Wisang observaba la pantalla improvisada con una mezcla de fascinación y furia. Era un hombre de edad avanzada pero con una vitalidad inquietante, vestido con una extraña combinación de ropas tradicionales chinas y elementos que parecían futuristas incluso para los estándares del siglo XXI.


"Fascinante", murmuró, ajustando un dial para mejorar la calidad de la imagen. "Más viajeros temporales. Y uno de ellos es la guardiana del Corazón de Jade. Qué conveniente".


Se reclinó en su silla, una sonrisa calculadora formándose en su rostro arrugado. Sus ojos, normalmente oscuros, brillaron momentáneamente con un resplandor rojizo.


"Dejaré que crean que tienen la ventaja", dijo para sí mismo. "Que formulen sus planes, que se sientan seguros. Y mañana por la noche, cuando la luna esté en su cenit, descubrirán que han caído directamente en mi trampa".


Se levantó y se acercó a una ventana que daba al valle. En la distancia, más allá de los límites de su propiedad, una figura oscura y alta se movía entre los árboles, dejando un rastro de vegetación marchita a su paso.


"Pronto, mi amigo", dijo Lai Chong, como si la entidad pudiera oírlo. "Pronto serás libre de regresar a tu dimensión... después de que hayas cumplido tu propósito, por supuesto".


Un suave golpe en la puerta interrumpió sus pensamientos.


"Adelante", ordenó, su voz cambiando a un tono más autoritario.


La puerta se abrió para revelar a un hombre vestido con ropas de consejero imperial, pero había algo profundamente inquietante en su apariencia. Su piel era demasiado pálida, casi translúcida, y sus movimientos tenían una fluidez antinatural, como si sus articulaciones funcionaran de manera diferente a las humanas.


"Maestro Feng", saludó Lai Chong con una reverencia que contenía más miedo que respeto. "No esperaba su visita esta noche".


"Los planes han cambiado", respondió el Maestro Feng con una voz que sonaba como varias voces hablando al unísono. "La guardiana ha regresado, y con ella, el Corazón de Jade".


"Lo sé", respondió Lai Chong, señalando la pantalla donde aún se veía a los cuatro conspiradores discutiendo sobre el plano. "Están aquí mismo, en mi fábrica. Planeando detenernos".


El Maestro Feng se acercó a la pantalla, estudiando las imágenes con ojos que, bajo la luz adecuada, no parecían completamente humanos.


"Perfecto", dijo finalmente. "Todo está saliendo según lo previsto".


"¿Según lo previsto?", repitió Lai Chong, confundido. "Pero están conspirando contra nosotros".


El Maestro Feng se volvió hacia él, una sonrisa inquietante estirando sus labios demasiado finos.


"Mi querido Lai Chong", dijo con condescendencia, "¿realmente crees que La Espada Oxidada ha sobrevivido milenios sin aprender a anticipar y manipular las acciones de nuestros enemigos? Necesitamos que la guardiana traiga voluntariamente el Corazón de Jade al punto de convergencia. Y ahora lo hará, creyendo que está salvando el mundo".


Lai Chong pareció momentáneamente impresionado, pero luego frunció el ceño.


"¿Y mi portal? ¿Mi tecnología? Prometiste que podría acceder a otras dimensiones, obtener conocimientos y recursos ilimitados".


"Y lo harás", aseguró el Maestro Feng, colocando una mano en el hombro de Lai Chong. Donde sus dedos tocaron, la tela comenzó a desintegrarse sutilmente. "Cuando la Diosa sea liberada, recompensará generosamente a quienes ayudaron en su liberación. Tendrás acceso no solo a una dimensión, sino a todas ellas".


Lai Chong asintió, aparentemente satisfecho, aunque un observador atento habría notado el miedo en sus ojos.


"¿Qué hacemos con los intrusos?", preguntó, señalando nuevamente la pantalla.


"Nada, por ahora", respondió el Maestro Feng. "Déjalos planear. Déjalos creer que tienen una oportunidad. Mañana por la noche, cuando intenten ejecutar su plan, estaremos esperándolos".


Se dirigió hacia la puerta, pero se detuvo antes de salir.


"Una cosa más, Lai Chong", dijo sin volverse. "Tu hija y su esposo japonés. Son prescindibles una vez que el ritual comience. Asegúrate de que no interfieran demasiado".


"Pero Ye Ye es mi hija", protestó Lai Chong débilmente. "Adoptiva, sí, pero aun así..."


"La Espada Oxidada no reconoce lazos familiares por encima de nuestra misión", interrumpió el Maestro Feng, su voz adquiriendo un tono amenazante. "Si no puedes hacer lo necesario, encontraremos a alguien que pueda. ¿Entendido?"


Lai Chong tragó saliva visiblemente antes de asentir.


"Entendido, Maestro Feng".


"Excelente", respondió el consejero, saliendo finalmente de la habitación. "Mañana por la noche, después de milenios de espera, nuestra Diosa caminará nuevamente entre nosotros. Y el mundo tal como lo conocemos dejará de existir".


La puerta se cerró tras él, dejando a Lai Chong solo con sus pensamientos y la imagen de los conspiradores en su pantalla. Por un momento, una expresión de duda cruzó su rostro, como si estuviera reconsiderando sus alianzas. Pero luego sus ojos brillaron nuevamente con ese inquietante resplandor rojizo, y la duda fue reemplazada por determinación.


"El poder de múltiples dimensiones", murmuró para sí mismo. "Vale cualquier sacrificio".


En la pantalla, ajenos a estar siendo observados, Mei Lin, Wei Li, Ken y Ye Ye continuaban formulando su plan para salvar el mundo, sin saber que estaban jugando exactamente el papel que La Espada Oxidada había diseñado para ellos.


Y en el valle, bajo la luz de la luna casi llena, la entidad que todos llamaban "demonio" continuaba su búsqueda incansable de la guardiana, dejando un rastro de destrucción involuntaria a su paso, víctima tanto como verdugo en un juego cósmico que apenas comenzaba a comprender.

Y en el valle, bajo la luz de la luna casi llena, la entidad que todos llamaban "demonio" continuaba su búsqueda incansable de la guardiana, dejando un rastro de destrucción involuntaria a su paso, víctima tanto como verdugo en un juego cósmico qu...

Capítulo 6: La Familia Disfuncional

El regreso a la mansión Lin fue tan sigiloso como la salida. Mei Lin, Wei Li, Ken y Ye Ye se movían como sombras entre los árboles nevados, cada uno sumido en sus propios pensamientos tras los descubrimientos en la fábrica de Lai Chong Wisang.

Mei Lin, Wei Li, Ken y Ye Ye se movían como sombras entre los árboles nevados, cada uno sumido en sus propios pensamientos tras los descubrimientos en la fábrica de Lai Chong Wisang

"Todavía no puedo creer que seas del futuro", susurró Ye Ye a Ken mientras avanzaban por el sendero montañoso. "Todas esas historias que me contabas sobre lugares lejanos... ¿eran realmente del futuro?"


Ken asintió, apretando suavemente la mano de su esposa.


"Tokio, Nueva York, Singapur... lugares que existen o existirán. Lamento haberte ocultado la verdad, pero temía que me creyeras loco. Tu también eres de futuro. Tienes dos hermanas, Kathy y Melissa, y tú madre es de una época muy antigua....Mek Su.... Y tú verdadero padre es ..pronto lo averiguaras...


"Después de vivir con mi padre durante años, mi definición de locura es bastante flexible", respondió Ye Ye con una sonrisa triste.


Delante de ellos, Mei Lin y Wei Li lideraban el camino, consultando ocasionalmente el mapa que Ken les había proporcionado de la región.


"¿Crees que fue demasiado fácil?", murmuró Wei Li, lo suficientemente bajo para que solo Mei Lin pudiera oírlo.


"¿A qué te refieres?", preguntó ella, aunque por su expresión, ya sospechaba la respuesta.


"Entrar en la fábrica, encontrar a Ken, obtener toda esa información... nadie nos detectó, nadie nos persiguió. Para un genio tecnológico paranoico, Lai Chong tiene una seguridad sorprendentemente laxa".


Mei Lin asintió imperceptiblemente.


"También lo noté. O somos increíblemente buenos, o..."


"O nos dejaron entrar y salir a propósito", completó Wei Li. "Lo cual plantea la pregunta: ¿por qué?"


"Para seguirnos", sugirió Mei Lin, escaneando discretamente los alrededores. "O para que llevemos información específica de vuelta".


"Información que podría ser verdadera o falsa", añadió Wei Li. "O una mezcla de ambas, lo suficientemente precisa para ser creíble pero manipulada para servir a sus propósitos".


"Lo cual significa que debemos cuestionar todo lo que aprendimos esta noche", concluyó Mei Lin.


Wei Li sonrió a pesar de la gravedad de la situación.


"Me encanta cuando piensas como una paranoica estratega. Es increíblemente atractivo".


Mei Lin le dio un codazo juguetón, pero su expresión seguía siendo seria.


"Esto no es un juego, Wei Li. Si La Espada Oxidada ha estado planeando esto durante siglos, debemos asumir que han anticipado nuestros movimientos".


"Lo sé", respondió él, poniéndose serio. "Solo intento mantener el ánimo. La situación es lo suficientemente sombría sin que nos hundamos en la desesperación".


Llegaron a un claro desde donde podían ver la mansión Lin en la distancia, sus techos curvados brillando bajo la luz de la luna casi llena.


"Deberíamos separarnos aquí", dijo Mei Lin, volviéndose hacia Ken y Ye Ye. "Si alguien está vigilando la mansión, será menos sospechoso si Wei Li y yo regresamos solos".


"¿Dónde nos encontraremos?", preguntó Ken.


"En el Templo de los Ancestros Lin al anochecer de mañana", respondió Mei Lin. "Es donde debo realizar el ritual, y necesitaré toda la ayuda posible".


"Estaremos allí", prometió Ye Ye. "Mientras tanto, Ken y yo podemos quedarnos en la cabaña del guardabosques abandonada que está al este de la propiedad. Nadie la ha usado en años".


Se despidieron rápidamente, conscientes de que cada minuto a la intemperie aumentaba el riesgo de ser descubiertos. Cuando Ken y Ye Ye desaparecieron entre los árboles, Wei Li se volvió hacia Mei Lin.


"¿Confías en ellos?", preguntó.


"No completamente", admitió ella. "Pero sus intereses parecen alineados con los nuestros, al menos por ahora. Y necesitamos aliados".


"Hablando de aliados", dijo Wei Li mientras reanudaban su camino hacia la mansión, "¿qué hacemos con la princesa Mei Xing y Zhao Yun?"


"Mantenerlos cerca, pero no demasiado", respondió Mei Lin. "La princesa sabe más de lo que dice, y Zhao Yun... bueno, su lealtad hacia mí—hacia Lin Mei Hua—parece genuina, pero eso no significa que no pueda ser manipulado".


"El eterno dilema del viajero temporal", suspiró Wei Li dramáticamente. "Tantos personajes interesantes, tan poco tiempo para averiguar quién intenta matarte".


A pesar de la tensión, Mei Lin sonrió. La capacidad de Wei Li para encontrar humor incluso en las situaciones más desesperadas era una de las razones por las que lo amaba.





La mansión estaba inusualmente silenciosa cuando finalmente llegaron. Los guardias en la puerta principal parecían más alerta de lo normal, y Mei Lin notó que su número había aumentado.


"La princesa debe haber reforzado la seguridad", murmuró a Wei Li mientras los guardias los saludaban con reverencias respetuosas.


"O está preparándose para algo", respondió él en voz baja.


Entraron en el vestíbulo principal, donde fueron recibidos por Shu Li, quien parecía haber estado esperándolos ansiosamente.


"¡Señorita Lin! ¡Señor Wei! Gracias a los cielos que han regresado", exclamó la sirvienta, su rostro mostrando genuino alivio. "La princesa ha estado preguntando por ustedes".


"¿Ha sucedido algo durante nuestra ausencia?", preguntó Mei Lin, intentando parecer casual.


Shu Li miró nerviosamente a su alrededor antes de responder en voz baja.


"Han llegado noticias de las aldeas cercanas. Más avistamientos del... del demonio. Y esta vez, ha habido víctimas".


Mei Lin y Wei Li intercambiaron una mirada de alarma.


"¿Qué tipo de víctimas?", preguntó Wei Li.


"Tres aldeanos que intentaron enfrentarlo", respondió Shu Li, su voz temblando ligeramente. "No están muertos, pero... han cambiado. Sus ojos brillan con un color extraño, y hablan en una lengua que nadie comprende".


"¿Dónde están ahora?", preguntó Mei Lin.


"En el templo de la aldea de Loto Blanco. Los monjes los mantienen en observación, rezando por sus almas".


Wei Li se pasó una mano por el cabello, procesando esta nueva información.


"¿Y la princesa? ¿Dónde está ahora?", preguntó.


"En el salón principal, con el capitán Zhao. Han estado discutiendo estrategias de defensa toda la noche".


"Gracias, Shu Li", dijo Mei Lin. "Por favor, prepara té y algo de comer. Nos reuniremos con ellos inmediatamente".


La sirvienta asintió y se apresuró hacia las cocinas. En cuanto estuvieron solos, Wei Li se volvió hacia Mei Lin.


"¿Qué piensas?", preguntó.


"Que nuestro 'guardián dimensional' está cada vez más desesperado", respondió ella. "Y posiblemente, más influenciado por La Espada Oxidada".


"¿Crees que está intentando crear algún tipo de... conexión psíquica con los aldeanos?", sugirió Wei Li.


"Es posible. O tal vez está buscando recipientes humanos para manifestarse más plenamente en esta dimensión".


"Cualquiera de las dos opciones es perturbadora", murmuró Wei Li. "Deberíamos visitar a esos aldeanos mañana, antes del ritual. Podrían proporcionarnos información valiosa".


Mei Lin asintió y ambos se dirigieron al salón principal. Al entrar, encontraron a la princesa Mei Xing y a Zhao Yun inclinados sobre una mesa cubierta de mapas y documentos. Ambos levantaron la vista al mismo tiempo, sus expresiones una mezcla de alivio y sospecha.


"¡Lin Mei Hua!", exclamó la princesa, enderezándose. "Comenzábamos a preocuparnos por tu ausencia".


"Mis disculpas, Alteza", respondió Mei Lin con una reverencia formal. "Wei Li y yo estábamos... investigando".


"¿Investigando?", repitió Zhao Yun, su tono dejando claro que no creía completamente la explicación. "¿En medio de la noche? ¿Sin escolta?"


"Precisamente por eso", intervino Wei Li con una sonrisa desarmante. "La discreción era esencial".


La princesa los estudió a ambos con una mirada penetrante antes de asentir lentamente.


"Supongo que tiene sentido. ¿Y qué descubrieron en esta... investigación discreta?"


Mei Lin y Wei Li intercambiaron una mirada rápida, decidiendo silenciosamente cuánto revelar.


"Que Lai Chong Wisang está construyendo algún tipo de dispositivo en las montañas", comenzó Mei Lin. "Un dispositivo que, según nuestras fuentes, está diseñado para abrir una brecha entre dimensiones".


"¿Y planea activarlo durante la luna llena de mañana?", preguntó la princesa, aunque por su tono, parecía más una confirmación que una pregunta.


"Exactamente", asintió Wei Li. "Lo cual coincide perfectamente con el momento en que Mei Lin debe realizar el ritual para reforzar el sello".


"No es coincidencia", dijo la princesa sombríamente. "La Espada Oxidada ha estado manipulando eventos durante décadas, tal vez siglos, para llegar a este momento preciso".


"¿Qué sabemos exactamente sobre esta Espada Oxidada?", preguntó Zhao Yun, quien había estado escuchando con creciente preocupación. "Hasta ayer, nunca había oído hablar de ellos, y de repente parecen ser la mayor amenaza que ha enfrentado la provincia".


La princesa se sentó elegantemente en un sillón cercano, indicando a los demás que hicieran lo mismo.


"La Espada Oxidada es una de las sociedades secretas más antiguas de China", comenzó, su voz adquiriendo un tono casi académico. "Se remonta a la dinastía Zhou, posiblemente incluso antes. A diferencia de otras sociedades secretas que buscan poder político o riqueza, La Espada Oxidada tiene un único objetivo: liberar a una entidad que ellos llaman 'La Diosa de la Paz'".


"Un nombre engañoso", comentó Wei Li.


"Extremadamente", concordó la princesa. "Según los textos antiguos guardados por mi familia, esta 'Diosa' es en realidad una entidad caótica de inmenso poder que fue aprisionada por los primeros emperadores míticos de China con la ayuda de guardianes dimensionales".


"Los mismos guardianes que ahora están siendo confundidos con demonios", añadió Mei Lin.


"Exacto", asintió la princesa. "La prisión de la Diosa está sellada por siete artefactos, cada uno protegido por una familia guardiana. El Corazón de Jade es uno de ellos. El Espejo de la Verdad Eterna, protegido por mi familia, es otro".


"¿Y los otros cinco?", preguntó Zhao Yun.


La princesa dudó visiblemente antes de responder.


"Desafortunadamente, al menos tres de ellos ya han sido... comprometidos. La Espada Oxidada ha sido metódica en su aproximación, eliminando o corrompiendo a las familias guardianas una por una a lo largo de los siglos, su fundador fue un malvado príncipe llamado Hang Hing, hijo de un vampiro y una humana, aunque nunca se transformó.... El es hermano del antiguo ministro de la Emperatriz Delmiira.


"Lo cual nos deja en una posición precaria", concluyó Wei Li. "Si ya tienen tres de los siete sellos, y están a punto de obtener un cuarto..."


"La prisión se debilitará catastróficamente", completó la princesa. "Y con el dispositivo de Lai Chong amplificando la brecha dimensional durante la luna llena..."


"La Diosa podría liberarse completamente", finalizó Mei Lin, sintiendo un escalofrío recorrer su espalda.


Un silencio pesado cayó sobre la habitación mientras todos procesaban la gravedad de la situación. Finalmente, Zhao Yun habló.


"¿Cómo detenemos esto?", preguntó, su voz firme y determinada. "Debe haber una manera".


"La hay", respondió la princesa, mirando directamente a Mei Lin. "El ritual de mañana por la noche. Si Lin Mei Hua logra reforzar el sello del Corazón de Jade, y yo hago lo mismo con el Espejo, podríamos contrarrestar parcialmente la debilidad de los otros sellos".


"¿Parcialmente?", repitió Wei Li, captando la palabra clave.


"Sería una solución temporal", admitió la princesa. "Pero nos daría tiempo para localizar a las otras familias guardianas y fortalecer sus sellos también".


"Asumiendo que sobrevivamos al ritual", añadió Mei Lin, recordando la advertencia anterior de la princesa sobre los peligros.


"Sí", asintió la princesa gravemente. "El ritual requiere una gran cantidad de energía vital. Es... exigente".


"Maravilloso", murmuró Wei Li. "¿Alguna otra buena noticia que quieras compartir? ¿Quizás que también tendremos que bailar sobre carbones ardientes mientras recitamos poesía Tang al revés?"


La princesa lo miró con una mezcla de irritación y diversión.


"Tu sentido del humor es... peculiar, Wei Li. Pero no, no hay carbones ardientes involucrados. Sin embargo, hay otro elemento que no he mencionado".


"Por supuesto que lo hay", suspiró Wei Li.


"El ritual requiere la presencia del guardián dimensional", continuó la princesa, ignorando su comentario. "El mismo ser que todos llaman 'demonio'. Debe estar presente y voluntariamente participar en el ritual".


"¿Voluntariamente?", repitió Zhao Yun con incredulidad. "¿Cómo se supone que vamos a convencer a un demonio de que coopere con nosotros?"


"No es un demonio", corrigió Mei Lin automáticamente. "Es un guardián dimensional desplazado y confundido. Y según lo que hemos aprendido, me está buscando a mí, o más específicamente, a la guardiana del Corazón de Jade".


"Lo cual plantea la pregunta", intervino Wei Li, "¿cómo nos comunicamos con él? No es como si pudiéramos enviarle una invitación formal para tomar el té".


La princesa sonrió enigmáticamente.


"De hecho, hay una manera. El Espejo de la Verdad Eterna no solo es un sello; también es un dispositivo de comunicación interdimensional. Con él, podemos establecer contacto con el guardián y explicarle la situación".


"¿Y lo has traído contigo?", preguntó Mei Lin, súbitamente esperanzada.


"Por supuesto", respondió la princesa. "Está en mis aposentos, protegido por mis guardias más leales. Podemos usarlo esta misma noche, si lo deseas".


Mei Lin asintió firmemente.


"Cuanto antes, mejor. Si podemos aliarnos con el guardián, nuestras posibilidades de éxito aumentarán significativamente".


"Hay algo más que deberían saber", dijo la princesa, su expresión volviéndose más grave. "Los aldeanos afectados por el guardián... no creo que sea una coincidencia. Según los textos antiguos, los guardianes dimensionales a veces establecen conexiones psíquicas con humanos cuando están desesperados por comunicarse".


"¿Estás diciendo que está intentando hablar a través de ellos?", preguntó Wei Li.


"Es posible", asintió la princesa. "Lo cual significa que deberíamos visitarlos antes de usar el Espejo. Podrían proporcionarnos información valiosa sobre el estado mental del guardián".


"Exactamente lo que estábamos pensando", dijo Mei Lin, intercambiando una mirada con Wei Li.


"Entonces está decidido", declaró la princesa, levantándose con gracia real. "Mañana al amanecer visitaremos a los aldeanos afectados. Luego, al anochecer, realizaremos los rituales en el Templo de los Ancestros Lin".


"Y mientras tanto", añadió Zhao Yun, "reforzaré la seguridad de la mansión. Si La Espada Oxidada sabe que estamos intentando detenerlos, podrían intentar atacarnos directamente".


"Una precaución sensata", concordó la princesa. "Aunque dudo que sean tan directos. Su fuerza siempre ha sido la manipulación sutil, no el conflicto abierto".


Se despidieron poco después, cada uno retirándose a sus respectivas habitaciones para descansar antes del día crucial que les esperaba. Pero mientras Mei Lin y Wei Li caminaban por los pasillos de la mansión hacia sus aposentos, ambos sentían que estaban siendo observados.


"No estamos solos", murmuró Wei Li, tan bajo que apenas fue audible.


"Lo sé", respondió Mei Lin del mismo modo. "Mantén los ojos abiertos y no confíes en nadie".


"Excepto en ti", añadió Wei Li con una pequeña sonrisa.


"Excepto en mí", confirmó ella, apretando brevemente su mano antes de separarse en la puerta de su habitación.





En sus aposentos, Mei Lin no podía conciliar el sueño a pesar del agotamiento. Demasiados pensamientos giraban en su mente: el ritual inminente, la amenaza de La Espada Oxidada, la verdadera naturaleza del guardián dimensional, y su propio papel en todo este enredo cósmico.


Se levantó de la cama y se acercó a la ventana, observando la luna casi llena que iluminaba los jardines nevados de la mansión. En algún lugar ahí fuera, el guardián dimensional vagaba, buscándola desesperadamente. Y mañana, si todo salía según lo planeado, finalmente se encontrarían.


Un suave golpe en la puerta interrumpió sus pensamientos. Instintivamente, adoptó una postura defensiva antes de preguntar:


"¿Quién es?"


"Soy yo", respondió la voz de Wei Li. "¿Puedo pasar?"


Mei Lin se relajó y abrió la puerta. Wei Li entró rápidamente, cerrando tras de sí. Llevaba su "bolígrafo" tecnológico en la mano, y su expresión era una mezcla de excitación y preocupación.


"He estado analizando los datos que recopilé en la fábrica de Lai Chong", dijo sin preámbulos, activando el proyector holográfico del dispositivo. "Y he encontrado algo... inquietante".


Una serie de diagramas y ecuaciones flotaron en el aire entre ellos, incomprensibles para cualquiera sin formación científica avanzada.


"¿Qué estoy viendo exactamente?", preguntó Mei Lin, entrecerrando los ojos ante los símbolos complejos.


"Estas son las especificaciones del 'Portal Cuántico' de Lai Chong", explicó Wei Li. "Ken tenía razón en que está diseñado para abrir una brecha dimensional, pero hay algo más. Mira esta secuencia aquí".


Señaló una serie particular de símbolos que pulsaban con un ritmo específico.


"Esto no es solo un portal; es un amplificador. Está diseñado para capturar y amplificar una señal específica".


"¿Qué tipo de señal?", preguntó Mei Lin, aunque ya sospechaba la respuesta.


"La energía vital de un ritual místico", respondió Wei Li gravemente. "Específicamente, el tipo de energía que liberarías durante el ritual para reforzar el sello".


Mei Lin se sentó lentamente en el borde de la cama, procesando esta revelación.


"Estás diciendo que Lai Chong ha diseñado su máquina para... ¿robar la energía de mi ritual?"


"No solo robarla", corrigió Wei Li. "Invertirla. Transformar un ritual de sellado en uno de liberación".


"Lo cual significa que cuanto más esfuerzo ponga en reforzar el sello..."


"Más ayudarás a romperlo", completó Wei Li. "Es brillante, de una manera retorcida y malvada".


"Y explica por qué La Espada Oxidada necesita que yo realice voluntariamente el ritual", añadió Mei Lin. "No pueden simplemente matarme y tomar el Corazón de Jade; necesitan que yo, como guardiana legítima, active su poder".


"Exactamente", asintió Wei Li. "Es una trampa perfectamente diseñada. Y lo peor es que no veo cómo evitarla. Si no realizas el ritual, el sello seguirá debilitándose naturalmente. Si lo realizas, estarás acelerando su destrucción".


Mei Lin se levantó y comenzó a caminar por la habitación, su mente trabajando frenéticamente.


"Debe haber una manera", murmuró. "Siempre hay una manera".


Se detuvo de repente, una idea formándose en su mente.


"El guardián dimensional", dijo, volviéndose hacia Wei Li. "Si realmente es un guardián y no un demonio, debe conocer los secretos de los sellos mejor que nadie. Tal vez él sepa cómo contrarrestar la trampa de Lai Chong".


"Es posible", concedió Wei Li, apagando el proyector. "Pero primero tenemos que comunicarnos con él, y para eso necesitamos el Espejo de la princesa".


"Y ahí es donde las cosas se complican", dijo Mei Lin con una sonrisa sin humor. "¿Confías en la princesa Mei Xing?"


Wei Li consideró la pregunta por un momento.


"No completamente", admitió. "Su historia es coherente y parece genuinamente preocupada por detener a La Espada Oxidada. Pero hay algo... no sé, algo que no encaja".


"Como el hecho de que apareció convenientemente justo cuando descubrimos la conexión entre Lai Chong y La Espada Oxidada", sugirió Mei Lin.


"O que parece saber exactamente qué hacer en cada situación", añadió Wei Li. "Como si hubiera ensayado todo esto".


"Lo cual podría significar que es extremadamente competente y está bien preparada", razonó Mei Lin, "o que es parte de un plan mayor".


"La eterna pregunta del viajero temporal", suspiró Wei Li. "¿Aliado o enemigo? ¿Coincidencia o conspiración?"


Mei Lin se acercó a él y tomó sus manos entre las suyas.


"Sea como sea, mañana lo descubriremos. Por ahora, necesitamos descansar y prepararnos para lo que viene".


Wei Li asintió, pero no hizo ademán de marcharse.


"¿Puedo quedarme aquí esta noche?", preguntó en voz baja. "No me siento cómodo dejándote sola con tantas incógnitas".


Mei Lin sonrió y lo atrajo hacia sí.


"Pensé que nunca lo pedirías", respondió, besándolo suavemente--- Y es que no puedes vivir sin esa "energía"


Se acostaron juntos en la amplia cama, y el fuego entre ambos siempre explotaba, Mei Lin dió un suave grito gutural, cuando Voraz y exitado comenzó a hacerle sexo oral , haciendo que lujuriosa mente Mei Lin también se doblará en un 69 perfecto en el erecto miembro de Wei Li.

. Haciendo que los ojos que los veían desde los orificios ocultos se abrieran desmeduradamente..<!!Tambien lo hacían de esa manera desconocida!!


Una vez dominada la lujuria, ambos encontrando consuelo,durmieron felices,agotados y abrazados. en la presencia del otro mientras la noche avanzaba y la luna continuaba su curso inexorable hacia la plenitud que marcaría su destino.





El amanecer llegó demasiado pronto, trayendo consigo un día que prometía ser decisivo para múltiples dimensiones. Mei Lin y Wei Li se prepararon en silencio, cada uno sumido en sus propios pensamientos mientras se vestían con ropas adecuadas para visitar la aldea de Loto Blanco.


Cuando salieron de la habitación, encontraron a Zhao Yun esperándolos en el pasillo, su expresión una mezcla de sorpresa y algo más complejo al ver a Wei Li emerger de los aposentos de Mei Lin.


"Buenos días", saludó con rigidez formal. "La princesa los espera en el patio principal. Los caballos están listos para partir hacia la aldea".


"Gracias, Zhao Yun", respondió Mei Lin con igual formalidad. "Estaremos allí en un momento".


El capitán asintió secamente y se dio la vuelta para marcharse, pero se detuvo y miró a Wei Li directamente.


"Un consejo, señor Wei", dijo en voz baja. "Las costumbres aquí son diferentes a las de... donde sea que vengas. La reputación de la señorita Lin es importante, especialmente ahora que ha 'regresado de entre los muertos'".


Wei Li sostuvo su mirada sin pestañear.


"Aprecio tu preocupación, Capitán Zhao", respondió con una calma que ocultaba su irritación. "Pero te aseguro que la reputación de Mei Lin es tan importante para mí como para ti. Quizás incluso más".


Los dos hombres se miraron fijamente por un momento tenso, hasta que Mei Lin intervino.


"Caballeros, tenemos asuntos más urgentes que atender que preocuparnos por chismes de alcoba", dijo con firmeza. "El destino de múltiples dimensiones está en juego, por si lo habían olvidado. O es que piensas hacer comentarios inoportunos?

-- No me atrevo--.

-- Pues más te vale guardar silencio.


 Zhao Yun hizo una reverencia rígida y se marchó, mientras Wei Li murmuraba una disculpa.


"Hombres", suspiró Mei Lin, poniendo los ojos en blanco. "No importa el siglo, siempre encuentran tiempo para competir por territorio".


"No estaba compitiendo", protestó Wei Li débilmente. "Solo estableciendo un hecho".


"Por supuesto", respondió ella con una sonrisa indulgente. "Ahora, vamos. La princesa espera, y tenemos aldeanos poseídos que interrogar".





La aldea de Loto Blanco era un asentamiento pequeño y pintoresco a unos cinco kilómetros de la mansión Lin. En circunstancias normales, habría sido un lugar tranquilo y próspero, con sus casas tradicionales de madera y sus campos de arroz ahora cubiertos de nieve. Pero la atmósfera que los recibió era cualquier cosa menos tranquila.


Los aldeanos se apartaban a su paso, mirando con una mezcla de miedo y esperanza a la comitiva que incluía a la princesa imperial, la supuestamente resucitada heredera Lin, y sus acompañantes. Susurros los seguían como sombras: "La guardiana ha regresado", "La princesa del espejo", "El fin está cerca".


"Parece que las noticias viajan rápido", comentó Wei Li mientras desmontaban frente al templo local, un edificio modesto pero bien mantenido.


"En el campo, los rumores son más rápidos que los caballos imperiales", respondió la princesa Mei Xing, alisando su elegante vestido después de desmontar con gracia. "Y en tiempos de crisis, la gente busca señales y salvadores".


"No somos salvadores", dijo Mei Lin en voz baja. "Solo personas intentando hacer lo correcto".


"Para ellos, es lo mismo", respondió la princesa con una sonrisa triste.


El monje principal del templo, un hombre mayor de expresión serena a pesar de las circunstancias, los recibió con profundas reverencias.


"Su Alteza Imperial, Honorable Señorita Lin, distinguidos invitados", saludó formalmente. "Es un honor y un alivio recibir su visita en estos tiempos oscuros".


"El honor es nuestro, Venerable Maestro", respondió la princesa con igual formalidad. "Hemos venido a ver a los afectados por la entidad".


El monje asintió gravemente.


"Por supuesto. Los mantenemos en la sala de meditación, donde las energías son más equilibradas. Pero debo advertirles: su condición es... perturbadora".


"Estamos preparados", aseguró Mei Lin.


El monje los guio a través del templo hasta una sala circular en la parte trasera. El aire allí era pesado con incienso, y símbolos protectores habían sido pintados en las paredes. En el centro, sentados en posición de meditación sobre esteras de bambú, se encontraban tres personas: un hombre de mediana edad, una mujer joven, y un anciano. Los tres tenían los ojos cerrados y parecían estar en trance.


"No han comido ni bebido desde que los trajeron", explicó el monje en voz baja. "Pero tampoco muestran signos de debilitamiento. Es como si... como si algo más los sustentara".


Wei Li se acercó cautelosamente, estudiándolos con ojo científico.


"¿Han dicho algo?", preguntó.


"Solo frases inconexas en una lengua que nadie comprende", respondió el monje. "Excepto..."


"¿Excepto?", presionó la princesa.


"Excepto un nombre que repiten ocasionalmente: 'Lin Mei Hua'".


Todos miraron a Mei Lin, quien dio un paso adelante, acercándose a los tres aldeanos.


"¿Cuándo fue la última vez que hablaron?", preguntó.


"Hace unas horas", respondió el monje. "Justo antes del amanecer. Todos se despertaron simultáneamente, dijeron algo en esa extraña lengua, y luego volvieron a su trance".


Mei Lin se arrodilló frente a ellos, estudiando sus rostros serenos. Aparte de un ligero temblor en sus párpados, podrían haber estado simplemente dormidos.


"¿Puedo intentar comunicarme con ellos?", preguntó al monje.


"Por supuesto, señorita", respondió él, aunque parecía nervioso. "Pero tenga cuidado. La última persona que intentó tocarlos fue arrojada contra la pared por una fuerza invisible".


"Encantador", murmuró Wei Li, acercándose para estar junto a Mei Lin. "Quizás deberíamos intentar un enfoque menos... táctil".


La princesa Mei Xing se adelantó, sacando de entre sus ropas un pequeño objeto envuelto en seda roja. Lo desenvolvió cuidadosamente, revelando un espejo de mano de plata antigua con intrincados grabados en su marco.


"El Espejo de la Verdad Eterna", anunció, sosteniéndolo con reverencia. "Puede servir como puente entre dimensiones. Si el guardián está intentando comunicarse a través de estos aldeanos, el espejo podría facilitar la conexión".


Mei Lin asintió, y la princesa le entregó el espejo. Era sorprendentemente pesado para su tamaño, y Mei Lin sintió un hormigueo en sus dedos al tocarlo, como si una corriente eléctrica sutil fluyera a través del metal.


"¿Cómo funciona?", preguntó, estudiando los símbolos grabados en el marco.


"Sostén el espejo frente a ellos y concéntrate en tu deseo de comunicarte", instruyó la princesa. "El espejo hará el resto".


Mei Lin respiró hondo y sostuvo el espejo frente a los tres aldeanos en trance. Por un momento, nada sucedió. Luego, lentamente, la superficie del espejo comenzó a ondular, como agua perturbada por una piedra. Los reflejos de los aldeanos se distorsionaron, fusionándose en una única imagen: la de una figura alta y etérea, vagamente humanoide pero con proporciones extrañas y ojos que brillaban con un resplandor verde intenso.


"El guardián", susurró la princesa.


Los tres aldeanos abrieron los ojos simultáneamente, revelando que sus iris habían sido reemplazados por el mismo resplandor verde que emanaba de los ojos de la figura en el espejo. Cuando hablaron, lo hicieron al unísono, sus voces mezclándose en un coro inquietante que parecía venir de todas partes y de ninguna a la vez.


"Guardiana del Jade", dijeron en un chino antiguo pero comprensible. "Por fin te encuentro".


Mei Lin se mantuvo firme, aunque sentía un escalofrío recorrer su espalda.


"Soy Mei Lin", respondió. "Reencarnación de Lin Mei Hua, guardiana del Corazón de Jade. ¿Quién eres tú?"


Las voces respondieron, mientras la figura en el espejo parecía inclinarse hacia adelante, como si intentara atravesar el cristal.


"Soy Xian Wei, Guardián del Umbral entre Mundos. He sido desplazado de mi dimensión por las acciones del que ustedes llaman Lai Chong Wisang y la secta conocida como La Espada Oxidada".


"¿Por qué has estado causando destrucción?", preguntó Wei Li, uniéndose a la conversación. "¿Por qué atacar aldeas inocentes?"


La figura en el espejo pareció estremecerse, y los tres aldeanos mostraron expresiones idénticas de remordimiento.


"No era mi intención causar daño", respondieron las voces. "En mi forma actual, no puedo controlar completamente mi influencia en este plano. La energía que emito naturalmente es incompatible con su realidad, causando deterioro involuntario. He intentado minimizar mi contacto con seres vivos, pero mi desesperación por encontrar a la guardiana me ha llevado a cometer errores".


"¿Por qué me buscabas con tanta urgencia?", preguntó Mei Lin.


"Porque el sello se debilita", respondieron las voces con creciente agitación. "La prisión de la que llaman Diosa de la Paz está fracturándose. Si se libera completamente, no solo este mundo, sino múltiples dimensiones sufrirán consecuencias catastróficas".


"¿Conoces a esta Diosa?", preguntó la princesa, acercándose al círculo.


"La conozco", confirmaron las voces, y un estremecimiento pareció recorrer a los tres aldeanos simultáneamente. "Fue una de nosotros, una Guardiana del Umbral, antes de corromperse. Su verdadero nombre es Mei Shen, y su poder sobre la realidad es inimaginable para seres de un solo plano como ustedes".


"¿Qué podemos hacer para detenerla?", preguntó Mei Lin, yendo directamente al punto.


"El ritual debe realizarse", respondieron las voces. "Pero no como La Espada Oxidada espera. Han manipulado los textos antiguos, alterado los símbolos sagrados. El verdadero ritual no debilita el sello; lo refuerza y me permite regresar a mi dimensión para restaurar el equilibrio".


"Pero Lai Chong ha construido un dispositivo para invertir los efectos del ritual", intervino Wei Li. "¿Cómo contrarrestamos eso?"


La figura en el espejo pareció considerar la pregunta, y los aldeanos fruncieron el ceño en perfecta sincronía.


"El dispositivo depende de la alineación precisa con el punto focal del ritual", explicaron finalmente. "Si el ritual se realiza en un lugar diferente al esperado, el dispositivo será ineficaz".


"¿Un lugar diferente?", repitió Mei Lin. "Pero el ritual debe realizarse en el Templo de los Ancestros Lin, ¿no es así?"


"No necesariamente", respondieron las voces. "El poder está en la guardiana y en el Corazón de Jade, no en el lugar. El templo simplemente facilita la canalización de energía debido a su ubicación en una línea de poder natural. Pero hay otros puntos de poder que podrían servir".


"¿Como cuáles?", preguntó la princesa con evidente interés.


"La Cueva de los Ecos Eternos, en la ladera norte de la montaña sagrada", respondieron los aldeanos. "Un lugar de gran poder, conocido solo por los guardianes dimensionales y aquellos a quienes hemos confiado nuestros secretos".


Mei Lin y Wei Li intercambiaron una mirada de esperanza renovada. Esto podría ser la ventaja que necesitaban.


"¿Cómo llegamos a esta cueva?", preguntó Mei Lin.


"Yo os guiaré", respondieron las voces. "Pero debemos actuar con cautela. La Espada Oxidada tiene ojos y oídos en todas partes, incluso en lugares que consideráis seguros".


"¿Te refieres a la mansión Lin?", preguntó Wei Li, aunque ya sospechaba la respuesta.


"Me refiero a más cerca de lo que imagináis", respondieron las voces crípticas. Y entonces, los tres aldeanos giraron sus cabezas al unísono, mirando directamente a la princesa Mei Xing.


El silencio que siguió fue ensordecedor. La princesa palideció visiblemente, dando un paso atrás.


"¿Qué insinúas, guardián?", preguntó con voz temblorosa.


"No insinúo nada, Mei Xing", respondieron las voces con una calma inquietante. "Simplemente veo la verdad que otros no pueden ver. El Espejo no miente; solo refleja lo que ya existe".


La princesa miró a Mei Lin con una expresión de pánico.


"No lo escuches", dijo rápidamente. "Está intentando sembrar discordia entre nosotros. Es una táctica común de La Espada Oxidada".


Pero Mei Lin ya había notado algo: la princesa había llamado al guardián "él", a pesar de que en ningún momento se había establecido el género de la entidad.


"¿Cómo sabes que el guardián es masculino?", preguntó lentamente, levantándose y dando un paso atrás, acercándose instintivamente a Wei Li.


La princesa abrió la boca para responder, pero ninguna palabra salió. En su lugar, una sonrisa lenta y completamente diferente a su expresión habitual se extendió por su rostro.


"Impresionante", dijo, y su voz había cambiado, volviéndose más profunda y resonante. "Pocos notan esos pequeños detalles. Ahora veo por qué eres una guardiana tan efectiva, Lin Mei Hua... o debería decir, Mei Lin".


Zhao Yun, que había permanecido en silencio hasta ese momento, desenvainó su espada con un movimiento fluido.


"¿Qué está pasando?", exigió, mirando alternativamente a la princesa y a los aldeanos en trance. "¿Quién eres realmente?"


La falsa princesa rio, un sonido que envió escalofríos por la espina dorsal de todos los presentes.


"Soy muchas cosas, Capitán Zhao. Un consejero imperial. Un maestro de La Espada Oxidada. Un devoto servidor de la Diosa. Pero ustedes pueden llamarme por el nombre que he adoptado en esta corte: Maestro Feng".


Wei Li maldijo por lo bajo. El misterioso líder de La Espada Oxidada había estado con ellos todo el tiempo, disfrazado como la princesa Mei Xing.


"¿Dónde está la verdadera princesa?", preguntó Mei Lin, su voz firme a pesar del shock.


"Oh, está perfectamente a salvo", respondió Feng/Mei Xing con un gesto despreocupado. "Por ahora. La necesito viva para el ritual de esta noche. Después... bueno, la Diosa requerirá sacrificios dignos de su magnificencia".


"No te saldrás con la tuya", declaró Zhao Yun, avanzando con su espada en alto.


El Maestro Feng, aún en el cuerpo de la princesa, lo miró con diversión.


"Valiente pero tonto, Capitán. ¿Realmente atacarías a tu amada princesa? ¿Podrías atravesar este cuerpo con tu espada, sabiendo que ella sigue dentro, consciente pero impotente?"


Zhao Yun vaciló, y esa duda momentánea fue todo lo que Feng necesitó. Con un movimiento inhumanamente rápido, extendió una mano hacia el capitán. Una onda de energía rojiza emanó de sus dedos, golpeando a Zhao Yun en el pecho y enviándolo volando contra la pared del templo.


"¡Zhao Yun!", gritó Mei Lin, haciendo ademán de ir hacia él.


"Yo no lo haría", advirtió Feng, girándose hacia ella. "A menos que quieras compartir su destino".


Wei Li se colocó protectoramente frente a Mei Lin, su "bolígrafo" tecnológico discretamente activado en su mano.


"¿Qué quieres exactamente?", preguntó, ganando tiempo mientras evaluaba sus opciones.


Feng sonrió, un gesto perturbador en el rostro normalmente sereno de la princesa.


"Lo que siempre he querido: la liberación de mi Diosa. Y gracias a ustedes, ahora tengo todos los elementos necesarios". Miró el espejo que Mei Lin aún sostenía. "Incluido el Espejo de la Verdad Eterna, que tan amablemente me han traído".


"No te lo entregaré", declaró Mei Lin, apretando el espejo contra su pecho.


"No necesitas hacerlo", respondió Feng con calma inquietante. "Esta noche, cuando la luna esté llena, vendrás voluntariamente al Templo de los Ancestros Lin. Traerás el Corazón de Jade, el Espejo, y realizarás el ritual exactamente como te he instruido".


"¿Y por qué haría eso?", desafió Mei Lin.


La sonrisa de Feng se ensanchó, volviéndose casi depredadora.


"Porque si no lo haces, la verdadera princesa Mei Xing morirá. Y no solo ella. También tu precioso Wei Li, el leal Zhao Yun, y cada hombre, mujer y niño en un radio de diez kilómetros".


"No puedes matar a tanta gente tú solo", argumentó Wei Li, aunque sin mucha convicción.


"¿No?", respondió Feng, arqueando una ceja. "La entidad que ustedes llaman 'guardián' no es el único ser dimensional que camina por este plano. Tengo mis propios... aliados".


Como para enfatizar sus palabras, las sombras en las esquinas de la sala parecieron moverse por sí solas, adquiriendo brevemente formas vagamente humanoides antes de volver a la oscuridad.


"Tienes hasta el anochecer para decidir", continuó Feng. "Aunque realmente no hay decisión que tomar, ¿verdad? Siempre has sido demasiado noble para tu propio bien, Lin Mei Hua. En todas tus encarnaciones".


Con esas palabras, el cuerpo de la princesa se desplomó repentinamente, como una marioneta con las cuerdas cortadas. Al mismo tiempo, los tres aldeanos en trance cayeron hacia adelante, inconscientes.


Wei Li corrió hacia la princesa caída, comprobando sus signos vitales.


"Está viva", anunció con alivio. "Pero inconsciente. Creo que Feng ha abandonado su cuerpo".


Mei Lin se apresuró hacia Zhao Yun, quien gemía débilmente, intentando incorporarse.


"¿Estás bien?", preguntó, ayudándolo a sentarse.


"He estado mejor", respondió él con una mueca de dolor. "¿Qué... qué acaba de pasar?"


"Fuimos engañados", dijo Mei Lin sombríamente. "El Maestro Feng ha estado poseyendo a la princesa, probablemente desde antes de que llegara a la mansión. Todo lo que nos dijo era parte de su plan".


"No todo", intervino Wei Li, que ahora examinaba a los aldeanos. "El guardián dimensional confirmó gran parte de lo que 'la princesa' nos contó sobre los sellos y la Diosa. Creo que Feng mezcló verdades con mentiras para hacernos más receptivos".


"Una táctica efectiva", murmuró Zhao Yun, levantándose con dificultad. "¿Qué hacemos ahora?"


Mei Lin miró el espejo en sus manos, luego a los aldeanos inconscientes, y finalmente a Wei Li.


"Necesitamos encontrar esa cueva", dijo con determinación. "El guardián dijo que podríamos realizar el ritual allí, fuera del alcance del dispositivo de Lai Chong".


"Pero no sabemos dónde está exactamente", señaló Wei Li. "Solo que está en la ladera norte de la montaña sagrada".


"Yo sé dónde está", dijo una voz débil desde el suelo.


Todos se volvieron para ver a la princesa Mei Xing, la verdadera esta vez, intentando sentarse. Su rostro estaba pálido y demacrado, como si hubiera estado luchando internamente durante días.


"Princesa", exclamó Zhao Yun, corriendo a su lado para ayudarla.


"Estoy bien", dijo ella, aunque claramente no lo estaba. "O lo estaré. Ese... monstruo ha estado controlándome durante semanas, pero podía ver y oír todo. Incluyendo sus planes".


"¿Sabes dónde está la Cueva de los Ecos Eternos?", preguntó Mei Lin, arrodillándose junto a ella.


La princesa asintió débilmente.



"Mi familia ha guardado su ubicación durante generaciones, como parte de nuestro deber como guardianes del Espejo. Puedo llevarlos allí".


"Es demasiado peligroso", protestó Zhao Yun,sinceramente preocupado. "Estás débil, y Feng podría intentar poseerte nuevamente".


"No lo hará", respondió la princesa con sorprendente firmeza.y feliz de ver la preocupación del valiente capitan por ella "No inmediatamente, al menos. La posesión requiere una gran cantidad de energía, especialmente mantenerla durante períodos prolongados. Necesitará tiempo para recuperarse antes de intentarlo nuevamente".


"Lo cual nos da una ventana de oportunidad", concluyó Wei Li, su mente analítica ya formulando un plan. "Podemos llegar a la cueva y realizar el ritual antes de que Feng se recupere lo suficiente para detenernos".


"No será tan simple", advirtió la princesa. "Feng no es el único miembro de La Espada Oxidada en la región. Tienen agentes por todas partes, y ahora que saben que estamos al tanto de su plan, movilizarán todos sus recursos para detenernos".


"Sin mencionar a Lai Chong y su tecnología", añadió Mei Lin. "Y al hecho de que aún necesitamos al guardián dimensional para el ritual".


"Una cosa a la vez", dijo Wei Li, ayudando a la princesa a levantarse. "Primero, salgamos de aquí antes de que Feng envíe refuerzos. Segundo, contactemos a Ken y Ye Ye; necesitaremos toda la ayuda posible. Tercero, encontremos esa cueva y preparémonos para el ritual".


"¿Y el guardián?", preguntó Mei Lin, mirando a los aldeanos inconscientes.


"Nos encontrará", respondió la princesa con certeza. "Ahora que ha establecido contacto contigo a través del Espejo, puede sentir tu presencia. Te seguirá a donde vayas".


"Maravilloso", murmuró Wei Li. "Un demonio interdimensional como mascota. Siempre quise uno de niño".


A pesar de la gravedad de la situación, Mei Lin no pudo evitar sonreír. Incluso frente al apocalipsis dimensional, Wei Li mantenía su sentido del humor.


"Vamos", dijo, guardando cuidadosamente el espejo entre sus ropas. "Tenemos un mundo que salvar. O varios, aparentemente".


Mientras salían del templo, con la princesa apoyada entre Zhao Yun y Wei Li, y Mei Lin liderando el camino, ninguno notó la pequeña araña metálica que los observaba desde un rincón del techo. Un dispositivo de vigilancia primitivo pero efectivo, transmitiendo imágenes directamente a la fábrica de Lai Chong Wisang, donde el Maestro Feng, ahora en su verdadera forma, observaba con una sonrisa satisfecha.


"Corran, pequeños guardianes", murmuró para sí mismo. "Su desesperación solo hace más dulce la victoria final".


A su lado, Lai Chong Wisang observaba la escena con expresión preocupada.


"¿No deberíamos detenerlos?", preguntó nerviosamente. "Si encuentran la cueva y realizan el ritual allí..."


"Déjalos correr", respondió Feng con calma inquietante. "La Cueva de los Ecos Eternos es exactamente donde queremos que estén".


"Pero dijiste que necesitábamos que el ritual se realizara en el Templo de los Ancestros Lin, donde mi dispositivo está alineado", protestó Lai Chong.


Feng se volvió hacia él, sus ojos brillando con un resplandor rojizo que hizo que Lai Chong retrocediera instintivamente.


"Mi querido y limitado Lai Chong", dijo con condescendencia. "¿Realmente crees que La Espada Oxidada ha sobrevivido milenios sin aprender a anticipar cada posible contratiempo? La Cueva de los Ecos Eternos no es un refugio seguro; es una trampa. Una trampa que yo mismo diseñé hace quinientos años, específicamente para este momento".


Lai Chong pareció momentáneamente impresionado, pero luego frunció el ceño.


"¿Quinientos años? Pero eso significaría que tú..."


"Que he vivido mucho más de lo que cualquier humano debería", completó Feng con una sonrisa que no llegaba a sus ojos inhumanos. "La devoción a la Diosa tiene sus recompensas, Lai Chong. Recompensas que pronto conocerás, si continúas sirviendo fielmente".


Lai Chong asintió, aunque un observador atento habría notado el miedo en sus ojos y la duda creciente en su expresión.


Mientras tanto, en el valle debajo de la fábrica, una figura alta y etérea se movía con propósito renovado hacia la montaña sagrada, dejando un rastro de vegetación marchita a su paso. El guardián dimensional había encontrado finalmente a su guardiana, y nada lo detendría ahora.



Continuara

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Esposa a La Carta Cap 2

Novelas Por Capitulos



 Pero lo mejor era tener dinero: dinero sucio, dinero limpio, dinero lavado, dinero producido, dinero robado. Estaba en la cúspide de la ola, a punto de saltar a una más alta. Para tomar impulso, subir a una que rozase el cielo o, de ser posible, pasarle por encima y llegar a la galaxia.
La mujer estiró sus piernas.
Por un momento frunció el ceño. Unas finas venitas azules se veían; con esfuerzo se notaban, pero ella sí las veía. Ella sabía que ahí estaban. ¡Maldición!, a los 35 años una chica no debe mostrar ni una marca. La competencia era feroz. Las jóvenes menores no tenían ningún escrúpulo en la lucha por ser las número uno y desplumar a cualquier imbécil creído que andaba por ahí, dándoselas de Brad Pitt.





Eso la obligaba a poner luz tenue en su habitación. Buscaría a un negro. Uno que le hiciese mucho daño. Pero un negro bien feo. Sí, eso quería. Alguien que no se desinflase rápido. Recordó a Esteban. Todo el tiempo a gran velocidad y en poco tiempo. Ese idiota. Era el punto neutro en la ecuación. Se hizo esa imagen mental para odiarlo. Odiarlo mucho.
En realidad, Esteban fue un demonio en la cama. El único que la hizo vibrar hasta la última célula. Pero era imbécil e idiota. ¡En fin!, nada era perfecto. Para poder asimilar mentalmente su divorcio, se decía constantemente que no le servía en el sexo. La absoluta realidad era que más de una vez poco faltó para ir a buscarlo. Él era mejor que cinco sádicos con tres años de abstinencia.
Por un momento se puso alerta. Sintió la sensación de que Esteban podía dañarlo todo. No podía eliminarlo todavía. En el divorcio lo dejó sin nada. Pero él se quedó con algo de ella: el recuerdo del sexo más brutal y primitivo que alguien pudiese imaginar en la porno más sucia jamás realizada.
El dinero fue hecho sudado, trabajado, por ella. Todo porque ese bobo, junto a su cerebro, vivía en el limbo. Fue un grave error. Pidió perdón a sí misma y a Dios cuando firmó el acta de matrimonio. Se autoconvenció de que la aburría su sexo insípido, clásico, rutinario y precoz, aunque la realidad era que ningún otro la había satisfecho como Esteban. Definitivamente, decir que no le servía en la cama era un odioso ejercicio de PNL que nunca le daba resultado.
"Esteban... si vinieras esta noche a desbaratarme", pensó y se sintió inmediatamente húmeda.
El muy gafo, con su sonrisa babosa, firmando todo lo que ella le presentaba. Pero era una bestia sexual. Por eso duraron el poco tiempo que duraron.
Ahora tenía que resolverlo. Sería a partir de mañana. Otros asuntos le rondaban por la mente.
Mila Keyla comenzó a vestirse. Lo peor que puede hacer una ejecutiva profesional con dos másteres y dos doctorados es acostarse con un cliente. Porque eso era hacerlo con un amigo al que apreciaba. Insoportable era hacerlo con un cliente y amigo. Pero era necesario. Millones de dólares estaban en juego; entendía que no podía regalarle una universitaria. Tenía que ser ella. Después del sexo, la firma. Más nada. Sin recuerdos ni remordimientos.

Fedra Clarisse Rodríguez Jo vio al cartero.
El hombre le entregaba un sobre rojo del servicio de impuestos. La joven distraídamente firmó el recibo. Era un sobre con muchos sellos.
Someramente los leyó: “Dirección desconocida”, “Errada”, “Dirección fiscal errada”, “Fallido”, “No se encuentra el destinatario”, “Diríjase al remitente”, “Correo electrónico desconocido”, “Etc., etc.”.
Parecía que el Doctor contaba con múltiples direcciones y el sobre lo había rastreado durante meses.
Caviló si lo abría o no. Decidió que no.
Viendo el polvo, el aspecto ruinoso de la oficina, ya no estaba tan segura de quedarse. Este abogado estaba unos 987 kilómetros más allá de la miseria. Colocó el sobre encima del polvoriento escritorio. Ella y sus despistes. No le pidió el número de celular ni su correo electrónico. El hombre le dio las llaves, luego velozmente se fue, dejándola en medio de la ruina y el polvo de la desordenada oficina.
Decidió vegetar y fisgonear. ¡Qué más! El doctor estaría loco si pensaba que ella se pondría a limpiar. Ni en su casa lo hacía,
mucho menos enfrentarse a toda esta basura, más grande que la basura acumulada por los habitantes de la Gran Caracas, que eran famosos en todo el hemisferio, especialmente por su suciedad, casi igual a la India.
"Es que les gusta vivir en la inmundicia. ¡Qué antihigiénicos!", dijo recordando las fotos de los periódicos.

Al día siguiente, Esteban entró en la oficina. Quedó mudo de asombro. En su vida de divorciado, la oficina nunca había estado tan limpia y bella. Los periódicos ya no estaban, las carpetas se colocaron en unos archivos portátiles que habían estado sepultados en la suciedad quién sabe cuánto tiempo.
En realidad, los papeles eran documentos sin importancia y los únicos productivos eran trabajos de Keyla. Los pocos recibos de cobro también eran de ella nada más.
Clarisse trajo café de su casa, lo preparó, ofreciéndole una inmensa taza humeante. Casi la besó. De verdad, esa apetitosa joven le estaba gustando más y más. Ese café con leche era lo primero que le llegaba al estómago en dos días. Agradeció en silencio; inmediatamente la joven le entregó el sobre del impuesto.
--¿Impuestos? Si alguien está exento de impuestos en este país, ese soy yo. —Devolvió el sobre sin abrirlo.
--Archívelo por ahí. Por el momento no tengo nada que declarar. —Continuó el hombre, sin dejar de contemplar lo que ahora sí parecía una oficina de alguien productivo.
--¿Y si es una multa? —preguntó la muchacha, viendo que este hombre, aparte de pobre y derrotado, era un irresponsable.
--Mi ex ya se encargó de dejarme en la ruina. Dejó muy poco para cobrarme el gobierno. Más bien ellos deberían ayudarme con algún beneficio social —explicó tranquilamente Esteban, con un gesto de sarcasmo, viendo mejor a la joven mientras pensaba: "¿Cómo haría para meterle los pelos para adentro?".
Fedra Clarisse suspiró. Esto sí que era una mala manera de hacer unas pasantías en administración de bufetes. Este hombre no tenía ni billetes de monopolio para administrar.
Esteban se sentó en su escritorio. Se puso a juguetear con sus dedos. Sinceramente, viéndola bien, la chica tenía bastante de todo. Por un segundo volvió a fantasear cómo sería tenerla abrazada, bailar pegadito con ella, tomar ese talle que prometía tantas cosas, quitarle esos lentes de pasta… Quitarle la ropa. Apartando tan ruines pensamientos, se levantó y, saliendo repentinamente, dijo:
--No vengo en todo el día —dijo en la puerta, disponiéndose a salir. Vegetaría por ahí. Ya se había tomado un café. Con eso tenía para toda la jornada.
--Necesito su correo y teléfono —dijo ella tratando de atajarlo.
Esteban, un poco cortado, se detuvo en la puerta y confesó:
--No tengo ni celular ni computadora. Es que... este... estamos renovando los equipos —el hombre se arrepintió en medio de la frase. Era una tontería fingir.
La muchacha no le creía, pero ni de lejos.
--Bueno, cuando termine, debería abrir uno —musitó ella. Y, como agarrada en falta, continuó sirviéndose, un poco molesta, una taza de café. ¿Para qué fingir? --¿Cuando termine? ¿Qué?
--Bueno. Cuando termine —dijo Esteban escapando. De verdad quería intentarlo.
Después de la intempestiva salida del hombre, Clarisse quedó dueña y señora de la oficina. Continuaría limpiando, así fuera por el camino de la virgen. Cajas con avisos y amenazas de cobro, facturas vencidas, cheques protestados, citaciones de abogados; este hombre lo tenía todo en negativo.
--No paga ni promesas —susurró la joven viendo y viendo todo el papeleo. Miró nuevamente el sobre del impuesto. Bueno, eso era parte de su trabajo. Lo abrió y leyó.
A medida que lo hacía, sus ojos se ponían más y más grandes de asombro. Estaba más que estupefacta. Era un error. Un impresionante error. No entendía. Veía y releía. Lo que tenía ante sus ojos eran los formularios, facturas de cancelación y pagos de impuestos con su correspondiente respaldo en internet.
Eran cancelaciones de tributos de varias empresas: una constructora de carreteras y parques industriales, una empresa de transporte de alimentos, una contratista de servicios de mantenimiento eléctrico industrial, otra de mantenimiento y reparación de equipos de alta tecnología de hospitales, otra contratista de intendencia militar. Las ganancias eran extraordinarias.
Los pagos de los desgravámenes personales habían sido puntuales. Esteban Watkings Olivestri era un excelente pagador de impuestos. Lo era porque ganaba millones de dólares, yuanes, euros, rublos, rupias, bitcóin, etherum, papeles en oro etf,proshares, indices.. Las empresas tenían domicilios fiscales en Islas Caimán, Granada, Andorra e Isla de Man; adicionalmente, tenía unos extraños apartados postales en Miami y Luxemburgo.
"Este tonto, quién sabe en qué estará metido y ni lo sabe", pensó espantada la muchacha viendo la puerta y con ganas de echar a correr a todo dar, bien lejos de este idiota. No le agradaba para nada estar junto a un tipo que estaba evidentemente un 99.99% preso o muerto en el futuro más próximo posible, que comenzaba en un nanosegundo.

---

**Mila Keyla Koslow Reyes amaneció muy dolorida.** 
El doctor López tenía un cuerpo horrible, lleno de pelos y con una inmensa barriga. Su voz reflejaba su sedentarismo, pero lo que le hizo a ella y la obligó a hacer la hizo aullar de puro placer, con un voyeurismo activo. 

—Mira el gordito —dijo desperezándose, pero obtuvo resultados. 
El contrato de repavimentación de la autopista K3 ya tenía la orden de ejecución con el cheque por adelantado. Subcontrataría, haría un trabajo de novena categoría; nuevamente obtendría el contrato, haría un trabajo peor para, una vez más, conseguir el contrato. 

De repente, con una sonrisa mientras se lavaba los dientes recordando la noche, se dijo que era el momento de que su ex-ex-ex entrara definitivamente en el baúl de los recuerdos. Esa alerta en sus pensamientos jamás fallaba… Algo debía estar haciendo Esteban que afectaba sus planes. 

Esteban siempre firmaba cada documento que ella le presentaba con una imbécil sonrisa; firmaba y firmaba. Firmaba cheques con una estupidez que daba asco. Era increíble tanta inocencia en un abogado. Sí, pero era un abogado enloquecido por el mágico triángulo de placer que ella usaba con amplia perversión en él y simultáneamente con otros más productivos. 

Tan simple. Las empresas crecieron, ella hizo registros de comercios, instaló todo y él ni cuenta se dio. 

En principio, pensó hacerlo para darle una sorpresa; después, viendo su ineptitud y honradez, tomó las ganancias para ella sola. Después fue después; él ya era innecesario. 

Se divorciaron. Esteban era más que un pesado estorbo. Pero ella no hizo repartición de bienes, simplemente aplicó una argucia legal. 
Él era el dueño de todo e hizo la repartición de bienes a favor de ella. Él siguió siendo socio, con una particularidad: era el responsable desde la muerte de Jesucristo, pasando por el Holocausto y el genocidio de Siria e Irak. Todo gracias a un poder ilimitado, donde él era el único que firmaba, el único responsable fuese lo que fuese, declarándose culpable por todos y cada uno de los actos ejecutados en su nombre. Todo legal. Todo sencillo. 

Creyó que era el documento por la compra de un apartamento de playa. 
Ella lo hizo socio, renunciando a muchos beneficios. Pero legal, extremadamente legal. De verdad que ella era muy mala y perversa. 

Mientras se vestía con su uniforme de bufete, la mujer decidió que ya estaba bien. 
Una nueva acta de accionistas, un nuevo documento, la quiebra de las empresas, los responsables de muchas estafas en la cárcel y un único culpable: él, solo él. Esteban. 
Después, como corolario, pues… Esteban, abrumado por la pena y los remordimientos de conciencia, se suicidaría. 
Listo y despachado. 

No pudo contener la risa. No era lo que pensó cuando se casaron. 

Esteban era un chico bueno, enamorado. Se quedó solo enamorado; pronto ella se daría unas vacaciones porno en las playas de Ibiza. 

---

### **V** 
Esteban veía el crepúsculo. Pronto anochecería. 
El ardor en su estómago le hizo entender que hoy también había sido un muy mal día. Genuinamente malo. No logró ningún acuerdo, le devolvieron muy pocos saludos. 
Nadie quiso conversar con él. 

Los terribles efectos de andar mal vestido. 
Los terribles efectos de ser un derrotado y exesposo de alguien poderoso y famoso. 
La peor ecuación posible. 

Caminó a su departamento. Era un eufemismo. 
En días tendría que entregarlo. 
Dormiría un tiempo en la oficina; pues esta, gracias a la pasante, estaba en mejores condiciones para pasar la noche. 
Después sería después. 

Era mejor descansar. 
Mañana le diría a la pasante que tenía que irse. 
Tiraba la toalla. No tenía cómo pagarle. 

Decidió probar fortuna en otra ciudad. 
Viajaría a Guayana. 
Pasaría a visitar a su hermana. 
Eso le daría unos días de comida. 
También tendría que soportar las recriminaciones de ella. 

—¿Por qué te casaste con esa mosquita muerta? 
Uno no puede casarse por unas piernas bonitas. 
Uno no debe. 
Tonto. Más que gafo. 
Yo te lo dije. 

---

### **VI** 
Fedra Clarisse viajaba en un destartalado trolebús intermunicipal. 

La muchacha siempre tenía ese vahído estomacal cada vez que el chofer tomaba las curvas de la Intercomunal a toda velocidad, camino a su ciudad satélite. 
Eran los terribles castigos de vivir en los suburbios. 

Se había llevado los avisos de los impuestos. 
Esas facturas eran súper extrañas. 
Sintió un impulso que la llevó a introducirlas en su cartera... 

Era más que evidente que el doctor era un gafito de siete leguas. 
Ni sabía lo que pasaba. 
No parecía importarle mucho. 

A lo mejor una cárcel era buena para él. 
Comida y lugar fijo para dormir. 
Por lo menos sería alguien importante. 

Pero por su forma de actuar y mirar, el doctor era más que un tonto de capirote… 
Ya la muchacha no dudaba que él estaba metido en algo feo. 

Después de evadir el interrogatorio controlador y represivo de sus padres, sobre las cualidades y defectos de su nuevo jefe, la joven se conectó a Internet con tranquilidad. 
Buscó por el RIF a las empresas. 
Las direcciones fiscales de las mismas eran casilleros de correos en Miami. 
También descubrió que era malo. 
Más que ser socio del gobierno. 

Definitivamente, todo era malo y peligroso. 
Direcciones fiscales en las Islas Caimán. 
Peor que peor. 

Una tal Distribuidora KK era la que todo lo cobraba. 
También en Miami. 

Ya tenía la idea de cómo haría con todo. 
Ya tenía el panorama completo... 

—Es que tengo hambre —dijo de repente, para nadie. 

En automático se dirigió al refrigerador. 
Se regalaría a sí misma el concierto que pronto en el Poliedro daría Metallica con Lady Gaga. 

Sin duda iría. 
De ahora en adelante disfrutaría todo.Todo. 

Después de eso… 
Todo. 

Si fue el tonto, seguiría siéndolo... 

---

El Cadillac CT6V biturbo biodiesel eléctrico, un Frankenstein automotriz para ricos con culpa ecológica, flotaba plácidamente por la principal de Las Mercedes. Keyla, muñeca de porcelana venenosa, acomodaba un mechón rebelde en la cara de Dave. Frío. Bello. Perfecto como un cadáver de revista. Decía que era solo de ella, su última adquisición, un trofeo humano: bailaba bien, vestía mejor, fornicaba como un demonio en celo. Maquiavélico y malo. La amaba, decía él, sin sentirlo ni siquiera esforzándose en disimularlo. La conquistó a base de sexo sucio, sudor y cierta dosis de desprecio. ¿Qué más podía pedir ella, que adoraba lamer cuchillas?
—Debemos solucionar rápido lo de la constructora —dijo él, mirando por la ventanilla a los pobres amontonados en los Blue Bird intermunicipales, arrastrándose como ganado hacia el matadero.
El hombre contempló el paisaje de miseria a través de la ventanilla blindada. Los vidrios oscuros no solo ocultaban su rostro, también su desprecio. Se sirvió una copa de champaña, la sorbió como quien moja los labios en sangre.
Ella era lista, maldita sea si no lo era. Entendió de inmediato que el hombre ya tejía en su cabeza un discurso de despedida, uno de esos memorables: Yo te amo, pero… bla, bla, bla. Y eso era el escenario optimista. Tenía sospechas, claro, de cómo terminaban los que lo precedieron: entre ataúdes caros y epitafios baratos. Sabía perfectamente lo que le esperaba al exesposo.
Por eso eran la pareja perfecta: él tenía exactamente el mismo sentido de prioridades que ella. Sí, incluyendo asesinato, lavado de dinero, tráfico de influencias… lo normal.
Funcionaban como un reloj suizo adulterado: precisos, crueles, brillantes.
—¿Qué sucede? ¿Hay algo que yo deba saber? ¿Estamos bien?
—Creo que hay un cabo suelto con mi marido. Estoy trabajando en ello.
—Entonces… ¿es cierto lo del divorcio? —dijo él, con una sonrisita que apestaba a ironía.
—Sí lo fue. No creas que no lo amaba. Me dolió demasiado hacerlo, dejarlo… Él no es capaz de sobrevivir solo. A veces me siento culpable. Para olvidarlo, te tengo a ti, mi monstruo malo y perverso.
—La empresa y su socio necesitan un cambio de actividades —continuó él, convencido de que pronto sería parte del platillo principal.
—Indefinidamente —anunció ella, mientras bajaba el cierre de su pantalón y trabajaba en él con unos labios tan hábiles que deberían cotizar en bolsa. Era, oficialmente, el primer anuncio del funeral de su exmarido.
El chofer, pobre diablo, no podía verlos a través del espejo divisorio. Por eso Dave gritó su orgasmo mientras fumaba un porro de marihuana hidropónica que olía a cielo y pecado.
Cuando terminó, ella tomó una servilleta tan fina que parecía robada de un hotel de lujo, se limpió con precisión quirúrgica, se retocó el maquillaje, se pintó los labios. Preciosa. Glaciar. Perfecta.
—Al llegar a los cincuenta, el sexo ya no te va a dar placer —dijo él, soplando el humo aromático con un aire de filósofo de burdel.
—Lo haré con animales. Siempre hay una nueva frontera —respondió ella, sirviéndose champaña, regalándole un beso que sabía a advertencia.

Capítulo 2
La muchacha tuvo el morboso placer de instalar una nueva computadora en la oficina de su jefe. Cuando terminó, amanecía. Estaba agotada, destruida, pero satisfecha: lo que había hecho era puro oro negro. Había conseguido los registros de las empresas, se conectó con la banca virtual, intentó cambiar contraseñas (se lo negaron, maldita burocracia digital), pero le enviaron una adicional con un pequeño crédito de emergencia. Poco, sí, pero suficiente para empezar a volar el castillo de naipes.
Revisó los estados de cuenta. En todas partes, Esteban era el dueño, el dios, el único responsable… pero no disfrutaba ni las migajas. Inactivo por meses, salvo por unas transferencias monstruosas a beneficiarios fantasmas. Él era el principal depositante, el idiota útil del imperio. Su bufete era el asesor, y ella, Keyla, la contratista estrella del apocalipsis.
—Que se suelten los demonios —murmuró satisfecha. Había soltado un cuento barato en su casa para poder quedarse toda la noche en la oficina. Ahora, a dormir todo el día como un murciélago satisfecho. Llamó un taxi, cerró la puerta… y se fue.
⏩⏩⏩⏩
Al día siguiente, Esteban llegó a la oficina. Tan ido y con tanta hambre estaba que no notó los cambios. Vio la nueva computadora —la firma de la muchacha, que se lo estaba tomando muy en serio— y las carpetas, papeles, documentos, todos apilados en su escritorio. Le dio flojera leerlos.Era un procrastinador oficial suma cum laude. La chica no apareció, así que cerró la oficina a las nueve de la mañana. Ya estaba maquinando la jugada maestra: largarse al sitio de moda, donde los venezolanos limpiaban pisos con la lengua. Él se uniría a ellos. Después de lamer suficientes pisos, al menos comería algo decente.
Al otro día, volvió a la oficina. Todo estaba listo.
Esteban llegó dispuesto a otro día de miseria y excusas. Las excusas de los pobres. Las excusas de los que no tienen salida. Se le notaba la vergüenza en la cara, en las manos, en el aliento de café frío.
Ella ya había llegado. Le tenía un café. Y no solo eso: un desayuno completo de Wendy’s. ¿Un desayuno completo de Wendy’s? Esto era pornografía gastronómica para su estómago vacío.
—Para usted —dijo la muchacha, sonriendo como un gato con un ratón entre las garras.
—Hija… gracias. No debiste. Yo no tengo cómo reponerle este gasto, por insignificante que sea…
—Coma, por favor —insistió ella—. Hágalo. Usted mismo lo pagó.
Esteban dudó. La vergüenza le revoloteaba como un enjambre. Pero hambre es hambre. Empezó a comer. No entendía del todo lo que ella había dicho, pero la hamburguesa hablaba un idioma universal. Total, llevaba treinta y dos horas sin probar bocado.
Mientras él devoraba, ella desplegaba, como un mago sin escrúpulos, los pagos de impuestos, documentos de propiedad, estados de cuenta, ingresos… Esteban leía y comía cada vez más rápido, tragaba datos y calorías como un condenado. Hasta que terminó, exhausto.
Y entonces, en el silencio, lo entendió todo.
—¡Dios mío! —jadeó, con el corazón golpeándole el pecho como un tambor de guerra—. ¡Keyla! ¡KEYLA! ¡KEYLA! ¡KEYLA! ¡KEYLA!




 

Continuara Aquí mismo...

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miércoles, 4 de junio de 2025

Yorlett Capitulo 3

Novelas Por Capitulos




Yorlett” repitió él, como saboreando cada sílaba. “tiene algún significado? ’, ¿verdad? Seriá apropiado para alguien que captura la luz con su cámara?.”

Ella asintió,  Pocas personas conocían el significado de su nombre y el no era la excepción 

“¿Eres fotógrafa profesional?” continuó él, señalando la cámara que colgaba del cuello de la bella muchacha 

“Artista visual. La fotografía y la pintura  es solo una parte de mi hobby . En realidad soy estudiante de criminología”


“Capturas las estrellas como si entendieras sus historias,” dijo él, repitiendo las palabras que resonarían en las pesadillas de Yorlett  años después. “Pero, ¿conoces la historia de Nankurunaisa y las siete hermanas?”

Yorlett negó con la cabeza, intrigada a pesar de la inquietud que comenzaba a sentir.

“Es una historia antigua,” continuó Nyer, su mirada fija en el horizonte donde el sol comenzaba a ponerse. “Nankurunaisa  era un cazador poderoso que se enamoró de las siete hermanas Yugarilya. Las persiguió a través del cielo nocturno, intentando capturarlas. Pero Kambugudha, la hermana mayor, protegía a las jóvenes.”

Mientras hablaba, el viento pareció intensificarse, levantando pequeños remolinos de arena roja a su alrededor.

“Enciende un fuego mágico en su mano —la estrella que ustedes llaman Betelgeuse— para impresionar a las hermanas. Y cada noche, Kambugudha lo humilla, apagando su fuego.”

Yorlett  escuchaba, fascinada. Había algo hipnótico en su voz, en la forma en que narraba la historia, como si la hubiera vivido personalmente.

“Es una historia sobre deseo y rechazo,” concluyó Nyer, volviendo a mirarla. “Sobre perseguir lo que nunca podrás tener.”

“Suena triste,” comentó .  Nankurunaisa nunca consigue a las hermanas?”


La sonrisa de Nyer se tornó enigmática.

“Las historias cambian con el tiempo. Quizás esta vez el final sea diferente.”

El sol había desaparecido por completo, y el cielo se llenaba rápidamente de estrellas. Ella nunca había visto un cielo nocturno tan claro, tan vivo.

“Mira,” dijo Nyer, señalando hacia arriba. “Orión está apareciendo.Nankurunaisa

comienza su cacería nocturna.”

Ella  siguió su mirada. Efectivamente, la constelación de Orión se alzaba sobre el horizonte, sus estrellas brillando con intensidad sobrenatural.

“Es hermoso,” murmuró.

“La belleza y el peligro suelen ir de la mano,” respondió Nyer,  cuando Yorlett volvió a mirarlo, habría jurado que sus ojos reflejaban exactamente el mismo brillo dorado que las estrellas sobre ellos.


Al despedirse el joven, Yorlett movió la cabeza con desaliento. Era ridículo. apenas que lo estaba conociendo y le parecía conocido. Le daba la sensación  que tenía gestos de su novio Omeo Cooper. 

-- Es que estoy demasiado enamorada-- susurró,añorando a su reciente novio que debía estar trabajando en alguna plataforma petrolera quién sabe adónde. Su novio. Un Daily rates. Un chico demasiado lindo para un trabajo tan tosco y peligroso.

.


V


El sonido de un motor acercándose sacó a Yorlett de sus antiguos  recuerdos. Se puso de pie de un salto, alerta, la mano instintivamente buscando el colgante de protección bajo su camiseta.

Un todoterreno apareció en el camino de acceso.  Reconoció a Henry  al volante y se permitió relajarse ligeramente. Se preguntó si debía darle una oportunidad a Henry. Tenían química,definitivamente era bien parecido,el no tenía a nadie, ella tampoco, y estaba más que demostrado que un gran amor lo tenía oculto y que no disminuía por nada.

Los errores de tener a alguien en la zona de friendly. Quizás más adelante le permitiría acercarse.

Mientras observaba cómo el vehículo se detenía frente a la cabaña, Yorlett  se preguntó cuánto debería contarle. ¿Toda la verdad? ¿Una versión editada que no la hiciera parecer completamente loca?

El atractivo Aussie  bajó del coche, cargando una mochila y una bolsa de comestibles. Era más alto de lo que recordaba, con el mismo cabello oscuro y rizado Gales  que caracterizaba a la familia Clark , aunque sus rasgos eran más angulosos, herencia de su madre australiana.

“Yorlett ,” dijo al verla, con una mezcla de alivio y preocupación. “Has llegado.”

Ella asintió, sin moverse del porche.

“Gracias por esto,” respondió, señalando la cabaña con un gesto. “Sé que debe parecer extraño, que yo aparezca así después de tanto tiempo.”

El hombre  se acercó, dejando las bolsas en el suelo.

“La familia ha estado muy preocupada. Tu desaparición… hubo búsquedas, . Tu madre pensó que habías.. Disculpa.. ellos me llamaron.


“Lo sé,” le interrumpió ella, la culpa pesando en su voz. “Y lo siento. Pero no podía arriesgarme a contactarlos. No después de lo que pasó con Omeo Cooper .”

La mención del rival hizo que Henry  frunciera el ceño.

“¿Qué tiene que ver OMEO  con todo esto? Eso sucedió hace mucho tiempo. Tienes que luchar por superarlo.-- expresó algo desconcertado. Ese recuerdo era la muralla que lo frenaba y le impedía avanzar en su interés por ella

 -- No es tan fácil-- expresó,sintiéndose vulnerable ante tener siempre sus sentimientos muy expuestos

Yorlett cerró los ojos un momento, intentando controlar el temblor que comenzaba en sus manos.

“Todo esto siempre está en una secuencia desde ese tiempo” dijo finalmente. “Todo es una advertencia. Para mí.”

Henry la miró fijamente, evaluándola. Hubiera querido abrazarla, Pero se contuvo.Después de un momento, recogió las bolsas y se dirigió hacia la puerta.

“Entremos,” dijo. “Creo que tienes mucho que contarme.”

Una vez dentro, Henry  comenzó a guardar los alimentos que había traído mientras Ella permanecía de pie, incómoda, como una intrusa en aquel espacio.

“He traído provisiones para varios días,” comentó él, rompiendo el silencio. “Y esto.”

Extrajo de su mochila un grueso libro encuadernado en cuero, visiblemente antiguo. El título, grabado en la portada, rezaba: “Mitología del Desierto: Espíritus y Entidades del Interior Australiano”.

“Pensé que podría ser útil,” explicó, colocándolo sobre la mesa. “Dependiendo de qué… o quién te esté persiguiendo.”

Yorlett  se acercó al libro, pasando los dedos por la portada gastada.

Nankurunaisa --dijo simplemente.

Henry  se quedó inmóvil, su expresión cambiando de preocupación a algo más cercano al asombro.

“¿El cazador estelar? ¿El espíritu de Orión?”

Ella  asintió, sorprendida por su reacción.

“¿Lo conoces?¿Sabes de qué se trata?”

“Soy antropólogo especializado en mitología aborigen, . Conozco las historias.” Henry  se pasó una mano por el cabello, visiblemente perturbado. “Pero son solo eso, historias. Representaciones simbólicas de fenómenos naturales, creadas para explicar el movimiento de las estrellas.”

“No,”-- respondió ella con firmeza.-- “No son solo historias. Él es real. Y me ha estado persiguiendo desde que escapé cuando perdí a Omeo”

Henry la miró largamente, como si intentara determinar si  estaba delirando o diciendo la verdad.

“Siéntate,” dijo finalmente, señalando una de las sillas junto a la mesa. “Cuéntame todo, desde el principio.”

Ella dudó. Había mantenido su historia en secreto durante tanto tiempo que la idea de compartirla resultaba casi física, como arrancar una venda de una herida abierta.

“No sé si me creerás,” advirtió.

“Inténtalo,” respondió , su voz más suave. “He pasado mi vida estudiando las intersecciones entre lo mítico y lo real. He visto cosas en comunidades remotas que desafían cualquier explicación racional.”

Algo en su tono convenció a Yorlet. Respiró hondo y comenzó a hablar.

Le contó sobre su noviazgo con Omeo Cooper , su investigación policial en el campamento 3NTE,su desconexión con la normalidad y como le costó tanto volver a la realidad y entender lo que vivió.Amen que perdió su carrera policial 

 La revelación y encuentro con Nankurunaisa, las semanas que siguieron. Cómo lo que comenzó como a pesar de las circunstancias y toda la tragedia que envolvió ese suceso,surgió una fascinación mutua se transformó en una relación intensa, casi obsesiva. Ella en principio  no estaba segura si había tenido relaciones con Nankurunaisa. Cómo gradualmente fue descubriendo la verdadera naturaleza del rival de su pretendiente: los pequeños milagros que realizaba, su conocimiento imposible de las estrellas, su conexión con la arena y el viento del desierto.

Le habló de la noche en que finalmente comprendió quién —o qué— era realmente , cuando súbitamente  encontró a OMEO Cooper  realizando un ritual bajo la constelación de Orión, su cuerpo parcialmente transformado en un torbellino de arena roja, sus ojos brillando como estrellas doradas.

“Me dijo que había estado esperándome durante siglos,” continuó Yorlett, su voz apenas un susurro. “Que yo era su ‘recipiente elegido’, que juntos podríamos romper el ciclo eterno de persecución. Que yo sería su puente al mundo humano, que su relación con Madeleine era circunstancial.”

Henry  escuchaba en silencio, su expresión indescifrable.

“Al principio, estaba… fascinada. Aterrorizada, pero fascinada. ¿Cómo no estarlo? Era un dios . Un ser de otro tiempo, de otra realidad.Mi mente perdió contacto con la lógica,aceptando de lo más normal, lo imposible de aceptar,en días sin horas,estando en lugares que no correspondían ni al tiempo ni al espacio ”

“¿Qué cambió? ¿Quién era Madeleine?” preguntó él, notando la sombra que cruzó el rostro de Yorlet.

“Descubrí lo que realmente significaba ser su ‘recipiente’.” Ella se estremeció visiblemente. “No quería una compañera. Quería un cuerpo para poseer, para extender su influencia más allá del desierto. Y cuando me resistí…”

Su voz se quebró. Las imágenes de aquella noche aún la atormentaban: la furia de Nankurunaisa manifestándose en una tormenta de arena que casi destruye el campamento, la forma en que había intentado forzar su entrada en su mente, en su alma.

“Logré escapar a medias de su control mental,” continuó después de un momento. “Gracias a Amara, una anciana aborigen que reconoció lo que estaba pasando. Ella me dio este colgante de protección y me enseñó algunos rituales básicos para mantenerlo a distancia.”

Henry la miró y disimuló. Realmente le costaba creer esa versión. Quiso recordarle que fue rescatada  en un helicóptero de la empresa petrolera y después hubieron acontecimientos inexplicables.El lo había visto en la televisión y como fueron declarados muertos todos los trabajadores del Campo petrolero 3NTE

 Comenzó a sospechar que Yorlett tenía un ‘’implante” de recuerdos.

VI

Yorlett  extrajo el colgante de plata de debajo de su camiseta, mostrándoselo a Henry . El símbolo grabado en él era antiguo, anterior incluso a la llegada de los europeos a Australia.

“Pero no puedo seguir huyendo para siempre,” concluyó. “Cada vez está más cerca. Utiliza a sus seguidores para rastrearme, posee animales para vigilarme. Y cuando yo casi morí en ese ‘accidente’, entendí que no se detendría ante nada.”

Henry  se levantó y caminó hasta la ventana, mirando hacia el océano ahora invisible en la oscuridad.

“Si lo que dices es cierto,” dijo finalmente, “estamos enfrentándonos a algo mucho más allá de mi experiencia académica.”

“¿Me crees?” preguntó , sorprendida.

Henry  se volvió hacia ella.

“He documentado suficientes historias en comunidades aborígenes como para saber que hay más cosas entre el cielo y la tierra de las que nuestra filosofía occidental puede explicar.” Hizo una pausa. “Además, no creo que estés mintiendo o delirando. El miedo en tus ojos es demasiado real.”

Ella sintió que un peso se aligeraba en su pecho. Ser creída, después de tanto tiempo, era un alivio casi doloroso.También entendía que Henry silenciosamente enamorado de ella,siempre encontraría una razón para aceptar lo que ella dijera 

“¿Qué hacemos ahora?” preguntó.

Henry  volvió a la mesa y abrió el libro que había traído.

“Investigamos,” respondió, pasando las páginas hasta encontrar la sección Nankurunaisa . “Si es una entidad mitológica manifestada en nuestro mundo, debe tener reglas, limitaciones. Ningún ser, por poderoso que sea, es omnipotente.”

Ella  se acercó, observando las ilustraciones antiguas que mostraban Nankurunaisa como un cazador estelar persiguiendo a las Pléyades a través del cielo nocturno.Le era casi inaceptable aceptar que era OMEO Cooper, con el mismo que hizo el amor apasionadamente con el y que lo amó honestamente.


“Amara me dijo algo similar,” comentó. “Dijo que incluso los dioses tienen sus debilidades.”

“Exactamente,” asintió Henry. “Y en el caso de Nankurunaisa  su debilidad siempre ha sido su obsesión. Su incapacidad para aceptar el rechazo.Deliberadamente te engañó asumiendo dos personalidades falsas. Hay que descubrir porque”

Mientras hablaban, el viento comenzó a soplar con más fuerza fuera de la cabaña. Las ramas de los eucaliptos arañaban el techo, creando un sonido inquietante, casi como susurros.

Yorlett  se tensó, mirando hacia la ventana.

“Es solo el viento,” dijo él , notando su reacción. “Estamos junto al océano, las tormentas son comunes.”

Pero Yorlett  no estaba tan segura. El colgante contra su pecho había comenzado a calentarse de nuevo, una señal de advertencia que había aprendido a no ignorar.

“No es solo el viento,” murmuró, acercándose a la ventana.

Fuera, la oscuridad era casi completa. Las nubes habían cubierto la luna y las estrellas, sumiendo el paisaje en sombras impenetrables. Pero en esa oscuridad, Yorlett creyó distinguir un movimiento, una figura que se deslizaba entre los árboles.

llamó, sin apartar la vista de la ventana. “Creo que no estamos solos.”

El  se unió a ella, entrecerrando los ojos para intentar ver lo que Yorlett  señalaba.

“No veo nada,” dijo después de un momento.

“Está ahí,” insistió Yorlett . “Entre los árboles. Observando.”

Como para confirmar sus palabras, un relámpago iluminó brevemente el paisaje. Y en ese instante, ambos lo vieron: una silueta humanoide, inmóvil entre los eucaliptos, sus ojos reflejando la luz con un brillo dorado antinatural.

“Dios mío,” susurró Henry, retrocediendo instintivamente.

La figura no se movió, pero incluso a esa distancia, Yorlett  sintió su mirada fija en ella, penetrante, posesiva.

“Es uno de sus seguidores,” dijo, reconociendo la mirada. “No es él directamente, pero está actuando a través de esa persona.”

“¿Qué quiere?” preguntó  , su escepticismo inicial quedó completamente  desvanecido.

Yorlett cerró los ojos un momento, sintiendo la presión familiar en su mente, el intento de Nankurunaisa  establecer contacto.

“Quiere que sepa que me ha encontrado,” respondió finalmente. “Que no importa dónde me esconda, siempre me encontrará.”

Como respondiendo a sus palabras, la figura entre los árboles levantó una mano en un gesto que podría haber parecido un saludo, si no fuera por la amenaza implícita en cada movimiento.

“Tenemos que irnos,” dijo Yorlett , apartándose de la ventana. “No es seguro aquí.”

Henry  la miró, confundido.

“¿Irnos? ¿Ahora? Es medianoche,  y hay una tormenta formándose.”

“No lo entiendes,” insistió ella, comenzando a recoger sus escasas pertenencias. “Esto es solo el principio. Enviará más seguidores, o peor, intentará manifestarse él mismo.”

“Pero la cabaña está protegida, ¿no? Dijiste que habías realizado un ritual de protección.”

Ella  negó con la cabeza.

“Eso sólo lo retrasa, no lo detendrá. Y no quiero ponerte en peligro.”

Henry  se pasó una mano por el rostro, visiblemente perturbado pero intentando mantener la calma.

“Está bien,” dijo finalmente. “Pero no podemos simplemente huir sin un plan. Necesitamos entender mejor a qué nos enfrentamos, cómo combatirlo.”

Yorlett  se detuvo, reconociendo la verdad en sus palabras. Había estado huyendo durante tanto tiempo que se había convertido en su única estrategia.

“Tienes razón,” admitió. “Pero no podemos quedarnos aquí. Es el primer lugar donde me ha encontrado, lo que significa que ya no es seguro.”

Él asintió, pensativo.

“Conozco a alguien que podría ayudarnos,” dijo después de un momento. “Una colega de la universidad, especialista en rituales aborígenes de protección. Vive en Adelaide.”

“¿Adelaide?” Yorlett  frunció el ceño. “Está demasiado cerca del mar.”

“Precisamente. Ella ha pasado años documentando las historias de los espíritus del desierto, incluyendo Nankurunaisa . Si alguien puede ayudarnos a entender cómo enfrentarlo, es ella.”

Ella  dudó. La idea de acercarse luego  al desierto, al dominio de Nankurunaisa, la aterrorizaba. Pero también sabía que no podía seguir corriendo para siempre.

“De acuerdo,” accedió finalmente. “Pero tenemos que ser extremadamente cuidadosos.Nankurunaisa es más fuerte cerca del desierto, y sus seguidores están por todas partes.”

Henry  asintió, dirigiéndose a su habitación para preparar su equipaje.

“Saldremos al amanecer,” dijo. “Es mejor viajar de día. Según las leyendas, los espíritus Nankurunaisa son más débiles bajo la luz del sol.”

Yorlett volvió a mirar por la ventana. La figura entre los árboles había desaparecido, pero eso no la tranquilizaba. Sabía que seguía ahí, observando, esperando.

Mientras preparaba sus cosas para el viaje, un recuerdo emergió en su mente: Mandelein , en aquellos primeros días en el desierto, hablándole sobre las estrellas

“Las constelaciones son mapas,” le había dicho en una rara conversación que ella no calibró “No solo del cielo, sino del alma. Muestran caminos que la mayoría de las personas nunca verán.”

En ese momento, sus palabras le habían parecido poéticas, fascinantes. Ahora entendía el significado más siniestro detrás de ellas.



continua en el capitulo 4



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